sábado, 31 de diciembre de 2022

País de la Garza Real


Estudios recomiendan que para bajar el estrés y la ansiedad es recomendable mirar las aves y su entorno, su movimiento entre las ramas, al posarse en un ventanal, o en tapiales. Ver si andan en pareja, si están perdidas, a quien llaman, a quién extrañan, con quien se alegran, si nuestra presencia es motivo de alarma o seguridad. Nada muy complejo, solo seguirlas con la vista y con los oídos. Aproximarnos a esa experiencia del aquí y ahora, un instante que se desvanece. La vida programatica, monetarizada, aireacondicionarizada y pasteurizada nos ha convertido en autómatas donde un ave que nos mira por un microsegundo desde el otro lado del cristal puede ser un destello que nos atraviese y nos impulse a evitar el salto por esa misma ventana.



Un rayo de luz atraviesa la sala de galería Delta en Santa Fe.

Alguna vez jugaste a tapar el sol con un dedo? y si eso que tapamos no es definitivamente el sol sino otra cosa? Don “Cota” Colman está en el suelo, y estira un brazo mientras con el otro sostiene su facón, de la luz sale una pequeña escalera, de la escalera bajan “garcitas, muy blancas, delgadas y luminosas”.
Ya el correntino Francisco Madariaga nos anoticia de un país litoral y cósmico de garzas reales, criollos del universo, palmares sin orillas y trenes casi fluviales. Patas y cuellos largos de las garzas que se asoman en el espejo de agua “En el estero hay una brisa / con una garza que reposa / sobre la escarcha de una selva / que al agua entra y se desfonda”. El mismo espejo de agua en el que Cota se sumerge de la Laguna del pescado próximo a la ciudad de Victoria. Me pregunto si se podrá atravesar la laguna caminando, si el agua no supera las rodillas.
Un rayo está pintado en la pared, un rayo real y metafórico. Me agacho a la altura de Cota, y miro la misma luz. Querría abrazarlo pero está hecho de alambre y bolsa Don Cota, me agacho a su altura, y miro la misma luz hasta cegarme.
Hay algo carnavalesco en La hora de las sombras largas. Vienen a mi carrozas de papel maché, plumaje reciclado de años desgastados y vueltos a colorear con tintura para el pelo. Niños que juegan a vestirse de Messi con bolsas de supermercado. No lo hacen de crotos, nada mas alejado que la romantización de la pobreza, sino de payasescos. Pulseras con bombuchas, trajes para los muñecos, anillos de casamiento, aros de basket con canastos de damajuanas.



Los materiales con los que están compuestos nuestros juguetes eran el juguete.
Al lado de Cota está la “momia Mernes”, la historia de una mujer que tras su muerte, abierto el Panteón en el que se encuentra, se mantuvo intacta y con una singular belleza. En calma, en “el mas allá” después de los tormentos, que según dicen, tuvo en vida. Visita obligada de escolares y lugareños a mediados del siglo XX para verla en una caja de cristal hasta que cayó en el olvido.

Ahora en el 2022, Carla Britos repite el procedimiento, “la Mernes is back!” con pelos, uñas crecientes y cuerpo reducido. Pero esta vez ya no volverán los científicos, el progreso y los tecnócratas de la muerte a hacer estragos en su cuerpo. Ahora la Fénix-Mernes esta reciclada, recargada, posesa, potenciada, toda de polietileno de alta densidad y polipropileno.



La hora de las sombras largas se proyecta sobre sí y se expande. Le doy la mano a la momia y siento el crujir de las bolsas de plástico con la que está hecha. Levanto la vista y veo mi silueta junto a su figura yacente recortadas contra la pared. Nuestras sombras unidas en ese lugar de lo no dicho, o dicho a medias. La sombra como el lugar de los susurros, los contrastes tenues, el adormecimiento. Hay un deseo de desvelo, traer hacia adelante lo que muchas veces intenta ocultarse. Hacer del procedimiento, el planchado, el cosido y el calentado de las bolsas para que armen un paño, una poética.


Pienso, cómo se imagina uno el lugar donde se vive, transita, construye? ¿Cuál es el lugar para la imaginación en las provincializaciones que parecieran ser el discurso constante y sonante? Así, Carla se imagina de aquí y de allá, se imagina cómo unir esto con lo otro, se imagina convivencias y saltos temporales. Un chanchito tambor de aceite, la maceta que es un cisne negro hecha de cubiertas de auto con alambre tejido de fondo, el mate pezuña de ñandu sobre tronco cubierto de cuero crudo, una silla de plástico con una patada madera atada.
Como una feriante me la imagino ahora yo, finalizando la muestra enrrollando todas sus obras. Plegando las bolsas que entran estimo en el bolsillo exterior de una mochila. La garza real estira su cuello a la altura del horizonte y Don cota, junto a la Mernes, mirando al sol, subsistiendo 200 años en la memoria física de las piezas.


La hora de las sombras largas. Muestra de Carla Britos con curaduría de Ariana Beilis en Delta Espacio. Septiembre 2023

miércoles, 25 de mayo de 2022

Pétalo en el pelo

Sueño que estoy en la casa de un coleccionista que colecciona obras de artistas de los 90. En ese sueño mientras miro sus paredes hay unas obras que tiene colgadas al ras del suelo de Marisa Nuñez. Le cuento al coleccionista que soy de Paraná pero no se si me escucha. Es todo un revoltijo su casa de cosas por aquí y por allá.

 
Las obras son unas piezas pequeñas de mosaiquismo, la técnica que se hace pegando fragmentos hasta formar otra figura. En el dorso tienen una malla plástica, las imágenes de las obras no las recuerdo.
Porque pienso que el eje o por donde iba a la cosa es que no era su obra principal, o lo que ella me presentó como obra, o con lo que fui pensando que era su obra. Sino lo que, cuando fui a visitarla a su taller, me contó que es “lo que estoy haciendo”.
 
Entonces sacó de una caja y ordenó en la mesa unas pequeñas piezas, con la cara de Evita, con la cara de una de las madres de plaza de mayo, y otras así de cultura popular, onda el Che Guevara, Evo Morales, o Charly Garcia. Me cuenta que las hace para vender, o para regalar o coleccionarlas en su altar particular.
Lo que están haciendo los artistas entrerrianos en este exacto momento no es exactamente su obra, sino un montón de cosas que orbitan su vida cuando miran las estrellas por la noche desperdigadas entre el Paraná y el Uruguay.

Marisa me regaló una foto de una de sus fotoperformance. Tiene una máscara de barro con incrustaciones de ramas, cáscaras de naranja y nueces. Pienso en los videos de Bjork y en los posibles avatares que puede adquirir un rostro. Cual es el umbral en el que dejamos de ser quien somos y nos convertimos en otra cosa?
Pero si en parte de la producción de Bjork la transformación es de la floración y del híbrido en movimiento, en Marisa la transformación está unos minutos previos, o unos minutos después, en donde el barro todavía es, o ya fue barro, en donde la rama seca no se disolvió del todo, donde las espinas del palo borracho todavía no cayeron al suelo.



Algo de eso hay en la cerámica ¿no? un barro cocido, cuyo estado fue, y ahora es otro, no en un entre sino en un estado u otro.
Cómo detener ralentizar la velocidad de la luz, lo que sucede en su constancia, lo que nos excede y que ni se entera de nuestra existencia? Pero, ¿será que realmente no se entera? no sabe la humedad de nuestra piel? el barro de nuestras manos o pies? Los pétalos de nuestro pelo? Los árboles de nuestro abrazo?
Cubrir y descubrir los orificios de entrada al cuerpo, los ojos , la boca, los oídos, la nariz. Revisar el uso mecanicista de nuestros sentidos. Meterle filtros. Distorsionarlos.
Me dice de su obra que obtuvo el primer premio en cerámica en el Salón provincial y le digo cual? y me cuenta, y le digo honestamente que no la recuerdo. Se llama “Cuando el río quema”, son unos peces, un montón y en su taller tiene más, son como anguilas de río, de barro cocido sin esmaltar ni nada, parece que si les tirara un baldazo de agua saldrían en todas direcciones. en su sinopsis Marisa dice: “Como ceramista proclamo y hago público un manifiesto ecocéntrico, feminista, necesario y urgente. La práctica artística desde la subjetividad territorial permite romper lo disciplinar y expandir la cerámica, amasando lo que hoy nos requiere. Encarno la realidad de los incendios, para renovar nuestra manera de mirar la naturaleza.”

Estoy leyendo Seguir con el problema de Donna Haraway y su concepto de Chthuluceno, una práctica tentacular, un hacer-con, en donde nada es estrictamente autónomo, en constante dinamismo y adaptación.
Pero me pasa que me voy por las ramas, no se si se lo dije, pero me acordé de la película de Shiamalyan The Village, los adultos se visten de monstruos con elementos del bosque, unas capas rojas. Me recuerda una video performance suya que se llama Espinal. Marisa nos acerca a lo monstruoso, a lo que se deforma. Hay una corriente de eco terror, o folk terror. Porque también es, en su medida, una construcción, una ficción, un ensamble de piezas para ser vistas, oídas, olidas, vividas.
Y así paso de una cosa a la otra: Fitzcarraldo, la guerra en Ucrania, el capitalismo y la guerra, la quema de las islas en Delta.
En Espinal, la acción transcurre en una habitación, en un plano medio, la artista se desplaza sobre su propio eje, movimiento animal, hace shhhh shhhhhh, se pone unas gafas que parecen cáscaras de pomelos con espinas, se toma las orejas y escucha, vibra, se aleja, se va de foco, se cubre los oidos, esta vez las espinas van hacia afuera, olfatea, rumea, rechinan los dientes, se cubre la boca, un sonido de chicharras viene desde lejos. El video fue hecho durante la pandemia: “Los cuerpos confinados, encerrados, reaccionan , para protegerse. La naturaleza tiene posibilidades siempre de regenerarse después de grandes destrucciones. El poder de natura vuelve pidiendo por nuestra regeneración interior, cuidando las semillas…”

martes, 10 de mayo de 2022

Suaves siete colinas

 Victoria es conocida como la ciudad de las siete colinas, y dicen que hay un museo ovni que tiene un metal traslúcido que es un fragmento de una nave. Si uno busca en internet la información es difusa. Se realizan peregrinajes de todo el país al museo y de temporadas de avistajes de ovnis. Así que durante un buen tiempo era el comentario recurrente, pero después me empezó a dar vergüenza ajena.

A nosotros en la escuela nos llevaban a la Abadía, que era tan extraño con el museo ovni. En la abadía siguen viviendo unos monjes que hacen sus deberes a rajatabla, rezan a toda hora y hacen mermeladas y licores que venden a los turistas. A la abadía solo se puede entrar en ciertos horarios, y los monjes están vestidos maravillosamente y tienen un aire misterioso. Es lo más parecido a Europa que conozco.
Desde que inauguraron la nueva conexión vial en la ruta 11 no he vuelto a entrar en Victoria.



El tema ovni y curas me tiene sin cuidado. Pero hay artistas victorienses que trabajan con ese imaginario, hay uno que se llama Mana que trabaja con eso. Con las máscaras, con los dobles, con los portales, con los mundos paralelos intra y extra terrestres. De una manera muy low fi, bien conceptualista de baja insistencia entrerriana.


No me puedo manejar en la ruta sin comer bizcochos. Puedo pasar días sin fumar, pero no dos horas al volante sin morfar.
Voy de visita a lo de Diana Campos, que vive cerca del barrio 5to cuartel o barrio los caleros, donde se funda la ciudad y donde se encontraban los hornos de cal en la que trabajaban los primeros pobladores.


Le propongo una entrevista sobre su obra, sabiendo que no tiene obra sino que lo suyo va por el encuentro comunitario, por los espacios colectivos, por la docencia. Diana como generosa que es, se presta al juego en el  que ambos sabemos que no habrá obra sobre la que conversar.

Me incomoda, o se me hace raro cuando a alguien que no hace, o que no está haciendo, o que no le calienta si lo que hace es obra o no, le dicen “ah pero esa es tu obra”, o “ahi esta tu obra”, señalando su práctica y encasillandola como obra. Aunque la intención sea buena hay un afán del arte de traer todo a su molino. Dejen a la gente tranquila de nombrar lo que hacen como quieran.


Sin embargo ahí está: un pequeño montaje en su taller de piezas cerámicas, sobre una tabla con un paño. Son formas abstractas, parecen huesos, ramitas, eso que en la naturaleza está transicionando y mutando. Es barro sin cocer, y tiene en su taller montones de estantes con esas formitas catalogadas. Un ejercicio de imaginación, o cual es el lugar de la imaginación en lo matérico. Me encanta arriesgar un “se parece a” en todo y le digo que parecen encías, moldes de odontología, o cuando de chicos jugaba con chicle con los agujeros de pedazos de muela que me faltaban. Que algo se parezca a algo es a los fines de que su sentido que se tensione, que haya unx otrx ahí afuera.

Junto al montaje de mini cerámicas hay una pila de cuadernos. También pequeños, de mochila o riñonera, para uso íntimo. Anotaciones, pensamientos sueltos, agenda, calendario, diario de clases, devocionario.

Pienso en la práctica de Diana en ese ida y vuelta. Solo es cuestión de googlearla o ver sus proyectos, vínculos. Hay acciones que podríamos entender como expansivas y de cierto riesgo ya que implica muchos movimientos en términos políticos y sociales que exceden el marco del taller y contrastarlo con esta mini piezas cerámicas y estos mini cuadernos. Qué sucede en ese vaivén. del adentro y del afuera, de lo visible y lo invisible… no son la misma cosa? y eso, que es?
Cuéntame de tu vida y yo te contaré de la mía. Y si no arranco yo. Para eso estamos. Ella me cuenta de su familia, de sus años de estudiante, de su presente, del barrio, de cuántas chapas se necesitan para lograr el diámetro de la pileta. Los mundos circundantes y en qué lugar nos posicionamos en ese mundo.
Pensamos el malestar del presente sobre la quema de los humedales. Le cuento que la conocí en una expedición que se hizo en la isla puente, y que soy de los que crecieron de espaldas al río.
Me cuenta que de joven admiraba la obra de Enio Iommi, y nos pusimos a pensar en relaciones entre lo que ella hace y con Iommi. Sus juguetes, sus esculturas hechas con productos de bazar, previos a que los bazares se convirtieran en todos por 2 pesos.







domingo, 20 de febrero de 2022

La ciencia doméstica



La abstracción y el río Paraná, el sedimento, los cuidados.

Llene el piletin en casa y me prometí esta vez cuidarlo y como siempre no lo hice, busqué un nylon de un colchón pero no era lo suficientemente grande para cubrirla entera. Ahora compra una manguera corta de 4 metros y coloco una parte adentro y una parte afuera tocando el fondo del piletin. Me meto adentro y revuelvo el fondo con un escobillón que se arme remolino y chupo la manguera para que empiece a salir onda dragado, entonces me acuesto lentamente para que se mantenga al medio el sedimento y la voy filtrando. 

En la obra Tesoro de Belén Céspedes seleccionada en el Salón Provincial de Entre Ríos se nos presenta una verdad a cotejar: “arena y agua del río Paraná 08 / 21”. De alguna manera, se nos propone un pacto de confianza donde lo que se nos dice que es arena, lo que se nos dice que es agua, río, Paraná y una fecha lo es. No veo motivo para no creerle, mas tampoco para creer a ciegas. La suficiencia y potencia del objeto encontrado.

Me imagino en el año 2083 un grupo de científicos viajan por el mundo buscando los últimos restos de agua dulce que alguna vez inundó esta parte del continente, y que como diría Eduardo Holmberg en su viaje a Misiones por el río Paraná en 1884: “Hubo un tiempo (...), en que las aguas del río no se arrastraban en el cauce actual. Las ostras se multiplicaban cerca de Corrientes; tiburones llegaban hasta Santa Fe; y las anchoas que hoy suben poco más allá de Buenos Aires, servían de alimento a muchos de los habitantes ribereños del inmenso brazo de mar poco profundo que se extendía en lo que hoy ocupa la cuenca del Paraná.”.

Científicos que en el futuro también son medio artistas se encuentran con la obra de Belén, y al analizarla con el fin de salvar al planeta multiplicando el contenido con reactores de litio descubren que no es agua del río sino agua sucia con restos de detergente con la que lavo unos platos y arena de patio o baldío. Pero, aquí la cuestión para mí, lo que hace Belén es contarnos una historia y de historias, al menos yo, vivo. Además es que el dato tal vez no tenga ninguna importancia porque ya estaríamos todos muertos. 

Un imaginario survivalista me persigue en sueños ante el inminente colapso. Yo también tuve mi Victorinox trucha, una cantimplora. En mi futuro la gente no muere por derretimiento de los glaciares ya que Paraná está elevada setenta y siete metros sobre el nivel del mar. Pensé en hacer una huerta, en usar más la bicicleta, en rallar jabón y agregarle limón,  en envolver los libros reutilizando los papeles cuando recibo regalos. Pero no hice mucho más y creo mucho más no haré, solo seguir revisando el precio de los dólares, los descuentos de la app de YPF, los plazos fijos y mi tramite de libre de deuda  en ATER.

Nada le deberemos al futuro hasta que lo miremos de frente.

Le pregunté a Belén si la tapa estaba sellada,  y me dijo que si, pero que con  un poco de fuerza la abriría. ¿Por qué no aprovecho un día de estos y lo compruebo por mi mismo? Le puse aceite a la tenaza asi que no debería tener mayores inconvenientes, pero el arte no está para resolver mi neurosis sobre lo que es y lo que no es. O si?

¿No será Tesoro una pieza de humor? pienso en sonrisas y miradas cómplices, en el ánimo dispuesto. Donde todo puede ser convertido en commodities Belen hace foco.

Tesoro, conserva agua y arena, pero, ¿Cómo lo hace? Cómo en los años de estudiante, que etiquetaba la vianda que me mandaba mamá, unas milanesas al horno, un arroz con huevo, una porción de tarta que no quería compartir con mis compas de departamento. Qué comía un poco a escondidas o cuando me encerraba en la pieza. Tesoro se inscribe en el conceptualismo de baja insistencia entrerriano que no completa formularios, que no llega a los 1000 caracteres que exige la descripción para obtener becas, premios o inviten a simposios. Tesoro puede convivir tranquilamente por años dentro de una heladera, al lado del tupper de fideos con bolognesa, o la tortilla de papas que quedó del mediodía.

sábado, 12 de febrero de 2022

Conceptualismo de baja insistencia y su escuela

 Una extraña noche

Entre arena y risas

Se subía de tono

Entre hielo y discreción.

Desatar cenizas

Ceder y dejarse llevar.


Altocamet 

Pasión descalza / Velada bristol casino

 1998



Entrar al taller de Alejandro es entrar a un laberinto que construyó en Alberdi 3350 de Chajarí de múltiples ingresos y múltiples salidas. Podes entrar pensando que estás en una biblioteca y salir en un taller de grabado, entrar por el taller de cerámica y salir por la habitación de la residencia artística, entrar por el jardín y salir por su obra, y así hasta encontrarte con vos mismo en esa cinta de moebius. Pero en la obra vida de Ale está todo en proceso, sucede, transiciona, muta. Por lo que el taller de grabado pasa a ser biblioteca, la biblioteca residencia y así. Nada es fijo, antes arena, ahora cristal.
En la película Barton Fink, John Turturro tiene en la habitación del hotel donde vive y trabaja para la industria del cine, un cuadro colgado de una mujer de espaldas mirando el mar, haciéndose sombra con la mano, mirando el infinito. Una sombrilla la secunda.  No se si es una foto coloreada o una pintura, no vemos su rostro, pero sí el romper de la ola próxima a la orilla. A su izquierda una ventana, a su derecha la puerta, no superan, estimo, los 16 metros cuadrados.

Y aquí la conexión, Ale pasó un buen tiempo en Mar del Plata, y en una de las entradas que mencioné previamente, tiene colgada a la altura de mis ojos una obra pequeña. “Marina” se llama y es plástico montado sobre un marco antiguo. El plástico es celeste, plástico rescatado, recuperado de la calle de bolsas de supermercado o algo así. Entonces las diferentes exposiciones al sol de esos plásticos hacen que se generen velados entre unos y otros. Barton Fangi / Ale Fink (?) Pero a diferencia de Fink, Ale conoce y entiende la industria de las artes visuales, sus mecanismos, sus disputas y tensiones. Y así cada charla con él es sinónimo de regocijo y de complicidades.


Hacer de una obra algo cotidiano, pasar por el costado. Al estar en un pasillo de 80 centímetros no se genera una distancia por lo que la experiencia frente a “Marina” es inmersiva y debo cubrir mis ojos, hacer sombra con la mano.

Le digo que esta obra nos sobrevivirá, me cuenta sobre la vida de un plástico, de los que hay ahora que se desintegran. Me quedo con eso que parece eterno y tal vez mañana no exista.

¿Qué ficción nos salvará?
“Bonito día, he dicho bonito día. Sí, lo es. ¿Qué hay en la caja? No lo sé. ¿Es que no es tuya? No lo sé. Eres muy hermosa, ¿trabajas en el cine? No digas pavadas”.

Dejar huella y retirarse. Pero no será una huella indeleble, estanca, o normativa. 

“La plasticidad es el cuerpo del tiempo, o el cuerpo convertido en tiempo. El cuerpo del tiempo, es también, por supuesto, el cuerpo del sujeto” nos dice en La plasticidad en espera, Catherine Malabou.

Me gusta la idea de un conceptualismo de baja insistencia y una posible escuela. Allí donde se suele hacer del esfuerzo, desarrollo, proyecto y concentración un culto, Ale se desplaza con rodeos, con varios caminos a la vez sin entrar nunca en un cuello de botella.

Mientras conversamos hace compost, hablamos sobre la conexión Arena - Oro - Dinero.
Quedar ciegos ante su presencia, entrecerrar los ojos para ver mejor. ¿No es eso el arte, una ceguera temporaria, un agudizar la vista?


Recostadas unas sobre otras están las matrices de las últimas obras que está haciendo. Son billetes alterados, con próceres mutantes, de un solo ojo dorado, como esas imágenes que te siguen con la mirada.
Juguemos a intercambiar obras de Ale para cancelar deuda con el FMI o no. Pero estos billetes tienen un valor de cambio. ¿Será legal?
Hay un retrato de Beatriz, pero no estoy seguro de haber visto el de Jorge. Se enciman las colecciones de Dartagnan, El Tony, National Geographics, Mafalda, Tit-Bits, fascículos sobre la segunda guerra mundial, la lista sigue. Atesorar revistas y atesorar billetes.
Me estaba olvidando de la línea de horizonte, que a diferencia del cuadro de Fink que se sitúa exactamente en el medio de la obra, el de Fangi nos desborda, no hay horizonte al que aferrarnos, es como una maraña o enramada, hecho de capas, sábanas o cortinas.


Busco en youtube material sobre Ale y en un video sobre gestores culturales, ante la pregunta de qué consejo dejarle a las nuevas generaciones lo resume en cuatro palabras: trabajo, capacitación, disfrute, y pasión. Ahí una escuela


miércoles, 26 de enero de 2022

Polvo que se junta sobre la mesa

Escribo mientras caliento el pan con el que voy a desayunar. Desayuno mientras miro el teléfono. Miro el teléfono mientras pienso donde conseguir alguien que arregle el ventilador de techo.


Lo cotidiano se ha vuelto un tiempo de haceres dobles, triples. También de momentos simples. Se puede dibujar y hacer muchas cosas más. Conversar con quien amamos, alzar al gato en nuestra falda, prepararnos un mate.

Entre estirar el tiempo y fragmentarlo. Habría una aparente contradicción ahí pero no es así. Intentamos fijar en la memoria lo que nos rodea pero se nos escapa como cuando abrimos mal un paquete de polenta y lo dejamos mal guardado en la alacena. La próxima vez que la utilicemos será un desastre.


¿Cómo se manifiesta el paso del tiempo al que alude Fede? En la luz, el polvo que se junta sobre la mesa o sobre el pinguinito que funciona de maceta, en la tinta al secarse. Soy de pasar el dedo sobre la biblioteca y hasta siento cierto placer al ver como esa pátina se pega al pasar un dedo.
¿Cómo se manifiesta lo cotidiano? En la performatividad del dibujo y su escala doméstica, en el pequeño formato de sus obras. Se dibuja mientras se piensa. El pensamiento se manifiesta al dibujar.

Volver a la luz, no como artificio plástico, o como virtuosismo del artista, en la que cual mago hace algo visible desde su torre de cristal. Sino una luz física, sobre cuerpos, sobre objetos, sobre espacios. Fede trae a Veermer al siglo XXI.

Dibujar para él sería el grupo de whatsapp consigo mismo.

Nada de lo que se ve sucede a más de un metro de distancia. Si estiro mucho el brazo llego a tocar la copa de vino que está sobre la mesada. y hacia el otro lado cierro la cortina que da al balcón. ¿Hay un montaje interno en lo que se retrata? ¿Se puede extender el retrato a una manguera o la bacha de cocina?.

Una pared de fondo, una ventana entreabierta. ¿Qué hay más allá de eso, del otro lado?,¿Y a su espalda? ¿Será que Fede dibuja desde donde se mira? ¿ El punto de vista se construye se simula se monta?

La posición del cuerpo a dibujar, la vista hacia abajo, caminar mirando los pies. Me recuerdo caminando por calle Misiones y encontré una colección de diapositivas de una familia que nunca conocí. Hay algo en la flexión del cuello, en la garganta, la flexión del codo, el movimiento del ojo, levantar la vista y encandilarse.



Sobre Lo cotidiano. de Fede Main. 2021.

sábado, 29 de mayo de 2021

Gota de lluvia baja y forma un río


Hay una obra de Valentina Bolcatto en la que está sobre lo que parece un techo de chapas, en una tarde de sol y se pone barro en las piernas, y se quita barro de las piernas de una pequeña montañita que se arma a su lado. Un aparente vaivén o tiempo detenido. Ella está descalza, de pollera y solo se ve de su cintura para abajo, las piernas descubiertas.

La historia del arte entrerrianx está hecha de oralidad, de confusiones, de marchas y contramarchas. La obra que menciono es un video. ¿Tenía audio? ¿El audio era de sonido ambiente o de ella o alguien leyendo un poema? Era un video en loop sin principio ni fin? Siento que estoy a la velocidad de la luz y viendo la vida al revés.

Le pido a Valentina que me mande un video performance que vi de ella hace también mucho tiempo, donde colecta gotitas de lluvia también de un techo de chapa con una taza.

Su mente y su brazo funcionan leyendo un algoritmo oculto, una anticipación,  un mecanismo que va del codo al hombro a la mano a la taza a los ojos, a la rotación de la cadera.

La cámara fija detrás de ella, en un plano general, con luz natural de día nublado. 

Qué pasará cuando la taza se llene, o cuando deje de llover. Seguiremos ahí mentalmente.

Lavar, lavar y mojarse. Si no vieron las pinturas de Valentina, tienen algo de eso. Dan lugar a lo velado, la veladura en el centro. De alguna manera su video está hecho de capas y capas, cual veladuras que se ponen en evidencia. Cero hermetismo. 

Hace unos días fui a un taller de imagen en movimiento, y me recordé en casa, desde adentro, desde la ventana de la pieza con una jarrita juntando el agua de la lluvia que caía por las tejas. Esa agua luego me la tomaba porque había leído que el agua de lluvia es dulce. Y era agua fresca pero llena de tierra.

Estamos entonces, pero en espejo, ella desde afuera mojándose la frente mirando hacia arriba capturando gotas, Nosotrxs desde adentro con el buzo arremangado con el vaso.

Allí en la planicie de las imágenes proyectadas sobre paredes, o en notebook sobre la mesa de los talleres habitamos.

La acción de Valentina transcurre en el patio del Museo Provincial. Me pregunto si sabrá distinta el agua que baja por sus techos. Me pregunto por los patios, por las puertas de entradas laterales, por la vez que quedé encerrado en el baño y tuve que trepar y saltar de un cubículo al otro. Pienso en los mundos circundantes, en cómo hay allí muchas otras vivencias que las que se construyen del marco hacia adentro y del pedestal hacia arriba.

Será arte aquello que la tanza resista, parecieran decirnos. Bueno, eso está por verse.


jueves, 13 de mayo de 2021

Te cuento un secreto



¿Cómo se llamaban esos cuadernitos de primera comunión? Pongo las manos así, palma con palma. Pienso, hace mucho que no hago esto, este gesto. Devocionario o misal se llaman. Había un señor, que iba con su cámara, y sabía la postura correcta. Se dedicaba a ir iglesia por iglesia, escuela por escuela. Previo arreglo con padres y madres, nos indicaba pararnos al lado del santo con las manitos así. Y si había que sumar un rosario, la caída del cabello, las orejas despejadas y en el brazo un lazo.

Fundamental la luz. Pero como la iglesia estaba un poco a oscuras el flash la simulaba, y uno miraba al flash como una aparición, como con fervor y las pupilas se dilataban por un segundo.

Porque fui educado por los ojos. Los ojos me enseñaron a pensar y a querer. A buscar un amor verdadero. A hacer silencio. Y también a mis tormentos. La altura te da eso. Me jacto de ver bien. Igual envejezco, entonces hago ejercicios con algún cartel. Cuando voy en la moto de reparto intento ver las numeraciones de las casas. Siempre puedo. Hasta cuándo no lo sé. Con la luz se educan los ojos. A veces los entrecierro, y como una cortinita las pestañas juegan. Cuando tengo que llorar primero lloro con la garganta, luego con la boca, la lengua en el paladar, luego con los ojos.

En mi foto sonrío.

Kevin convoca a Ivo, y con una foto de Noemí Betti durante su primera comunión, ilustra la portada de su último poemario. Noemí tiene los párpados y el entrecejo de Ivo.

Una vez en un taller de Kevin conversamos sobre la luz en las obras del pintor Vermeer, en cómo entran e inundan los espacios. En cómo las cosas suceden a la luz del sol. Hay una foto de él en internet regando una planta, luminoso, mirando la cámara. Porque no sabemos más que sonreír frente a una cámara. Escapamos a las casualidades. Ese naipe que encontré cuando iba cabizbajo por calle Misiones estaba ahí para que fuese vista. Para que la llevara a casa. Para que ese nueve de oro vaya a la caja de fanzines, diapositivas, tarjetas e invitaciones varias. 

Dibujo un bastón estrella de Sakura Card Captors iluminado o la espada del augurio de los Thundercats. Déjame ver más allá de lo evidente, dice León-O. Fui educado para que los ojos le den órdenes a mis manos. Así dibujo yo. A veces no le hacen caso.

Intento ordenar una anécdota. El otro día le llevé un libro. Intercambiamos y él me da Los encantados.

Le pido que me pase un fragmento de En lo visible, en lo cercano. Porque me sentía en deuda de que algo que había escrito me acompañara hacía tanto y yo no se lo dijera. Aquel en que Alicia le dice: “Te cuento un secreto. Yo —señalándose el pecho— también escribo”.

Porque se me quedó grabado, y le digo la página de la derecha arriba, pero no se el número. Kevin me manda una fotito con su celu. Es ésa.

Las cosas suceden para que él las escriba. Y las convierta en poema. O que las diga. Porque su decir es poema. Entonces, ahí está su encanto al señalarse el pecho. Ahí hay un camino que se abre para nosotrxs. Para decir en confidencia: Yo también escribo.



sábado, 10 de abril de 2021

Ruta 14 hacia ChongKing



Ahora que se reavivan debates sobre el arte de los años 90, y que para mi, chico de provincia me fueron y son totalmente ajenos, una frase, escuchada cual teléfono roto de Marcelo Pombo: “Sí, cuando yo dije esa frase en la Fundación Banco Patricios, que a mi solo me interesaba lo que pasaba a un metro a alrededor, el contexto en el que lo dije era que no estaba mirando lo que hacían los artistas en Europa o Estados Unidos, sino lo que hacían mis amigos que eran los que me influenciaban, y yo a ellos. Y ese era mi metro cuadrado.” Así durante 20 años me he dejado llevar por ese metro, metro con el que me comprometo y con el que trabajo, utilizando solo lo que hay en casa, si hay tijeras revistas viejas, televisión local, metro de afectos, lo llamo a F o J, o a R, A, G, les pregunto que están haciendo, metro perfomativo estirar los brazos metro y cuerpo.
Cuando fui a la muestra M2 de Maga Ledesma y @Fer Martínez lo primero que me y les pregunté fue por el nombre. Por lo medible, por lo dimensionable en el tiempo y en el espacio. 
El metro como doble vía, un metro hacia la cabeza y un metro hacia el corazón.
Fernando me cuenta de algunas escenas de Wong Kar Way y como inspiraron los interiores de conventillos y zaguanes que pinta. 
Metro en doble vía, Juan L. Ortiz viaja a China en el 57, de lo cual resulta El junco y la Corriente. al año siguiente 1958 nace Wong Kar Way, en 1997 viaja a la Argentina para filmar Happy Togheter. Mi hipótesis sobre su paso por Entre Ríos para ir a realizar la escena de las cataratas por la ruta 14, se reafirma. Algo moviliza a Wong a visitarnos pero no sabe bien que es. Algo del espíritu de oriente ya estaba en estas tierras… pero dejémoslo entre nosotrxs.
Será por eso los pokemones y picachus que en sus obras hacen interferencias? hay un ruido en el cerebro de las pinturas que nos dicen: esto no debería estar aquí. Hay una luz que entra por la ventana y mueve las cortinas. El cartón pintado de un set de filmación que se mueve si azoto la puerta, si cerramos para no volver. Queda la habitación vacía y en silencio, solo el sonido del corazón cuando se estruja y se quiebra un chuic y crick.
Google lee mientras escribo y sus algoritmos en la barra lateral me avisa que restauraron In the mood of love por sus 20 años y que está disponible en Mubi. Chungking Express sería nuestra Navidad en San Francisco Solano.
Si el metro de Fernando esta en espacios interiores, los de Magali se proyectan hacia afuera, hacia lo que circunda, hacia lo que se desplaza y recorre. Ella proviene de Villa Elisa, y dejo su cuidad y se radicó en Paraná. Vuelve con la cámara hacia las ruinas, un lugar que quedó así, con el mantel puesto en la mesa de plástico del patio, con el sol y la lluvia que empiezan a deshacerlo. Plantas en macetas de viejas cacerolas, cubiertas de camiones hacen las veces de asientos, los perros se suben a las mesas para ver que queda. Hay un fuego, un humo que como el tiempo todo lo consume. 

*Sube la luna de Pekin, Juan L. Ortiz


Verdad 


que hasta pisasteis, distraídamente, 


un mediodía 


de jacarandaes?


Y para los amigos que miraron, 


tal vez, desde las dos orillas de la brisa, 


qué flores las del cenit? 


Pero a vosotros, ay, los latidos míos que dejé, 


qué os enviaría desde esta agonía de la una...


Sobre m2 de Maga Ledesma y Fer Martinez. En 33 Territorio de culturas. Paraná. Febrero 2021

jueves, 28 de enero de 2021

Linterna parpadea



Hambriento, ¿quién te alimentará? 


Si tú quieres pan, ven con nosotros, 


los que no lo tenemos.


Déjanos enseñarte el camino. 


Los hambrientos te alimentarán.



Bertolt Brecht



La cebra dorada, ¿La cebra es un animal negro con rayas doradas o al revés? Hay algo de mareo.

Cuando cambias las cubiertas del auto se dice que luego es fundamental hacer alineación y balanceo. Son dos palabras hermosas.

Cada cual, rey en su reino.

A veces sueño que el auto “se me va”. Quiero frenar y no puedo, pero no es que vaya rapidísimo y esté por chocar. No, no. Se va despacito, hacia atrás o hacia adelante, aprieto el pedal y falsea. No reacciona. Y yo le digo a la gente: córranse que vamos a chocar! O si voy con gente, nos bajamos con el auto en movimiento y vemos cómo queda incrustado en una boca de tormenta o en un bache municipal prendiéndose fuego.

Existirían dos reinos: uno cotidiano hecho de impuestos, capitalizaciones, deuda, streaming, descuentos comprando desde una app, promoción y rendimiento de publicaciones, dólar ahorro, dólar turista, dólar futuro, objetivos a mediano y corto plazo, de mindfulness, de programación neurolingüística, de Google Chrome.

Y otro: Exactamente igual. Pero vivido conscientemente. 

La cuestión es… ¿habría allí un valor? y ¿cómo se manifiesta?

Flor Meyer nos toma de la mano, nos presta un esnórquel y nos sumerge en ambos mundos, el de lo consciente y lo inconsciente. Vacilar en terrenos subterráneos.

Polvos dorados vuelan en el aire de la sala. Veladuras negras sobre delgadas telas y luces puntuales, redondas. Corremos hacia adelante por ese túnel. Cueva de comadrejas, roedores y zorros debajo de troncos de árboles.

“No se fuga uno para atrás, se fuga para adelante”, dice Gabo Ferro. Raíces frescas y húmedas, vamos con las manos abriéndonos paso, cortinas que nos hacen cosquillas pero también nos lastiman y nos dejan sarpullidos en la piel. Comenzamos a gatas, como duendes bajando y bajando, pero luego ya podemos enderezarnos, de rodillas, y luego pararnos y hasta saltar, y estirar los brazos para colocar pepitas de oro en los techos de este camino abovedado.

La luz del exterior se vuelve tenue y nuestras pupilas comienzan a agrandarse, las raíces capilares generan sombras en esta caverna. A nuestra espalda la entrada comienza a desmoronarse, se llena de piedras y tierra. Quedamos a ciegas, o casi. Por el modo en que están iluminadas las obras siempre hay un juego de luces y sombras, de lateralidades. Imposible entrarles de frente sin que nuestra silueta produzca algo sobre cómo vemos las piezas.

El fuego de la vela necesita del oxígeno para arder, de un segundo al otro se apaga.

Texto escrito a partir de la muestra “El Reino de la Conciencia” de Flor Meyer en Delta espacio de la ciudad de Santa Fe.





domingo, 11 de octubre de 2020

Manos aferradas al cerco de alambre tejido



Mis sueños de futuro: 

Asensores externos a los edificios, cilíndricos de cristal, tubulares, la gente los ve desde afuera, uno sube otro baja a gran velocidad. Sueño que nunca coincide el piso al que va la persona que amo, que no podemos encontrarnos pero que constantemente estamos viéndonos. Miro mis pies y siento la presión en los oídos al subir. Un cartel indica que el sistema hidráulico está diseñado para aminorar el impacto al detenerse. Tengo miedo de que estallen los cristales del techo del ascensor y salga eyectado por el aire. Finalmente sucede. El ascensor toma tal velocidad que el vidrio revienta y quedo flotando en el aire, doy manotazos, mi estomago se comprime, hasta que empiezo a caer.
Por un tubo van y vienen cartas que conectan todo el edificio.

Sarah Connor sentada y con su cabeza apoyada en una mesa en el medio del desierto mira a una familia que juega junto a un helicóptero deshuasado. La madre alza a un niño, el padre tiene camisa a cuadros abierta y arremangada con remera gris debajo. Sarah llora y sonríe y cierra los ojos. Recuerda sueña ella detrás de una reja, mira a los niños jugar en la plaza, les grita que No que No que no, pero sus gritos son sordos. Sarah Connor de sus sueños alza a un niño y lo sube al carrousel. Es un día soleado. El hongo nuclear barre con todo el valle. Desarma edificios. Fulmina los cuerpos. Sarah sobresaltada despierta.
En la escuela, en este que tal vez sea de mis últimos años de docencia, enseño a hacer origamis. Doblo y pliego papel. Con un marcador y brillantina hacemos luego ojitos con pestañas y sonrisas. A veces necesito silencio, y es la forma que encontré de no hablar ni que me hablen. Solo nos miramos, hacemos gestos con la boca y fruncimos el ceño, achinamos los ojos. “Ok” con el pulgar hacia arriba o corazones con ambas manos cuando sentimos que hicimos todo bien.

Busco en diccionarios virtuales que significa “Circa”, nombre de la ciudad donde transcurre la aventura distopica Tekton, novela escrita por Gastón Flores y dibujada por Lisandro Estherren. Expresión latina, “alrededor” o “cerca de”. Suele usarse cuando las fechas de los eventos no se conocen con precisión. En tiempos pandemicos, mi cabeza se llena de imprecisiones. Estoy intenando buscar en internet una foto de un yacaré junto a una tortuga calcinados por los incendios que se suceden en este momento en el país. Me la mostró Vir hace unos días, pero dudo si fue ayer, o hace tres meses. Nuestro futuro, nuestro sueño de futuro, no será tal vez como el de Sarah Connor, con un botón rojo, microchips, brazos biónicos, un hongo nuclear y el logo de Skynet. Será con alimentos transgénicos, con cáncer, con toxinas, con especies carbonizadas. La muerte del hombre por el hombre. Vi un video de nutrias y carpinchos saltando desde la barranca mientras la isla se incendia.


En Tekton, el pasado y el futuro se confunden. Allí hay punks, crestas, camisas, tiradores y motocicletas, cinturones con estuches. Y arquitectura modernista por todos lados: innovación, novedad proyección de futuro. Un futuro que nunca llegó del todo. Pero ahí están también las publicidades holograma que tiran besos y las autopistas que cruzan los cielos. La Victoria de Samotracia decora un salón. Gente que salta de los trenes en movimiento. Una persecución. El Bugatti de los años 20 es interceptado por un Jeep de enormes ruedas y vuela por los aires de tinta negra y pincel seco con los que dibuja Lisandro. Pero… En qué año estamos? 1920? 2020? 2120? Soy Lucas Mercado, vivo en Paraná, camino por la peatonal con un barbijo que hizo mi mamá con retazos de tela. Me regalo varios así que tengo uno en el auto, uno en la moto, otro en la mochila y otro en la biblioteca. Paso por la vidriera de de calzados Beter y recuerdo que había una galería con video juegos al fondo. Entro, meto una ficha para jugar al Doble Dragón, tiro patadas, codazos, levanto barriles, doy rebencazos con cadenas, mis brazos se extienden con los bates de baseball.



Construcciones, trabajo de albañilería, dos arquitectos Flores y Estherren, entre tiros, lanzallamas, navajazos y mucha gasolina (con lo cara que esta la nafta!) nos entregan infinitas puertas que se abren y se cierran. Padres, hijos, poderes, sueños incumplidos, intentos de comenzar una nueva vida mirando el arribo con el ticket en la mano para el próximo tren que nos llevará a ningún lugar.