lunes, 31 de marzo de 2025

Entre


El pequeño mundo del arte entrerriano está hecho de bienvenidas, ausencias, despedidas, pertenencias, entramados. Proyectos individuales, proyectos colectivos, encuentros fortuitos, premeditados, temporarios, eternos, afectivos, convenientes y etcétera. Así entre poquitos, entre poquitxs actorxs, en la dimensión que a cada uno corresponda, ahí están.

Mariela Herrera refiere que su producción está en tránsito, que va de lugar en lugar, de ser foránea, que al arribar a determinado lugar ya se está proyectando a otro sitio. Sin esquivarle al planteo inicial, ¿Cuál es el lugar en el que se inscribe, en ese pequeño mundo llamado arte entrerriano, la obra de Mariela? ¿Puedo leer su declaración de intenciones, también, como respuesta?

Tal vez, si. Porque, en su ubicuidad (transhumancia en sus palabras), Mariela supo construir un recorrido que pasa por la escritura, la docencia, la producción textil, la práctica colectiva, y otras actividades varias que hacen a un quehacer. Un quehacer que resulta, como dice Andrea Cavagnaro, alegre, vivaz y audaz.

En esta muestra que presenta obras textiles realizadas desde 2023 en adelante, denominada Constelación, propone una relación visual y táctil con las piezas. hecha de texturas y tiempos en miniatura.

Hay en los cielos millones de estrellas a millones de kilómetros de distancia. Y hay un punto de vista con el que desde aquí las ordenamos. Les decimos Orión, Osa mayor, Andromeda, Escorpio. Establecemos puntos, les generamos un encuentro, imaginamos una línea, un “entre”.

Cuando entré a la sala del GAP dos imágenes en mi cabeza se hicieron presentes. Una es la de los cortes encefálicos, las imágenes de tomografía, de resonancia magnética. Por otro lado, las imágenes endoscópicas, de jugos gástricos. biliares, pancreáticas. Hoy proliferan las generadas por IA donde cerebros parecen árboles, ramificaciones, luminosidades de colores sobre fondos infinitos, cerebros astrales. El estómago, en tanto lugar de tránsito, autónomo segundo cerebro intestinal capaz de producir emociones e información que interviene en nuestra conducta, establece conexiones neuronales con el otro cerebro en ambas direcciones. Se habla también del teléfono celular como un tercer cerebro, o apéndice, indisociable de nuestro cuerpo, pero quedará para otra ocasión.

Mariela entonces, va desde lo astral en tanto universo hecho de pasajes y materiales diversos a lo (que yo sumaría) cerebro-intestinal en cuanto a que vemos y como vemos y sentimos y en un salto ornamental nos ayuda a repensar cómo se orquesta el entramado de las artes en la provincia.



Mariela Herrera muestra "Constelación" en Gap 18 Alameda de la Federación 355. Abril 2025

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Caminar

 


Hay una anécdota que me contó Kevin de una lectura que hizo en su taller en donde dos de sus asistentas, ante la emoción frente a lo leído o compartido, comenzaron a girar como trompos en el piso. Lo que sentimos no se manifiesta solo en el rostro sino que nos atraviesa el cuerpo, y el cuerpo como tal actúa.

¿Cómo se llama eso, cuando un musicx está tocando, de imitar el movimiento de las manos sobre un piano imaginario, o el golpe de palillos invisibles de una batería, o el rasgueo en el aire de una guitarra eléctrica? no se si tiene un nombre.
A mi me pasa con ciertas pinturas que bailo con las manos frente a ella como si yo tuviera el pincel. Hago tic tic tac, una pincelada aquí, otra pincelada allá, a veces largas, a veces cortas. Como si quisiera reproducir una verdad que se me develara solo en el acto de simular pintar.

El día de la inauguración de Horizontes fluviales, me crucé con Seba Operto. Le pregunté dónde estaba parando (él vive en Rosario) durante esos días en Paraná. Me dijo que en calle Misiones y Nogoyá y que había ido desde ahí hasta La portland caminando.
Quienes conocen Paraná saben que es, para la escala de la ciudad, una distancia relativamente larga. y que para llegar desde ahí hasta Bajada Grande, donde está ubicada la galería, es un buen trecho, y hay que atravesar un barrio popular tranquilo, aunque algo inseguro.
De por sí, no significa nada. pero hay algo en la gente que camina que me atrae y pienso en seba yendo a su propia inauguración caminando un trayecto de no menos de 50 minutos, pasando por el parque Urquiza, la costanera, el río, Puerto viejo, la arenera, luego el atracadero de la balsa, y así varias estaciones, cada una con sus particularidades.
Hay una cita de Thoreau donde menciona el término “Sauntering (deambular) que proviene de la persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna con el pretexto de encaminarse a la Sainte Terre, a Tierra Santa: de tanto oírlo , los niños gritaban: “va a Sainte Terre”: de ahí, saunterer, peregrino. (...) cada caminata es una especie de cruzada que algún ermitaño predica en nuestro interior para que nos pongamos en marcha y reconquistemos de las manos de los infieles esta Tierra santa”.
Esa paciencia del que se desplaza en soledad se manifiesta en las cuatro obras pequeñas que presentó. Paisajes calvos, de fondos planos, de siluetas lentas, algunos objetos reconocibles, algunos de tintes esotéricos. Una medialuna, un anzuelo, una columna dórica, los rayos de un sol, poquitas nubes, vegetación insinuada, estrellas en la noche, olas amarronadas, asperezas de un palo borracho.

Parece una pintura sosegada, de baja insistencia, pensadas para que al transitarlas generen un suave cosquilleo, que vistas al ritmo del caminar se queden grabadas junto al paisaje costero.



domingo, 1 de diciembre de 2024

Nada lograré solo con el poder de mi mente




Más se nos pide que soltemos, más… nada se va.

Bueno, no tiene por qué irse nada ni quedarse nada, pero en este momento donde se les dice a los zurdos que van a tener que correr, donde el presidente dice que quiere poner el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro, pareciera que la impronta fuese esa (“afuera!”).
Una visión que pasa desde la violencia a la analgesia donde el pasado o lo que nos pasa con el pasado fuese algo con lo que no cargar, o al menos no mirar de frente.

Recordar significa volver a pasar por el corazón. Añorar es recordar con tristeza, no saber donde algo está. La nostalgia es un regreso doloroso. Anhelo es un deseo de que las cosas sean de determinada manera en un futuro. La memoria es eso que compartimos

Ahora bien, cuáles otras dimensiones abarcan estos términos. Valentina los desplaza desde lo íntimo lo social o cultural a la naturaleza. Los bananos del patio de Casa Banano. A contrapelo del “Soñar en grande”, Valentina busca refugio en un ejercicio íntimo: desde el recuerdo desafía la simultaneidad. Cuánto margen de tiempo debe pasar entre que alo suceda a que haya sucedido? Al caer la tarde, cuando los rayos del sol están mas cerca del horizonte, la luz se dispersa. En esas horas, durante dos días, la artista va y viene dejando un surco. Surco que dejará también la tinta azul de la birome sobre el papel.
Ya no es una representación en la naturaleza a la manera impresionista sino en tránsito. Es un llevar y traer, un esfuerzo en lo físico de la acción. No solo en las 14 caminatas entre la habitación del segundo piso hasta el patio de la casa, sino también suma el esfuerzo físico de recordar y dibujar.

Los bananos, ejercitando el animismo: Qué ven, que escuchan, cómo resuenan en ellos las presencias que los visitan de vez en cuando? ¿Qué se llevan y que se traen de ese vínculo entre especies? Deben de seguro ponerse coquetos para el retrato, reordenar sus verdes para que el sol los luzca, incomodarse con las babosas y el ruido del microcentro paranaense, la cercanía a la casa de gobierno. A la vez, se divierten con la cosquilla que le producen los gatos que habitan la casa y se dejan llevar por las fragancias que traen los jóvenes que al escaparse de la escuela saltan tapiales para fumar, reír y desnudarse junto a ellos.Visto así, dibujar bananos es dibujar “con” los bananos, generar reciprocidades. Los dibujos de Valentina son pequeñitos, de estuche, de un breve lapso. Para que en su hacer no se escapen del recuerdo, para que a la noche cuando cerremos los ojos vuelvan a aparecernos en sueños.

---Ejercicio sobre el recuerdo de Casa Banano, de Valentina Bolcatto en Casa Banano. Noviembre 2024. Fotografía de @miroalverte


martes, 24 de septiembre de 2024

El todo y las partes

La muestra de Ekaterina se presenta como una máquina donde la pintura es uno de sus engranajes a la vista.

Siguiendo la metáfora fabril de la división del trabajo, los integrantes de determinado proceso de producción no podrían dar cuenta y desconocen de manera individual por completo todo el proceso. Así, en esa fragmentación, el herrero desconoce lo que hará la agencia de marketing y la agencia de marketing lo que hizo el diseñador industrial en su tablero, o a donde fugara totocaputeanamente el empresario los ingresos que se generen.

¿Qué le sucede a quien se atreviera a domesticar una orilla? Pues se vería en similares situaciones. Una orilla como totalidad difícilmente pueda vivirse sentirse habitar moldear o domesticar como un todo cuantificable. Sin embargo, y aquí el desafío que se propone Ekaterina es el de ir hacia una posible totalidad, así sea parcial y temporaria. Para tal fin suma a su proyecto a estudiantes universitarios, científicos, instituciones de fomento cultural, músicos y performers, malacólogos, becarios y al público en general que se acerca a la inauguración con una lata de cerveza en mano.

Ekaterina pinta sobre grandes lienzos con un verde flúo paisajes de las orillas del río Negro de Uruguay. Para recorrer la muestra es necesario entrar por la ochava de la sala y se produce un efecto inmersivo donde si vamos con los brazos estirados podemos ir rozando un lienzo con el otro. Colgadas del techo, sin tensar y a modo de pequeño paseo en miniatura, algo van develando desde su belleza y brutalidad. La orilla que representa, peligra. La muestra reclama a todos, partícipes y espectadores, un tiempo. De detenimiento y de acción a la vez. ¿Qué sucede con el tiempo presente, de urgencias, de deforestación, donde las islas del sur entrerriano se queman, donde el gobierno nacional reduce el presupuesto en políticas medioambientales?
Pues me animaré a decir que a las orillas ya las están, también parcial y temporalmente, domesticando.
Reformulo la pregunta desafiante que da título a la muestra: ¿Qué hacer con quien se atreva a domesticar una orilla?

---Sobre ¿Quién se atreve a domesticar una orilla? de Ekaterina Gelroth, curada Lucía Stubrin. Casa de la Cultura de Entre Ríos. Septiembre 2024

lunes, 16 de septiembre de 2024

El mundo es bello antes de ser verdadero

Agustina Maurice

Me vi buscando frenéticamente información sobre camuflajes, sobre si su uso es para pasar desapercibidos, o para parecernos a otra cosa, sobre la mimesis en animales y plantas, sobre camuflaje auditivo y olfativo, sobre el aposematismo, sobre el camuflaje ghillie del ejército argentino, sobre el Quantum Stealth y otras cosas varias.

Es que me dejé llevar. Nada me atrae más que tener algo a lo que aferrarme, así sea desde la incertidumbre. Tener un tema y sumergirme en ese tema sobre el que desconozco, y decir ¡Ésta es la llave!

Por un momento pensé que podía ser eso del camuflaje, es más: le pedí a un emisario que me averigüe qué pinceles usa la artista, porque hay algo en la pincelada y en la forma del pincel que permite ese efecto, de indefinición y redondeces en las formas.

Pero a veces esa llave de lo que podría ser una puerta de entrada o de salida, termina llevándome a un laberinto, y después de ese laberinto otro, y así.

En las obras de Agustina Maurice, el padre al cual se menciona en el corazón del texto curatorial, y que me cuenta el guía mientras recorremos la sala del museo: ¿Está camuflado o no está directamente?
En líneas generales, uno diría que no está salvo en la obra central, representado. Y tampoco está, siguiendo la idea de “Esto no es una pipa” de Magritte, ya que al fin y al cabo es pintura sobre papel, Pero para que algo “esté”: ¿Es necesario que se manifieste a nuestros sentidos? ¿No está ahí, en la manera en que hago las milanesas, mi abuela?
En la medida que la artista reanuda desde el presente su vínculo con el pasado, propone una manera de pensar ese pasado hacia el futuro. Reanudar, coser, remendar. Vivimos en un presente donde “soltar” sería un mérito y “sanar” un imperativo, donde “dejar el pasado atrás” y “no detenernos” sería lo deseable, donde el vocero presidencial dice “fin” y cierra con un punto y aparte sus comunicados en Twitter, cancelando toda discusión y disidencia, donde se nos entusiasma a rodearnos de quienes compartan nuestras “metas y objetivos”, que “trabajemos por nuestros sueños” porque “nadie lo hará por nosotros”.

Agustina va en la dirección opuesta, insiste, no quiere soltar nada ni ponerle fin, su objetivo es difuso y se va a detener todo lo que sea necesario. Vuelve una y otra vez, contra todo silenciamiento, hacia su propia historia que por tan íntima se vuelve compartida. Es que ahí veo también mi costado de la cama vacío, la foto familiar con la rompiente de ola y el faro, la crema bronceadora para el sol del balneario municipal, el cajón a medio cerrar.

Agustina no reflexiona sobre la muerte en general, sino sobre un muerto en particular; un muerto que se quitaba los zapatos antes de entrar a su casa, que cocinaba, que fumaba. Todas las metáforas sobre el transcurrir del tiempo, sobre el soñar, sobre la noche, sobre el agua en Agustina están presentes desde una singularidad. Es que siempre es una cuestión de tono. Se trata de rodeos. En un ejercicio de anamnesis, Agustina no sólo recuerda y reconstruye quiénes y cómo fueron sino quiénes y cómo podrían haber sido.
Cuenta con la potencia del después. La distancia le permite la insistencia.

Agustina Maurice

----Sobre El mundo es bello antes de ser verdadero, de Agustina Maurice en el Museo Sor Josefa de Santa Fe Díaz y Clucellas. Septiembre 2023

viernes, 12 de julio de 2024

Rota y en pie




Hay algo en la escala, en la gradación, en la miniatura, que nos maravilla. En que para manipular algo sean suficientes nuestras manos. En que de un solo golpe de vista sea posible hacernos de una totalidad antes que de sus partes.

En una tarea más próxima a la de un titiritero, Ángeles Rivero juega con las muñecas de la muestra “Rota y en pie”. Juega con ellas, pero a sus espaldas. No se ven entre sí a los ojos. Se comunican sí, pero no con la comunicación que desde la norma se nos impuso.
Ella va y viene desde la invisibilidad a la performance. Juega al anonimato, NN, ningún nombre, o desconozco el nombre. Me encanta esa definición, no es lo mismo no conocer que no tener. Sigue un linaje muy delgado hacia Emily Dickinson en su poema “Yo no soy Nadie! ¿Quién eres tú? / ¿Tampoco eres Nadie tú? / Ya somos dos - ¡Pero no lo digas! ¡Qué tedioso ser Alguien!”

Las muñecas sí son “Alguien”, Ángeles las llama minitas, un “alguien” colectivo y al menos en los videos que componen la serie, son mudas. ¿Nunca hablaron, o por algún motivo perdieron el habla? ¿Su silencio es temporal? Además de darles nombre y movimiento, ¿Podrá Ángeles darles voz?

El silencio puede ser selectivo, limitado a ciertos lugares. Algunos como yo, cuando estamos frente a una cámara y nos apunta, hacemos silencio.
—Courtney está en la playa, intuyo que hace frío, pero ella luce desabrigada, con botas rosa, tanga celeste y capita Sailor Moon. Dobla una pierna, la otra, se arrodilla, se frota, cae, reza, da unos pasos, y se desarma. ¿Está entrando en calor? En los segundos finales, Ángeles flexiona las rodillas de Courtney con fuerza e insistencia hasta que se ve el interior de cartón encolado de la muñeca.

—Martirio está maquillada y sus brazos son largos. Tiene de fondo un gimnasio y ella está próxima a una escalera. A diferencia de Courtney, esta vez Ángeles acompaña los movimientos de Martirio. Parecen ya, casi, una sola. En el minuto 1:41 algo sucede, su brazo que estaba ya caído y su sombrero, vuelven a su lugar.

La melancolía es silenciosa, el estupor produce silencio. El silencio puede ser fruto de un trastorno, no todo silencio es voluntario. A quienes tienen problemas de sueño o apneas se les aconseja cerrar los ojos y escuchar su propia respiración, en silencio.

—Rita es físicamente más grotesca que Martirio. Está también al aire libre como todas y sus movimientos son más bien de contorsión. Flota en el aire sobre los brazos de Ángeles. No toca nunca el suelo. En cierto momento se le desprende una ¿pierna?


La melancolía es una tristeza vaga y profunda e insistente. Pienso qué vínculo puede haber con el nombre de la muestra: “Rota y en pie”.

—Matilde a diferencia de Rita, Courtney y Martirio se para sola. Con algo de ayuda, pero sola. Una de las maneras de aprender es imitando. Da unos pasos, mueve sus manos, titubea, y se mantiene en pie.

En la afirmación de los nombres y los estados de los cuerpos (rotos y en pie), estaría también su disolución: “Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. Yo es otro,” dice Rimbaud en “Cartas al vidente”.

Si entendemos al mundo como un teatro, y que la vida es sueño, las minitas representan su papel de sueños dulces y pesadillas. Nos darán consuelo, llenarán un vacío, iluminarán nuestras labores diurnas, bailaremos con ellas en palacios de cristal y pediremos su mano. Aunque también quebrarán nuestros huesos con sus dedos, las nombraremos inconscientemente en estados febriles y nos serán indiferentes llegado el caso.
Ángeles las nombra como “objetos antropomórficos”, yo prefiero decirles muñecas. Y las muñecas tal vez, aunque rotas, nos sobrevivan. Nuestro transcurrir en el tiempo con ellas no se limita al aquí y ahora. Leí que el cartón se desintegra en un año, y que conservado correctamente puede durar un montón. Ojalá en un futuro alguien con el don de la magia (o la ilusión, que para el arte no necesitamos mucho más que eso) las saque de su vida interior, reviva sus colores, enmiende su articulaciones y las vuelva a poner en movimiento.

-----Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” muestras “Rota y en pie" de Angeles Rivero. San Martin 2068. Santa Fe. 2024

sábado, 9 de diciembre de 2023

El mar adentro de un caracol


“Demasiada comunicación en un gesto, sin una conversación o noción” dice Bryan Ferry en Avalon, canción que da también título al disco de Roxy Music de 1982. Un romance y una despedida. El fin de la fiesta como el fin de una época. Es 17 de noviembre de 2023. Dos días después se dará el ballotage más extraño que haya vivido. Me aferro a los susurros y a lo pequeño. Abro la cancela, golpeo la puerta, miro hacia arriba y saludo a Flor. Subo las escaleras de UV Santa Fe por primera vez. Primero, un descanso, a la derecha una habitación de estudio, al medio y hacia la izquierda la cocina. Al final del pasillo, por pequeños agujeros que hacen de cortina, se insinúa la muestra. La corro y entro. La luz roja intensa produce una monocromía sobre las obras que como orillas, se abisman. Avalon, lugar mítico dónde descansa Arturo al cuidado del hada Morgana. También conocida como Islas de las manzanas. Manzanas rojas como la luz de la sala. Cálida como el deseo y el erotismo. Gélida como la inquietante distancia. Un póster de un personaje andrógino que parecería de peluquería, o tintura para el pelo, con incrustaciones y aire cyberpunk. La descarga de Gost in The Shell en una web diseñada a fines de los 90. Una madera ensamblada con hierro y al final la fibra de vidrio de un pie de maniquí, o algo así. Todo esto lo sugiere el tacto. La materialidad es apariencia, los ojos no dan precisiones. Hay una clave, la posibilidad de tocar. Se sabe tocando. Y se escucha. Hay música en la sala. O algo como un sonido. El sonido que percibimos desde el vientre materno. El primer contacto que tuve con el mundo fue tocando y oyendo.

Me gusta pensar desde aquí, bah no podría hacerlo desde otro lugar. Me siento entre libros y al azar en un catálogo de museo una frase de Nicolás bourriaud que dice algo así como “los artistas actuales tienen la tarea de..” y automáticamente dejo de leer. En realidad sigo leyendo, pero me bloqueo y me pongo a la defensiva. Con que cara podría decir alguien en voz alta cual es la tarea de un artista? Por más loable y noble que sea esa tarea. No quiero para ningún artista una tarea, una misión, un objetivo. Quien quiera tenerlos que los tenga.

Y aquí vuelvo. Hay un tocadiscos que no suena, con cochas marinas piedras y hueso calcinado. Hay un cactus bebé saliendo de un enchufe. Hay un talismán y un aro de cobre. Hay una segunda cortina, además de la primera pero esta vez ciega, sin transparencia y con signos rituales. Encuentros frágiles. Con leves puntos de apoyo, agarrados de alfileres o sujetos a la ley de gravedad.

Las cosas ya no se ven. Se tocan, huelen, vibran y resuenan.


El domingo post ballotage, ya cuando cayó el sol y sube la melancolía, leo a Kevin Jones “Voy a subrayar e insistir. No tengo ganas de verme con nadie en la calle ni de que acá comience ninguna resistencia. Tampoco de que me digan que no me rinda. No quiero entrar en ese nadie de la frase acá no se rinde nadie.

Quiero estar fuera de acá, al borde de nadie, fuera del no. Quiero ver qué hay ahí, si algo diferente o extraño al vacío que resuena en aquellas frases. Incluso si fuera más vacío, quiero saber cómo es la duplicación del vacío, qué hay cuando no hay, cómo se sale de acá, como se es por abajo de nadie”

Carlos Bugnon, en UV Estudios. Noviembre 2023. Santa Fe