domingo, 6 de julio de 2025

El viento se levanta

En un mundo que se nos presenta lleno de opciones, contrariamente, se sucede la monotonía cotidiana, el ir y venir de un punto al otro, de geografías e itinerarios estables, trayectos y movimientos domesticados. Cada día cuantificado, geolocalizado, zombificado. La artista va en búsqueda de aquello que todavía escapa a ese control: las hojas que caen de los árboles, los retazos de tela que el viento amontona. Son siluetas de pájaros, de cáscaras de mandarina, de ramitas. Puede ser que esté inventando, son pequeñas y sutiles, lo que no permite una iconografía exacta. Desconocemos el color inicial tanto de las hojas como de las telas, no hay rastros previos de si eran nuevas o viejas. Lo mismo con las hojas, ¿son evidentemente desecho? ¿no habrán sido cortadas para la ocasión? ¿En qué momento se establece el pacto de confianza entre autor y público?

María Elena Machuca crea un juego surreal impregnándolas con cenizas de una quema de basura. No es la ceniza gris de la madera al quemarse, sino la que en el aire desprende sustancias tóxicas y metales pesados. La ceniza negra de los cables que se pelan para extraerles el cobre, o la ceniza negra de cubiertas quemadas en el medio de la calle.
Ceniza que podría ir al agua, o a la comida, o seguir en el aire, ahora se detiene. María Elena la amucha y la machaca en un mortero, la matiza, suaviza, acaricia. Le otorga homogeneidad y consistencia. Lo que es desecho se volvió materia prima. Encola las hojas y retazos de tela, espolvorea y sacude. Impregna, seca, monta e ilumina. Algo a la vista super simple. La artista, en sus palabras, interfirió en el devenir natural de esas materialidades.

Este proceso, de acciones tras acciones, se enmarca no casualmente en Una visita extraordinaria, curaduría de Raquel Minetti, donde desde su Programa doméstico (ciclo de encuentros de pensamiento y producción de obra) pone énfasis en el hacer. Su texto curatorial está poblado de verbos: ejercitar, explorar, demorar, descubrir, grabar, recuperar, raspar, crear, inventar, buscar, y la lista sigue.

Una vez secas las formas, que fraguaron, con el negro concentrado, se presentan en la pared reunidas coreograficamente. como si siguieran una musicalidad del viento, como un silbido, o susurro. Entra en escena aquí la contraforma, un espacio negativo abierto, que cuela el blanco entre las siluetas negras. Hago con el dedo y con la nariz un recorrido. Me dejo llevar por el recorrido que se forma en los vacíos. Muevo el cuello y los ojos. Las formas no se rozan entre sí, mantienen siempre una distancia, a veces mínima, a veces mayor, siempre vacilante.

Por último, con el titulo Antes de que te disperse el viento la artista pareciera ya no dirigirse a los objetos que ella contiene en su obra sino a cada uno de nosotrxs. Que es eso inconcluso que enuncia? faltaría una acción, un remate, una concreción. Hay algo que no termina de decirse. Y eso, para seguir haciendo y pensando, para mí, es super saludable. 


lunes, 31 de marzo de 2025

Entre


El pequeño mundo del arte entrerriano está hecho de bienvenidas, ausencias, despedidas, pertenencias, entramados. Proyectos individuales, proyectos colectivos, encuentros fortuitos, premeditados, temporarios, eternos, afectivos, convenientes y etcétera. Así entre poquitos, entre poquitxs actorxs, en la dimensión que a cada uno corresponda, ahí están.

Mariela Herrera refiere que su producción está en tránsito, que va de lugar en lugar, de ser foránea, que al arribar a determinado lugar ya se está proyectando a otro sitio. Sin esquivarle al planteo inicial, ¿Cuál es el lugar en el que se inscribe, en ese pequeño mundo llamado arte entrerriano, la obra de Mariela? ¿Puedo leer su declaración de intenciones, también, como respuesta?

Tal vez, si. Porque, en su ubicuidad (transhumancia en sus palabras), Mariela supo construir un recorrido que pasa por la escritura, la docencia, la producción textil, la práctica colectiva, y otras actividades varias que hacen a un quehacer. Un quehacer que resulta, como dice Andrea Cavagnaro, alegre, vivaz y audaz.

En esta muestra que presenta obras textiles realizadas desde 2023 en adelante, denominada Constelación, propone una relación visual y táctil con las piezas. hecha de texturas y tiempos en miniatura.

Hay en los cielos millones de estrellas a millones de kilómetros de distancia. Y hay un punto de vista con el que desde aquí las ordenamos. Les decimos Orión, Osa mayor, Andromeda, Escorpio. Establecemos puntos, les generamos un encuentro, imaginamos una línea, un “entre”.

Cuando entré a la sala del GAP dos imágenes en mi cabeza se hicieron presentes. Una es la de los cortes encefálicos, las imágenes de tomografía, de resonancia magnética. Por otro lado, las imágenes endoscópicas, de jugos gástricos. biliares, pancreáticas. Hoy proliferan las generadas por IA donde cerebros parecen árboles, ramificaciones, luminosidades de colores sobre fondos infinitos, cerebros astrales. El estómago, en tanto lugar de tránsito, autónomo segundo cerebro intestinal capaz de producir emociones e información que interviene en nuestra conducta, establece conexiones neuronales con el otro cerebro en ambas direcciones. Se habla también del teléfono celular como un tercer cerebro, o apéndice, indisociable de nuestro cuerpo, pero quedará para otra ocasión.

Mariela entonces, va desde lo astral en tanto universo hecho de pasajes y materiales diversos a lo (que yo sumaría) cerebro-intestinal en cuanto a que vemos y como vemos y sentimos y en un salto ornamental nos ayuda a repensar cómo se orquesta el entramado de las artes en la provincia.



Mariela Herrera muestra "Constelación" en Gap 18 Alameda de la Federación 355. Abril 2025

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Caminar

 


Hay una anécdota que me contó Kevin de una lectura que hizo en su taller en donde dos de sus asistentas, ante la emoción frente a lo leído o compartido, comenzaron a girar como trompos en el piso. Lo que sentimos no se manifiesta solo en el rostro sino que nos atraviesa el cuerpo, y el cuerpo como tal actúa.

¿Cómo se llama eso, cuando un musicx está tocando, de imitar el movimiento de las manos sobre un piano imaginario, o el golpe de palillos invisibles de una batería, o el rasgueo en el aire de una guitarra eléctrica? no se si tiene un nombre.
A mi me pasa con ciertas pinturas que bailo con las manos frente a ella como si yo tuviera el pincel. Hago tic tic tac, una pincelada aquí, otra pincelada allá, a veces largas, a veces cortas. Como si quisiera reproducir una verdad que se me develara solo en el acto de simular pintar.

El día de la inauguración de Horizontes fluviales, me crucé con Seba Operto. Le pregunté dónde estaba parando (él vive en Rosario) durante esos días en Paraná. Me dijo que en calle Misiones y Nogoyá y que había ido desde ahí hasta La portland caminando.
Quienes conocen Paraná saben que es, para la escala de la ciudad, una distancia relativamente larga. y que para llegar desde ahí hasta Bajada Grande, donde está ubicada la galería, es un buen trecho, y hay que atravesar un barrio popular tranquilo, aunque algo inseguro.
De por sí, no significa nada. pero hay algo en la gente que camina que me atrae y pienso en seba yendo a su propia inauguración caminando un trayecto de no menos de 50 minutos, pasando por el parque Urquiza, la costanera, el río, Puerto viejo, la arenera, luego el atracadero de la balsa, y así varias estaciones, cada una con sus particularidades.
Hay una cita de Thoreau donde menciona el término “Sauntering (deambular) que proviene de la persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna con el pretexto de encaminarse a la Sainte Terre, a Tierra Santa: de tanto oírlo , los niños gritaban: “va a Sainte Terre”: de ahí, saunterer, peregrino. (...) cada caminata es una especie de cruzada que algún ermitaño predica en nuestro interior para que nos pongamos en marcha y reconquistemos de las manos de los infieles esta Tierra santa”.
Esa paciencia del que se desplaza en soledad se manifiesta en las cuatro obras pequeñas que presentó. Paisajes calvos, de fondos planos, de siluetas lentas, algunos objetos reconocibles, algunos de tintes esotéricos. Una medialuna, un anzuelo, una columna dórica, los rayos de un sol, poquitas nubes, vegetación insinuada, estrellas en la noche, olas amarronadas, asperezas de un palo borracho.

Parece una pintura sosegada, de baja insistencia, pensadas para que al transitarlas generen un suave cosquilleo, que vistas al ritmo del caminar se queden grabadas junto al paisaje costero.



domingo, 1 de diciembre de 2024

Nada lograré solo con el poder de mi mente




Más se nos pide que soltemos, más… nada se va.

Bueno, no tiene por qué irse nada ni quedarse nada, pero en este momento donde se les dice a los zurdos que van a tener que correr, donde el presidente dice que quiere poner el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro, pareciera que la impronta fuese esa (“afuera!”).
Una visión que pasa desde la violencia a la analgesia donde el pasado o lo que nos pasa con el pasado fuese algo con lo que no cargar, o al menos no mirar de frente.

Recordar significa volver a pasar por el corazón. Añorar es recordar con tristeza, no saber donde algo está. La nostalgia es un regreso doloroso. Anhelo es un deseo de que las cosas sean de determinada manera en un futuro. La memoria es eso que compartimos

Ahora bien, cuáles otras dimensiones abarcan estos términos. Valentina los desplaza desde lo íntimo lo social o cultural a la naturaleza. Los bananos del patio de Casa Banano. A contrapelo del “Soñar en grande”, Valentina busca refugio en un ejercicio íntimo: desde el recuerdo desafía la simultaneidad. Cuánto margen de tiempo debe pasar entre que alo suceda a que haya sucedido? Al caer la tarde, cuando los rayos del sol están mas cerca del horizonte, la luz se dispersa. En esas horas, durante dos días, la artista va y viene dejando un surco. Surco que dejará también la tinta azul de la birome sobre el papel.
Ya no es una representación en la naturaleza a la manera impresionista sino en tránsito. Es un llevar y traer, un esfuerzo en lo físico de la acción. No solo en las 14 caminatas entre la habitación del segundo piso hasta el patio de la casa, sino también suma el esfuerzo físico de recordar y dibujar.

Los bananos, ejercitando el animismo: Qué ven, que escuchan, cómo resuenan en ellos las presencias que los visitan de vez en cuando? ¿Qué se llevan y que se traen de ese vínculo entre especies? Deben de seguro ponerse coquetos para el retrato, reordenar sus verdes para que el sol los luzca, incomodarse con las babosas y el ruido del microcentro paranaense, la cercanía a la casa de gobierno. A la vez, se divierten con la cosquilla que le producen los gatos que habitan la casa y se dejan llevar por las fragancias que traen los jóvenes que al escaparse de la escuela saltan tapiales para fumar, reír y desnudarse junto a ellos.Visto así, dibujar bananos es dibujar “con” los bananos, generar reciprocidades. Los dibujos de Valentina son pequeñitos, de estuche, de un breve lapso. Para que en su hacer no se escapen del recuerdo, para que a la noche cuando cerremos los ojos vuelvan a aparecernos en sueños.

---Ejercicio sobre el recuerdo de Casa Banano, de Valentina Bolcatto en Casa Banano. Noviembre 2024. Fotografía de @miroalverte


martes, 24 de septiembre de 2024

El todo y las partes

La muestra de Ekaterina se presenta como una máquina donde la pintura es uno de sus engranajes a la vista.

Siguiendo la metáfora fabril de la división del trabajo, los integrantes de determinado proceso de producción no podrían dar cuenta y desconocen de manera individual por completo todo el proceso. Así, en esa fragmentación, el herrero desconoce lo que hará la agencia de marketing y la agencia de marketing lo que hizo el diseñador industrial en su tablero, o a donde fugara totocaputeanamente el empresario los ingresos que se generen.

¿Qué le sucede a quien se atreviera a domesticar una orilla? Pues se vería en similares situaciones. Una orilla como totalidad difícilmente pueda vivirse sentirse habitar moldear o domesticar como un todo cuantificable. Sin embargo, y aquí el desafío que se propone Ekaterina es el de ir hacia una posible totalidad, así sea parcial y temporaria. Para tal fin suma a su proyecto a estudiantes universitarios, científicos, instituciones de fomento cultural, músicos y performers, malacólogos, becarios y al público en general que se acerca a la inauguración con una lata de cerveza en mano.

Ekaterina pinta sobre grandes lienzos con un verde flúo paisajes de las orillas del río Negro de Uruguay. Para recorrer la muestra es necesario entrar por la ochava de la sala y se produce un efecto inmersivo donde si vamos con los brazos estirados podemos ir rozando un lienzo con el otro. Colgadas del techo, sin tensar y a modo de pequeño paseo en miniatura, algo van develando desde su belleza y brutalidad. La orilla que representa, peligra. La muestra reclama a todos, partícipes y espectadores, un tiempo. De detenimiento y de acción a la vez. ¿Qué sucede con el tiempo presente, de urgencias, de deforestación, donde las islas del sur entrerriano se queman, donde el gobierno nacional reduce el presupuesto en políticas medioambientales?
Pues me animaré a decir que a las orillas ya las están, también parcial y temporalmente, domesticando.
Reformulo la pregunta desafiante que da título a la muestra: ¿Qué hacer con quien se atreva a domesticar una orilla?

---Sobre ¿Quién se atreve a domesticar una orilla? de Ekaterina Gelroth, curada Lucía Stubrin. Casa de la Cultura de Entre Ríos. Septiembre 2024

lunes, 16 de septiembre de 2024

El mundo es bello antes de ser verdadero

Agustina Maurice

Me vi buscando frenéticamente información sobre camuflajes, sobre si su uso es para pasar desapercibidos, o para parecernos a otra cosa, sobre la mimesis en animales y plantas, sobre camuflaje auditivo y olfativo, sobre el aposematismo, sobre el camuflaje ghillie del ejército argentino, sobre el Quantum Stealth y otras cosas varias.

Es que me dejé llevar. Nada me atrae más que tener algo a lo que aferrarme, así sea desde la incertidumbre. Tener un tema y sumergirme en ese tema sobre el que desconozco, y decir ¡Ésta es la llave!

Por un momento pensé que podía ser eso del camuflaje, es más: le pedí a un emisario que me averigüe qué pinceles usa la artista, porque hay algo en la pincelada y en la forma del pincel que permite ese efecto, de indefinición y redondeces en las formas.

Pero a veces esa llave de lo que podría ser una puerta de entrada o de salida, termina llevándome a un laberinto, y después de ese laberinto otro, y así.

En las obras de Agustina Maurice, el padre al cual se menciona en el corazón del texto curatorial, y que me cuenta el guía mientras recorremos la sala del museo: ¿Está camuflado o no está directamente?
En líneas generales, uno diría que no está salvo en la obra central, representado. Y tampoco está, siguiendo la idea de “Esto no es una pipa” de Magritte, ya que al fin y al cabo es pintura sobre papel, Pero para que algo “esté”: ¿Es necesario que se manifieste a nuestros sentidos? ¿No está ahí, en la manera en que hago las milanesas, mi abuela?
En la medida que la artista reanuda desde el presente su vínculo con el pasado, propone una manera de pensar ese pasado hacia el futuro. Reanudar, coser, remendar. Vivimos en un presente donde “soltar” sería un mérito y “sanar” un imperativo, donde “dejar el pasado atrás” y “no detenernos” sería lo deseable, donde el vocero presidencial dice “fin” y cierra con un punto y aparte sus comunicados en Twitter, cancelando toda discusión y disidencia, donde se nos entusiasma a rodearnos de quienes compartan nuestras “metas y objetivos”, que “trabajemos por nuestros sueños” porque “nadie lo hará por nosotros”.

Agustina va en la dirección opuesta, insiste, no quiere soltar nada ni ponerle fin, su objetivo es difuso y se va a detener todo lo que sea necesario. Vuelve una y otra vez, contra todo silenciamiento, hacia su propia historia que por tan íntima se vuelve compartida. Es que ahí veo también mi costado de la cama vacío, la foto familiar con la rompiente de ola y el faro, la crema bronceadora para el sol del balneario municipal, el cajón a medio cerrar.

Agustina no reflexiona sobre la muerte en general, sino sobre un muerto en particular; un muerto que se quitaba los zapatos antes de entrar a su casa, que cocinaba, que fumaba. Todas las metáforas sobre el transcurrir del tiempo, sobre el soñar, sobre la noche, sobre el agua en Agustina están presentes desde una singularidad. Es que siempre es una cuestión de tono. Se trata de rodeos. En un ejercicio de anamnesis, Agustina no sólo recuerda y reconstruye quiénes y cómo fueron sino quiénes y cómo podrían haber sido.
Cuenta con la potencia del después. La distancia le permite la insistencia.

Agustina Maurice

----Sobre El mundo es bello antes de ser verdadero, de Agustina Maurice en el Museo Sor Josefa de Santa Fe Díaz y Clucellas. Septiembre 2023

viernes, 12 de julio de 2024

Rota y en pie




Hay algo en la escala, en la gradación, en la miniatura, que nos maravilla. En que para manipular algo sean suficientes nuestras manos. En que de un solo golpe de vista sea posible hacernos de una totalidad antes que de sus partes.

En una tarea más próxima a la de un titiritero, Ángeles Rivero juega con las muñecas de la muestra “Rota y en pie”. Juega con ellas, pero a sus espaldas. No se ven entre sí a los ojos. Se comunican sí, pero no con la comunicación que desde la norma se nos impuso.
Ella va y viene desde la invisibilidad a la performance. Juega al anonimato, NN, ningún nombre, o desconozco el nombre. Me encanta esa definición, no es lo mismo no conocer que no tener. Sigue un linaje muy delgado hacia Emily Dickinson en su poema “Yo no soy Nadie! ¿Quién eres tú? / ¿Tampoco eres Nadie tú? / Ya somos dos - ¡Pero no lo digas! ¡Qué tedioso ser Alguien!”

Las muñecas sí son “Alguien”, Ángeles las llama minitas, un “alguien” colectivo y al menos en los videos que componen la serie, son mudas. ¿Nunca hablaron, o por algún motivo perdieron el habla? ¿Su silencio es temporal? Además de darles nombre y movimiento, ¿Podrá Ángeles darles voz?

El silencio puede ser selectivo, limitado a ciertos lugares. Algunos como yo, cuando estamos frente a una cámara y nos apunta, hacemos silencio.
—Courtney está en la playa, intuyo que hace frío, pero ella luce desabrigada, con botas rosa, tanga celeste y capita Sailor Moon. Dobla una pierna, la otra, se arrodilla, se frota, cae, reza, da unos pasos, y se desarma. ¿Está entrando en calor? En los segundos finales, Ángeles flexiona las rodillas de Courtney con fuerza e insistencia hasta que se ve el interior de cartón encolado de la muñeca.

—Martirio está maquillada y sus brazos son largos. Tiene de fondo un gimnasio y ella está próxima a una escalera. A diferencia de Courtney, esta vez Ángeles acompaña los movimientos de Martirio. Parecen ya, casi, una sola. En el minuto 1:41 algo sucede, su brazo que estaba ya caído y su sombrero, vuelven a su lugar.

La melancolía es silenciosa, el estupor produce silencio. El silencio puede ser fruto de un trastorno, no todo silencio es voluntario. A quienes tienen problemas de sueño o apneas se les aconseja cerrar los ojos y escuchar su propia respiración, en silencio.

—Rita es físicamente más grotesca que Martirio. Está también al aire libre como todas y sus movimientos son más bien de contorsión. Flota en el aire sobre los brazos de Ángeles. No toca nunca el suelo. En cierto momento se le desprende una ¿pierna?


La melancolía es una tristeza vaga y profunda e insistente. Pienso qué vínculo puede haber con el nombre de la muestra: “Rota y en pie”.

—Matilde a diferencia de Rita, Courtney y Martirio se para sola. Con algo de ayuda, pero sola. Una de las maneras de aprender es imitando. Da unos pasos, mueve sus manos, titubea, y se mantiene en pie.

En la afirmación de los nombres y los estados de los cuerpos (rotos y en pie), estaría también su disolución: “Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. Yo es otro,” dice Rimbaud en “Cartas al vidente”.

Si entendemos al mundo como un teatro, y que la vida es sueño, las minitas representan su papel de sueños dulces y pesadillas. Nos darán consuelo, llenarán un vacío, iluminarán nuestras labores diurnas, bailaremos con ellas en palacios de cristal y pediremos su mano. Aunque también quebrarán nuestros huesos con sus dedos, las nombraremos inconscientemente en estados febriles y nos serán indiferentes llegado el caso.
Ángeles las nombra como “objetos antropomórficos”, yo prefiero decirles muñecas. Y las muñecas tal vez, aunque rotas, nos sobrevivan. Nuestro transcurrir en el tiempo con ellas no se limita al aquí y ahora. Leí que el cartón se desintegra en un año, y que conservado correctamente puede durar un montón. Ojalá en un futuro alguien con el don de la magia (o la ilusión, que para el arte no necesitamos mucho más que eso) las saque de su vida interior, reviva sus colores, enmiende su articulaciones y las vuelva a poner en movimiento.

-----Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” muestras “Rota y en pie" de Angeles Rivero. San Martin 2068. Santa Fe. 2024

sábado, 9 de diciembre de 2023

El mar adentro de un caracol


“Demasiada comunicación en un gesto, sin una conversación o noción” dice Bryan Ferry en Avalon, canción que da también título al disco de Roxy Music de 1982. Un romance y una despedida. El fin de la fiesta como el fin de una época. Es 17 de noviembre de 2023. Dos días después se dará el ballotage más extraño que haya vivido. Me aferro a los susurros y a lo pequeño. Abro la cancela, golpeo la puerta, miro hacia arriba y saludo a Flor. Subo las escaleras de UV Santa Fe por primera vez. Primero, un descanso, a la derecha una habitación de estudio, al medio y hacia la izquierda la cocina. Al final del pasillo, por pequeños agujeros que hacen de cortina, se insinúa la muestra. La corro y entro. La luz roja intensa produce una monocromía sobre las obras que como orillas, se abisman. Avalon, lugar mítico dónde descansa Arturo al cuidado del hada Morgana. También conocida como Islas de las manzanas. Manzanas rojas como la luz de la sala. Cálida como el deseo y el erotismo. Gélida como la inquietante distancia. Un póster de un personaje andrógino que parecería de peluquería, o tintura para el pelo, con incrustaciones y aire cyberpunk. La descarga de Gost in The Shell en una web diseñada a fines de los 90. Una madera ensamblada con hierro y al final la fibra de vidrio de un pie de maniquí, o algo así. Todo esto lo sugiere el tacto. La materialidad es apariencia, los ojos no dan precisiones. Hay una clave, la posibilidad de tocar. Se sabe tocando. Y se escucha. Hay música en la sala. O algo como un sonido. El sonido que percibimos desde el vientre materno. El primer contacto que tuve con el mundo fue tocando y oyendo.

Me gusta pensar desde aquí, bah no podría hacerlo desde otro lugar. Me siento entre libros y al azar en un catálogo de museo una frase de Nicolás bourriaud que dice algo así como “los artistas actuales tienen la tarea de..” y automáticamente dejo de leer. En realidad sigo leyendo, pero me bloqueo y me pongo a la defensiva. Con que cara podría decir alguien en voz alta cual es la tarea de un artista? Por más loable y noble que sea esa tarea. No quiero para ningún artista una tarea, una misión, un objetivo. Quien quiera tenerlos que los tenga.

Y aquí vuelvo. Hay un tocadiscos que no suena, con cochas marinas piedras y hueso calcinado. Hay un cactus bebé saliendo de un enchufe. Hay un talismán y un aro de cobre. Hay una segunda cortina, además de la primera pero esta vez ciega, sin transparencia y con signos rituales. Encuentros frágiles. Con leves puntos de apoyo, agarrados de alfileres o sujetos a la ley de gravedad.

Las cosas ya no se ven. Se tocan, huelen, vibran y resuenan.


El domingo post ballotage, ya cuando cayó el sol y sube la melancolía, leo a Kevin Jones “Voy a subrayar e insistir. No tengo ganas de verme con nadie en la calle ni de que acá comience ninguna resistencia. Tampoco de que me digan que no me rinda. No quiero entrar en ese nadie de la frase acá no se rinde nadie.

Quiero estar fuera de acá, al borde de nadie, fuera del no. Quiero ver qué hay ahí, si algo diferente o extraño al vacío que resuena en aquellas frases. Incluso si fuera más vacío, quiero saber cómo es la duplicación del vacío, qué hay cuando no hay, cómo se sale de acá, como se es por abajo de nadie”

Carlos Bugnon, en UV Estudios. Noviembre 2023. Santa Fe

domingo, 29 de octubre de 2023

Porque tienes que bailar, este pasito tun tun



Una buena cumbia para mí es la que dice “Que me den un beso / que me den un beso / que me den un beso / pasito tun tun” ¡Qué hermosura! yo también quiero un beso en la noche, yo también quiero entrar a una muestra motivado como con las palabras de Leo Messi a su equipo en la final de la Copa América: “no existen las casualidades muchachas, saben qué? esta copa se tendría que haber jugado en argentina y dios la trajo acá, dios la trajo acá para que la levantemos en el Maracaná muchachos para que sea más lindo para todos así que salgamos confiados y tranquilos que esta la llevamos para casa.”
Con esa actitud me gusta ir a una muestra, es super mentira lo de que es gente estirada tomando champagne o vino en vasos de plástico. Va en cada uno igual. Yo por mi parte me lo tomo así, me excito, me compro cervezas que escondo en los bolsillos de la campera o de las bermudas cargo.
Y más cuando es gente amiga! y más cuando es Una buena cumbia!
“Porque tienes que bailar este pasito tun tun” Pero que labios besar? viene a mí a partir de la última palabra del texto curatorial de la muestra firmado por Valentina Bolcatto y Victoria Ruiz Diaz: revolución.
En Les Levres Nues, de 1956 se publica “Métodos de tergiversación” firmado por Guy Debord y Gil J. Wolman. En el mismo detallan “Toda la gente avisada de nuestra época está de acuerdo en que el arte ya no puede justificarse como una actividad superior, ni tampoco como una actividad de compensación a la que uno puede entregarse honorablemente. La causa de este deterioro es claramente la emergencia de fuerzas productivas que precisan otras relaciones de producción y una nueva práctica de vida.” para luego mencionar un metagrafo que trata sobre la Guerra Civil Española, la frase con el sentido más claramente revolucionario es el fragmento de un anuncio de pintalabios: 'Los labios rojos son bonitos. Esos labios quiero para mí. Todo esto para decir que… podría pensarse un situacionismo XXI fluvial?
La cumbia y la muestra, lugar de tergiversación y desvío, de geografías psíquicas, donde los recorridos no estén pautados sino dispuestas para su experimentación y vagabundeo.
“Todos están bailando, todos están gozando, pasito tun tun” bajo las escaleras de La portland y me recibe un cartel que dice APRECIO POPULAR, y ahí van los primeros juegos de palabras, los primeros dobleces, doblo a la derecha y me ilumina otro pasacalle que dice cual declaración de principios SER NADIE TAMBIEN ES SER LIBRE. En Una buena cumbia las identidades y autorías se disuelven, nada es de nadie y todo es de todxs. La disposición de las piezas así lo manifiestan. Obras reunidas cual altar rutero, obras reunidas cual tendal de feria. Calzones con estampas, remeras alteradas, bolsos de compras que dicen GRACIAS POR SU COMPRA, canoas fileteadas, carrozas acuáticas. y debajo, debajo sale olor a choripán de la parrilla.
En Los conductos, película del colombiano Camilo Restrepo, un joven outsider trabaja estampando con serigrafía primeras marcas en toallas y grandes telas de dudosa procedencia. El sistema me sorprende por lo aceitado, implacable e inclaudicable. Forma y ritmo. Una voz en off que narra una disociación entre presente pasado y futuro, entre el aquí y allá, entre conciencia y desvarío.
Una buena cumbia, produjo en mí algo similar a Los conductos, ¿Cómo son los procesos de producción de obras de autorías colectivas, y de autorías expandidas? Pues no tengo la respuesta, ni espero tenerla. Suena el tun tun del pasito tun tun, y quiero que me den un beso, ¡un beso tun tun!

--Una buena cumbia. de Cesar Bernardi y Mantera Galería, con curaduría de Victoria Ruíz Díaz y Valentina Bolcatto en La Portland. Paraná, Octubre 2023

domingo, 30 de julio de 2023

Tu cuello huele delator


Las cinco obras de Amanda Tejo Viviani que conforman “La trenza” su muestra en Púrpura Galería de la ciudad de Santa Fe están montadas en círculo colgando con tanzas desde el techo en el centro de la sala, mirando hacia afuera. Pueden verse así, cada una de un tamaño diferente, como un todo escultórico, rodear el diámetro de aproximadamente 3 metros que posee. Las obras se dan la espalda entre sí, y por los espacios entre unas y otras podemos ver los dorsos, las varillas del bastidor, el lienzo blanco. Es un pentágono, compuesto de lados pero sin vértices, que no hacen esquinas.

La disposición nos permite ver también, si hay alguien más del otro lado, podemos ver sus pies, sus piernas, es como una danza de arremolinar el agua, o un tornado. Un carrousel en el cual, entre obra y obra, se puede filtrar una mirada. Fijar los ojos, entre los ojos de los rostros que aparecen en las obras, en los de alguien más que puede estar ahí.

Me pregunto quiénes son lxs retratadxs. Hay un aire de nostalgia, mezcla de pasado y presente, son Maya Hawke y Graciela Dufau, son Liv Ullmann y Tita Merello, son Gena Rowlands y Graciela Borges. La lista podría seguir, un plano medio de personas que fuman y esperan con collares de perlas, peinados a lo garzón, o con corte bob o mullet de colores, ropa holgada, delineador de cejas, hand pokes, piercing y labial raven. Busco a la artista en google y me percato, relacionándolas con otras piezas, que lxs personajes que forman parte de las obras de La trenza están con la boca cerrada. Son como telepatas, Charles Xaviers insomnes de frondosas cabelleras.

Le pido a César director junto a Lali Martínez imágenes de las obras y de la sala para refrescar la memoria. Los archivos que me manda por mail tienen nombres llamativos. No se si son los nombres de las obras, o las maneras de nombrar los jpg: “lafuga” (así todo junto), “la insoportable”, “sin título”, “mirando mil muertes frente a mi”, “todo lo q ella me dijo”. Celebro eso, la incertidumbre sobre lo que se ve, la anti PDFización de las muestra, de la anti statementización de las trayectorias, la deshomogeneización de los modelos expositivos.

Las escenas nocturnas de las obras, la luz escasa que ilumina los rostros me recuerdan el refrán que dice “de noche todos los gatos son pardos”. La trenza comienza a moverse sobre si, estamos a merced del engaño y por él nos dejamos llevar. Miradas speed, que en la superficie de las pinturas montadas a la altura de los ojos, producen un efecto hipnótico. “No hay banda, y sin embargo hay una banda”, el mismo telón que se abre en Mullhonad Drive de David Lynch. Se desatan tormentas en los sueños y los telones se desvelan. Instancias de pasajes de unos mundos a otros, en un tiempo ausente. La extrañeza de una cinta que suena al revés. La máquina de humo. El éxtasis de aferrarse a una butaca. Un tatuaje de lágrima que cae por la mejilla El relato no lineal que se desdibuja: es aquí mismo, pero diferente.

"La trenza” exposición de Amanda Tejo Viviani en Púrpura Galería Irigoyen Freire 2264. Santa Fe Capital. Muestra en colaboración con NN Galería de arte. Junio 2023

Texto publicado en Revista Jennifer

Cáscaras de naranja aromatizan el mate



La muestra Trópico Canguro es, para sus visitantes, un juego de imaginación. Canguros en el trópico. Un trópico que no es el de cáncer ni el de capricornio. Se descubre una nueva constelación canguro. O la ductilidad de lxs artistas de saltar de un lado a otro, de desplazarse. Es Caetano cantando Black or white o Come as you are. El canguro empieza a refinarse.

Santiago Villanueva dice, en el texto curatorial, que dijo Gumier Maier que dijo Lezama Lima: “Sólo lo difícil es estimulante”. El mismo Gumier Maier que, en Avatares del Arte, en 1989, decía: “Cosecha adeptos el estomaguismo”. Ese estomaguismo lo siento más vigente que nunca. El arte no es ajeno a los nuevos tiempos en el que todo es a los bifes y rápido, o rosca y rosca. Bah, tal vez el algoritmo me conoce y sabe que miro el celu para ver cómo implosiona un submarino hecho con IA, o parrilleros preparando chinchulines, o como contraer deuda saludable en vez de deuda negativa. Y que hice de todo eso un mundo. En fin, lo que quiero decir es que a lo difícil hay que ir, que no está al alcance de la mano, que ya implica un esfuerzo ir hacia lo difícil.

Pensar un Trópico Canguro estimula la mente, el cuerpo, y los sentidos. Todo junto.

Me volví fanatico del CTRL+F. Busco en el texto de la exposición la palabra pensar y está cuatro veces; la palabra arte y está tres; la palabra obra, diez. Así me puedo pasar ratos reordenando, entretenido buscando, como en un ejercicio oulipiano, pensando sinónimos, haciendo de cada obra un poema.

La muestra es un encuentro de disímiles: hay una cita de Ursula Le Guin en la que piensa a la bolsa como un encuentro-contenedor de lo fundamental impensado; y hay otra de John Berger, “La bolsa en cuestión es una pequeña bolsa de resistentes. Una bolsa se forma cuando dos o más personas se ponen de acuerdo y se unen. Se unen para resistir contra un nuevo orden económico mundial que no puede ser más inhumano”. ¿Y que más inhumano, y retomando a Gumier, más estomaguista, que ver en la pantalla a un candidato a presidente diciendo que la venta de órganos es “un mercado más” o que “si yo tuviera un hijo no lo vendería, (pero) quizás de acá a 200 años se podría debatir”?

Las paredes de la sala de La Portland pintadas de blanco parecen derretirse al piso cubierto de nylon negro y pintado de blanco con las manos, o a la inversa, del piso patinoso se densifica y homogeiniza hacia las paredes. La pared vidriada de fondo de la galería se funde con el río Paraná, que cuando baja el sol, sus contrastes, se vuelven sutiles.

Lo barroso, lo difuso, lo sensual de lo sugerido, los ángulos borrosos, es algo muy de acá, escrito desde Paraná. La obra de Victoria Ruíz Díaz abre la pregunta del ¿cómo vemos? por sobre el ¿qué vemos? El montado con bisagras y vidrio permite miradas al pasar, dobleces de frente y dorso que vuelven indefinible saber cuál es cuál. En Federico Roldán Vukonich las superficies de sus obras hechas de papel maché se sienten porosas, con unos rulitos de metal que se asemejan a cascaritas de naranja secadas al sol para aromatizar el mate.

Gonzalo Fuenmayor presenta trabajos en blanco, negro y grises: hay un video escondido en el patio de la galería de unos pies calzados con unos ananás calados que bailan en loop y se desarman en cada paso. Moriremos, pero moriremos bailando.

¿Y entonces? Me voy a contradecir. Las dificultades hay que ir a buscarlas, pero a veces también llegan solas. La cuestión es, en la medida de lo posible, reconocerlas.


TRÓPICO CANGURO
Gonzalo Fuenmayor / Federico Roldán Vukonich / Victoria Ruíz Díaz
Curador: Santiago Villanueva
La Portland. Paraná Entre Ríos. Mayo 2023

Texto publicado en mal.ar

jueves, 16 de febrero de 2023

Confiemos que mañana al despertar seguiremos aquí

Cuando visité el taller de Gabi Benedetti me dí cuenta que había algo en mí que necesitaba confirmar. Pasamos pocos minutos frente a sus cuadernos de dibujo. Un viaje de 4 hs de ida y 4 de vuelta de Paraná a Gualeguay por sólo media horita fue más que suficiente. Porque uno cuando piensa intensamente en algo es como que se concreta. En la radio pública de mi ciudad pasado el mediodía, hay un programa de espiritualidad donde aconsejan por un momento no hacer nada, cerrar los ojos, dejarse llevar por la respiración y absorber la energía del sol. Estoy en esa, poder vivir también de fantasías y atar cabos para volverlos a desatar. Hacer caminos para desandarlos.




Gabriel hacía cosas con plastilina y pegatinas y módulos de papel. Una obra que no terminaba nunca, o que sus límites eran difusos, porque montaba la plastilina al borde del río Paraná o en la zona del Delta en lugares inhóspitos y hasta de imposible acceso. Eran obras hechas para que solo sean vistas por el río y la intemperie, dejando que la naturaleza las impregne de rocío, de arena, de musgo, de hormigas. Montículos de masa colorida, palitos como de helado enterrados, bolistas de barro hechas con los dedos. Luego preparaba con cinta transparente tejidos entre las ramas de los árboles y dejaba que se adhieran las hojas que pasaban volando. Una telaraña del azar y del viento.

La primera vez que trabajé con Gabriel fue en una muestra en el Museo Sor Josefa de Santa Fe. En aquel entonces, además de las plastilinas, hacía unos juegos de papel como origami, reciclando y recortando revistas dominicales o de moda que pegaba en su ciudad y en cualquier lado. Tenían algo parasitario en su despliegue: siempre el mismo tamaño, siempre en disposición vertical y horizontal, siempre en expansión. Eran como los alienígenas del Gálaga, en su irremediable avance hasta cubrirlo todo.



Obras inconclusas, infinitas, sin orillas. La limitación y potencia estaban dadas por lo acotado de los recursos, y por el espacio que habitaban esos pliegues. O por el tiempo y ganas del artista, entre tarea y tarea, continuar la obra.

Aquí pienso, ¿Son obras inconclusas? En proceso? o apenas están comenzando, insinuandose? Frente a las corridas inflacionarias, donde “si te dormís sos cartera” y se nos impulsa a “tomar las riendas de nuestra propia vida”, Gabriel toma la tangente, decide volantear e irse, dejar que las cosas se resuelvan solas sin mirar por el espejo retrovisor.



Con la media luz de su taller me dispongo a ver unos 20 cuadernos desplegados sobre el tablero de trabajo, Son cuadernos pequeños y de diferentes formatos próximos al A5 o A6, algunos industriales, otros del tipo artesanal, cosidos y abrochados, con tapa blanda y dura. trabajados principalmente con microfibras, marcadores y algunos pocos con témperas o acuarelas llaman la atención que solo utiliza las primeras quince o veinte páginas. No tienen título ni portada, son situaciones cotidianas, o que uno sentiría de espacios familiares: patios, plantas macetas, interiores semi cubiertos, paisajes vistos desde ventanillas, al pasar, de reojo. Me pregunté Cuando los va a terminar? pero tal vez la cuestión pase por cuando empezará uno nuevo?
Gabriel nos propone con sus cuadernos dejar cosas para mañana, postergar. Confiar en que nos vamos a levantar mañana y las cosas seguirán ahí y que no necesitan de nuestro cuidado. Que les soltemos la mano, que crezcan solitas jueguen se multipliquen o devoren a sí mismas.






El formato libro por su condición, propone una linealidad temporal donde llegada la última página, la historia termina. Esto que podría ser angustiante, pero también liberador, Gabriel lo deja en suspenso: No es su tarea, su oficio no va en ascenso, no construye ningún clímax o está creciendo.


Estoy viendo Tár, la película de Todd Field con Cate Blanchett. Luego de una larga introducción donde un entrevistador cuenta al público de un auditorio la biografía de Lydia Tár, al momento de tomar ella la palabra, Lydia dice que lo que le llama la atención no es la extensa de su trayectoria sino lo diversa, y que vivimos un tiempo donde lo diverso en la producción propia está en crisis y que vivimos en un tiempo de especialistas. Qué pasa con estas afirmaciones en la práctica artística de esta periferia de periferias, provincia del litoral argentino?



Me descargué las edición de las obras completas de Juan L Ortiz en PDF. Busqué la cantidad de veces que aparece la palabra Gualeguay. Doscientas cuarentayocho me dice la lupita después del Ctrl+F. Inmediatamente después cierro el archivo. No tiene sentido, porque Gabriel nunca me lo mencionó a Juan L, salvo una vez que aparecieron unos dibujos de su supuesta autoría y dudosa procedencia. Entonces cómo puedo insertar, o desde qué lugar forzar, un discurso que en la obra no hay? a quién le sirve? No estaría yo haciendo lo que preocupa a Lydia, el tiempo de los especialistas, así sea como en mi caso, del cualquierismo? en fin. ¿Qué nos diría Gabriel? “que lo resuelvan los demás”. Siempre hay trampa, ya sea por izquierda o por derecha.

sábado, 31 de diciembre de 2022

País de la Garza Real


Estudios recomiendan que para bajar el estrés y la ansiedad es recomendable mirar las aves y su entorno, su movimiento entre las ramas, al posarse en un ventanal, o en tapiales. Ver si andan en pareja, si están perdidas, a quien llaman, a quién extrañan, con quien se alegran, si nuestra presencia es motivo de alarma o seguridad. Nada muy complejo, solo seguirlas con la vista y con los oídos. Aproximarnos a esa experiencia del aquí y ahora, un instante que se desvanece. La vida programatica, monetarizada, aireacondicionarizada y pasteurizada nos ha convertido en autómatas donde un ave que nos mira por un microsegundo desde el otro lado del cristal puede ser un destello que nos atraviese y nos impulse a evitar el salto por esa misma ventana.



Un rayo de luz atraviesa la sala de galería Delta en Santa Fe.

Alguna vez jugaste a tapar el sol con un dedo? y si eso que tapamos no es definitivamente el sol sino otra cosa? Don “Cota” Colman está en el suelo, y estira un brazo mientras con el otro sostiene su facón, de la luz sale una pequeña escalera, de la escalera bajan “garcitas, muy blancas, delgadas y luminosas”.
Ya el correntino Francisco Madariaga nos anoticia de un país litoral y cósmico de garzas reales, criollos del universo, palmares sin orillas y trenes casi fluviales. Patas y cuellos largos de las garzas que se asoman en el espejo de agua “En el estero hay una brisa / con una garza que reposa / sobre la escarcha de una selva / que al agua entra y se desfonda”. El mismo espejo de agua en el que Cota se sumerge de la Laguna del pescado próximo a la ciudad de Victoria. Me pregunto si se podrá atravesar la laguna caminando, si el agua no supera las rodillas.
Un rayo está pintado en la pared, un rayo real y metafórico. Me agacho a la altura de Cota, y miro la misma luz. Querría abrazarlo pero está hecho de alambre y bolsa Don Cota, me agacho a su altura, y miro la misma luz hasta cegarme.
Hay algo carnavalesco en La hora de las sombras largas. Vienen a mi carrozas de papel maché, plumaje reciclado de años desgastados y vueltos a colorear con tintura para el pelo. Niños que juegan a vestirse de Messi con bolsas de supermercado. No lo hacen de crotos, nada mas alejado que la romantización de la pobreza, sino de payasescos. Pulseras con bombuchas, trajes para los muñecos, anillos de casamiento, aros de basket con canastos de damajuanas.



Los materiales con los que están compuestos nuestros juguetes eran el juguete.
Al lado de Cota está la “momia Mernes”, la historia de una mujer que tras su muerte, abierto el Panteón en el que se encuentra, se mantuvo intacta y con una singular belleza. En calma, en “el mas allá” después de los tormentos, que según dicen, tuvo en vida. Visita obligada de escolares y lugareños a mediados del siglo XX para verla en una caja de cristal hasta que cayó en el olvido.

Ahora en el 2022, Carla Britos repite el procedimiento, “la Mernes is back!” con pelos, uñas crecientes y cuerpo reducido. Pero esta vez ya no volverán los científicos, el progreso y los tecnócratas de la muerte a hacer estragos en su cuerpo. Ahora la Fénix-Mernes esta reciclada, recargada, posesa, potenciada, toda de polietileno de alta densidad y polipropileno.



La hora de las sombras largas se proyecta sobre sí y se expande. Le doy la mano a la momia y siento el crujir de las bolsas de plástico con la que está hecha. Levanto la vista y veo mi silueta junto a su figura yacente recortadas contra la pared. Nuestras sombras unidas en ese lugar de lo no dicho, o dicho a medias. La sombra como el lugar de los susurros, los contrastes tenues, el adormecimiento. Hay un deseo de desvelo, traer hacia adelante lo que muchas veces intenta ocultarse. Hacer del procedimiento, el planchado, el cosido y el calentado de las bolsas para que armen un paño, una poética.


Pienso, cómo se imagina uno el lugar donde se vive, transita, construye? ¿Cuál es el lugar para la imaginación en las provincializaciones que parecieran ser el discurso constante y sonante? Así, Carla se imagina de aquí y de allá, se imagina cómo unir esto con lo otro, se imagina convivencias y saltos temporales. Un chanchito tambor de aceite, la maceta que es un cisne negro hecha de cubiertas de auto con alambre tejido de fondo, el mate pezuña de ñandu sobre tronco cubierto de cuero crudo, una silla de plástico con una patada madera atada.
Como una feriante me la imagino ahora yo, finalizando la muestra enrrollando todas sus obras. Plegando las bolsas que entran estimo en el bolsillo exterior de una mochila. La garza real estira su cuello a la altura del horizonte y Don cota, junto a la Mernes, mirando al sol, subsistiendo 200 años en la memoria física de las piezas.


La hora de las sombras largas. Muestra de Carla Britos con curaduría de Ariana Beilis en Delta Espacio. Septiembre 2023

miércoles, 25 de mayo de 2022

Pétalo en el pelo

Sueño que estoy en la casa de un coleccionista que colecciona obras de artistas de los 90. En ese sueño mientras miro sus paredes hay unas obras que tiene colgadas al ras del suelo de Marisa Nuñez. Le cuento al coleccionista que soy de Paraná pero no se si me escucha. Es todo un revoltijo su casa de cosas por aquí y por allá.

 
Las obras son unas piezas pequeñas de mosaiquismo, la técnica que se hace pegando fragmentos hasta formar otra figura. En el dorso tienen una malla plástica, las imágenes de las obras no las recuerdo.
Porque pienso que el eje o por donde iba a la cosa es que no era su obra principal, o lo que ella me presentó como obra, o con lo que fui pensando que era su obra. Sino lo que, cuando fui a visitarla a su taller, me contó que es “lo que estoy haciendo”.
 
Entonces sacó de una caja y ordenó en la mesa unas pequeñas piezas, con la cara de Evita, con la cara de una de las madres de plaza de mayo, y otras así de cultura popular, onda el Che Guevara, Evo Morales, o Charly Garcia. Me cuenta que las hace para vender, o para regalar o coleccionarlas en su altar particular.
Lo que están haciendo los artistas entrerrianos en este exacto momento no es exactamente su obra, sino un montón de cosas que orbitan su vida cuando miran las estrellas por la noche desperdigadas entre el Paraná y el Uruguay.

Marisa me regaló una foto de una de sus fotoperformance. Tiene una máscara de barro con incrustaciones de ramas, cáscaras de naranja y nueces. Pienso en los videos de Bjork y en los posibles avatares que puede adquirir un rostro. Cual es el umbral en el que dejamos de ser quien somos y nos convertimos en otra cosa?
Pero si en parte de la producción de Bjork la transformación es de la floración y del híbrido en movimiento, en Marisa la transformación está unos minutos previos, o unos minutos después, en donde el barro todavía es, o ya fue barro, en donde la rama seca no se disolvió del todo, donde las espinas del palo borracho todavía no cayeron al suelo.



Algo de eso hay en la cerámica ¿no? un barro cocido, cuyo estado fue, y ahora es otro, no en un entre sino en un estado u otro.
Cómo detener ralentizar la velocidad de la luz, lo que sucede en su constancia, lo que nos excede y que ni se entera de nuestra existencia? Pero, ¿será que realmente no se entera? no sabe la humedad de nuestra piel? el barro de nuestras manos o pies? Los pétalos de nuestro pelo? Los árboles de nuestro abrazo?
Cubrir y descubrir los orificios de entrada al cuerpo, los ojos , la boca, los oídos, la nariz. Revisar el uso mecanicista de nuestros sentidos. Meterle filtros. Distorsionarlos.
Me dice de su obra que obtuvo el primer premio en cerámica en el Salón provincial y le digo cual? y me cuenta, y le digo honestamente que no la recuerdo. Se llama “Cuando el río quema”, son unos peces, un montón y en su taller tiene más, son como anguilas de río, de barro cocido sin esmaltar ni nada, parece que si les tirara un baldazo de agua saldrían en todas direcciones. en su sinopsis Marisa dice: “Como ceramista proclamo y hago público un manifiesto ecocéntrico, feminista, necesario y urgente. La práctica artística desde la subjetividad territorial permite romper lo disciplinar y expandir la cerámica, amasando lo que hoy nos requiere. Encarno la realidad de los incendios, para renovar nuestra manera de mirar la naturaleza.”

Estoy leyendo Seguir con el problema de Donna Haraway y su concepto de Chthuluceno, una práctica tentacular, un hacer-con, en donde nada es estrictamente autónomo, en constante dinamismo y adaptación.
Pero me pasa que me voy por las ramas, no se si se lo dije, pero me acordé de la película de Shiamalyan The Village, los adultos se visten de monstruos con elementos del bosque, unas capas rojas. Me recuerda una video performance suya que se llama Espinal. Marisa nos acerca a lo monstruoso, a lo que se deforma. Hay una corriente de eco terror, o folk terror. Porque también es, en su medida, una construcción, una ficción, un ensamble de piezas para ser vistas, oídas, olidas, vividas.
Y así paso de una cosa a la otra: Fitzcarraldo, la guerra en Ucrania, el capitalismo y la guerra, la quema de las islas en Delta.
En Espinal, la acción transcurre en una habitación, en un plano medio, la artista se desplaza sobre su propio eje, movimiento animal, hace shhhh shhhhhh, se pone unas gafas que parecen cáscaras de pomelos con espinas, se toma las orejas y escucha, vibra, se aleja, se va de foco, se cubre los oidos, esta vez las espinas van hacia afuera, olfatea, rumea, rechinan los dientes, se cubre la boca, un sonido de chicharras viene desde lejos. El video fue hecho durante la pandemia: “Los cuerpos confinados, encerrados, reaccionan , para protegerse. La naturaleza tiene posibilidades siempre de regenerarse después de grandes destrucciones. El poder de natura vuelve pidiendo por nuestra regeneración interior, cuidando las semillas…”

martes, 10 de mayo de 2022

Suaves siete colinas

 Victoria es conocida como la ciudad de las siete colinas, y dicen que hay un museo ovni que tiene un metal traslúcido que es un fragmento de una nave. Si uno busca en internet la información es difusa. Se realizan peregrinajes de todo el país al museo y de temporadas de avistajes de ovnis. Así que durante un buen tiempo era el comentario recurrente, pero después me empezó a dar vergüenza ajena.

A nosotros en la escuela nos llevaban a la Abadía, que era tan extraño con el museo ovni. En la abadía siguen viviendo unos monjes que hacen sus deberes a rajatabla, rezan a toda hora y hacen mermeladas y licores que venden a los turistas. A la abadía solo se puede entrar en ciertos horarios, y los monjes están vestidos maravillosamente y tienen un aire misterioso. Es lo más parecido a Europa que conozco.
Desde que inauguraron la nueva conexión vial en la ruta 11 no he vuelto a entrar en Victoria.



El tema ovni y curas me tiene sin cuidado. Pero hay artistas victorienses que trabajan con ese imaginario, hay uno que se llama Mana que trabaja con eso. Con las máscaras, con los dobles, con los portales, con los mundos paralelos intra y extra terrestres. De una manera muy low fi, bien conceptualista de baja insistencia entrerriana.


No me puedo manejar en la ruta sin comer bizcochos. Puedo pasar días sin fumar, pero no dos horas al volante sin morfar.
Voy de visita a lo de Diana Campos, que vive cerca del barrio 5to cuartel o barrio los caleros, donde se funda la ciudad y donde se encontraban los hornos de cal en la que trabajaban los primeros pobladores.


Le propongo una entrevista sobre su obra, sabiendo que no tiene obra sino que lo suyo va por el encuentro comunitario, por los espacios colectivos, por la docencia. Diana como generosa que es, se presta al juego en el  que ambos sabemos que no habrá obra sobre la que conversar.

Me incomoda, o se me hace raro cuando a alguien que no hace, o que no está haciendo, o que no le calienta si lo que hace es obra o no, le dicen “ah pero esa es tu obra”, o “ahi esta tu obra”, señalando su práctica y encasillandola como obra. Aunque la intención sea buena hay un afán del arte de traer todo a su molino. Dejen a la gente tranquila de nombrar lo que hacen como quieran.


Sin embargo ahí está: un pequeño montaje en su taller de piezas cerámicas, sobre una tabla con un paño. Son formas abstractas, parecen huesos, ramitas, eso que en la naturaleza está transicionando y mutando. Es barro sin cocer, y tiene en su taller montones de estantes con esas formitas catalogadas. Un ejercicio de imaginación, o cual es el lugar de la imaginación en lo matérico. Me encanta arriesgar un “se parece a” en todo y le digo que parecen encías, moldes de odontología, o cuando de chicos jugaba con chicle con los agujeros de pedazos de muela que me faltaban. Que algo se parezca a algo es a los fines de que su sentido que se tensione, que haya unx otrx ahí afuera.

Junto al montaje de mini cerámicas hay una pila de cuadernos. También pequeños, de mochila o riñonera, para uso íntimo. Anotaciones, pensamientos sueltos, agenda, calendario, diario de clases, devocionario.

Pienso en la práctica de Diana en ese ida y vuelta. Solo es cuestión de googlearla o ver sus proyectos, vínculos. Hay acciones que podríamos entender como expansivas y de cierto riesgo ya que implica muchos movimientos en términos políticos y sociales que exceden el marco del taller y contrastarlo con esta mini piezas cerámicas y estos mini cuadernos. Qué sucede en ese vaivén. del adentro y del afuera, de lo visible y lo invisible… no son la misma cosa? y eso, que es?
Cuéntame de tu vida y yo te contaré de la mía. Y si no arranco yo. Para eso estamos. Ella me cuenta de su familia, de sus años de estudiante, de su presente, del barrio, de cuántas chapas se necesitan para lograr el diámetro de la pileta. Los mundos circundantes y en qué lugar nos posicionamos en ese mundo.
Pensamos el malestar del presente sobre la quema de los humedales. Le cuento que la conocí en una expedición que se hizo en la isla puente, y que soy de los que crecieron de espaldas al río.
Me cuenta que de joven admiraba la obra de Enio Iommi, y nos pusimos a pensar en relaciones entre lo que ella hace y con Iommi. Sus juguetes, sus esculturas hechas con productos de bazar, previos a que los bazares se convirtieran en todos por 2 pesos.







domingo, 20 de febrero de 2022

La ciencia doméstica



La abstracción y el río Paraná, el sedimento, los cuidados.

Llene el piletin en casa y me prometí esta vez cuidarlo y como siempre no lo hice, busqué un nylon de un colchón pero no era lo suficientemente grande para cubrirla entera. Ahora compra una manguera corta de 4 metros y coloco una parte adentro y una parte afuera tocando el fondo del piletin. Me meto adentro y revuelvo el fondo con un escobillón que se arme remolino y chupo la manguera para que empiece a salir onda dragado, entonces me acuesto lentamente para que se mantenga al medio el sedimento y la voy filtrando. 

En la obra Tesoro de Belén Céspedes seleccionada en el Salón Provincial de Entre Ríos se nos presenta una verdad a cotejar: “arena y agua del río Paraná 08 / 21”. De alguna manera, se nos propone un pacto de confianza donde lo que se nos dice que es arena, lo que se nos dice que es agua, río, Paraná y una fecha lo es. No veo motivo para no creerle, mas tampoco para creer a ciegas. La suficiencia y potencia del objeto encontrado.

Me imagino en el año 2083 un grupo de científicos viajan por el mundo buscando los últimos restos de agua dulce que alguna vez inundó esta parte del continente, y que como diría Eduardo Holmberg en su viaje a Misiones por el río Paraná en 1884: “Hubo un tiempo (...), en que las aguas del río no se arrastraban en el cauce actual. Las ostras se multiplicaban cerca de Corrientes; tiburones llegaban hasta Santa Fe; y las anchoas que hoy suben poco más allá de Buenos Aires, servían de alimento a muchos de los habitantes ribereños del inmenso brazo de mar poco profundo que se extendía en lo que hoy ocupa la cuenca del Paraná.”.

Científicos que en el futuro también son medio artistas se encuentran con la obra de Belén, y al analizarla con el fin de salvar al planeta multiplicando el contenido con reactores de litio descubren que no es agua del río sino agua sucia con restos de detergente con la que lavo unos platos y arena de patio o baldío. Pero, aquí la cuestión para mí, lo que hace Belén es contarnos una historia y de historias, al menos yo, vivo. Además es que el dato tal vez no tenga ninguna importancia porque ya estaríamos todos muertos. 

Un imaginario survivalista me persigue en sueños ante el inminente colapso. Yo también tuve mi Victorinox trucha, una cantimplora. En mi futuro la gente no muere por derretimiento de los glaciares ya que Paraná está elevada setenta y siete metros sobre el nivel del mar. Pensé en hacer una huerta, en usar más la bicicleta, en rallar jabón y agregarle limón,  en envolver los libros reutilizando los papeles cuando recibo regalos. Pero no hice mucho más y creo mucho más no haré, solo seguir revisando el precio de los dólares, los descuentos de la app de YPF, los plazos fijos y mi tramite de libre de deuda  en ATER.

Nada le deberemos al futuro hasta que lo miremos de frente.

Le pregunté a Belén si la tapa estaba sellada,  y me dijo que si, pero que con  un poco de fuerza la abriría. ¿Por qué no aprovecho un día de estos y lo compruebo por mi mismo? Le puse aceite a la tenaza asi que no debería tener mayores inconvenientes, pero el arte no está para resolver mi neurosis sobre lo que es y lo que no es. O si?

¿No será Tesoro una pieza de humor? pienso en sonrisas y miradas cómplices, en el ánimo dispuesto. Donde todo puede ser convertido en commodities Belen hace foco.

Tesoro, conserva agua y arena, pero, ¿Cómo lo hace? Cómo en los años de estudiante, que etiquetaba la vianda que me mandaba mamá, unas milanesas al horno, un arroz con huevo, una porción de tarta que no quería compartir con mis compas de departamento. Qué comía un poco a escondidas o cuando me encerraba en la pieza. Tesoro se inscribe en el conceptualismo de baja insistencia entrerriano que no completa formularios, que no llega a los 1000 caracteres que exige la descripción para obtener becas, premios o inviten a simposios. Tesoro puede convivir tranquilamente por años dentro de una heladera, al lado del tupper de fideos con bolognesa, o la tortilla de papas que quedó del mediodía.