jueves, 10 de septiembre de 2026

Trayecto de las flores




Desde el litoral argentino, una trayectoria en términos artísticos es entre otras cosas flexible, sinuosa, zigzagueante, irreverente. Pensé en eso cuando visité la muestra de Valentina Bolcatto en el museo de la ciudad y en cómo circunscribir su muestra bajo esta perspectiva. Desde tempranos trabajos, al menos de los que tengo recuerdos, su hacer está signado por el desplazamiento, el llevar y traer. Performances donde subía a un techo para teñir sus piernas con barro, capturas de gotas de lluvia con un vaso, o de las mas recientes donde trasladaba en la memoria follaje de patios para su taller y flores secas de cementerio que incrustó en una reposera junto a un texto que desarrolla poéticamente la acción.
En Lo que sostienen las flores la artista continúa con esta última búsqueda. Cuando entré a la sala le pedí que me contara un poco, ya que se habían agotado los textos de sala que habían a disposición, y me dijo que eran retratos de flores y floreros. Me quedé pensando en eso, ¿No son en realidad naturalezas muertas? Pues un poco sí y un poco. Pero a los fines de acompañar esa complejidad me sumo a su razonamiento. En el arte contemporáneo la pintura de genero se revisa, y sus retratos de flores nos cuentan una historia de quien ya no está, alguien tuvo un rostro, alguien que se podía nombrar, alguien que con flores se lo recuerda. Alguien que como las flores de sus pinturas, y como todo mas temprano que tarde, polvo será.
Los floreros flotan dentro de marcos dorados. Sobre fondos infinitos proyectan sombras. Fondos liminales cálidos rojos rosas, azules celestes negros. Todas las flores en ese ir y venir del cementerio al taller, son una excusa para ejercitar la memoria. Flor sin nicho ni panteones que las soporten. La ausencia de perspectiva hace que los pétalos que caen queden boyando un poco al pie. Luces que iluminan sin referencia precisa al momento del día o a la altura del año. Hay en su búsqueda democratización, horizontalidad y un trastocamiento de las jerarquías. Sus retratos de flores desanclan los nombres importantes que tal vez algunas de ellas acompañan y que sus deudos dejan. Todas las pinturas son tratadas con igual esmero y dedicación en sus detalles. No hay callejones principales en esta necrópolis, ni flores y floreros VIP: como dice el dicho “la mortaja no tiene bolsillo” y no vamos a llevarnos nuestras riquezas materiales al morir.


---- Museo de la Ciudad César Blas Pérez Colman, Lo que sostienen las flores, de Valentina Bolcatto, curaduría de Valeria Flores. Paraná. 3 de septiembre 2026


viernes, 17 de julio de 2026

Dijes en el pico, chochos de la vida, y ese rrope que es solo un rrope


A eso que llamamos arte, vida, o amor, podemos decirle, entre una infinidad de maneras, que es simple y que es un virus. El amor es simple, el arte es simple, la vida es simple, el amor es un virus, el arte es un virus, la vida es un virus.

Simpleza y viralidad no se contraponen: se complementan. Las cosas complejas no se viralizan, las simples tampoco.
Pregunto a Yami laburante del CEC si las obras están en préstamo y/o a qué colecciones pertenecen, y me dice que son propiedad de la autora. Chequeo en el texto curatorial de Alejo Ponce de León que ya en sus primeros párrafos reza: “Entrenada en la manera argentina de hacer arte, no vendió jamás un video de sus animaciones sino hasta haber sido designada representante del país en la Bienal”.
No sé porqué hago esa pregunta, si la verdad desconozco las economías ajenas ( y mucho menos la del arte), pero sí sé que en la simpleza de El Origen de la Substancia Importará la Importancia del Origen (así, con las mayúsculas alocadas) no hay viralidad: hay retención, contención, refugio, circunstancia, azares.
Las obras están “hechas con la computadora”, como una vez decíamos hecho “en el microondas” o “en la airfryer”. Como salidas todavía no de software sino de objetos. Algo sucede entre acción y resultado, un desfasaje similar a la transmisión de un recuerdo, hay cosas que se nublan, que se vuelven liminales. Se encuentran en un punto de cocción que no podemos definir ni controlar.

La IA vino a saciar la urgencia de imágenes (en lo que va de la mañana mientras escribo esto ya debo haber visto una centena entre estados de wasap, redes sociales y grupos), en cambio las de Heller fugan en sentido opuesto.

Si a las palomas se las coarta, atrofia a gomerazos, se las trata como algo a lo que eliminar, en los videos de Monica hablan y nos enseñan a hablar, hacen travesuras, se roban zapatillas de escaparates de primeras marcas, hacen nido y huyen disparatadas con dijes de oro en sus picos. Vienen unos pinchos y unas mallas para que las palomas no hagan nido, vienen publicidades de productos para espantarlas. Una tortuosa vida le depara a la paloma urbana. No sería en este caso. En el origen de la substancia las palomas estaban antes que nosotros, y nos sobrevivirán, chochas de la vida.


Fetas de mortadela se enrollan y desenrollan sobre un fondo de naturaleza muerta digital. Un guiño a la obra del santafesino Nico Bassi al igual que las palomas en los techos de la también santafesina estación Belgrano?
Nos paramos frente al perro cortito que juega frente a su plato de comida. Mi hija de 12 años me dice que le parece tierno, pero que también la atemoriza. Busco en internet las pinturas de Heller y este perrito difiere de los Cinco perritos calientes de su pintura (unos perritos con el nepe al rojo vivo, en una suerte de bosquecillo, bien pirinchos su pelaje). Entonces, no hay traspaso de un medio al otro, sino una readecuación de un exterior, el bosquecillo de los calientes, al interior de un abismo backroom. Lo mismo podríamos decir de la historieta mural de Geometría pueblo nuevo que acompaña la muestra: un laboratorio de dibujos y textos, que no buscan un resultado sino una exploración de los recursos desde su propio hermetismo.


sábado, 3 de enero de 2026

¿Seguirán ahí las estrellas cuando hayamos partido hacia ellas?




Una constelación es un punto de vista, es imaginación, es posibilidad, es fugacidad. En todo eso hay verdad, porque en lo visible hay verdad.
Por 48hs la ciudad de Paraná alberga simultáneamente en 3 salas diferentes la obra de Luciana Scutella. Este fenómeno no sucede habitualmente: participa en el Salón Provincial dónde obtuvo el primer premio, en una muestra colectiva en Aura y en el cierre de los encuentros denominados Programa doméstico en casa Boulevard. Una constelación pequeña, pero una constelación al fin.
Su obra transita en el límite entre la tradición y la extinción, el legado y la desaparición. Queda una suerte de ruina, en tiempo presente, de todo rastro humano. ¿Es posible un retro-futuro “a la entrerriana”? ¿Cuál es la agenda de aquí al 2050 de lo que se produce en la ciudad? El municipio de Paraná lanzó hace poco una serie de videos con evidente uso de IA de los personajes icónicos de la ciudad, que hacen a su educación sentimental: El robot, el patito, y un yacaré al estilo Mecha del anime japonés. ¿Así serán nuestros recuerdos? Luminosos, prístinos, soleados caminan los tres iconos locales por calles vacías, sin gente, sin vehículos que huyeron tal vez despavoridos ante su presencia.
No hay equipo en la obra de Luciana. El futuro en el cual se proyecta está hecho de restos de un viajero solitario del tiempo que solo pudo en su mochila y riñonera rescatar algunos fragmentos. En la obra que presenta en Aura un conjunto de juguetes están dispuestos en línea, cubiertos de un polvo blanco, mezcla de paso del tiempo que homogeiniza la singularidad. La vuelve difusa. "Es la muerte el pasado o el futuro?" Es la angustiante pregunta que nos realiza la artista. Un frasco, un peluche, un libro, una flor seca. El mundo en miniatura visto desde la luna. El conjunto de fragmentos que por contigüidad arman un todo. El gesto invertido de la “bienalizacion” de una obra. Así como llegó a Aura, en el baúl de un auto, así se irá.
Cómo en un paisaje de Weird Fiction alucinado, entre obras construidas con elementos de una tradición que tiene no menos de 500 años, la artista erige en el Museo provincial una marioneta, no diría que gigante, Pero sí de escala amplificada. Lo que ocuparía una esquina de un escritorio aquí ocupa la centralidad de la sala. Luciana activa, cuál pokebola y conjuro, un sacapuntas gigante de un monito que se mantiene siempre parado, salvó cuando uno aprieta su fondo. Aquí la acción está congelada, el monito no volverá a pararse ya que nada lo tensa. Ahora descansa. 
La tercer cita de éste "periplo Scutella" es la reciente muestra de cierre de Programa doméstico llamada Mostrar la hilacha. Una muestra que dura solo dos días y que marca el tiempo de avistaje de esta constelación. Allí Luciana muestra una daga, también de mediana escala, hecha de tela y rellena de algodón, colgada de tanzas casi al fondo de la sala, iluminada teatralmente, delante de un fondo hecho de corazones bordados. Una estética 8bits, de cartucho de videojuegos. La realidad es reemplazable por pixcels y reels de Instagram. La proximidad es abducción. El tiempo es un chispazo. La observación de las estrellas y su lectura es un privilegio modesto que podemos darnos los humanos antes de nuestra extinción.


viernes, 2 de enero de 2026

Will the stars still be there when we've departed toward them?


A constellation is a point of view; it is imagination, possibility, and fleetingness. In all of that, there is truth. In the visible, there is truth. For 48 hours, the city of Paraná simultaneously hosts the work of Luciana Scutella across three different art spaces. This is not a common occurrence: she is participating in the Salón Provincial de Entre Ríos —where she took first prize—, in a collective exhibition at Aura, and in the closing of the series known as Programa Doméstico. A small constellation, but a constellation nonetheless.

Her work moves along the boundary between tradition and extinction, legacy and disappearance. What remains is a sort of present-tense ruin of every human trace. Is a retro-future challenge 'Entrerriano-style' possible? What is the agenda from now until 2050 for what is produced in the city? The Local government of Paraná recently released a series of videos—with evident use of AI—featuring the city’s iconic characters that shape its sentimental education: The Robot, the Little Duck, and a Yacaré in the style of Japanese Mecha anime. Is this how our memories will be? Luminous, pristine, and sunny, the three local icons walk through empty streets, devoid of people or vehicles, which perhaps fled terrified by their presence.

There is no 'team' in Luciana’s work. The future into which she projects herself is made of the remnants of a solitary time traveler who could only rescue a few fragments in their backpack and waist bag. In the work presented at Aura, a set of toys is arranged in a line, covered in a white dust—a mixture of the passage of time that homogenizes singularity. It makes it diffuse. 'Is death the past or the future?' is the harrowing question the artist asks us. A jar, a stuffed animal, a book, a dried flower. The world in miniature seen from the moon. A collection of fragments that, through contiguity, assemble a whole. The inverted gesture of the 'biennialization' of a work. Just as it arrived at Aura—in the trunk of a car—so it will leave.

As if in a hallucinated Weird Fiction landscape, amidst works constructed with elements from a tradition no less than 500 years old, the artist erects a marionette in the Provincial Museum—I wouldn’t call it giant, but certainly amplified in scale. What would normally occupy the corner of a desk here claims the center of the room. Like a Poké Ball or a magic spell, Luciana activates a giant pencil sharpener in the shape of a little monkey, designed to always remain standing, except when its base is pressed. Here, the action is frozen; the little monkey will not stand again, as there is nothing left to tension it. Now, it rests.

The third appointment of this 'Scutella abduction journey' is the recent closing exhibition of Programa Doméstico called Mostrar la hilacha (Showing the Thread). An exhibition that lasts only two days and marks the sighting window of this constellation. There, Luciana displays a dagger, also of medium scale, made of fabric and filled with cotton, hanging from fishing lines near the back of the room, theatrically lit before a backdrop of embroidered hearts. An 8-bit aesthetic, like a video game cartridge. Reality is replaceable by pixels and Instagram reels. Proximity is abduction. Time is a spark. Observing the stars and reading them is a modest privilege we humans can grant ourselves before our extinction. Will the stars still be there when we've departed toward them?

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Gotea sobre la tierra y de a poquito forma un charco

 


Hay un entendimiento y un conocimiento que se macera, que no es escalonado ni jerárquico, (mucho menos arancelado). Que gotea sobre la tierra y de a poquito forma un charco cada vez mas grande. Ese charco con el correr de los días, tal vez años, ablanda la tierra y produce un barro. Y en determinado momento irrumpe. Ya no solo humedece los pies: trepa por las rodillas. Es incontenible. Próximo a un rayo es la irrupción, y el conocimiento que habilitan las Caudillas. Una vez que conoces su obra, su presencia se impregna en la piel sin pedir permiso. Es su mecherismo el que invade y no hay tejido de púas, cercos eléctricos, guardia armada ni canes que la detengan. Las Caudillas se paren a sí mismas, con un discurso desde el llano, alejado de agendas curriculares y de trayectorias consagratorias, desde saberes no autorizados. Porque hoy son esto: comunión, desmesura, inapresables, entrañas. Y mañana, también, son madres, docentes jubiladas, cocineras, ceramistas, vecinas de barrios periféricos, usuarias de la tarjeta SUBE y de la salud pública. Transitan una zona liminal en un territorio siempre situado, de problemáticas comunes y anhelos compartidos.

Son las Caudillas (en tierra de históricos caudillos varones) las que salen al trote entre los pastizales altos de un campo con unos choclos, naranjas, papas y hasta ristras de chorizos robados a un parrillero distraído. Bajan vitales por las siete colinas de la ciudad de Victoria a las risotadas, con la frente en alto y a los abrazos para ahuyentar los males y saciar el hambre. Su arrebato es colectivo: para descomprimir las sesudas maneras y los ceños fruncidos que las miran con desaprobación, para celebrar, para latir. Porque la hazaña de su saqueo es cotidiano y urgente. De unx a unx, sin grandes gestas: cuerpo, agua y tierra son suficientes. De ahí la escala y la potencia de La ingobernable belleza del barro.
De sus acciones efímeras suele quedar un registro, muchas veces modesto, con el celu, de luz natural. Contra toda sugerencia de cristalización en alta resolución de sus prácticas, contra toda hegemonía de gueto endogámica. Contra toda cordialidad anestesiante. Frente a
la pérdida temporal de la sensibilidad al dolor, particularmente en estos tiempos crueles: mantener vivo un fuego.

--- "La ingobernable belleza del barro", Caudillas del barro en La hendija, Paraná. Noviembre 2025

domingo, 16 de noviembre de 2025

Una pequeña abertura con los labios y curvar la lengua


Comienza el calor, y la luz impregna la casa. Eso significa oscurecer las siestas, prender el ventilador, agua siempre en la heladera. También cubrir con mediasombra las ventanas que dan al patio: por la rotación del sol, a esta altura del año, hace que durante el día estén casi siempre iluminadas. Subir al techo y cubrir los caños del termotanque solar para que no se sobre calienten y salga el agua casi hirviendo.

Dentro del cubo que conforma la sala y en el que cada esquina hay una obra, hay otro cubo que contiene una mesa. Su perímetro está delimitado por mediasombra, que deja ver y no ver. En la mesa hay piezas cerámicas que simulan ocarinas, de formas alargadas, medio fálicas, para soplar y producir un sonido. Le escribo a Yami del equipo del CEC y le pregunto si el polvo en el que se apoyan las obras es leche en polvo, o yeso. Pienso en realidad solo en leche en polvo que siento tiene más que ver con la vida simple que propone la muestra, y me dice que es harina, de la común.

El amasado adicionando agua, o con el solo correr de los días en la humedad litoraleña, sin levadura, la convertirá en una piedra más compacta que porosa. Como el barro traído de Cafayate por el artista para hacer las instalaciones de los corner. Barrio y agua en una simetría marmolada y levemente mareada en el color, trazan una biografía del artista: la historia de sus lugares, los rituales familiares, los hábitos modestos, la persistencia física de la memoria.

Sobre Una Suerte espantosa, Guad Creche dice en el texto curatorial que “proviene del tres de copas en el tarot, carta de celebración, comunidad y abundancia, pero también de exceso, ruptura y pérdida.” y pone en tensión dos opuestos.  Le pregunto a un amigo sobre esa carta en particular y me dice que el tres de copas, en una lectura, es algo bueno que cuando le sale esa carta a la gente le suele decir que tienen que acordarse de celebrar sus logros que es algo que las personas no solemos hacer y que la carta un poco viene a recordar.

Mario Llullaillaco invita a crear una pequeña abertura con los labios y curvar la lengua, a generar una vibración, a un silbido y un el sonido que llama: lento, discreto, velado y apacible.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Cosas que van hacia un lugar, vuelven a su origen, y en cada ir y venir se transforman


En la luz total, o en la oscuridad total, no hay tiempo ni espacio. Por eso, nuestro mundo está hecho de matices, de rugosidades, de sentidos que se complementan para intentar entenderlo. Preferimos, o al menos yo, eso que no funciona del todo, eso que nos necesita para existir, y en ese existir existimos nosotrxs también. En la luz y en la oscuridad los recursos son ilimitados, por eso no hay mucho por hacer. Preferimos, o al menos yo, la carencia, lo incluso, lo que quedará por hacer.

En las esculturas de Laura Zelaya el movimiento no viene de la máquina autónoma, que no sabemos explicar su propio hacer, sino de la interacción, del complemento, del saber hacer, del riesgo y la prudencia. El movimiento de sus obras es de vaivén, una ola de río que se hamaca, un cabeza que piensa en pájaros y en palabras, un nido que se vuelve casa. Cosas que van hacia un lugar, vuelven al origen y en cada ir y venir se transforman.

El arte entrerriano, en sus matices, se compone de una conjunción de prácticas que suceden. Es gente que en su hacer, piensa.Frente a una miniatura, o una escala modesta, pueden suceder dos cosas: que nos empequeñezcamos o que esa miniatura nos rebalse. Porque en la imaginación se juega el vínculo, entonces lo que vive debajo de la cama, o al final del pasillo, o en nuestros sueños puede ser enorme, o pequeño como partículas.

Laura me recibió un febrero en su taller y yo aquí varios meses después intento tensionar el recuerdo y la memoria. Evitar la urgencia a riesgo de contraer deuda. Pienso esto describir como una devolución, pero cuánto tiempo tenemos para devolver algo, cuál sería un tiempo razonable. Está vez me excedí.
En su mesa hay bocetos, dibujos de esculturas móviles, de cómo podría funcionar, y no lo digo en un sentido metafórico sino físico, tal o cual pieza. Sumar o quitar tal o cual engranaje, manija, elemento.
Laura me cuenta de su padre artista, de lo que aprendió de él. 

Tal vez seamos de las últimas generaciones que podamos transmitirle un conocimiento a nuestro hijos sobre el funcionamiento de algo. En mi caso ya es mucho menos de lo que me transmitió mi padre a mi. No lo digo como algo valorativo. Hacía allí, masomenos, vamos.

lunes, 27 de octubre de 2025

Una carta para Los pensamientos también tienen esa forma



En un encuentro de artistas, a comienzos de los 2 mil, mi amiga la Fer de Santa Fe contó que su obra se inspiraba -o tomaba referencia visual- en las mangueras que extendía en su patio para regar las plantas. Tenía mangueras de diferentes medidas, materiales y colores, solía enroscarlas para guardarlas pero, a la semana siguiente, volvían a estar todas hechas un enredo. Ese enredo de líneas moteadas era lo que dibujaba. 

Pero ahora pienso: ella no dibuja, es pintora, siempre fue pintora, quizás no estaba hablando de su obra sino de la obra de otra artista, que si dibujaba y que tenía una obra más afín a la descripción que dio sobre las mangueras. A mi esa anécdota me ha quedado. Porque una manguera es una línea y porque quienes dibujamos queremos buscar dibujos en todos lados. Si bien una manguera es un poco más gruesa, es solo una cuestión de distancia definirla como línea, y una manguera con agua en su interior se mueve y acomoda a gusto y piacere independientemente de cómo queramos desplegarla. Yo en casa tengo una toda anudada y medio reseca. Es así porque ya hace un tiempo creció un lindo césped y no tengo plantas, sólo dos árboles de palta que dan una temporada si y una temporada no. 

Existen otras imágenes que me gustan, como la del cañito plástico estriado de los nebulizadores. De niño vivía nebulizado. Recuerdo ver la final del mundial Italia 90. Era julio por estas tierras por eso todo los días eran de moco en la nariz y el pecho. Me dolía la cabeza y pensaba que era sinusitis. El nebu conectado con vapor saliendo de la mascarilla con el zumbido del motorcito largando la solución fisiológica y el salbutamol en la frente. 

En las películas norteamericanas tenían unos teléfonos en la pared de la cocina con un cable enrulado largo largo, por lo general, los personajes, hacían otras cosas mientras hablaban por teléfono, batían crema, abrían el horno o la heladera, miraban por la ventana. Sostenían el teléfono con la oreja y el hombro. La mujer de la casa llamaba a su hijo que estaba en el piso de arriba a los gritos, se enredaba en el cable con la batidora en la mano. A veces golpeaban la puerta y se olvidaban de su quehacer diario, iban hasta la puerta con el cable tironeando y cuando llegaban al máximo del estiramiento se daban un resbalón y volaba por el aire el bowl y el delantal todo manchado. Esas imágenes me formaron. En casa el teléfono estaba en el comedor, que estaba separado de la cocina por una pared, es decir estaba a la vuelta. Se escuchaba todo de un lado a otro. En casa no había crema batida, cenábamos huevo frito con pan y coca cola con la tele prendida de fondo. 

Rodriguez Larreta agarra una botella de agua con las dos manos. No lo veo, escucho hablar sobre eso en la radio y presto atención. Me lo imagino y me identifico porque a mi también me pasa. “Tengo temblor esencial, me lo diagnosticaron a los 5 años. Es una condición que afecta el pulso, aunque nunca modificó mi vida. Sin embargo está y hace que algunas situaciones las viva diferente al resto”, dice Larreta, “me pasaba de chiquito cuando tenía que dibujar o aprender a escribir, me pasa hoy cuando tengo que sostener una botella o un micrófono y me va a pasar dentro de 20 años cuando esté dibujando con mis nietos”. A mi no me pasó de chico porque de chico no dibujaba, pero de más grande sí. Dibujaba con trazo tembloroso en bancos de la escuela, en bordes de la carpeta. Luego empecé a leer poesía en público, pero fue algo que hice poco. No podía mantener mis poemas firmes en el aire. Requería un apoyo, una mesa y un pie de micrófono. A los 20 fui al neurólogo, me hizo pruebas con un martillito y me dijo “eso se llama temblor esencial”, si fuese párkinson debería tener otros síntomas, y me dijo que tranqui, que volviera en 20 años. 

Entonces empecé a repetir por 20 años como loro, que no era párkinson, que si fuese párkinson debería tener otros síntomas, que no sabía bien cuales eran, pero que debería tener más ojeras, o las venas marcadas, o cosas así más densas de las cuales sí debería preocuparme. Nunca pensé tener algo en común Larreta, pero tampoco pensé mucho en Larreta así que ni me va ni me viene, pero banco que públicamente sostuviera la botella con las dos manos, que no se escondiera. A mi me preguntan “che y ¿Cómo haces para dibujar”?, y yo les digo qué es igual a cualquier cosa, es como que me digan como haces para dibujar con lápices escolares, o como haces tal o cuál cosa con tal o cual herramienta: te acostumbras o reventas. 

Paraná, junio 2025

Cartas a un libro. Los pensamientos también tienen esa forma de Omar Jury

sábado, 13 de septiembre de 2025

Una, dos tres, cincuenta veces ver

 


Hay unos vídeos del orador y experto en tecnologías Santiago Bilinkis que son muy entretenidos y que te dejan pensando. En general siento que acierta con lo que dice, pero uno me dejó tecleando y con el correr de los días confirmé que estaba equivocado, o que al menos su enunciado hay que revisarlo. El habla del adormecimiento del cerebro por escuchar siempre la misma música y que no escucha dos veces la misma canción o que su lista de Spotify era siempre de canciones de los últimos dos años. Que eso mantenía el cerebro activo. En un comienzo dije ah mira que interesante. Yo no veo dos veces la misma película, o leo dos veces el mismo libro (salvo con los que laburo) y no me gusta la música retro que alguna vez estuvo de moda.

Pero pienso que Bilinkis la pifia (igual estoy siendo super simplista) en qué una obra que uno ve dos, tres, cincuenta veces no está viendo siempre la misma obra si no que la obra cambia el contexto cambia y uno cambia así sea que la vio más de una vez en el día.

A mí me pasa así. Puedo estar viendo una obra semanas y pasar semanas hasta que se me ocurre algo que decir. A veces hasta ya terminó la muestra y todavía queda reverberando algún pensamiento.

Las prácticas artísticas del litoral viraron hacia un hacer así, conceptual, pero de baja insistencia. No busca lo nuevo, el próximo quilombo, o la próxima irreverencia. Hay una insistencia cordial sobre ciertos temas, sobre ciertos materiales, sobre ciertos vínculos y territorializaciones.

Antonella hace una dos tres veces la misma obra. Variaciones que como el humo placentero que se comparte cuando emerge de pipas sahumadores vasijas y candelabros. Porque en la práctica artística, la repetición es reflexión, reacción, afirmación.

Su obra vibra hacia una pasado o una tradición compartida y se proyecta en la disposición de los objetos sobre una tela brillante hacia el futuro. Habría en la puesta algo de dimensión paralela, o descocada, ¿Por qué una pasarela? Tocados por una varita mágica las piezas o un humo directo en la cara, desfilan, danzan, hacen reverencia, posan, comparten, compiten, trastabillan, se tropiezan. Una, dos, tres, cincuenta veces.


Sobre Humo placer, de Antonela ¨Peretti, en La Josefa, Santa Fe. Curaduría La dealer. Agosto 2025

viernes, 29 de agosto de 2025

Un cuerpo que reclama


Hay una estrella que no existe más. Viaja hacia nosotros desde millones kilómetros a la velocidad luz. Entra por nuestras pupilas. Miramos el cielo nocturno y ahí está. Le pedimos deseos, tal vez uno, al pasar, el primero que se nos ocurre, o esos que nunca se concretarán. Le tomamos la mano a la persona que amamos, o posamos nuestra cabeza en su antebrazo, nos cubrimos del frío, esperamos un colectivo que nunca llega. La estrella que ya no existe nos hace compañía.


Así el reflejo en una vidriera de una tienda, reconstruye nuestras siluetas.”Están tus cosas, pero tú no estás”, dice la canción, la crueldad de la vidriera y del cartel, de la ñata contra el vidrio. A la fiesta de los objetos a la que no fuimos invitados la vamos a exorcizar. La vamos a apropiar y convertir en otra cosa. Metidos entre ornamentos y jarrones, vestidos de mozos, vamos a robar unos moños y una servilleta en la manga, nos vamos a colar.

Cuando anhelamos, deseamos que algo suceda en un futuro, puede ser cercano, o lejano. Su diferencia con la nostalgia es que esta refiere a una añoranza por experiencias pasadas, donde se nos presenta emociones como alegrías o tristeza. Pero en algún punto nostalgia y anhelo se unen. Podemos anhelar aquello que nunca querríamos? Podemos añorar aquello que nunca sucedió?

Por eso jugamos, vamos y posamos, imitamos al maniquí que calza las zapatillas de novedad, nos ponemos trajes de boda que nunca usaremos, subimos a autos con familias que nunca tendremos, paseamos cachorritos que no criaremos, y apoyamos tazas sobre mesadas de mármol en hogares con superficies que difícilmente en nuestra cocina de entrará.

En la pintura de María Emilia Hendreich el reflejo de un cuerpo, es un cuerpo que reclama. Una espacialidad, una temporalidad, un reconocimiento, una observación, una materialidad, una propiedad, una insistencia, una reconciliación, un entendimiento.

Somos nosotros las estrellas que ves y que no existen más. La distorsión, la mueca por la mitad, la presencia inconclusa, la reflexión infinita del doble espejo paralelo en el ascensor, que nos lleva al fin, a una parte de nosotros mismos.


----- Sobre Lo que brilla antes de desaparecer de María Emilia Hendreich, en Núcleo Contemporáneo. Agosto 2025. Santa Fe

domingo, 6 de julio de 2025

El viento se levanta

En un mundo que se nos presenta lleno de opciones, contrariamente, se sucede la monotonía cotidiana, el ir y venir de un punto al otro, de geografías e itinerarios estables, trayectos y movimientos domesticados. Cada día cuantificado, geolocalizado, zombificado. La artista va en búsqueda de aquello que todavía escapa a ese control: las hojas que caen de los árboles, los retazos de tela que el viento amontona. Son siluetas de pájaros, de cáscaras de mandarina, de ramitas. Puede ser que esté inventando, son pequeñas y sutiles, lo que no permite una iconografía exacta. Desconocemos el color inicial tanto de las hojas como de las telas, no hay rastros previos de si eran nuevas o viejas. Lo mismo con las hojas, ¿son evidentemente desecho? ¿no habrán sido cortadas para la ocasión? ¿En qué momento se establece el pacto de confianza entre autor y público?

María Elena Machuca crea un juego surreal impregnándolas con cenizas de una quema de basura. No es la ceniza gris de la madera al quemarse, sino la que en el aire desprende sustancias tóxicas y metales pesados. La ceniza negra de los cables que se pelan para extraerles el cobre, o la ceniza negra de cubiertas quemadas en el medio de la calle.
Ceniza que podría ir al agua, o a la comida, o seguir en el aire, ahora se detiene. María Elena la amucha y la machaca en un mortero, la matiza, suaviza, acaricia. Le otorga homogeneidad y consistencia. Lo que es desecho se volvió materia prima. Encola las hojas y retazos de tela, espolvorea y sacude. Impregna, seca, monta e ilumina. Algo a la vista super simple. La artista, en sus palabras, interfirió en el devenir natural de esas materialidades.

Este proceso, de acciones tras acciones, se enmarca no casualmente en Una visita extraordinaria, curaduría de Raquel Minetti, donde desde su Programa doméstico (ciclo de encuentros de pensamiento y producción de obra) pone énfasis en el hacer. Su texto curatorial está poblado de verbos: ejercitar, explorar, demorar, descubrir, grabar, recuperar, raspar, crear, inventar, buscar, y la lista sigue.

Una vez secas las formas, que fraguaron, con el negro concentrado, se presentan en la pared reunidas coreograficamente. como si siguieran una musicalidad del viento, como un silbido, o susurro. Entra en escena aquí la contraforma, un espacio negativo abierto, que cuela el blanco entre las siluetas negras. Hago con el dedo y con la nariz un recorrido. Me dejo llevar por el recorrido que se forma en los vacíos. Muevo el cuello y los ojos. Las formas no se rozan entre sí, mantienen siempre una distancia, a veces mínima, a veces mayor, siempre vacilante.

Por último, con el titulo Antes de que te disperse el viento la artista pareciera ya no dirigirse a los objetos que ella contiene en su obra sino a cada uno de nosotrxs. Que es eso inconcluso que enuncia? faltaría una acción, un remate, una concreción. Hay algo que no termina de decirse. Y eso, para seguir haciendo y pensando, para mí, es super saludable. 


lunes, 31 de marzo de 2025

Entre


El pequeño mundo del arte entrerriano está hecho de bienvenidas, ausencias, despedidas, pertenencias, entramados. Proyectos individuales, proyectos colectivos, encuentros fortuitos, premeditados, temporarios, eternos, afectivos, convenientes y etcétera. Así entre poquitos, entre poquitxs actorxs, en la dimensión que a cada uno corresponda, ahí están.

Mariela Herrera refiere que su producción está en tránsito, que va de lugar en lugar, de ser foránea, que al arribar a determinado lugar ya se está proyectando a otro sitio. Sin esquivarle al planteo inicial, ¿Cuál es el lugar en el que se inscribe, en ese pequeño mundo llamado arte entrerriano, la obra de Mariela? ¿Puedo leer su declaración de intenciones, también, como respuesta?

Tal vez, si. Porque, en su ubicuidad (transhumancia en sus palabras), Mariela supo construir un recorrido que pasa por la escritura, la docencia, la producción textil, la práctica colectiva, y otras actividades varias que hacen a un quehacer. Un quehacer que resulta, como dice Andrea Cavagnaro, alegre, vivaz y audaz.

En esta muestra que presenta obras textiles realizadas desde 2023 en adelante, denominada Constelación, propone una relación visual y táctil con las piezas. hecha de texturas y tiempos en miniatura.

Hay en los cielos millones de estrellas a millones de kilómetros de distancia. Y hay un punto de vista con el que desde aquí las ordenamos. Les decimos Orión, Osa mayor, Andromeda, Escorpio. Establecemos puntos, les generamos un encuentro, imaginamos una línea, un “entre”.

Cuando entré a la sala del GAP dos imágenes en mi cabeza se hicieron presentes. Una es la de los cortes encefálicos, las imágenes de tomografía, de resonancia magnética. Por otro lado, las imágenes endoscópicas, de jugos gástricos. biliares, pancreáticas. Hoy proliferan las generadas por IA donde cerebros parecen árboles, ramificaciones, luminosidades de colores sobre fondos infinitos, cerebros astrales. El estómago, en tanto lugar de tránsito, autónomo segundo cerebro intestinal capaz de producir emociones e información que interviene en nuestra conducta, establece conexiones neuronales con el otro cerebro en ambas direcciones. Se habla también del teléfono celular como un tercer cerebro, o apéndice, indisociable de nuestro cuerpo, pero quedará para otra ocasión.

Mariela entonces, va desde lo astral en tanto universo hecho de pasajes y materiales diversos a lo (que yo sumaría) cerebro-intestinal en cuanto a que vemos y como vemos y sentimos y en un salto ornamental nos ayuda a repensar cómo se orquesta el entramado de las artes en la provincia.



Mariela Herrera muestra "Constelación" en Gap 18 Alameda de la Federación 355. Abril 2025

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Caminar

 


Hay una anécdota que me contó Kevin de una lectura que hizo en su taller en donde dos de sus asistentas, ante la emoción frente a lo leído o compartido, comenzaron a girar como trompos en el piso. Lo que sentimos no se manifiesta solo en el rostro sino que nos atraviesa el cuerpo, y el cuerpo como tal actúa.

¿Cómo se llama eso, cuando un musicx está tocando, de imitar el movimiento de las manos sobre un piano imaginario, o el golpe de palillos invisibles de una batería, o el rasgueo en el aire de una guitarra eléctrica? no se si tiene un nombre.
A mi me pasa con ciertas pinturas que bailo con las manos frente a ella como si yo tuviera el pincel. Hago tic tic tac, una pincelada aquí, otra pincelada allá, a veces largas, a veces cortas. Como si quisiera reproducir una verdad que se me develara solo en el acto de simular pintar.

El día de la inauguración de Horizontes fluviales, me crucé con Seba Operto. Le pregunté dónde estaba parando (él vive en Rosario) durante esos días en Paraná. Me dijo que en calle Misiones y Nogoyá y que había ido desde ahí hasta La portland caminando.
Quienes conocen Paraná saben que es, para la escala de la ciudad, una distancia relativamente larga. y que para llegar desde ahí hasta Bajada Grande, donde está ubicada la galería, es un buen trecho, y hay que atravesar un barrio popular tranquilo, aunque algo inseguro.
De por sí, no significa nada. pero hay algo en la gente que camina que me atrae y pienso en seba yendo a su propia inauguración caminando un trayecto de no menos de 50 minutos, pasando por el parque Urquiza, la costanera, el río, Puerto viejo, la arenera, luego el atracadero de la balsa, y así varias estaciones, cada una con sus particularidades.
Hay una cita de Thoreau donde menciona el término “Sauntering (deambular) que proviene de la persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna con el pretexto de encaminarse a la Sainte Terre, a Tierra Santa: de tanto oírlo , los niños gritaban: “va a Sainte Terre”: de ahí, saunterer, peregrino. (...) cada caminata es una especie de cruzada que algún ermitaño predica en nuestro interior para que nos pongamos en marcha y reconquistemos de las manos de los infieles esta Tierra santa”.
Esa paciencia del que se desplaza en soledad se manifiesta en las cuatro obras pequeñas que presentó. Paisajes calvos, de fondos planos, de siluetas lentas, algunos objetos reconocibles, algunos de tintes esotéricos. Una medialuna, un anzuelo, una columna dórica, los rayos de un sol, poquitas nubes, vegetación insinuada, estrellas en la noche, olas amarronadas, asperezas de un palo borracho.

Parece una pintura sosegada, de baja insistencia, pensadas para que al transitarlas generen un suave cosquilleo, que vistas al ritmo del caminar se queden grabadas junto al paisaje costero.



domingo, 1 de diciembre de 2024

Nada lograré solo con el poder de mi mente




Más se nos pide que soltemos, más… nada se va.

Bueno, no tiene por qué irse nada ni quedarse nada, pero en este momento donde se les dice a los zurdos que van a tener que correr, donde el presidente dice que quiere poner el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro, pareciera que la impronta fuese esa (“afuera!”).
Una visión que pasa desde la violencia a la analgesia donde el pasado o lo que nos pasa con el pasado fuese algo con lo que no cargar, o al menos no mirar de frente.

Recordar significa volver a pasar por el corazón. Añorar es recordar con tristeza, no saber donde algo está. La nostalgia es un regreso doloroso. Anhelo es un deseo de que las cosas sean de determinada manera en un futuro. La memoria es eso que compartimos

Ahora bien, cuáles otras dimensiones abarcan estos términos. Valentina los desplaza desde lo íntimo lo social o cultural a la naturaleza. Los bananos del patio de Casa Banano. A contrapelo del “Soñar en grande”, Valentina busca refugio en un ejercicio íntimo: desde el recuerdo desafía la simultaneidad. Cuánto margen de tiempo debe pasar entre que alo suceda a que haya sucedido? Al caer la tarde, cuando los rayos del sol están mas cerca del horizonte, la luz se dispersa. En esas horas, durante dos días, la artista va y viene dejando un surco. Surco que dejará también la tinta azul de la birome sobre el papel.
Ya no es una representación en la naturaleza a la manera impresionista sino en tránsito. Es un llevar y traer, un esfuerzo en lo físico de la acción. No solo en las 14 caminatas entre la habitación del segundo piso hasta el patio de la casa, sino también suma el esfuerzo físico de recordar y dibujar.

Los bananos, ejercitando el animismo: Qué ven, que escuchan, cómo resuenan en ellos las presencias que los visitan de vez en cuando? ¿Qué se llevan y que se traen de ese vínculo entre especies? Deben de seguro ponerse coquetos para el retrato, reordenar sus verdes para que el sol los luzca, incomodarse con las babosas y el ruido del microcentro paranaense, la cercanía a la casa de gobierno. A la vez, se divierten con la cosquilla que le producen los gatos que habitan la casa y se dejan llevar por las fragancias que traen los jóvenes que al escaparse de la escuela saltan tapiales para fumar, reír y desnudarse junto a ellos.Visto así, dibujar bananos es dibujar “con” los bananos, generar reciprocidades. Los dibujos de Valentina son pequeñitos, de estuche, de un breve lapso. Para que en su hacer no se escapen del recuerdo, para que a la noche cuando cerremos los ojos vuelvan a aparecernos en sueños.

---Ejercicio sobre el recuerdo de Casa Banano, de Valentina Bolcatto en Casa Banano. Noviembre 2024. Fotografía de @miroalverte


martes, 24 de septiembre de 2024

El todo y las partes

La muestra de Ekaterina se presenta como una máquina donde la pintura es uno de sus engranajes a la vista.

Siguiendo la metáfora fabril de la división del trabajo, los integrantes de determinado proceso de producción no podrían dar cuenta y desconocen de manera individual por completo todo el proceso. Así, en esa fragmentación, el herrero desconoce lo que hará la agencia de marketing y la agencia de marketing lo que hizo el diseñador industrial en su tablero, o a donde fugara totocaputeanamente el empresario los ingresos que se generen.

¿Qué le sucede a quien se atreviera a domesticar una orilla? Pues se vería en similares situaciones. Una orilla como totalidad difícilmente pueda vivirse sentirse habitar moldear o domesticar como un todo cuantificable. Sin embargo, y aquí el desafío que se propone Ekaterina es el de ir hacia una posible totalidad, así sea parcial y temporaria. Para tal fin suma a su proyecto a estudiantes universitarios, científicos, instituciones de fomento cultural, músicos y performers, malacólogos, becarios y al público en general que se acerca a la inauguración con una lata de cerveza en mano.

Ekaterina pinta sobre grandes lienzos con un verde flúo paisajes de las orillas del río Negro de Uruguay. Para recorrer la muestra es necesario entrar por la ochava de la sala y se produce un efecto inmersivo donde si vamos con los brazos estirados podemos ir rozando un lienzo con el otro. Colgadas del techo, sin tensar y a modo de pequeño paseo en miniatura, algo van develando desde su belleza y brutalidad. La orilla que representa, peligra. La muestra reclama a todos, partícipes y espectadores, un tiempo. De detenimiento y de acción a la vez. ¿Qué sucede con el tiempo presente, de urgencias, de deforestación, donde las islas del sur entrerriano se queman, donde el gobierno nacional reduce el presupuesto en políticas medioambientales?
Pues me animaré a decir que a las orillas ya las están, también parcial y temporalmente, domesticando.
Reformulo la pregunta desafiante que da título a la muestra: ¿Qué hacer con quien se atreva a domesticar una orilla?

---Sobre ¿Quién se atreve a domesticar una orilla? de Ekaterina Gelroth, curada Lucía Stubrin. Casa de la Cultura de Entre Ríos. Septiembre 2024

lunes, 16 de septiembre de 2024

El mundo es bello antes de ser verdadero

Agustina Maurice

Me vi buscando frenéticamente información sobre camuflajes, sobre si su uso es para pasar desapercibidos, o para parecernos a otra cosa, sobre la mimesis en animales y plantas, sobre camuflaje auditivo y olfativo, sobre el aposematismo, sobre el camuflaje ghillie del ejército argentino, sobre el Quantum Stealth y otras cosas varias.

Es que me dejé llevar. Nada me atrae más que tener algo a lo que aferrarme, así sea desde la incertidumbre. Tener un tema y sumergirme en ese tema sobre el que desconozco, y decir ¡Ésta es la llave!

Por un momento pensé que podía ser eso del camuflaje, es más: le pedí a un emisario que me averigüe qué pinceles usa la artista, porque hay algo en la pincelada y en la forma del pincel que permite ese efecto, de indefinición y redondeces en las formas.

Pero a veces esa llave de lo que podría ser una puerta de entrada o de salida, termina llevándome a un laberinto, y después de ese laberinto otro, y así.

En las obras de Agustina Maurice, el padre al cual se menciona en el corazón del texto curatorial, y que me cuenta el guía mientras recorremos la sala del museo: ¿Está camuflado o no está directamente?
En líneas generales, uno diría que no está salvo en la obra central, representado. Y tampoco está, siguiendo la idea de “Esto no es una pipa” de Magritte, ya que al fin y al cabo es pintura sobre papel, Pero para que algo “esté”: ¿Es necesario que se manifieste a nuestros sentidos? ¿No está ahí, en la manera en que hago las milanesas, mi abuela?
En la medida que la artista reanuda desde el presente su vínculo con el pasado, propone una manera de pensar ese pasado hacia el futuro. Reanudar, coser, remendar. Vivimos en un presente donde “soltar” sería un mérito y “sanar” un imperativo, donde “dejar el pasado atrás” y “no detenernos” sería lo deseable, donde el vocero presidencial dice “fin” y cierra con un punto y aparte sus comunicados en Twitter, cancelando toda discusión y disidencia, donde se nos entusiasma a rodearnos de quienes compartan nuestras “metas y objetivos”, que “trabajemos por nuestros sueños” porque “nadie lo hará por nosotros”.

Agustina va en la dirección opuesta, insiste, no quiere soltar nada ni ponerle fin, su objetivo es difuso y se va a detener todo lo que sea necesario. Vuelve una y otra vez, contra todo silenciamiento, hacia su propia historia que por tan íntima se vuelve compartida. Es que ahí veo también mi costado de la cama vacío, la foto familiar con la rompiente de ola y el faro, la crema bronceadora para el sol del balneario municipal, el cajón a medio cerrar.

Agustina no reflexiona sobre la muerte en general, sino sobre un muerto en particular; un muerto que se quitaba los zapatos antes de entrar a su casa, que cocinaba, que fumaba. Todas las metáforas sobre el transcurrir del tiempo, sobre el soñar, sobre la noche, sobre el agua en Agustina están presentes desde una singularidad. Es que siempre es una cuestión de tono. Se trata de rodeos. En un ejercicio de anamnesis, Agustina no sólo recuerda y reconstruye quiénes y cómo fueron sino quiénes y cómo podrían haber sido.
Cuenta con la potencia del después. La distancia le permite la insistencia.

Agustina Maurice

----Sobre El mundo es bello antes de ser verdadero, de Agustina Maurice en el Museo Sor Josefa de Santa Fe Díaz y Clucellas. Septiembre 2023

viernes, 12 de julio de 2024

Rota y en pie




Hay algo en la escala, en la gradación, en la miniatura, que nos maravilla. En que para manipular algo sean suficientes nuestras manos. En que de un solo golpe de vista sea posible hacernos de una totalidad antes que de sus partes.

En una tarea más próxima a la de un titiritero, Ángeles Rivero juega con las muñecas de la muestra “Rota y en pie”. Juega con ellas, pero a sus espaldas. No se ven entre sí a los ojos. Se comunican sí, pero no con la comunicación que desde la norma se nos impuso.
Ella va y viene desde la invisibilidad a la performance. Juega al anonimato, NN, ningún nombre, o desconozco el nombre. Me encanta esa definición, no es lo mismo no conocer que no tener. Sigue un linaje muy delgado hacia Emily Dickinson en su poema “Yo no soy Nadie! ¿Quién eres tú? / ¿Tampoco eres Nadie tú? / Ya somos dos - ¡Pero no lo digas! ¡Qué tedioso ser Alguien!”

Las muñecas sí son “Alguien”, Ángeles las llama minitas, un “alguien” colectivo y al menos en los videos que componen la serie, son mudas. ¿Nunca hablaron, o por algún motivo perdieron el habla? ¿Su silencio es temporal? Además de darles nombre y movimiento, ¿Podrá Ángeles darles voz?

El silencio puede ser selectivo, limitado a ciertos lugares. Algunos como yo, cuando estamos frente a una cámara y nos apunta, hacemos silencio.
—Courtney está en la playa, intuyo que hace frío, pero ella luce desabrigada, con botas rosa, tanga celeste y capita Sailor Moon. Dobla una pierna, la otra, se arrodilla, se frota, cae, reza, da unos pasos, y se desarma. ¿Está entrando en calor? En los segundos finales, Ángeles flexiona las rodillas de Courtney con fuerza e insistencia hasta que se ve el interior de cartón encolado de la muñeca.

—Martirio está maquillada y sus brazos son largos. Tiene de fondo un gimnasio y ella está próxima a una escalera. A diferencia de Courtney, esta vez Ángeles acompaña los movimientos de Martirio. Parecen ya, casi, una sola. En el minuto 1:41 algo sucede, su brazo que estaba ya caído y su sombrero, vuelven a su lugar.

La melancolía es silenciosa, el estupor produce silencio. El silencio puede ser fruto de un trastorno, no todo silencio es voluntario. A quienes tienen problemas de sueño o apneas se les aconseja cerrar los ojos y escuchar su propia respiración, en silencio.

—Rita es físicamente más grotesca que Martirio. Está también al aire libre como todas y sus movimientos son más bien de contorsión. Flota en el aire sobre los brazos de Ángeles. No toca nunca el suelo. En cierto momento se le desprende una ¿pierna?


La melancolía es una tristeza vaga y profunda e insistente. Pienso qué vínculo puede haber con el nombre de la muestra: “Rota y en pie”.

—Matilde a diferencia de Rita, Courtney y Martirio se para sola. Con algo de ayuda, pero sola. Una de las maneras de aprender es imitando. Da unos pasos, mueve sus manos, titubea, y se mantiene en pie.

En la afirmación de los nombres y los estados de los cuerpos (rotos y en pie), estaría también su disolución: “Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. Yo es otro,” dice Rimbaud en “Cartas al vidente”.

Si entendemos al mundo como un teatro, y que la vida es sueño, las minitas representan su papel de sueños dulces y pesadillas. Nos darán consuelo, llenarán un vacío, iluminarán nuestras labores diurnas, bailaremos con ellas en palacios de cristal y pediremos su mano. Aunque también quebrarán nuestros huesos con sus dedos, las nombraremos inconscientemente en estados febriles y nos serán indiferentes llegado el caso.
Ángeles las nombra como “objetos antropomórficos”, yo prefiero decirles muñecas. Y las muñecas tal vez, aunque rotas, nos sobrevivan. Nuestro transcurrir en el tiempo con ellas no se limita al aquí y ahora. Leí que el cartón se desintegra en un año, y que conservado correctamente puede durar un montón. Ojalá en un futuro alguien con el don de la magia (o la ilusión, que para el arte no necesitamos mucho más que eso) las saque de su vida interior, reviva sus colores, enmiende su articulaciones y las vuelva a poner en movimiento.

-----Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” muestras “Rota y en pie" de Angeles Rivero. San Martin 2068. Santa Fe. 2024

sábado, 9 de diciembre de 2023

El mar adentro de un caracol


“Demasiada comunicación en un gesto, sin una conversación o noción” dice Bryan Ferry en Avalon, canción que da también título al disco de Roxy Music de 1982. Un romance y una despedida. El fin de la fiesta como el fin de una época. Es 17 de noviembre de 2023. Dos días después se dará el ballotage más extraño que haya vivido. Me aferro a los susurros y a lo pequeño. Abro la cancela, golpeo la puerta, miro hacia arriba y saludo a Flor. Subo las escaleras de UV Santa Fe por primera vez. Primero, un descanso, a la derecha una habitación de estudio, al medio y hacia la izquierda la cocina. Al final del pasillo, por pequeños agujeros que hacen de cortina, se insinúa la muestra. La corro y entro. La luz roja intensa produce una monocromía sobre las obras que como orillas, se abisman. Avalon, lugar mítico dónde descansa Arturo al cuidado del hada Morgana. También conocida como Islas de las manzanas. Manzanas rojas como la luz de la sala. Cálida como el deseo y el erotismo. Gélida como la inquietante distancia. Un póster de un personaje andrógino que parecería de peluquería, o tintura para el pelo, con incrustaciones y aire cyberpunk. La descarga de Gost in The Shell en una web diseñada a fines de los 90. Una madera ensamblada con hierro y al final la fibra de vidrio de un pie de maniquí, o algo así. Todo esto lo sugiere el tacto. La materialidad es apariencia, los ojos no dan precisiones. Hay una clave, la posibilidad de tocar. Se sabe tocando. Y se escucha. Hay música en la sala. O algo como un sonido. El sonido que percibimos desde el vientre materno. El primer contacto que tuve con el mundo fue tocando y oyendo.

Me gusta pensar desde aquí, bah no podría hacerlo desde otro lugar. Me siento entre libros y al azar en un catálogo de museo una frase de Nicolás bourriaud que dice algo así como “los artistas actuales tienen la tarea de..” y automáticamente dejo de leer. En realidad sigo leyendo, pero me bloqueo y me pongo a la defensiva. Con que cara podría decir alguien en voz alta cual es la tarea de un artista? Por más loable y noble que sea esa tarea. No quiero para ningún artista una tarea, una misión, un objetivo. Quien quiera tenerlos que los tenga.

Y aquí vuelvo. Hay un tocadiscos que no suena, con cochas marinas piedras y hueso calcinado. Hay un cactus bebé saliendo de un enchufe. Hay un talismán y un aro de cobre. Hay una segunda cortina, además de la primera pero esta vez ciega, sin transparencia y con signos rituales. Encuentros frágiles. Con leves puntos de apoyo, agarrados de alfileres o sujetos a la ley de gravedad.

Las cosas ya no se ven. Se tocan, huelen, vibran y resuenan.


El domingo post ballotage, ya cuando cayó el sol y sube la melancolía, leo a Kevin Jones “Voy a subrayar e insistir. No tengo ganas de verme con nadie en la calle ni de que acá comience ninguna resistencia. Tampoco de que me digan que no me rinda. No quiero entrar en ese nadie de la frase acá no se rinde nadie.

Quiero estar fuera de acá, al borde de nadie, fuera del no. Quiero ver qué hay ahí, si algo diferente o extraño al vacío que resuena en aquellas frases. Incluso si fuera más vacío, quiero saber cómo es la duplicación del vacío, qué hay cuando no hay, cómo se sale de acá, como se es por abajo de nadie”

Carlos Bugnon, en UV Estudios. Noviembre 2023. Santa Fe

domingo, 29 de octubre de 2023

Porque tienes que bailar, este pasito tun tun



Una buena cumbia para mí es la que dice “Que me den un beso / que me den un beso / que me den un beso / pasito tun tun” ¡Qué hermosura! yo también quiero un beso en la noche, yo también quiero entrar a una muestra motivado como con las palabras de Leo Messi a su equipo en la final de la Copa América: “no existen las casualidades muchachas, saben qué? esta copa se tendría que haber jugado en argentina y dios la trajo acá, dios la trajo acá para que la levantemos en el Maracaná muchachos para que sea más lindo para todos así que salgamos confiados y tranquilos que esta la llevamos para casa.”
Con esa actitud me gusta ir a una muestra, es super mentira lo de que es gente estirada tomando champagne o vino en vasos de plástico. Va en cada uno igual. Yo por mi parte me lo tomo así, me excito, me compro cervezas que escondo en los bolsillos de la campera o de las bermudas cargo.
Y más cuando es gente amiga! y más cuando es Una buena cumbia!
“Porque tienes que bailar este pasito tun tun” Pero que labios besar? viene a mí a partir de la última palabra del texto curatorial de la muestra firmado por Valentina Bolcatto y Victoria Ruiz Diaz: revolución.
En Les Levres Nues, de 1956 se publica “Métodos de tergiversación” firmado por Guy Debord y Gil J. Wolman. En el mismo detallan “Toda la gente avisada de nuestra época está de acuerdo en que el arte ya no puede justificarse como una actividad superior, ni tampoco como una actividad de compensación a la que uno puede entregarse honorablemente. La causa de este deterioro es claramente la emergencia de fuerzas productivas que precisan otras relaciones de producción y una nueva práctica de vida.” para luego mencionar un metagrafo que trata sobre la Guerra Civil Española, la frase con el sentido más claramente revolucionario es el fragmento de un anuncio de pintalabios: 'Los labios rojos son bonitos. Esos labios quiero para mí. Todo esto para decir que… podría pensarse un situacionismo XXI fluvial?
La cumbia y la muestra, lugar de tergiversación y desvío, de geografías psíquicas, donde los recorridos no estén pautados sino dispuestas para su experimentación y vagabundeo.
“Todos están bailando, todos están gozando, pasito tun tun” bajo las escaleras de La portland y me recibe un cartel que dice APRECIO POPULAR, y ahí van los primeros juegos de palabras, los primeros dobleces, doblo a la derecha y me ilumina otro pasacalle que dice cual declaración de principios SER NADIE TAMBIEN ES SER LIBRE. En Una buena cumbia las identidades y autorías se disuelven, nada es de nadie y todo es de todxs. La disposición de las piezas así lo manifiestan. Obras reunidas cual altar rutero, obras reunidas cual tendal de feria. Calzones con estampas, remeras alteradas, bolsos de compras que dicen GRACIAS POR SU COMPRA, canoas fileteadas, carrozas acuáticas. y debajo, debajo sale olor a choripán de la parrilla.
En Los conductos, película del colombiano Camilo Restrepo, un joven outsider trabaja estampando con serigrafía primeras marcas en toallas y grandes telas de dudosa procedencia. El sistema me sorprende por lo aceitado, implacable e inclaudicable. Forma y ritmo. Una voz en off que narra una disociación entre presente pasado y futuro, entre el aquí y allá, entre conciencia y desvarío.
Una buena cumbia, produjo en mí algo similar a Los conductos, ¿Cómo son los procesos de producción de obras de autorías colectivas, y de autorías expandidas? Pues no tengo la respuesta, ni espero tenerla. Suena el tun tun del pasito tun tun, y quiero que me den un beso, ¡un beso tun tun!

--Una buena cumbia. de Cesar Bernardi y Mantera Galería, con curaduría de Victoria Ruíz Díaz y Valentina Bolcatto en La Portland. Paraná, Octubre 2023

domingo, 30 de julio de 2023

Tu cuello huele delator


Las cinco obras de Amanda Tejo Viviani que conforman “La trenza” su muestra en Púrpura Galería de la ciudad de Santa Fe están montadas en círculo colgando con tanzas desde el techo en el centro de la sala, mirando hacia afuera. Pueden verse así, cada una de un tamaño diferente, como un todo escultórico, rodear el diámetro de aproximadamente 3 metros que posee. Las obras se dan la espalda entre sí, y por los espacios entre unas y otras podemos ver los dorsos, las varillas del bastidor, el lienzo blanco. Es un pentágono, compuesto de lados pero sin vértices, que no hacen esquinas.

La disposición nos permite ver también, si hay alguien más del otro lado, podemos ver sus pies, sus piernas, es como una danza de arremolinar el agua, o un tornado. Un carrousel en el cual, entre obra y obra, se puede filtrar una mirada. Fijar los ojos, entre los ojos de los rostros que aparecen en las obras, en los de alguien más que puede estar ahí.

Me pregunto quiénes son lxs retratadxs. Hay un aire de nostalgia, mezcla de pasado y presente, son Maya Hawke y Graciela Dufau, son Liv Ullmann y Tita Merello, son Gena Rowlands y Graciela Borges. La lista podría seguir, un plano medio de personas que fuman y esperan con collares de perlas, peinados a lo garzón, o con corte bob o mullet de colores, ropa holgada, delineador de cejas, hand pokes, piercing y labial raven. Busco a la artista en google y me percato, relacionándolas con otras piezas, que lxs personajes que forman parte de las obras de La trenza están con la boca cerrada. Son como telepatas, Charles Xaviers insomnes de frondosas cabelleras.

Le pido a César director junto a Lali Martínez imágenes de las obras y de la sala para refrescar la memoria. Los archivos que me manda por mail tienen nombres llamativos. No se si son los nombres de las obras, o las maneras de nombrar los jpg: “lafuga” (así todo junto), “la insoportable”, “sin título”, “mirando mil muertes frente a mi”, “todo lo q ella me dijo”. Celebro eso, la incertidumbre sobre lo que se ve, la anti PDFización de las muestra, de la anti statementización de las trayectorias, la deshomogeneización de los modelos expositivos.

Las escenas nocturnas de las obras, la luz escasa que ilumina los rostros me recuerdan el refrán que dice “de noche todos los gatos son pardos”. La trenza comienza a moverse sobre si, estamos a merced del engaño y por él nos dejamos llevar. Miradas speed, que en la superficie de las pinturas montadas a la altura de los ojos, producen un efecto hipnótico. “No hay banda, y sin embargo hay una banda”, el mismo telón que se abre en Mullhonad Drive de David Lynch. Se desatan tormentas en los sueños y los telones se desvelan. Instancias de pasajes de unos mundos a otros, en un tiempo ausente. La extrañeza de una cinta que suena al revés. La máquina de humo. El éxtasis de aferrarse a una butaca. Un tatuaje de lágrima que cae por la mejilla El relato no lineal que se desdibuja: es aquí mismo, pero diferente.

"La trenza” exposición de Amanda Tejo Viviani en Púrpura Galería Irigoyen Freire 2264. Santa Fe Capital. Muestra en colaboración con NN Galería de arte. Junio 2023

Texto publicado en Revista Jennifer