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miércoles, 5 de noviembre de 2025

Cosas que van hacia un lugar, vuelven a su origen, y en cada ir y venir se transforman


En la luz total, o en la oscuridad total, no hay tiempo ni espacio. Por eso, nuestro mundo está hecho de matices, de rugosidades, de sentidos que se complementan para intentar entenderlo. Preferimos, o al menos yo, eso que no funciona del todo, eso que nos necesita para existir, y en ese existir existimos nosotrxs también. En la luz y en la oscuridad los recursos son ilimitados, por eso no hay mucho por hacer. Preferimos, o al menos yo, la carencia, lo incluso, lo que quedará por hacer.

En las esculturas de Laura Zelaya el movimiento no viene de la máquina autónoma, que no sabemos explicar su propio hacer, sino de la interacción, del complemento, del saber hacer, del riesgo y la prudencia. El movimiento de sus obras es de vaivén, una ola de río que se hamaca, un cabeza que piensa en pájaros y en palabras, un nido que se vuelve casa. Cosas que van hacia un lugar, vuelven al origen y en cada ir y venir se transforman.

El arte entrerriano, en sus matices, se compone de una conjunción de prácticas que suceden. Es gente que en su hacer, piensa.Frente a una miniatura, o una escala modesta, pueden suceder dos cosas: que nos empequeñezcamos o que esa miniatura nos rebalse. Porque en la imaginación se juega el vínculo, entonces lo que vive debajo de la cama, o al final del pasillo, o en nuestros sueños puede ser enorme, o pequeño como partículas.

Laura me recibió un febrero en su taller y yo aquí varios meses después intento tensionar el recuerdo y la memoria. Evitar la urgencia a riesgo de contraer deuda. Pienso esto describir como una devolución, pero cuánto tiempo tenemos para devolver algo, cuál sería un tiempo razonable. Está vez me excedí.
En su mesa hay bocetos, dibujos de esculturas móviles, de cómo podría funcionar, y no lo digo en un sentido metafórico sino físico, tal o cual pieza. Sumar o quitar tal o cual engranaje, manija, elemento.
Laura me cuenta de su padre artista, de lo que aprendió de él. 

Tal vez seamos de las últimas generaciones que podamos transmitirle un conocimiento a nuestro hijos sobre el funcionamiento de algo. En mi caso ya es mucho menos de lo que me transmitió mi padre a mi. No lo digo como algo valorativo. Hacía allí, masomenos, vamos.

domingo, 30 de julio de 2023

Cáscaras de naranja aromatizan el mate



La muestra Trópico Canguro es, para sus visitantes, un juego de imaginación. Canguros en el trópico. Un trópico que no es el de cáncer ni el de capricornio. Se descubre una nueva constelación canguro. O la ductilidad de lxs artistas de saltar de un lado a otro, de desplazarse. Es Caetano cantando Black or white o Come as you are. El canguro empieza a refinarse.

Santiago Villanueva dice, en el texto curatorial, que dijo Gumier Maier que dijo Lezama Lima: “Sólo lo difícil es estimulante”. El mismo Gumier Maier que, en Avatares del Arte, en 1989, decía: “Cosecha adeptos el estomaguismo”. Ese estomaguismo lo siento más vigente que nunca. El arte no es ajeno a los nuevos tiempos en el que todo es a los bifes y rápido, o rosca y rosca. Bah, tal vez el algoritmo me conoce y sabe que miro el celu para ver cómo implosiona un submarino hecho con IA, o parrilleros preparando chinchulines, o como contraer deuda saludable en vez de deuda negativa. Y que hice de todo eso un mundo. En fin, lo que quiero decir es que a lo difícil hay que ir, que no está al alcance de la mano, que ya implica un esfuerzo ir hacia lo difícil.

Pensar un Trópico Canguro estimula la mente, el cuerpo, y los sentidos. Todo junto.

Me volví fanatico del CTRL+F. Busco en el texto de la exposición la palabra pensar y está cuatro veces; la palabra arte y está tres; la palabra obra, diez. Así me puedo pasar ratos reordenando, entretenido buscando, como en un ejercicio oulipiano, pensando sinónimos, haciendo de cada obra un poema.

La muestra es un encuentro de disímiles: hay una cita de Ursula Le Guin en la que piensa a la bolsa como un encuentro-contenedor de lo fundamental impensado; y hay otra de John Berger, “La bolsa en cuestión es una pequeña bolsa de resistentes. Una bolsa se forma cuando dos o más personas se ponen de acuerdo y se unen. Se unen para resistir contra un nuevo orden económico mundial que no puede ser más inhumano”. ¿Y que más inhumano, y retomando a Gumier, más estomaguista, que ver en la pantalla a un candidato a presidente diciendo que la venta de órganos es “un mercado más” o que “si yo tuviera un hijo no lo vendería, (pero) quizás de acá a 200 años se podría debatir”?

Las paredes de la sala de La Portland pintadas de blanco parecen derretirse al piso cubierto de nylon negro y pintado de blanco con las manos, o a la inversa, del piso patinoso se densifica y homogeiniza hacia las paredes. La pared vidriada de fondo de la galería se funde con el río Paraná, que cuando baja el sol, sus contrastes, se vuelven sutiles.

Lo barroso, lo difuso, lo sensual de lo sugerido, los ángulos borrosos, es algo muy de acá, escrito desde Paraná. La obra de Victoria Ruíz Díaz abre la pregunta del ¿cómo vemos? por sobre el ¿qué vemos? El montado con bisagras y vidrio permite miradas al pasar, dobleces de frente y dorso que vuelven indefinible saber cuál es cuál. En Federico Roldán Vukonich las superficies de sus obras hechas de papel maché se sienten porosas, con unos rulitos de metal que se asemejan a cascaritas de naranja secadas al sol para aromatizar el mate.

Gonzalo Fuenmayor presenta trabajos en blanco, negro y grises: hay un video escondido en el patio de la galería de unos pies calzados con unos ananás calados que bailan en loop y se desarman en cada paso. Moriremos, pero moriremos bailando.

¿Y entonces? Me voy a contradecir. Las dificultades hay que ir a buscarlas, pero a veces también llegan solas. La cuestión es, en la medida de lo posible, reconocerlas.


TRÓPICO CANGURO
Gonzalo Fuenmayor / Federico Roldán Vukonich / Victoria Ruíz Díaz
Curador: Santiago Villanueva
La Portland. Paraná Entre Ríos. Mayo 2023

Texto publicado en mal.ar

jueves, 16 de febrero de 2023

Confiemos que mañana al despertar seguiremos aquí

Cuando visité el taller de Gabi Benedetti me dí cuenta que había algo en mí que necesitaba confirmar. Pasamos pocos minutos frente a sus cuadernos de dibujo. Un viaje de 4 hs de ida y 4 de vuelta de Paraná a Gualeguay por sólo media horita fue más que suficiente. Porque uno cuando piensa intensamente en algo es como que se concreta. En la radio pública de mi ciudad pasado el mediodía, hay un programa de espiritualidad donde aconsejan por un momento no hacer nada, cerrar los ojos, dejarse llevar por la respiración y absorber la energía del sol. Estoy en esa, poder vivir también de fantasías y atar cabos para volverlos a desatar. Hacer caminos para desandarlos.




Gabriel hacía cosas con plastilina y pegatinas y módulos de papel. Una obra que no terminaba nunca, o que sus límites eran difusos, porque montaba la plastilina al borde del río Paraná o en la zona del Delta en lugares inhóspitos y hasta de imposible acceso. Eran obras hechas para que solo sean vistas por el río y la intemperie, dejando que la naturaleza las impregne de rocío, de arena, de musgo, de hormigas. Montículos de masa colorida, palitos como de helado enterrados, bolistas de barro hechas con los dedos. Luego preparaba con cinta transparente tejidos entre las ramas de los árboles y dejaba que se adhieran las hojas que pasaban volando. Una telaraña del azar y del viento.

La primera vez que trabajé con Gabriel fue en una muestra en el Museo Sor Josefa de Santa Fe. En aquel entonces, además de las plastilinas, hacía unos juegos de papel como origami, reciclando y recortando revistas dominicales o de moda que pegaba en su ciudad y en cualquier lado. Tenían algo parasitario en su despliegue: siempre el mismo tamaño, siempre en disposición vertical y horizontal, siempre en expansión. Eran como los alienígenas del Gálaga, en su irremediable avance hasta cubrirlo todo.



Obras inconclusas, infinitas, sin orillas. La limitación y potencia estaban dadas por lo acotado de los recursos, y por el espacio que habitaban esos pliegues. O por el tiempo y ganas del artista, entre tarea y tarea, continuar la obra.

Aquí pienso, ¿Son obras inconclusas? En proceso? o apenas están comenzando, insinuandose? Frente a las corridas inflacionarias, donde “si te dormís sos cartera” y se nos impulsa a “tomar las riendas de nuestra propia vida”, Gabriel toma la tangente, decide volantear e irse, dejar que las cosas se resuelvan solas sin mirar por el espejo retrovisor.



Con la media luz de su taller me dispongo a ver unos 20 cuadernos desplegados sobre el tablero de trabajo, Son cuadernos pequeños y de diferentes formatos próximos al A5 o A6, algunos industriales, otros del tipo artesanal, cosidos y abrochados, con tapa blanda y dura. trabajados principalmente con microfibras, marcadores y algunos pocos con témperas o acuarelas llaman la atención que solo utiliza las primeras quince o veinte páginas. No tienen título ni portada, son situaciones cotidianas, o que uno sentiría de espacios familiares: patios, plantas macetas, interiores semi cubiertos, paisajes vistos desde ventanillas, al pasar, de reojo. Me pregunté Cuando los va a terminar? pero tal vez la cuestión pase por cuando empezará uno nuevo?
Gabriel nos propone con sus cuadernos dejar cosas para mañana, postergar. Confiar en que nos vamos a levantar mañana y las cosas seguirán ahí y que no necesitan de nuestro cuidado. Que les soltemos la mano, que crezcan solitas jueguen se multipliquen o devoren a sí mismas.






El formato libro por su condición, propone una linealidad temporal donde llegada la última página, la historia termina. Esto que podría ser angustiante, pero también liberador, Gabriel lo deja en suspenso: No es su tarea, su oficio no va en ascenso, no construye ningún clímax o está creciendo.


Estoy viendo Tár, la película de Todd Field con Cate Blanchett. Luego de una larga introducción donde un entrevistador cuenta al público de un auditorio la biografía de Lydia Tár, al momento de tomar ella la palabra, Lydia dice que lo que le llama la atención no es la extensa de su trayectoria sino lo diversa, y que vivimos un tiempo donde lo diverso en la producción propia está en crisis y que vivimos en un tiempo de especialistas. Qué pasa con estas afirmaciones en la práctica artística de esta periferia de periferias, provincia del litoral argentino?



Me descargué las edición de las obras completas de Juan L Ortiz en PDF. Busqué la cantidad de veces que aparece la palabra Gualeguay. Doscientas cuarentayocho me dice la lupita después del Ctrl+F. Inmediatamente después cierro el archivo. No tiene sentido, porque Gabriel nunca me lo mencionó a Juan L, salvo una vez que aparecieron unos dibujos de su supuesta autoría y dudosa procedencia. Entonces cómo puedo insertar, o desde qué lugar forzar, un discurso que en la obra no hay? a quién le sirve? No estaría yo haciendo lo que preocupa a Lydia, el tiempo de los especialistas, así sea como en mi caso, del cualquierismo? en fin. ¿Qué nos diría Gabriel? “que lo resuelvan los demás”. Siempre hay trampa, ya sea por izquierda o por derecha.

martes, 10 de mayo de 2022

Suaves siete colinas

 Victoria es conocida como la ciudad de las siete colinas, y dicen que hay un museo ovni que tiene un metal traslúcido que es un fragmento de una nave. Si uno busca en internet la información es difusa. Se realizan peregrinajes de todo el país al museo y de temporadas de avistajes de ovnis. Así que durante un buen tiempo era el comentario recurrente, pero después me empezó a dar vergüenza ajena.

A nosotros en la escuela nos llevaban a la Abadía, que era tan extraño con el museo ovni. En la abadía siguen viviendo unos monjes que hacen sus deberes a rajatabla, rezan a toda hora y hacen mermeladas y licores que venden a los turistas. A la abadía solo se puede entrar en ciertos horarios, y los monjes están vestidos maravillosamente y tienen un aire misterioso. Es lo más parecido a Europa que conozco.
Desde que inauguraron la nueva conexión vial en la ruta 11 no he vuelto a entrar en Victoria.



El tema ovni y curas me tiene sin cuidado. Pero hay artistas victorienses que trabajan con ese imaginario, hay uno que se llama Mana que trabaja con eso. Con las máscaras, con los dobles, con los portales, con los mundos paralelos intra y extra terrestres. De una manera muy low fi, bien conceptualista de baja insistencia entrerriana.


No me puedo manejar en la ruta sin comer bizcochos. Puedo pasar días sin fumar, pero no dos horas al volante sin morfar.
Voy de visita a lo de Diana Campos, que vive cerca del barrio 5to cuartel o barrio los caleros, donde se funda la ciudad y donde se encontraban los hornos de cal en la que trabajaban los primeros pobladores.


Le propongo una entrevista sobre su obra, sabiendo que no tiene obra sino que lo suyo va por el encuentro comunitario, por los espacios colectivos, por la docencia. Diana como generosa que es, se presta al juego en el  que ambos sabemos que no habrá obra sobre la que conversar.

Me incomoda, o se me hace raro cuando a alguien que no hace, o que no está haciendo, o que no le calienta si lo que hace es obra o no, le dicen “ah pero esa es tu obra”, o “ahi esta tu obra”, señalando su práctica y encasillandola como obra. Aunque la intención sea buena hay un afán del arte de traer todo a su molino. Dejen a la gente tranquila de nombrar lo que hacen como quieran.


Sin embargo ahí está: un pequeño montaje en su taller de piezas cerámicas, sobre una tabla con un paño. Son formas abstractas, parecen huesos, ramitas, eso que en la naturaleza está transicionando y mutando. Es barro sin cocer, y tiene en su taller montones de estantes con esas formitas catalogadas. Un ejercicio de imaginación, o cual es el lugar de la imaginación en lo matérico. Me encanta arriesgar un “se parece a” en todo y le digo que parecen encías, moldes de odontología, o cuando de chicos jugaba con chicle con los agujeros de pedazos de muela que me faltaban. Que algo se parezca a algo es a los fines de que su sentido que se tensione, que haya unx otrx ahí afuera.

Junto al montaje de mini cerámicas hay una pila de cuadernos. También pequeños, de mochila o riñonera, para uso íntimo. Anotaciones, pensamientos sueltos, agenda, calendario, diario de clases, devocionario.

Pienso en la práctica de Diana en ese ida y vuelta. Solo es cuestión de googlearla o ver sus proyectos, vínculos. Hay acciones que podríamos entender como expansivas y de cierto riesgo ya que implica muchos movimientos en términos políticos y sociales que exceden el marco del taller y contrastarlo con esta mini piezas cerámicas y estos mini cuadernos. Qué sucede en ese vaivén. del adentro y del afuera, de lo visible y lo invisible… no son la misma cosa? y eso, que es?
Cuéntame de tu vida y yo te contaré de la mía. Y si no arranco yo. Para eso estamos. Ella me cuenta de su familia, de sus años de estudiante, de su presente, del barrio, de cuántas chapas se necesitan para lograr el diámetro de la pileta. Los mundos circundantes y en qué lugar nos posicionamos en ese mundo.
Pensamos el malestar del presente sobre la quema de los humedales. Le cuento que la conocí en una expedición que se hizo en la isla puente, y que soy de los que crecieron de espaldas al río.
Me cuenta que de joven admiraba la obra de Enio Iommi, y nos pusimos a pensar en relaciones entre lo que ella hace y con Iommi. Sus juguetes, sus esculturas hechas con productos de bazar, previos a que los bazares se convirtieran en todos por 2 pesos.







miércoles, 26 de enero de 2022

Polvo que se junta sobre la mesa

Escribo mientras caliento el pan con el que voy a desayunar. Desayuno mientras miro el teléfono. Miro el teléfono mientras pienso donde conseguir alguien que arregle el ventilador de techo.


Lo cotidiano se ha vuelto un tiempo de haceres dobles, triples. También de momentos simples. Se puede dibujar y hacer muchas cosas más. Conversar con quien amamos, alzar al gato en nuestra falda, prepararnos un mate.

Entre estirar el tiempo y fragmentarlo. Habría una aparente contradicción ahí pero no es así. Intentamos fijar en la memoria lo que nos rodea pero se nos escapa como cuando abrimos mal un paquete de polenta y lo dejamos mal guardado en la alacena. La próxima vez que la utilicemos será un desastre.


¿Cómo se manifiesta el paso del tiempo al que alude Fede? En la luz, el polvo que se junta sobre la mesa o sobre el pinguinito que funciona de maceta, en la tinta al secarse. Soy de pasar el dedo sobre la biblioteca y hasta siento cierto placer al ver como esa pátina se pega al pasar un dedo.
¿Cómo se manifiesta lo cotidiano? En la performatividad del dibujo y su escala doméstica, en el pequeño formato de sus obras. Se dibuja mientras se piensa. El pensamiento se manifiesta al dibujar.

Volver a la luz, no como artificio plástico, o como virtuosismo del artista, en la que cual mago hace algo visible desde su torre de cristal. Sino una luz física, sobre cuerpos, sobre objetos, sobre espacios. Fede trae a Veermer al siglo XXI.

Dibujar para él sería el grupo de whatsapp consigo mismo.

Nada de lo que se ve sucede a más de un metro de distancia. Si estiro mucho el brazo llego a tocar la copa de vino que está sobre la mesada. y hacia el otro lado cierro la cortina que da al balcón. ¿Hay un montaje interno en lo que se retrata? ¿Se puede extender el retrato a una manguera o la bacha de cocina?.

Una pared de fondo, una ventana entreabierta. ¿Qué hay más allá de eso, del otro lado?,¿Y a su espalda? ¿Será que Fede dibuja desde donde se mira? ¿ El punto de vista se construye se simula se monta?

La posición del cuerpo a dibujar, la vista hacia abajo, caminar mirando los pies. Me recuerdo caminando por calle Misiones y encontré una colección de diapositivas de una familia que nunca conocí. Hay algo en la flexión del cuello, en la garganta, la flexión del codo, el movimiento del ojo, levantar la vista y encandilarse.



Sobre Lo cotidiano. de Fede Main. 2021.