jueves, 10 de septiembre de 2026

Trayecto de las flores




Desde el litoral argentino, una trayectoria en términos artísticos es entre otras cosas flexible, sinuosa, zigzagueante, irreverente. Pensé en eso cuando visité la muestra de Valentina Bolcatto en el museo de la ciudad y en cómo circunscribir su muestra bajo esta perspectiva. Desde tempranos trabajos, al menos de los que tengo recuerdos, su hacer está signado por el desplazamiento, el llevar y traer. Performances donde subía a un techo para teñir sus piernas con barro, capturas de gotas de lluvia con un vaso, o de las mas recientes donde trasladaba en la memoria follaje de patios para su taller y flores secas de cementerio que incrustó en una reposera junto a un texto que desarrolla poéticamente la acción.
En Lo que sostienen las flores la artista continúa con esta última búsqueda. Cuando entré a la sala le pedí que me contara un poco, ya que se habían agotado los textos de sala que habían a disposición, y me dijo que eran retratos de flores y floreros. Me quedé pensando en eso, ¿No son en realidad naturalezas muertas? Pues un poco sí y un poco. Pero a los fines de acompañar esa complejidad me sumo a su razonamiento. En el arte contemporáneo la pintura de genero se revisa, y sus retratos de flores nos cuentan una historia de quien ya no está, alguien tuvo un rostro, alguien que se podía nombrar, alguien que con flores se lo recuerda. Alguien que como las flores de sus pinturas, y como todo mas temprano que tarde, polvo será.
Los floreros flotan dentro de marcos dorados. Sobre fondos infinitos proyectan sombras. Fondos liminales cálidos rojos rosas, azules celestes negros. Todas las flores en ese ir y venir del cementerio al taller, son una excusa para ejercitar la memoria. Flor sin nicho ni panteones que las soporten. La ausencia de perspectiva hace que los pétalos que caen queden boyando un poco al pie. Luces que iluminan sin referencia precisa al momento del día o a la altura del año. Hay en su búsqueda democratización, horizontalidad y un trastocamiento de las jerarquías. Sus retratos de flores desanclan los nombres importantes que tal vez algunas de ellas acompañan y que sus deudos dejan. Todas las pinturas son tratadas con igual esmero y dedicación en sus detalles. No hay callejones principales en esta necrópolis, ni flores y floreros VIP: como dice el dicho “la mortaja no tiene bolsillo” y no vamos a llevarnos nuestras riquezas materiales al morir.


---- Museo de la Ciudad César Blas Pérez Colman, Lo que sostienen las flores, de Valentina Bolcatto, curaduría de Valeria Flores. Paraná. 3 de septiembre 2026


viernes, 17 de julio de 2026

Dijes en el pico, chochos de la vida, y ese rrope que es solo un rrope


A eso que llamamos arte, vida, o amor, podemos decirle, entre una infinidad de maneras, que es simple y que es un virus. El amor es simple, el arte es simple, la vida es simple, el amor es un virus, el arte es un virus, la vida es un virus.

Simpleza y viralidad no se contraponen: se complementan. Las cosas complejas no se viralizan, las simples tampoco.
Pregunto a Yami laburante del CEC si las obras están en préstamo y/o a qué colecciones pertenecen, y me dice que son propiedad de la autora. Chequeo en el texto curatorial de Alejo Ponce de León que ya en sus primeros párrafos reza: “Entrenada en la manera argentina de hacer arte, no vendió jamás un video de sus animaciones sino hasta haber sido designada representante del país en la Bienal”.
No sé porqué hago esa pregunta, si la verdad desconozco las economías ajenas ( y mucho menos la del arte), pero sí sé que en la simpleza de El Origen de la Substancia Importará la Importancia del Origen (así, con las mayúsculas alocadas) no hay viralidad: hay retención, contención, refugio, circunstancia, azares.
Las obras están “hechas con la computadora”, como una vez decíamos hecho “en el microondas” o “en la airfryer”. Como salidas todavía no de software sino de objetos. Algo sucede entre acción y resultado, un desfasaje similar a la transmisión de un recuerdo, hay cosas que se nublan, que se vuelven liminales. Se encuentran en un punto de cocción que no podemos definir ni controlar.

La IA vino a saciar la urgencia de imágenes (en lo que va de la mañana mientras escribo esto ya debo haber visto una centena entre estados de wasap, redes sociales y grupos), en cambio las de Heller fugan en sentido opuesto.

Si a las palomas se las coarta, atrofia a gomerazos, se las trata como algo a lo que eliminar, en los videos de Monica hablan y nos enseñan a hablar, hacen travesuras, se roban zapatillas de escaparates de primeras marcas, hacen nido y huyen disparatadas con dijes de oro en sus picos. Vienen unos pinchos y unas mallas para que las palomas no hagan nido, vienen publicidades de productos para espantarlas. Una tortuosa vida le depara a la paloma urbana. No sería en este caso. En el origen de la substancia las palomas estaban antes que nosotros, y nos sobrevivirán, chochas de la vida.


Fetas de mortadela se enrollan y desenrollan sobre un fondo de naturaleza muerta digital. Un guiño a la obra del santafesino Nico Bassi al igual que las palomas en los techos de la también santafesina estación Belgrano?
Nos paramos frente al perro cortito que juega frente a su plato de comida. Mi hija de 12 años me dice que le parece tierno, pero que también la atemoriza. Busco en internet las pinturas de Heller y este perrito difiere de los Cinco perritos calientes de su pintura (unos perritos con el nepe al rojo vivo, en una suerte de bosquecillo, bien pirinchos su pelaje). Entonces, no hay traspaso de un medio al otro, sino una readecuación de un exterior, el bosquecillo de los calientes, al interior de un abismo backroom. Lo mismo podríamos decir de la historieta mural de Geometría pueblo nuevo que acompaña la muestra: un laboratorio de dibujos y textos, que no buscan un resultado sino una exploración de los recursos desde su propio hermetismo.


sábado, 3 de enero de 2026

¿Seguirán ahí las estrellas cuando hayamos partido hacia ellas?




Una constelación es un punto de vista, es imaginación, es posibilidad, es fugacidad. En todo eso hay verdad, porque en lo visible hay verdad.
Por 48hs la ciudad de Paraná alberga simultáneamente en 3 salas diferentes la obra de Luciana Scutella. Este fenómeno no sucede habitualmente: participa en el Salón Provincial dónde obtuvo el primer premio, en una muestra colectiva en Aura y en el cierre de los encuentros denominados Programa doméstico en casa Boulevard. Una constelación pequeña, pero una constelación al fin.
Su obra transita en el límite entre la tradición y la extinción, el legado y la desaparición. Queda una suerte de ruina, en tiempo presente, de todo rastro humano. ¿Es posible un retro-futuro “a la entrerriana”? ¿Cuál es la agenda de aquí al 2050 de lo que se produce en la ciudad? El municipio de Paraná lanzó hace poco una serie de videos con evidente uso de IA de los personajes icónicos de la ciudad, que hacen a su educación sentimental: El robot, el patito, y un yacaré al estilo Mecha del anime japonés. ¿Así serán nuestros recuerdos? Luminosos, prístinos, soleados caminan los tres iconos locales por calles vacías, sin gente, sin vehículos que huyeron tal vez despavoridos ante su presencia.
No hay equipo en la obra de Luciana. El futuro en el cual se proyecta está hecho de restos de un viajero solitario del tiempo que solo pudo en su mochila y riñonera rescatar algunos fragmentos. En la obra que presenta en Aura un conjunto de juguetes están dispuestos en línea, cubiertos de un polvo blanco, mezcla de paso del tiempo que homogeiniza la singularidad. La vuelve difusa. "Es la muerte el pasado o el futuro?" Es la angustiante pregunta que nos realiza la artista. Un frasco, un peluche, un libro, una flor seca. El mundo en miniatura visto desde la luna. El conjunto de fragmentos que por contigüidad arman un todo. El gesto invertido de la “bienalizacion” de una obra. Así como llegó a Aura, en el baúl de un auto, así se irá.
Cómo en un paisaje de Weird Fiction alucinado, entre obras construidas con elementos de una tradición que tiene no menos de 500 años, la artista erige en el Museo provincial una marioneta, no diría que gigante, Pero sí de escala amplificada. Lo que ocuparía una esquina de un escritorio aquí ocupa la centralidad de la sala. Luciana activa, cuál pokebola y conjuro, un sacapuntas gigante de un monito que se mantiene siempre parado, salvó cuando uno aprieta su fondo. Aquí la acción está congelada, el monito no volverá a pararse ya que nada lo tensa. Ahora descansa. 
La tercer cita de éste "periplo Scutella" es la reciente muestra de cierre de Programa doméstico llamada Mostrar la hilacha. Una muestra que dura solo dos días y que marca el tiempo de avistaje de esta constelación. Allí Luciana muestra una daga, también de mediana escala, hecha de tela y rellena de algodón, colgada de tanzas casi al fondo de la sala, iluminada teatralmente, delante de un fondo hecho de corazones bordados. Una estética 8bits, de cartucho de videojuegos. La realidad es reemplazable por pixcels y reels de Instagram. La proximidad es abducción. El tiempo es un chispazo. La observación de las estrellas y su lectura es un privilegio modesto que podemos darnos los humanos antes de nuestra extinción.


viernes, 2 de enero de 2026

Will the stars still be there when we've departed toward them?


A constellation is a point of view; it is imagination, possibility, and fleetingness. In all of that, there is truth. In the visible, there is truth. For 48 hours, the city of Paraná simultaneously hosts the work of Luciana Scutella across three different art spaces. This is not a common occurrence: she is participating in the Salón Provincial de Entre Ríos —where she took first prize—, in a collective exhibition at Aura, and in the closing of the series known as Programa Doméstico. A small constellation, but a constellation nonetheless.

Her work moves along the boundary between tradition and extinction, legacy and disappearance. What remains is a sort of present-tense ruin of every human trace. Is a retro-future challenge 'Entrerriano-style' possible? What is the agenda from now until 2050 for what is produced in the city? The Local government of Paraná recently released a series of videos—with evident use of AI—featuring the city’s iconic characters that shape its sentimental education: The Robot, the Little Duck, and a Yacaré in the style of Japanese Mecha anime. Is this how our memories will be? Luminous, pristine, and sunny, the three local icons walk through empty streets, devoid of people or vehicles, which perhaps fled terrified by their presence.

There is no 'team' in Luciana’s work. The future into which she projects herself is made of the remnants of a solitary time traveler who could only rescue a few fragments in their backpack and waist bag. In the work presented at Aura, a set of toys is arranged in a line, covered in a white dust—a mixture of the passage of time that homogenizes singularity. It makes it diffuse. 'Is death the past or the future?' is the harrowing question the artist asks us. A jar, a stuffed animal, a book, a dried flower. The world in miniature seen from the moon. A collection of fragments that, through contiguity, assemble a whole. The inverted gesture of the 'biennialization' of a work. Just as it arrived at Aura—in the trunk of a car—so it will leave.

As if in a hallucinated Weird Fiction landscape, amidst works constructed with elements from a tradition no less than 500 years old, the artist erects a marionette in the Provincial Museum—I wouldn’t call it giant, but certainly amplified in scale. What would normally occupy the corner of a desk here claims the center of the room. Like a Poké Ball or a magic spell, Luciana activates a giant pencil sharpener in the shape of a little monkey, designed to always remain standing, except when its base is pressed. Here, the action is frozen; the little monkey will not stand again, as there is nothing left to tension it. Now, it rests.

The third appointment of this 'Scutella abduction journey' is the recent closing exhibition of Programa Doméstico called Mostrar la hilacha (Showing the Thread). An exhibition that lasts only two days and marks the sighting window of this constellation. There, Luciana displays a dagger, also of medium scale, made of fabric and filled with cotton, hanging from fishing lines near the back of the room, theatrically lit before a backdrop of embroidered hearts. An 8-bit aesthetic, like a video game cartridge. Reality is replaceable by pixels and Instagram reels. Proximity is abduction. Time is a spark. Observing the stars and reading them is a modest privilege we humans can grant ourselves before our extinction. Will the stars still be there when we've departed toward them?

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Gotea sobre la tierra y de a poquito forma un charco

 


Hay un entendimiento y un conocimiento que se macera, que no es escalonado ni jerárquico, (mucho menos arancelado). Que gotea sobre la tierra y de a poquito forma un charco cada vez mas grande. Ese charco con el correr de los días, tal vez años, ablanda la tierra y produce un barro. Y en determinado momento irrumpe. Ya no solo humedece los pies: trepa por las rodillas. Es incontenible. Próximo a un rayo es la irrupción, y el conocimiento que habilitan las Caudillas. Una vez que conoces su obra, su presencia se impregna en la piel sin pedir permiso. Es su mecherismo el que invade y no hay tejido de púas, cercos eléctricos, guardia armada ni canes que la detengan. Las Caudillas se paren a sí mismas, con un discurso desde el llano, alejado de agendas curriculares y de trayectorias consagratorias, desde saberes no autorizados. Porque hoy son esto: comunión, desmesura, inapresables, entrañas. Y mañana, también, son madres, docentes jubiladas, cocineras, ceramistas, vecinas de barrios periféricos, usuarias de la tarjeta SUBE y de la salud pública. Transitan una zona liminal en un territorio siempre situado, de problemáticas comunes y anhelos compartidos.

Son las Caudillas (en tierra de históricos caudillos varones) las que salen al trote entre los pastizales altos de un campo con unos choclos, naranjas, papas y hasta ristras de chorizos robados a un parrillero distraído. Bajan vitales por las siete colinas de la ciudad de Victoria a las risotadas, con la frente en alto y a los abrazos para ahuyentar los males y saciar el hambre. Su arrebato es colectivo: para descomprimir las sesudas maneras y los ceños fruncidos que las miran con desaprobación, para celebrar, para latir. Porque la hazaña de su saqueo es cotidiano y urgente. De unx a unx, sin grandes gestas: cuerpo, agua y tierra son suficientes. De ahí la escala y la potencia de La ingobernable belleza del barro.
De sus acciones efímeras suele quedar un registro, muchas veces modesto, con el celu, de luz natural. Contra toda sugerencia de cristalización en alta resolución de sus prácticas, contra toda hegemonía de gueto endogámica. Contra toda cordialidad anestesiante. Frente a
la pérdida temporal de la sensibilidad al dolor, particularmente en estos tiempos crueles: mantener vivo un fuego.

--- "La ingobernable belleza del barro", Caudillas del barro en La hendija, Paraná. Noviembre 2025

domingo, 16 de noviembre de 2025

Una pequeña abertura con los labios y curvar la lengua


Comienza el calor, y la luz impregna la casa. Eso significa oscurecer las siestas, prender el ventilador, agua siempre en la heladera. También cubrir con mediasombra las ventanas que dan al patio: por la rotación del sol, a esta altura del año, hace que durante el día estén casi siempre iluminadas. Subir al techo y cubrir los caños del termotanque solar para que no se sobre calienten y salga el agua casi hirviendo.

Dentro del cubo que conforma la sala y en el que cada esquina hay una obra, hay otro cubo que contiene una mesa. Su perímetro está delimitado por mediasombra, que deja ver y no ver. En la mesa hay piezas cerámicas que simulan ocarinas, de formas alargadas, medio fálicas, para soplar y producir un sonido. Le escribo a Yami del equipo del CEC y le pregunto si el polvo en el que se apoyan las obras es leche en polvo, o yeso. Pienso en realidad solo en leche en polvo que siento tiene más que ver con la vida simple que propone la muestra, y me dice que es harina, de la común.

El amasado adicionando agua, o con el solo correr de los días en la humedad litoraleña, sin levadura, la convertirá en una piedra más compacta que porosa. Como el barro traído de Cafayate por el artista para hacer las instalaciones de los corner. Barrio y agua en una simetría marmolada y levemente mareada en el color, trazan una biografía del artista: la historia de sus lugares, los rituales familiares, los hábitos modestos, la persistencia física de la memoria.

Sobre Una Suerte espantosa, Guad Creche dice en el texto curatorial que “proviene del tres de copas en el tarot, carta de celebración, comunidad y abundancia, pero también de exceso, ruptura y pérdida.” y pone en tensión dos opuestos.  Le pregunto a un amigo sobre esa carta en particular y me dice que el tres de copas, en una lectura, es algo bueno que cuando le sale esa carta a la gente le suele decir que tienen que acordarse de celebrar sus logros que es algo que las personas no solemos hacer y que la carta un poco viene a recordar.

Mario Llullaillaco invita a crear una pequeña abertura con los labios y curvar la lengua, a generar una vibración, a un silbido y un el sonido que llama: lento, discreto, velado y apacible.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Cosas que van hacia un lugar, vuelven a su origen, y en cada ir y venir se transforman


En la luz total, o en la oscuridad total, no hay tiempo ni espacio. Por eso, nuestro mundo está hecho de matices, de rugosidades, de sentidos que se complementan para intentar entenderlo. Preferimos, o al menos yo, eso que no funciona del todo, eso que nos necesita para existir, y en ese existir existimos nosotrxs también. En la luz y en la oscuridad los recursos son ilimitados, por eso no hay mucho por hacer. Preferimos, o al menos yo, la carencia, lo incluso, lo que quedará por hacer.

En las esculturas de Laura Zelaya el movimiento no viene de la máquina autónoma, que no sabemos explicar su propio hacer, sino de la interacción, del complemento, del saber hacer, del riesgo y la prudencia. El movimiento de sus obras es de vaivén, una ola de río que se hamaca, un cabeza que piensa en pájaros y en palabras, un nido que se vuelve casa. Cosas que van hacia un lugar, vuelven al origen y en cada ir y venir se transforman.

El arte entrerriano, en sus matices, se compone de una conjunción de prácticas que suceden. Es gente que en su hacer, piensa.Frente a una miniatura, o una escala modesta, pueden suceder dos cosas: que nos empequeñezcamos o que esa miniatura nos rebalse. Porque en la imaginación se juega el vínculo, entonces lo que vive debajo de la cama, o al final del pasillo, o en nuestros sueños puede ser enorme, o pequeño como partículas.

Laura me recibió un febrero en su taller y yo aquí varios meses después intento tensionar el recuerdo y la memoria. Evitar la urgencia a riesgo de contraer deuda. Pienso esto describir como una devolución, pero cuánto tiempo tenemos para devolver algo, cuál sería un tiempo razonable. Está vez me excedí.
En su mesa hay bocetos, dibujos de esculturas móviles, de cómo podría funcionar, y no lo digo en un sentido metafórico sino físico, tal o cual pieza. Sumar o quitar tal o cual engranaje, manija, elemento.
Laura me cuenta de su padre artista, de lo que aprendió de él. 

Tal vez seamos de las últimas generaciones que podamos transmitirle un conocimiento a nuestro hijos sobre el funcionamiento de algo. En mi caso ya es mucho menos de lo que me transmitió mi padre a mi. No lo digo como algo valorativo. Hacía allí, masomenos, vamos.