.jpeg)
Hay una estrella que no existe más. Viaja hacia nosotros desde millones kilómetros a la velocidad luz. Entra por nuestras pupilas. Miramos el cielo nocturno y ahí está. Le pedimos deseos, tal vez uno, al pasar, el primero que se nos ocurre, o esos que nunca se concretarán. Le tomamos la mano a la persona que amamos, o posamos nuestra cabeza en su antebrazo, nos cubrimos del frío, esperamos un colectivo que nunca llega. La estrella que ya no existe nos hace compañía.
Así el reflejo en una vidriera de una tienda, reconstruye nuestras siluetas.”Están tus cosas, pero tú no estás”, dice la canción, la crueldad de la vidriera y del cartel, de la ñata contra el vidrio. A la fiesta de los objetos a la que no fuimos invitados la vamos a exorcizar. La vamos a apropiar y convertir en otra cosa. Metidos entre ornamentos y jarrones, vestidos de mozos, vamos a robar unos moños y una servilleta en la manga, nos vamos a colar.
Cuando anhelamos, deseamos que algo suceda en un futuro, puede ser cercano, o lejano. Su diferencia con la nostalgia es que esta refiere a una añoranza por experiencias pasadas, donde se nos presenta emociones como alegrías o tristeza. Pero en algún punto nostalgia y anhelo se unen. Podemos anhelar aquello que nunca querríamos? Podemos añorar aquello que nunca sucedió?
Por eso jugamos, vamos y posamos, imitamos al maniquí que calza las zapatillas de novedad, nos ponemos trajes de boda que nunca usaremos, subimos a autos con familias que nunca tendremos, paseamos cachorritos que no criaremos, y apoyamos tazas sobre mesadas de mármol en hogares con superficies que difícilmente en nuestra cocina de entrará.
En la pintura de María Emilia Hendreich el reflejo de un cuerpo, es un cuerpo que reclama. Una espacialidad, una temporalidad, un reconocimiento, una observación, una materialidad, una propiedad, una insistencia, una reconciliación, un entendimiento.
Somos nosotros las estrellas que ves y que no existen más. La distorsión, la mueca por la mitad, la presencia inconclusa, la reflexión infinita del doble espejo paralelo en el ascensor, que nos lleva al fin, a una parte de nosotros mismos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario