miércoles, 26 de enero de 2022

Polvo que se junta sobre la mesa

Escribo mientras caliento el pan con el que voy a desayunar. Desayuno mientras miro el teléfono. Miro el teléfono mientras pienso donde conseguir alguien que arregle el ventilador de techo.


Lo cotidiano se ha vuelto un tiempo de haceres dobles, triples. También de momentos simples. Se puede dibujar y hacer muchas cosas más. Conversar con quien amamos, alzar al gato en nuestra falda, prepararnos un mate.

Entre estirar el tiempo y fragmentarlo. Habría una aparente contradicción ahí pero no es así. Intentamos fijar en la memoria lo que nos rodea pero se nos escapa como cuando abrimos mal un paquete de polenta y lo dejamos mal guardado en la alacena. La próxima vez que la utilicemos será un desastre.


¿Cómo se manifiesta el paso del tiempo al que alude Fede? En la luz, el polvo que se junta sobre la mesa o sobre el pinguinito que funciona de maceta, en la tinta al secarse. Soy de pasar el dedo sobre la biblioteca y hasta siento cierto placer al ver como esa pátina se pega al pasar un dedo.
¿Cómo se manifiesta lo cotidiano? En la performatividad del dibujo y su escala doméstica, en el pequeño formato de sus obras. Se dibuja mientras se piensa. El pensamiento se manifiesta al dibujar.

Volver a la luz, no como artificio plástico, o como virtuosismo del artista, en la que cual mago hace algo visible desde su torre de cristal. Sino una luz física, sobre cuerpos, sobre objetos, sobre espacios. Fede trae a Veermer al siglo XXI.

Dibujar para él sería el grupo de whatsapp consigo mismo.

Nada de lo que se ve sucede a más de un metro de distancia. Si estiro mucho el brazo llego a tocar la copa de vino que está sobre la mesada. y hacia el otro lado cierro la cortina que da al balcón. ¿Hay un montaje interno en lo que se retrata? ¿Se puede extender el retrato a una manguera o la bacha de cocina?.

Una pared de fondo, una ventana entreabierta. ¿Qué hay más allá de eso, del otro lado?,¿Y a su espalda? ¿Será que Fede dibuja desde donde se mira? ¿ El punto de vista se construye se simula se monta?

La posición del cuerpo a dibujar, la vista hacia abajo, caminar mirando los pies. Me recuerdo caminando por calle Misiones y encontré una colección de diapositivas de una familia que nunca conocí. Hay algo en la flexión del cuello, en la garganta, la flexión del codo, el movimiento del ojo, levantar la vista y encandilarse.



Sobre Lo cotidiano. de Fede Main. 2021.

sábado, 29 de mayo de 2021

Gota de lluvia baja y forma un río


Hay una obra de Valentina Bolcatto en la que está sobre lo que parece un techo de chapas, en una tarde de sol y se pone barro en las piernas, y se quita barro de las piernas de una pequeña montañita que se arma a su lado. Un aparente vaivén o tiempo detenido. Ella está descalza, de pollera y solo se ve de su cintura para abajo, las piernas descubiertas.

La historia del arte entrerrianx está hecha de oralidad, de confusiones, de marchas y contramarchas. La obra que menciono es un video. ¿Tenía audio? ¿El audio era de sonido ambiente o de ella o alguien leyendo un poema? Era un video en loop sin principio ni fin? Siento que estoy a la velocidad de la luz y viendo la vida al revés.

Le pido a Valentina que me mande un video performance que vi de ella hace también mucho tiempo, donde colecta gotitas de lluvia también de un techo de chapa con una taza.

Su mente y su brazo funcionan leyendo un algoritmo oculto, una anticipación,  un mecanismo que va del codo al hombro a la mano a la taza a los ojos, a la rotación de la cadera.

La cámara fija detrás de ella, en un plano general, con luz natural de día nublado. 

Qué pasará cuando la taza se llene, o cuando deje de llover. Seguiremos ahí mentalmente.

Lavar, lavar y mojarse. Si no vieron las pinturas de Valentina, tienen algo de eso. Dan lugar a lo velado, la veladura en el centro. De alguna manera su video está hecho de capas y capas, cual veladuras que se ponen en evidencia. Cero hermetismo. 

Hace unos días fui a un taller de imagen en movimiento, y me recordé en casa, desde adentro, desde la ventana de la pieza con una jarrita juntando el agua de la lluvia que caía por las tejas. Esa agua luego me la tomaba porque había leído que el agua de lluvia es dulce. Y era agua fresca pero llena de tierra.

Estamos entonces, pero en espejo, ella desde afuera mojándose la frente mirando hacia arriba capturando gotas, Nosotrxs desde adentro con el buzo arremangado con el vaso.

Allí en la planicie de las imágenes proyectadas sobre paredes, o en notebook sobre la mesa de los talleres habitamos.

La acción de Valentina transcurre en el patio del Museo Provincial. Me pregunto si sabrá distinta el agua que baja por sus techos. Me pregunto por los patios, por las puertas de entradas laterales, por la vez que quedé encerrado en el baño y tuve que trepar y saltar de un cubículo al otro. Pienso en los mundos circundantes, en cómo hay allí muchas otras vivencias que las que se construyen del marco hacia adentro y del pedestal hacia arriba.

Será arte aquello que la tanza resista, parecieran decirnos. Bueno, eso está por verse.


jueves, 13 de mayo de 2021

Te cuento un secreto



¿Cómo se llamaban esos cuadernitos de primera comunión? Pongo las manos así, palma con palma. Pienso, hace mucho que no hago esto, este gesto. Devocionario o misal se llaman. Había un señor, que iba con su cámara, y sabía la postura correcta. Se dedicaba a ir iglesia por iglesia, escuela por escuela. Previo arreglo con padres y madres, nos indicaba pararnos al lado del santo con las manitos así. Y si había que sumar un rosario, la caída del cabello, las orejas despejadas y en el brazo un lazo.

Fundamental la luz. Pero como la iglesia estaba un poco a oscuras el flash la simulaba, y uno miraba al flash como una aparición, como con fervor y las pupilas se dilataban por un segundo.

Porque fui educado por los ojos. Los ojos me enseñaron a pensar y a querer. A buscar un amor verdadero. A hacer silencio. Y también a mis tormentos. La altura te da eso. Me jacto de ver bien. Igual envejezco, entonces hago ejercicios con algún cartel. Cuando voy en la moto de reparto intento ver las numeraciones de las casas. Siempre puedo. Hasta cuándo no lo sé. Con la luz se educan los ojos. A veces los entrecierro, y como una cortinita las pestañas juegan. Cuando tengo que llorar primero lloro con la garganta, luego con la boca, la lengua en el paladar, luego con los ojos.

En mi foto sonrío.

Kevin convoca a Ivo, y con una foto de Noemí Betti durante su primera comunión, ilustra la portada de su último poemario. Noemí tiene los párpados y el entrecejo de Ivo.

Una vez en un taller de Kevin conversamos sobre la luz en las obras del pintor Vermeer, en cómo entran e inundan los espacios. En cómo las cosas suceden a la luz del sol. Hay una foto de él en internet regando una planta, luminoso, mirando la cámara. Porque no sabemos más que sonreír frente a una cámara. Escapamos a las casualidades. Ese naipe que encontré cuando iba cabizbajo por calle Misiones estaba ahí para que fuese vista. Para que la llevara a casa. Para que ese nueve de oro vaya a la caja de fanzines, diapositivas, tarjetas e invitaciones varias. 

Dibujo un bastón estrella de Sakura Card Captors iluminado o la espada del augurio de los Thundercats. Déjame ver más allá de lo evidente, dice León-O. Fui educado para que los ojos le den órdenes a mis manos. Así dibujo yo. A veces no le hacen caso.

Intento ordenar una anécdota. El otro día le llevé un libro. Intercambiamos y él me da Los encantados.

Le pido que me pase un fragmento de En lo visible, en lo cercano. Porque me sentía en deuda de que algo que había escrito me acompañara hacía tanto y yo no se lo dijera. Aquel en que Alicia le dice: “Te cuento un secreto. Yo —señalándose el pecho— también escribo”.

Porque se me quedó grabado, y le digo la página de la derecha arriba, pero no se el número. Kevin me manda una fotito con su celu. Es ésa.

Las cosas suceden para que él las escriba. Y las convierta en poema. O que las diga. Porque su decir es poema. Entonces, ahí está su encanto al señalarse el pecho. Ahí hay un camino que se abre para nosotrxs. Para decir en confidencia: Yo también escribo.



sábado, 10 de abril de 2021

Ruta 14 hacia ChongKing



Ahora que se reavivan debates sobre el arte de los años 90, y que para mi, chico de provincia me fueron y son totalmente ajenos, una frase, escuchada cual teléfono roto de Marcelo Pombo: “Sí, cuando yo dije esa frase en la Fundación Banco Patricios, que a mi solo me interesaba lo que pasaba a un metro a alrededor, el contexto en el que lo dije era que no estaba mirando lo que hacían los artistas en Europa o Estados Unidos, sino lo que hacían mis amigos que eran los que me influenciaban, y yo a ellos. Y ese era mi metro cuadrado.” Así durante 20 años me he dejado llevar por ese metro, metro con el que me comprometo y con el que trabajo, utilizando solo lo que hay en casa, si hay tijeras revistas viejas, televisión local, metro de afectos, lo llamo a F o J, o a R, A, G, les pregunto que están haciendo, metro perfomativo estirar los brazos metro y cuerpo.
Cuando fui a la muestra M2 de Maga Ledesma y @Fer Martínez lo primero que me y les pregunté fue por el nombre. Por lo medible, por lo dimensionable en el tiempo y en el espacio. 
El metro como doble vía, un metro hacia la cabeza y un metro hacia el corazón.
Fernando me cuenta de algunas escenas de Wong Kar Way y como inspiraron los interiores de conventillos y zaguanes que pinta. 
Metro en doble vía, Juan L. Ortiz viaja a China en el 57, de lo cual resulta El junco y la Corriente. al año siguiente 1958 nace Wong Kar Way, en 1997 viaja a la Argentina para filmar Happy Togheter. Mi hipótesis sobre su paso por Entre Ríos para ir a realizar la escena de las cataratas por la ruta 14, se reafirma. Algo moviliza a Wong a visitarnos pero no sabe bien que es. Algo del espíritu de oriente ya estaba en estas tierras… pero dejémoslo entre nosotrxs.
Será por eso los pokemones y picachus que en sus obras hacen interferencias? hay un ruido en el cerebro de las pinturas que nos dicen: esto no debería estar aquí. Hay una luz que entra por la ventana y mueve las cortinas. El cartón pintado de un set de filmación que se mueve si azoto la puerta, si cerramos para no volver. Queda la habitación vacía y en silencio, solo el sonido del corazón cuando se estruja y se quiebra un chuic y crick.
Google lee mientras escribo y sus algoritmos en la barra lateral me avisa que restauraron In the mood of love por sus 20 años y que está disponible en Mubi. Chungking Express sería nuestra Navidad en San Francisco Solano.
Si el metro de Fernando esta en espacios interiores, los de Magali se proyectan hacia afuera, hacia lo que circunda, hacia lo que se desplaza y recorre. Ella proviene de Villa Elisa, y dejo su cuidad y se radicó en Paraná. Vuelve con la cámara hacia las ruinas, un lugar que quedó así, con el mantel puesto en la mesa de plástico del patio, con el sol y la lluvia que empiezan a deshacerlo. Plantas en macetas de viejas cacerolas, cubiertas de camiones hacen las veces de asientos, los perros se suben a las mesas para ver que queda. Hay un fuego, un humo que como el tiempo todo lo consume. 

*Sube la luna de Pekin, Juan L. Ortiz


Verdad 


que hasta pisasteis, distraídamente, 


un mediodía 


de jacarandaes?


Y para los amigos que miraron, 


tal vez, desde las dos orillas de la brisa, 


qué flores las del cenit? 


Pero a vosotros, ay, los latidos míos que dejé, 


qué os enviaría desde esta agonía de la una...


Sobre m2 de Maga Ledesma y Fer Martinez. En 33 Territorio de culturas. Paraná. Febrero 2021

jueves, 28 de enero de 2021

Linterna parpadea



Hambriento, ¿quién te alimentará? 


Si tú quieres pan, ven con nosotros, 


los que no lo tenemos.


Déjanos enseñarte el camino. 


Los hambrientos te alimentarán.



Bertolt Brecht



La cebra dorada, ¿La cebra es un animal negro con rayas doradas o al revés? Hay algo de mareo.

Cuando cambias las cubiertas del auto se dice que luego es fundamental hacer alineación y balanceo. Son dos palabras hermosas.

Cada cual, rey en su reino.

A veces sueño que el auto “se me va”. Quiero frenar y no puedo, pero no es que vaya rapidísimo y esté por chocar. No, no. Se va despacito, hacia atrás o hacia adelante, aprieto el pedal y falsea. No reacciona. Y yo le digo a la gente: córranse que vamos a chocar! O si voy con gente, nos bajamos con el auto en movimiento y vemos cómo queda incrustado en una boca de tormenta o en un bache municipal prendiéndose fuego.

Existirían dos reinos: uno cotidiano hecho de impuestos, capitalizaciones, deuda, streaming, descuentos comprando desde una app, promoción y rendimiento de publicaciones, dólar ahorro, dólar turista, dólar futuro, objetivos a mediano y corto plazo, de mindfulness, de programación neurolingüística, de Google Chrome.

Y otro: Exactamente igual. Pero vivido conscientemente. 

La cuestión es… ¿habría allí un valor? y ¿cómo se manifiesta?

Flor Meyer nos toma de la mano, nos presta un esnórquel y nos sumerge en ambos mundos, el de lo consciente y lo inconsciente. Vacilar en terrenos subterráneos.

Polvos dorados vuelan en el aire de la sala. Veladuras negras sobre delgadas telas y luces puntuales, redondas. Corremos hacia adelante por ese túnel. Cueva de comadrejas, roedores y zorros debajo de troncos de árboles.

“No se fuga uno para atrás, se fuga para adelante”, dice Gabo Ferro. Raíces frescas y húmedas, vamos con las manos abriéndonos paso, cortinas que nos hacen cosquillas pero también nos lastiman y nos dejan sarpullidos en la piel. Comenzamos a gatas, como duendes bajando y bajando, pero luego ya podemos enderezarnos, de rodillas, y luego pararnos y hasta saltar, y estirar los brazos para colocar pepitas de oro en los techos de este camino abovedado.

La luz del exterior se vuelve tenue y nuestras pupilas comienzan a agrandarse, las raíces capilares generan sombras en esta caverna. A nuestra espalda la entrada comienza a desmoronarse, se llena de piedras y tierra. Quedamos a ciegas, o casi. Por el modo en que están iluminadas las obras siempre hay un juego de luces y sombras, de lateralidades. Imposible entrarles de frente sin que nuestra silueta produzca algo sobre cómo vemos las piezas.

El fuego de la vela necesita del oxígeno para arder, de un segundo al otro se apaga.

Texto escrito a partir de la muestra “El Reino de la Conciencia” de Flor Meyer en Delta espacio de la ciudad de Santa Fe.





domingo, 11 de octubre de 2020

Manos aferradas al cerco de alambre tejido



Mis sueños de futuro: 

Asensores externos a los edificios, cilíndricos de cristal, tubulares, la gente los ve desde afuera, uno sube otro baja a gran velocidad. Sueño que nunca coincide el piso al que va la persona que amo, que no podemos encontrarnos pero que constantemente estamos viéndonos. Miro mis pies y siento la presión en los oídos al subir. Un cartel indica que el sistema hidráulico está diseñado para aminorar el impacto al detenerse. Tengo miedo de que estallen los cristales del techo del ascensor y salga eyectado por el aire. Finalmente sucede. El ascensor toma tal velocidad que el vidrio revienta y quedo flotando en el aire, doy manotazos, mi estomago se comprime, hasta que empiezo a caer.
Por un tubo van y vienen cartas que conectan todo el edificio.

Sarah Connor sentada y con su cabeza apoyada en una mesa en el medio del desierto mira a una familia que juega junto a un helicóptero deshuasado. La madre alza a un niño, el padre tiene camisa a cuadros abierta y arremangada con remera gris debajo. Sarah llora y sonríe y cierra los ojos. Recuerda sueña ella detrás de una reja, mira a los niños jugar en la plaza, les grita que No que No que no, pero sus gritos son sordos. Sarah Connor de sus sueños alza a un niño y lo sube al carrousel. Es un día soleado. El hongo nuclear barre con todo el valle. Desarma edificios. Fulmina los cuerpos. Sarah sobresaltada despierta.
En la escuela, en este que tal vez sea de mis últimos años de docencia, enseño a hacer origamis. Doblo y pliego papel. Con un marcador y brillantina hacemos luego ojitos con pestañas y sonrisas. A veces necesito silencio, y es la forma que encontré de no hablar ni que me hablen. Solo nos miramos, hacemos gestos con la boca y fruncimos el ceño, achinamos los ojos. “Ok” con el pulgar hacia arriba o corazones con ambas manos cuando sentimos que hicimos todo bien.

Busco en diccionarios virtuales que significa “Circa”, nombre de la ciudad donde transcurre la aventura distopica Tekton, novela escrita por Gastón Flores y dibujada por Lisandro Estherren. Expresión latina, “alrededor” o “cerca de”. Suele usarse cuando las fechas de los eventos no se conocen con precisión. En tiempos pandemicos, mi cabeza se llena de imprecisiones. Estoy intenando buscar en internet una foto de un yacaré junto a una tortuga calcinados por los incendios que se suceden en este momento en el país. Me la mostró Vir hace unos días, pero dudo si fue ayer, o hace tres meses. Nuestro futuro, nuestro sueño de futuro, no será tal vez como el de Sarah Connor, con un botón rojo, microchips, brazos biónicos, un hongo nuclear y el logo de Skynet. Será con alimentos transgénicos, con cáncer, con toxinas, con especies carbonizadas. La muerte del hombre por el hombre. Vi un video de nutrias y carpinchos saltando desde la barranca mientras la isla se incendia.


En Tekton, el pasado y el futuro se confunden. Allí hay punks, crestas, camisas, tiradores y motocicletas, cinturones con estuches. Y arquitectura modernista por todos lados: innovación, novedad proyección de futuro. Un futuro que nunca llegó del todo. Pero ahí están también las publicidades holograma que tiran besos y las autopistas que cruzan los cielos. La Victoria de Samotracia decora un salón. Gente que salta de los trenes en movimiento. Una persecución. El Bugatti de los años 20 es interceptado por un Jeep de enormes ruedas y vuela por los aires de tinta negra y pincel seco con los que dibuja Lisandro. Pero… En qué año estamos? 1920? 2020? 2120? Soy Lucas Mercado, vivo en Paraná, camino por la peatonal con un barbijo que hizo mi mamá con retazos de tela. Me regalo varios así que tengo uno en el auto, uno en la moto, otro en la mochila y otro en la biblioteca. Paso por la vidriera de de calzados Beter y recuerdo que había una galería con video juegos al fondo. Entro, meto una ficha para jugar al Doble Dragón, tiro patadas, codazos, levanto barriles, doy rebencazos con cadenas, mis brazos se extienden con los bates de baseball.



Construcciones, trabajo de albañilería, dos arquitectos Flores y Estherren, entre tiros, lanzallamas, navajazos y mucha gasolina (con lo cara que esta la nafta!) nos entregan infinitas puertas que se abren y se cierran. Padres, hijos, poderes, sueños incumplidos, intentos de comenzar una nueva vida mirando el arribo con el ticket en la mano para el próximo tren que nos llevará a ningún lugar.

domingo, 5 de abril de 2020

Utilizar la toalla para cerrar la canilla



En Febrero de 2019 la artista y performer Daniela Arnaudo presenta en la vía publica sobre el Boulevard Galvez de Santa Fe La noche de hoy me mira con letargo. Ahora a 15 días del aislamiento social, preventivo y obligatorio que comenzó a la hora 0 del día viernes 20 de marzo de 2020, aquellas imágenes vuelven, o nunca se fueron.

Las imágenes van y vienen, reaparecen, hacen giros por los aires y se instalan nuevamente. Pujan, insisten, y si bien pueden ser contingentes, situadas y efervescentes, no está solamente en ellas la decisión de su presencia o ausencia en los imaginarios colectivos e individuales. 
Sí aquella noche de febrero "nos miraba con letargo" pienso, ¿Cómo nos mirará hoy? ensayo variables: ¿La noche de hoy me mira con angustia? ¿La noche de hoy me mira con picardía? ¿La noche de hoy me mira complaciente? ¿La noche de hoy me mira con desgano? ¿La noche de hoy me mira con ...?

Daniela esta en cuclillas sobre el pasto, entre arbustos parquizados, repitiendo una acción con una jarra y una fuentecita durante 90 minutos lavandose las manos de manera metódica e implacable "me dan ganas de lavarme hasta las venas para sacarme todos los dolores acumulados en el cuerpo".
Así aquello queda grabado en mi retina y desde ese día, no con la obsesiva frecuencia con lo que lo hacemos hoy, lavo mis manos con su método. Método artístico, pero método al fin.

Me pregunto como las obras de arte moldean consciente o inconsientemente nuestras acciones, nuestros comportamientos cotidianos de manera premonitoria, como y cuando se convierten en los cimientos de lo que estamos siendo.

La organización mundial de la salud recomienda un método, y lo repiten incansablemente en los medios masivos, en redes sociales, en grupos de wahtsapp y hasta en memes: Mojarse las manos /Aplicar suficiente jabón para cubrir toda la mano / Frotar las palmas entre si / Frotar la palma de la mano derecha contra el dorso de la mano izquierda entrelazando los dedos , y viceversa / Frotar las palmas de las manos entre sí , con los dedos entrelazados / Frotar el dorso de los dedos de una mano contra la palma de la mano opuesta , manteniendo unidos los dedos / Rodeando el pulgar izquierdo con la palma de la mano derecha, frotarlo con un movimiento de rotación, y viceversa. / Frotar la punta de los dedos de la mano derecha contra la palma de la mano izquierda, haciendo un movimiento de rotación, y viceversa. / Enjuagar las manos. / Secarlas con una toalla de un solo uso. / Utilizar la toalla para cerrar la canilla.

domingo, 9 de febrero de 2020

La mano y el plumín

En 1915 Franz Kafka escribe una carta a su editor diciéndole que bajo ningún concepto dibujara al insecto en la portada de su libro. Sugiere, en cambio, que el dibujo sea el de los padres y la hermana en la casa iluminada, frente a una puerta abierta que dé a una habitación completamente a oscuras.

El ilustrador Ottomark Starke tomó en cuenta la sugerencia, y en la primera edición de La metamorfosis se puede ver en la tapa al padre de Gregorio llevándose las manos al rostro, de espalda al cuarto, como saliendo de allí atormentado por lo que ha visto.
En La mano y el martillo, pareciera reaparecer aquella carta de principios de siglo. Mauro Koliva, cuyo apellido comienza y termina con las mismas letras que las del autor polaco, astutamente evita ilustrar la portada. La misma está hecha de una cuerina negra, encuadernada artesanalmente, y sólo está su apellido en el lomo: KOLIVA en mayúscula, en una tipografía sin serif, de contraste pleno con el fondo.
Mauro nos trae así hacia el interior de un cuarto, un cuarto esta vez espacio-de-arte-contemporáneo donde transcurre  -cual escenario teatral o sala de proyección- la acción del libro; espacio a la vez donde se produce una metamorfosis, pero que al igual que la de Kafka es inmodificable. Una metamorfosis imposible de redireccionar o que tenga vuelta atrás, sino que nos va arrastrando desde las pestañas, las uñas  y el cuero de las axilas hacia las profundidades de la locura misma.
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Los sábados de mañana en mi juventud eran particulares; por más que me acostara tardísimo caminaba hasta la feria que estaba -y sigue estando- en la esquina de calles Salta y Nogoyá de Paraná. Intentaba llegar antes de las 11:30 y revolvía la mesa de libros y revistas de canje que religiosamente el señor que atendía empezaba a juntar a las 11:55. Eran minutos intensos que marcarían mis lecturas de la semana.  Todo era para mí nuevo, asombroso y barato. Allí pude conseguir muchísimos números de la FierroZona84El pénduloEl víboraMetal HurlantSkorpio. Encontraba en las portadas a Chichoni, Richard Corben, Moebius, Enki Bilal, Ciruelo.
Una seguidilla de nombres propios que podrían ser inconducentes, pero estimo que ahí está el caldo de cultivo que nos presenta Mauro Koliva: carne que se despliega voluptuosa sobre colchones humedecidos, hierba, volutas de humo espeso que se despeja y del cual emergen figuras monstruosas, habitaciones vacías y larvas que se acercan arrastrándose, miradas extasiadas frente a jeroglíficos imposibles de traducir, cuadros abstractos geométricos, cabellos, melenas, rulos, pelo por todos lados, erupciones biliares, roedores, ¡Oscar Bony! Fuerzas de seguridad en servicio con armas reglamentarias en sus fundas, lentes bifocales, roedores nuevamente, cuerpos gestantes, platos de avena…
Y así podría seguir un buen rato porque en 240 dibujos, uno por página, solo blanco y negro, sólo tinta sobre papel, sólo línea, sin texto, sin globos de diálogo, Mauro Koliva nos va sumergiendo -como en el episodio 8 de Twin Peaks – en su propia declaración de principio y relato de origen. Ahí esperan, fermentando en frascos con restos de mermelada, ver la luz o el hongo nuclear los seres que habitan en La mano y el martillo. Habría un guiño de Mauro al universo de Lynch; están los pisos en perspectiva, las puertas que se abren, las cortinas, los bichos que entran por la nariz o por la boca, la espesura, lo desmedido y un método:  el travelling y el zoom. Los dibujos del libro están en constante flotación, se van desplazando en la escena que gira, avanza, se detiene, se acerca, pero a un ritmo indefinible, cada vez más hacia adentro, cada vez más hacia afuera.
Un martillo no es un martillo sin una mano que lo martille, el martillo cual ready made duchampeano, un martillo roto no es un martillo sino madera con hierro, una tecnificación de la mano y una unidad indisoluble, dos cosas que ya no son por separado, la mano y el plumín, para liberar una energía y accionar un mecanismo: este libro.
 
Publicado en El Flasherito Diario, sobre el libro La mano y el martillo de Mauro Koliva 2019

miércoles, 2 de octubre de 2019

Nariz y mentón



Spinning dancer es una ilusión óptica de la silueta de una bailarina sin sombras, sin volumen, toda negro, que gira apoyada en un pié hacia la izquierda o hacia la derecha dependiendo de quien observa su sentido de rotación. Encuentro en internet una posible definición: “Nuestro sistema es visual, si tiene una opción, parece preferir la vista desde arriba (…) Es un sesgo perceptivo. Es lógico suponer que estamos mirando sobre los objetos que se encuentran en el suelo debajo de nosotros, en lugar de que estén flotando en el aire por encima de nosotros, como en el caso de la señorita giratoria”. Así, algunos días solemos verla girar hacia un lado o hacia el otro, dependiendo de si la miramos “desde arriba” o “desde abajo”.

A partir de esto, pienso qué pasa con el video “Plegarias profundas” de Daniela Arnaudo. La obra está compuesta por una gran sábana blanca matrimonial antigua, donde se proyecta un video en el cual la artista realiza de espaldas un movimiento de balanceo, se para y se arrodilla, como un gesto devocional y hasta diría de dolor. Los videos están hechos en espacios amplios y abiertos, al aire libre.  La cámara fija y la disposición simétrica del paisaje y de la artista comienza en mi cabeza después a generar el mismo efecto que la bailarina. Pero hay una diferencia, no estoy seguro si Daniela se está arrodillando constantemente o  parando constantemente. Es como si el ir hacia adelante o hacia atrás en el tiempo fuese su juego. No sabemos si estamos yendo hacia al pasado o viniendo al futuro, y ahí está su merito. Es una cuestión de percepción y con eso entramos a participar, entre otras opciones, de su obra.

Lo mismo sucede con la gran pieza de pintura y bordado “Instinto”, que por su dimensión nos obliga a alejarnos y acercarnos, donde de lejos un león juega entre sus patas con un caballito y detrás un oso hormiguero persiguiendo hormigas, pero al acercarnos comienzan a suceder otras cosas, ahora el color vuelve confuso el episodio. ¿Qué están haciendo esos bichos ahí?
Se nos plantea así  una tensión entre las distancias, ángulos, y dislocaciones que atraviesan tanto el cuerpo de la artista como el nuestro, proponiéndonos desde dónde ver su obra, siempre a tientas, siempre sigilosamente.


Entrando al museo, hacia la derecha se despliega la instalación/espacio performativo “Debe Haber” en el que vemos como la artista va reproduciendo, transcribiendo con dibujos de la manera más exacta posible un inventario de animales creado por su bisabuelo Bartolo en la década de 1950. Pienso en las evidencias, en los desfasajes temporales, que pasó entre aquel dibujo de su bisabuelo y el que está, en este momento realizando la artista? ¿Cómo descansan, juegan, se reproducen y alimentan esos enciclopédicos animalitos? Daniela Arnaudo nos facilita la tarea, no hubo un corte, un congelamiento y ahora un salto abrupto. En el transitar de su acción de a poco los va desvelando, desadormeciendo, desempolvando, y renutriendo, haciendo que esa transición, entre la presencia y el olvido sea lo más amable posible.

En tiempos de instantes cortos, fugaces, de múltiples estímulos, la insistencia en la repetición de un simple movimiento cansa, desespera o calma”. Bajo esta premisa me animo a decir que a la Bailarina giratoria, al Desvanecimiento de Troxler, y a la Persecución del Lila, se suma una nueva ilusión óptica: La Insistencia de D.A. y se podría enunciar de la siguiente manera: Fijar un punto en la sala equidistante a las tres obras que componen “Permiso para morir un poco”, luego caminar en línea recta hacia una de ellas con el mentón recto hasta casi apoyar la nariz  y dejar que nuestra vista repose unos segundos. Luego caminar hacia atrás sin despegar la vista hasta volver al punto inicial. Una vez llegado a ese punto rotar los hombros 120ºgrados y encarar hacia la siguiente obra y realizar de igual manera el trayecto (vista y mentón). Lo mismo con la tercera obra hasta volver al punto inicial, completando así los 360º. Cumplido este trayecto no sé bien que sucederá, pero habremos hecho nuestra parte.

DanielaArnaudo. Permiso para morir un poco. Museo de arte contemporáneo UNL. Bv. Gálvez 1578. Santa Fe. 5 de septiembre de 2019.


miércoles, 24 de julio de 2019

Patas de mueble de bronce



Le escribo a Julián, a Raúl, y a Manuel, para que vayamos a ver una muestra a Santa Fe, que yo pongo el auto, pero les aclaro que volvemos temprano porque no puedo tomar, y cuando salgo no puedo no tomar algo. Esto en realidad no fue escrito, sino enviado como mensaje de audio. Me dice Manuel que no se entiende nada, y es cierto, estaba el micrófono tapado, mi voz se escucha entrecortada, y hay que ponerse muy cerca del odio el celular como si pareciera que no quisieras que nadie más lo escuchara. Un rumor, un sonido.
La muestra está compuesta por una serie de objetos en apariencia de otra época, tal vez de una niñez lejana, anterior a la mía y seguro anterior a la niñez de lxs artistas expositorxs. Son objetos de cobre y bronce, telas bordadas blancas ya amarillentas, encajes, mantillas, porcelanas, marmolados, nacar, ganchos, floreros, y aceiteras. Las paredes no tienen el blanco pulcro tradicional, sino un tono levemente bajo, color arena, o canela clara. Las piezas están iluminadas con luz fluorescente. Pienso, lo que ese reflector ilumina no son las obras sino la sala en su totalidad, baña el ambiente y las jerarquías que podrían generarse entre las obras, se estabiliza. Entrar no es para recorrer sino para sumergirse en el espacio que se genera.
En “Elogio de la sombra”, Junichiro Tanizaki, dice: “Nosotros también utilizamos hervidores, copas, frascos de plata, pero no se nos ocurre pulirlos como hacen ellos” en referencia a la obsesión de Occidente por la luz, y la idea de pureza, asepsia, y esterilidad ligada a la luminosidad que se le confiere a los objetos: “La vista de un objeto brillante nos produce cierto malestar”, agrega el autor sobre las preferencias culturales del Lejano Oriente.
Los objetos que habitan la muestra que estoy visitando y que se titula “Murmurar Estanco”, si bien son objetos de Occidente, sintonizan con la premisa de Tanizaki, no están presentes en la sala por su frontalidad y luminosidad sino por su aparente parcialidad, por su carácter esquivo, y por la sutil pátina difusa que tienen lo que nos remite a otro tiempo. No un tiempo antiguo sino a un tiempo paralelo. Un tiempo que puede entenderse como eterno, tomando a Borges, quien en un fragmento de un poemario suyo, llamado también "Elogio de la sombra" escrito ya ciego dice: “Esta penumbra es lenta y no duele;/ fluye por un manso declive/ y se parece a la eternidad”.
En ese tiempo, se generan extrañas convivencias.
¿Qué hace ahí ese bastón? Apoyado en el ángulo de la pared, sosteniendo una patena o cenicero, y cómo dialoga con el cajón con un dije redondo que parece a su vez un escudo. Y eso de ahí arriba vendría a ser un… gancho? Pienso que la clave está, y en donde reside la fortaleza y extrañeza de los objetos, es en que no son del todo lo que fueron, es decir, dudo ahora si eso es un bastón, y un cenicero, dudo de si es un jarrón o un caracol. Son el encuentro de los objetos en la sala, en esa medialuz, fruto del amor? Suena  a lo lejos un rico son: “Hay un suave murmullo, En el silencio de una noche azul, Son dos enamorados, Que, encantados, gozan del amor…”
Le escribo a Clarisa, curadora de la muestra, le pregunto si hay diferencia entre susurrar y murmurar, le cuento que me hizo acordar a Los susurradores, unos tubos de papel, que se usa para decir al oído por lo general, un poema, un cuento o una frase, en cómo se genera un vínculo entre quien susurra y quien escucha, en la necesidad de una escucha atenta, una escucha que nos transforma el rostro, una escucha que no llama necesariamente a la acción, una escucha en la que nos percibimos como sujetos de escucha. Le digo que tal vez sería un buen disparador para escribir sobre la muestra, pero ya me fui por las ramas.
Clarisa me cuenta y me pasa un texto maravilloso de Arturo Carrera sobre un murmullo compuesto de muchas voces, muchas bocas y quedamos en seguir conversando.
Al rato me comunico con Kevin, le cuento un poco de la muestra y le pregunto cómo se llama el poemario de Carrera que leímos en su taller. El me dice que Children´s corner, y no encuentro las fotocopias del fragmento que trabajamos, pero encuentro otro, que conecta, de alguna manera con lo expuesto: “A lo lejos escucho…/ una niña que a su madre indica/ cómo deberá disponer unas flores. / La radio clásica que tirita en los fadings… / El ojo de la sombra envejece/ y los álamos plateados ya no conquistan / el intenso parpadeo purpúreo.” Y con esto termino.

Murmurar estanco. de Inés Beninca y Gaspar Nuñez con Curadría de Clarisa Appendino en Fuga Galería Santa Fe. 6 de julio a 6 de agosto de 2019.

jueves, 16 de mayo de 2019

Reservorio, recurso, estuche y vademécum


Hay algo en el deseo que tiene que ver con el sentirnos "sujetos", que nos reconozcan como tales. El deseo es acción y tensión, y la acción y el hacer, y tensionar un medio con el hacer, fue el motor que movilizó la obra de Gloria Montoya.
Recorro las salas del Museo Provincial de Bellas Artes y la muestra parece girar en torno a una obra como gesto fundante: Un autorretrato de Gloria del 55, de cuando la artista tendría unos 20 años. Este gesto de ordenar la muestra desde la centralidad de esta obra, por parte de la curaduría, es un modo de dar comienzo a una cronología. Me pregunto, cuál sería el comienzo, o las obras que ordenan la producción más reciente? Será ese 1955 un comienzo también para nosotros? O simplemente somos huérfanos vagando en un continuo de situaciones/fragmentos desperdigados de eso que llamamos arte reciente entrerriano? Diarios de viaje, diarios de vida, como muestra, es un ensayo sobre los orígenes.
Autorretrato: Y que hay en ese autorretrato? Hay una mirada y si pudiéramos meternos en la obra y ser esos ojos, veríamos la muestra completa (no es invento mío, hagan la prueba, agáchense al ladito y miren alrededor) y nos veríamos hacia el futuro, hacia 1968, pasando por 145 obras que componen la muestra, hasta llegar a una pieza con pequeños bastidores sobre un bastidor mayor, incrustados de tapas de lata de pinturas, y medias de nylon y pintura que desborda esos pequeños bastidores, que funcionan como cierre de esta primer etapa de producción de la artista.
Esta serie de obra (las que rondan el 67 y 68) están significativamente colocadas en un pasillo, en un lugar de paso, de mucha visibilidad en la planta del museo, pero no central, como si desde el diseño de montaje se nos sugiriera que eso no es un cierre sino un tránsito, un estado entre otros que vendrán.
Pienso: como le habrá dicho Gloria a esto que vemos, “obras”, “estudios”, “cosas”? Gloria me ve caminar por la salas y me dice que son “reservorios” o “recursos” para otras obras. Me la imagino produciendo sin parar “cajas de herramientas”, “estuches” “vademécum” y todo lo que implique no quedarse en un solo lugar sino generar procedimientos. Y le digo “si!”, porque ahí, en sus cosas, podemos ver su influencia en futuras generaciones de artistas de por acá y en sus pares generacionales. Todos nosotros sacando de sus estantes un color, una pincelada, una palabra, una textura.
Una imagen: Una niña arriba de un caballito mecánico dejándose llevar por el vaivén eléctrico. Pasan los 180 segundos que corresponden a la ficha. La niña comienza a sacudirse y a sacudir el caballito, hacia adelante y hacia atrás, llora, no quiere que se termine, simula estar ahí pero hay algo que ya no está.
Gloria trabaja en nosotros como ese caballito, no queremos que esa máquina se detenga, queremos seguir dejándonos llevar por el vaivén. Pero, corresponde a nosotros ponerlo nuevamente a funcionar. Que no caiga en el olvido de solo un recuerdo placentero. Debemos intentar desarmarlo, entenderlo, para así darle nuevamente brillo y brío.
Miento: hay una obra más, Gloria no nos abandona. Cuando estoy saliendo y firmo el cuaderno de visitas en el reflejo veo una obra de su serie Mujeres que me mira desde la biblioteca del Museo. Otra vez esa mirada, pero no ya de los 20 años sino de una Gloria del 85. Será hasta ahí el siguiente diario, del 68 al 86? Esta en nosotros, hacernos de pinzas y destornilladores y poner la maquina nuevamente en funcionamiento.
Diarios de viaje, diarios de vida. Obras de Gloria Montoya entre 1955 y 1968. Museo Provincial de Bellas Artes Dr. Pedro E. Martínez Curaduría de Guillermo Fantoni y Adriana Armando.

lunes, 22 de abril de 2019

Huir hacia adelante

“Es la luz en la que están al acecho las figuras; al acecho de animales, de nombres olvidados, de un sendero de vuelta a casa, del nuevo día, del sueño, del siguiente camión, de la primavera. Es una luz en la que no hay permanencia; la luz de lo que no dura más que un vistazo. Esta luz es otra llave que también abre la cancela.”
Que bueno cuando un conjunto de obras, te dispara hacia otras y así, muy muy hacia adentro y muy muy hacia afuera: esa es la sensación luego de visitar Introspección de Camila Rufiner, Jimena Balcaza y Walter Musich. Una puerta que se abre hacía la luz, una luz que inunda el adentro y el afuera.
Las obras de Walter son una serie llamada El visitante, collages digitales acompañados de un texto, donde nos habla de esa visita, pienso ¿Cuándo dejamos de ser visita y nos volvemos residentes? ¿Son nuestros fantasmas, fantasmas de paso, o compañeros permanentes? Cuándo el visitante se va, ¿Quedá algo de él viviendo en nosotros? Las obras de Walter tienen algo de eso. Me acerco a ver las obras de Walter, casi con la nariz pegada a la pared mirándolas de reojo, pensando si tienen relieve, no distingo si están dibujadas encima o si es solo (mi) impresión. Las imágenes representan lugares domésticos y cotidianos, pero que en las piezas de Walter se vuelven lugares extraños, porque si bien aparecen elementos que podrían dar pie a pensar que son de UN lugar en particular, que tienen determinado marco el espejo del baño, determinada forma la bacha del baño, determinadas plantas las macetas, el resto se encuentra “abstraído”, borrado o sintetizado, como si quisiera que tuviéramos algunos indicios pero no todos, como si quedará para nosotros, los visitantes, una tarea por cumplir. Pienso, cuales son los mínimos elementos que constituirían un baño, una cocina, un dormitorio cuales son los mínimos elementos que nos permitirían constituir una presencia, otro. Como cierra el texto plotteado en la pared debajo de las obras: Un ser que exista, pero que sea real.
La muestra se llama “Introspección”, y me pregunto porque no “introspecciones”, si hubo alguna decisión ahí de evitar el plural, pienso en las muestras colectivas, en la dificultad de poner un nombre a la muestra, por más que tengan un eje en común, en cuánto se funden la obra de uno en el otro, en cuánto se impregnan, y como una condiciona a la otra, cuales son los puntos en los que se funden
La obra de Camila Rufiner es una instalación sonora, la narración del audio es de la propia artista. Me siento, me pongo los auriculares, y me llama la atención la disposición de las sillas, la foto flotando en el medio de la sala, las sillas en cruz, la caja en el medio de la que salen los cables. Me senté y no sé si escuche el relato completo, estoy casi seguro que sí, pero no estoy seguro si el relato es un relato "completo" tiene algo de entrada y salida, pero no de completitud, y por otro lado, se mezclaban las voces, no sé si siempre era la misma voz, si eran varias, si era la misma y varias a la vez. ¿Es la voz y la foto, la voz y la foto de la artista? Había indicios de que esa voz era de esa misma niña que estaba en la foto, pero no está del claro del todo. En un momento éramos cuatro personas escuchando a la vez, una en cada silla, y pensaba, ¿Estaremos escuchando lo mismo a la vez? ¿Estarán los audios desfazados? o llendo mas allá, ¿Habrá diferentes audios en cada una de las sillas? Estarán sintiendo los otros oyentes, lo mismo que yo o yo lo mismo que ellos?
Camila me dice: "Buscada" la obra del audio es un relato de un recuerdo recurrente al cual pude llegar una vez de hallar la fotografía con la cual me buscaron. El montaje de las fotografías (que son copias de la original) pasaron por varias formas de montajes y al fin y al cabo consideré que aquella sería la más acertada. En varías obras he trabajado la simplificación de la forma para intentar generar la menor desatención posible de lo que es el punto de interés. La caja es un punto de interés principal tanto por la disposición en el espacio como por las sillas que se encuentran en ese punto a través de esa cruz que vos mencionas. Flotan porque provienen del mundo de las ideas y de la interpretación, a mi me paso que una vez que cree el relato le pedí a mi padre y a mi hermana que me contaran como lo habían vivido y sus ideas e interpretaciones de lo ocurrido, y me dí cuenta que eran otras e incluso algunas totalmente opuestas (…) el relato tiene un principio y un final propuesto por mí, pero al estar en loop lo convierte en un ir y venir constante en donde une comienza a pensar si en verdad esa niña fue buscada, encontrada, y si al fin y al cabo nunca la hallaron, si esa madre fue madre o no lo fue... las decisiones van y vienen en el relato, alguna no llegan a nada, los viajes ocurren pero nunca llegan a destino, o el destino siempre es el viaje. El audio es contradictorio, el ejercicio de la memoria es contradictorio”
Recuerdo entonces El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza, los vínculos borrosos entre padres e hijos, los desfasajes entre la historia y la memoria, en su concepto de autobiografía: “La memoria es selectiva. La memoria es réplica –es embellecedora, también– pero nos tiende enormes traiciones”.
La muestra se completa con la obra de Jimena Balcaza. Abro el mesenger de facebook y veo un mensaje de Jimena, de abril del 2018 invitando a compartir fotos de nuestros platos antes empezar a comer. Un año después la artista nos muestra “Convite virtual” las fotos que fue recopilando y pienso como esos platos se fueron maserando con el tiempo, como se habran ido condensando a medida que le llegaban las fotos, si iban cumpliendo sus expectativas o no, si se iban montando en tu cabeza o en la pared, como se irían ordenando. En la sala tienen algo de "cascada", como una vertiente, arrancan de arriba hacia abajo super alineadas arriba y luego se van dispersando, como diluyéndose, no son un grilla ( la grilla cuadradita de instagram) sino como si intensionalmente quisiera desarmarla. En su mayoría con una vista cenital, las fotos terminan componiendo una gran mesa, una mesa/puzzle, un banquete.
Banquete que nos conecta con ese visitante de la obra de Walter, ese que estuvo, está y estará. ¿Querrá sentarse a la mesa con nosotros? Y ¿Cuánto perdurará de él cuando ya se haya ido?

/Camila Rufiner Walter Musich María Jimena Introspección. Casa de la Cultura de Entre Ríos Abril 2019

viernes, 19 de abril de 2019

La conexión paraguaya

Resultado de imagen para feliciano centurión
Acaso son ilegales / los pisos floreados? / Sí, / tal vez a ella le guste /
un poco mucho el dorado, / pero ¿qué importa? / Después de todo, / ¿Qué es el buen gusto?”
“Asumo la cotidianeidad, lo banal, la ironía, lo lúdico, la alegría y diversión. Imágenes soñadas, cotidianas, obvias, con sabor a kitsch que me confirman que la pintura es simplemente un acto de fe.” Feliciano Centurión
Primero pensar en su nombre, “Feliciano”, que es algo así como “que se considera feliz o afortunado”. Que tu nombre signifique “felicidad” es un poco fuerte pero a la vez maravilloso. Lo traigo a cuento para pensar en cómo nuestros nombres nos marcan, si es que tal cosa sucede, ¿no? Y pensar en si en Feliciano Centurión eso sucede realmente. O bueno, algo se puede definir o intuir una vez que vemos el documental Abrazo íntimo / Al Natural, dirigido por Mon Ross. Por otro lado, pensar en qué significa para nosotros y nosotras, como entrerrianos paranaenses, más específicamente, ese nombre: “Feliciano”; hacia dónde nos proyecta. Y lo primero que pienso es que nos traslada al norte de la provincia, y en mi caso a la eterna confusión entre cuál es cuál, cuál es Feliciano, Federal y Federación. Que esta confusión se suma, por lo general a los que solemos, tal vez equivocadamente mirar “hacia abajo”, hacia Santa Fe/Rosario/Buenos Aires, y al no saber qué pasa “hacia arriba”, en Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones, Paraguay, y así hacia todos lados, porque en el fondo siempre sabemos poco y nada de muchos lugares. No saber “qué pasa” en muchos sentidos, que supongo que le debe pasar a un neuquino sobre nuestra provincia: una vez fui a Neuquén y pedí una guía telefónica de Entre Ríos y me dieron la de Chaco y le dije que no, que quería de Entre Ríos, y la chica del locutorio me dijo “sí, sí, Chaco…Entre Ríos” como si fuese todo lo mismo. Confusión al fin, pero esa es la confusión que nos toca a nosotros. El documental sobre Feliciano Centurión es una doble ganancia en relación a los dos ejes anteriores: el del artista y del/su lugar. Por un lado, nos sumerge en la vida del artista retratado; por otro, nos traslada a una región cuyos vínculos siempre están pendientes a ser explorados. Y agrego una tercer ganancia que es la de permitirnos pensar sobre nuestra propia obra y nuestro contexto teniendo a la película como guía y cómo los mitos fundantes se vuelven sólidos o adquieren fluidez con los años: Primer contacto con Paraguay, en el año 1992. Un niño camina con su papá por la peatonal de Paraná y doblan hacia la cortada Venezuela. Ahí había un tendido de puestos a los que todo el mundo le decía “los paraguayos”: había promoción de cassettes y de posters. El niño recuerda dos en particular: Guerreros del arcoiris, de Rata Blanca, que tenía una espada con un águila, un mago, un castillo de piedra, cumbres nevadas, truenos y letras como talladas. Ese fue su primer acercamiento a algo parecido a una obra de arte. Al cassette lo escuchó solo dos veces, pero a la portada la dibujaba y dibujaba generando variantes incluyendo una L y una M. El orígen de ese cassette se le hace dudoso, cree que fue un regalo para su hermano. Por otro lado, Dangerous, de Michael Jackson también del mismo año, con una ilustración en la tapa que tenía la mirada de Michael y un bucle de pelo cayendo y como la entrada a un Neverland, con monos coronados, mujeres barbudas y arlequines dorados. Año 2004: tres artistas viajan una vez al mes a Chaco y Corrientes por una beca, una de las docentes es gran amiga de Feliciano Centurión, y aparece entrevistada en la película. Los tres llevan unos delirios importantes, uno había hecho una serie de platos de cumpleaños de los Teletubbies pintados con la palabra “Anhelo” encima con tempera negra. Otra había pintado unos jeroglíficos con negro y amarillo unos huesos de costillas que le habían sobrado de los asados familiares y unas obras mullidas de tela y algodón que servían para cobijar/abrazar/jugar. El tercero armaba unos mapas en papeles grandes, colocaba distancias y linkeaba cosas de la ciudad de Paraná súper extrañas. La docente es muy expresiva, con sus gestos y su mirada te puede decir mil cosas. En cierto momento, los mira anonadada y les dice, “¿Cómo llegaron a esto?” (ahora a la distancia uno de ellos piensa que el “esto” fue una mezcla de amor y horror), “si por allá no pasaron ni el Rojas, ni Fabián, ni Gumier, ni Pombo ni nada”. No recuerdan qué le respondieron, pero fue como el emoji del “¿meh?”. Así eran en aquel momento, después se dispersaron y cada tanto se siguen reencontrando. Año 2013: dos artistas están dando un taller en Santa Fe. Al mismo asistía una amiga artista santafesina. Ella es nacida en Formosa y en su obra lo que hacía era combinar unos dibujos geométricos muy delicados con un bordado de aguja e hilo sobre el papel con motivos, por lo general, circulares. Ese tipo de tejido se conoce como “Ñanduti”, una expresión guaraní que significa tela de araña. Es un tipo de bordado decorativo que vino por vía europea pero que en las manos de las tejedoras guaraníes cobró otro sentido. A la vez la artista, trae de la tradición guaraní algo del arte plumífero, en sus pinceladas, en la forma en que se condensan hacia el centro las líneas. Pienso ahora, en el título de la película Abrazo Intimo / Al Natural. Pensar qué es algo “natural” en el arte y pensar lo natural como un “relato de origen” que le permite a Mon Ross adentrarse en la vida y obra de Feliciano Centurión y en cuáles son, en cada uno de nosotros, esos “relatos de origen”, y cuánto de esos relatos nos liberan o en cambio nos aferran a determinados lugares y circunstancias. Texto escrito para la proyección de Abrazo Intimo / Al Natural de Mon Ross proyectada en Paraná por Relámpago Verde y publicada en El Flasherito Diario

miércoles, 13 de febrero de 2019

El fuego y su proceder



La imagen es la siguiente, una mesa escritorio, de patas de madera y placa de melanina blanca, una notebook, una calculadora, una abrochadora, un timbre campanilla, una caja con resmas de hojas a4 y una impresora multifunción. La impresora dispara hojas con fotografías que tomó Federico Salvarredy en los últimos 11 años y es su intención, como reza en el texto curatorial de Analía Solomonoff, “imprimir en tres horas 4.000 imágenes”.

Federico está sentado, cual hombre pulpo, imprimiendo, fumando, recibiendo a los visitantes, conversando, integrado a la maquinaria, como un Chaplin de Tiempos modernos, hay algo coreográfico en su accionar, va, viene, mueve los brazos, abre paquetes, en un estado de control desbordado, en síntesis… un espectáculo de danza!.

Esta danza, nos lleva a una primer analogía, entre “Producir algo inútil” que es el título de la muestra y que la misma este emplazada en la puerta del “Ministerio de la Producción de Santa Fe”. La obra de Fede se vuelve una crítica institucional donde ¿Qué es lo inútil?, ¿Existen grados de inutilidad?. O ¿Es inútil lo que se realiza afuera del Ministerio? ¿Es inútil lo que se realiza afuera del arte?

 La noche es muy calurosa en Santa Fe. Yo estoy con mi CocaCola de litro y medio ya caliente y la visión de Federico en la puerta del Ministerio se me parece a un Nerón moderno, quemando y quemando hojas, grabando e imprimiendo al calor de la Lexmark. La luz de la maquina cegadora barre, limpia, y libera. Hay algo de sencillez, candor y sinceridad en el gesto del artista: libertad para las imágenes, libertad de su circulación, libertad más allá de todo.

Mirar la bandeja de la impresora es como mirar de frente al sol, una experiencia retiniana extrema: Federico en la acción de quemar, se desprende de esas imágenes que guarda en su máquina/cabeza/disco rígido/lente, y las ofrece súper generosa, y laboriosamente a quienes están apostados, esperando cual será la próxima foto que salga de la impresora. 

Producir algo inútil de Federico Salvarredy, curaduría Analía Solomonoff. Pellegrini 3100. 9 de Febrero de 2019. // Organiza Barrio Sin Plaza

domingo, 9 de diciembre de 2018

Remera ballenera, gel, y un mazo de cartas

Las burbujas de la lata de CoCaCoLa comenzaron a hacerme efecto, camino por la peatonal y entro en la Gigared Zone, me desplazo por el sector Muni2 Muni4 pero esta deshabilitado, paso luego a la Fibertel Zone y sus Términos y Condiciones me marean, me ponen en un lugar en el que no quiero estar, hasta que me refugio en FLAMINGO.

Entonces mis células ya cubiertas de glucosa comienzan a dividirse, segregarse y  recombinarse, partículas que cruzan a través de túneles azulinos violáceos cerúleos y esos túneles se conectan como redes de esferas metalizadas donde ya no sé si estoy por un mundo en miniatura o navegando por los confines del universo. Parece los movimientos aleatorios del reproductor de música Winamp.
Y cuando pienso que estoy llegando a una aurora boreal intergaláctica de estrellas que nunca conoceré y raíces que forman siluetas de seres humanoides, todo se acelera, mas todavía pero esta vez en sentido inverso, rápido, ultra rápidoooo....!!!!

Hasta el momento juuuusto cuando baja la CocaCola por mi garganta y estoy en Paraná, un viernes 9 de Noviembre de 2018 asistiendo a la performance, acción artística, de Mana llamada Les Mutantes, una intervención en el marco de la Marcha del orgullo disidente.

En los días y semanas previos Mana fue trabajando una serie de piezas gráficas que utilizando un lenguaje imperativo o llamamiento a la colección rezaban “CIUDADANO SI VE UN MUTANTE REPORTELO. JUNTOS PODEMOS CAMBIAR EL FUTURO” diseminadas por el centro de la ciudad, en paradas de colectivos, garitas y edificios municipales. Dichas intervenciones tuvieron su rebote en las redes sociales generando dudas e hipótesis entre paranoides y disparatas.
La frase del afiche nos traslada, por un lado al “Si se puede” y al “Juntos podemos cambiar la historia” del Mesianismo Aseptico Bigdatista del Macrismo. Y por otro a el universo de Días del futuro pasado de los X-MEN del año 1981 donde, en un futuro 2013, ya pasado para nosotros, la sociedad controlada por “Centinelas” está dividida en tres clases de personas: “H” para humanos simples limpios de genes mutantes a los que se les permite reproducirse. “A” por humanos anómalos, que posee potencial mutante y “M” para mutantes, lo más bajo, parias y desterrados, cazados y asesinados sin piedad.

 Mana pone en juego en el espacio público la incertidumbre y el desconcierto, las reacciones de quienes transitan por las calles de la ciudad, bombardeados de discursos publicitarios cada día más complejos y sofisticados.


El día 9, Mana convocó en la esquina de Urquiza y San Martin a un encuentro como cierre y salida a la luz de su proyecto artístico bajo las consignas de “QUE OTROS SEAN LO NORMAL” “ORGULLO, REBELION MUTANTE, REVOLUCION, UNION”. Con megáfono en mano Mana leyó unas palabras y guardó silencio. El resto de les mutantes están ahí, al borde del borde, y de a poco se van dispersando, redefiniendo y redefiniéndonos: a todos, todas, todes, todxs, tod@s. Los últimos rayos del sol bañan la tarde paranaense y se han producido pequeños movimientos internos, aquí me encuentro en la tal vez esquina más transitada de la ciudad, algunos mutantes son más visibles que otros, o al menos mas o menos visibles a mis ojos, que no alcanzan a entender todo lo que sucede.