domingo, 9 de diciembre de 2018

Remera ballenera, gel, y un mazo de cartas

Las burbujas de la lata de CoCaCoLa comenzaron a hacerme efecto, camino por la peatonal y entro en la Gigared Zone, me desplazo por el sector Muni2 Muni4 pero esta deshabilitado, paso luego a la Fibertel Zone y sus Términos y Condiciones me marean, me ponen en un lugar en el que no quiero estar, hasta que me refugio en FLAMINGO.

Entonces mis células ya cubiertas de glucosa comienzan a dividirse, segregarse y  recombinarse, partículas que cruzan a través de túneles azulinos violáceos cerúleos y esos túneles se conectan como redes de esferas metalizadas donde ya no sé si estoy por un mundo en miniatura o navegando por los confines del universo. Parece los movimientos aleatorios del reproductor de música Winamp.
Y cuando pienso que estoy llegando a una aurora boreal intergaláctica de estrellas que nunca conoceré y raíces que forman siluetas de seres humanoides, todo se acelera, mas todavía pero esta vez en sentido inverso, rápido, ultra rápidoooo....!!!!

Hasta el momento juuuusto cuando baja la CocaCola por mi garganta y estoy en Paraná, un viernes 9 de Noviembre de 2018 asistiendo a la performance, acción artística, de Mana llamada Les Mutantes, una intervención en el marco de la Marcha del orgullo disidente.

En los días y semanas previos Mana fue trabajando una serie de piezas gráficas que utilizando un lenguaje imperativo o llamamiento a la colección rezaban “CIUDADANO SI VE UN MUTANTE REPORTELO. JUNTOS PODEMOS CAMBIAR EL FUTURO” diseminadas por el centro de la ciudad, en paradas de colectivos, garitas y edificios municipales. Dichas intervenciones tuvieron su rebote en las redes sociales generando dudas e hipótesis entre paranoides y disparatas.
La frase del afiche nos traslada, por un lado al “Si se puede” y al “Juntos podemos cambiar la historia” del Mesianismo Aseptico Bigdatista del Macrismo. Y por otro a el universo de Días del futuro pasado de los X-MEN del año 1981 donde, en un futuro 2013, ya pasado para nosotros, la sociedad controlada por “Centinelas” está dividida en tres clases de personas: “H” para humanos simples limpios de genes mutantes a los que se les permite reproducirse. “A” por humanos anómalos, que posee potencial mutante y “M” para mutantes, lo más bajo, parias y desterrados, cazados y asesinados sin piedad.

 Mana pone en juego en el espacio público la incertidumbre y el desconcierto, las reacciones de quienes transitan por las calles de la ciudad, bombardeados de discursos publicitarios cada día más complejos y sofisticados.


El día 9, Mana convocó en la esquina de Urquiza y San Martin a un encuentro como cierre y salida a la luz de su proyecto artístico bajo las consignas de “QUE OTROS SEAN LO NORMAL” “ORGULLO, REBELION MUTANTE, REVOLUCION, UNION”. Con megáfono en mano Mana leyó unas palabras y guardó silencio. El resto de les mutantes están ahí, al borde del borde, y de a poco se van dispersando, redefiniendo y redefiniéndonos: a todos, todas, todes, todxs, tod@s. Los últimos rayos del sol bañan la tarde paranaense y se han producido pequeños movimientos internos, aquí me encuentro en la tal vez esquina más transitada de la ciudad, algunos mutantes son más visibles que otros, o al menos mas o menos visibles a mis ojos, que no alcanzan a entender todo lo que sucede.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Pañuelo en vuelo

En Paraná, Santa Fe, y estimo que en todo el litoral, el período climático más húmedo del año va de octubre a abril. En un mismo día, a finales de octubre, se me dio por cortar el pasto que había crecido durante los últimos meses, y después salir a andar en bicicleta como para aprovechar las últimas horas de la tarde. En ambos trayectos sentí el sudor adherirse a mi piel, no evaporarse. El pasto que despedía la máquina se me adhirió al cuerpo y junto con la tierra de las calles de mi barrio, que se me pegó durante la pedaleada, hicieron un mix que me cubría piernas, brazos, cuello y rostro. Niñas, niños y vecinos me miraban espantados, era yo pero con dos milímetros más en la superficie. Al regresar a casa, cuando me estaba bañando y esa capa se iba desprendiendo, me sentía como el hombre invisible de las películas, que para salir a la calle y para que lo vean se ponía unas vendas, gafas negras y un sombrero.


Ser, ¿es ser visible? ¿Soy yo el que está debajo de la ropa, debajo del sudor, debajo de la piel? ¿O soy solo eso, sudor, ropa, piel?… ¿¡y está todo bien!?
Las obras que disparan estas preguntas pertenecen a la artista Mariana De Matteis, nacida en Villaguay en 1984, quien se formó, vive y produce en Rosario. Forman parte de un conjunto mayor llamado «Nuevas Esculturas» y se presentan bajo el título Estudios y Figuras en el joven espacio de arte contemporáneo santafesino Púrpura.
Según cuenta la autora, estas obras son calcos de esculturas que se encuentran en el acervo del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario, piezas que desconozco si están en exhibición, si alguna vez fueron vistas, si se exponen con cierta frecuencia.
Las obras de Mariana no tienen títulos individuales que referencien la pieza «original», por lo que eso que estaba allí se nos insinúa: un torso, una pierna, un pie, un rostro. Velos de algo que no está. Le pregunto a Mariana cuáles fueron las piezas que oficiaron de modelo  y me cuenta que fueron Muchacho del Paraná, de Lucio Fontana; Judith, La Telesita y El medallón, de Nicolás Antonio de San Luis; y, por último, Fragmento de estudio para la Victoria del Monumento al general Dorrego, de Rogelio Irurtia.
Montadas en la sala a modo de lugar de depósito, no tienen un recorrido lineal, se nos presentan aquí y allá, desplegadas por el viento de un ventilador giratorio invisible, lo que le da frescura y espontaneidad a la puesta. Hasta es imposible no darle la espalda, en algún momento, a alguna de ellas. Las piezas están hechas en goma EVA, de colores terrosos y arena. Querés tocarlas, comprobar su consistencia, contrastar la flexibilidad relativa del material con que fueron hechas a través del tacto, porque hay una aparente fragilidad en ellas, no te es suficiente con verlas. Estudios y figuras es un mini laberinto y me siento como un elefante en una cristalería…


Dos imágenes de la infancia
  1. El coyote al caer de un acantilado: queda su silueta de humo, el cuerpo ya cayó pero aún está flotando su aura con el cartelito de Acme en sus manos, sin darse cuenta del corrimiento. Pero esa aura no es el coyote, sino un coyote traslucido, sin recuerdos propios. Puro momento.
  2. Nosotros jugando a ponernos plasticola en las manos para quedar como laminados, plastificados, engomados y hacernos los zombies, los invasores extraterrestres. Éramos los niños escamosos haciendo gruagghhh gruaggghhh. Cuando nos aburríamos desprendíamos esa segunda piel despacito, tratando de que saliera «entera» de tal manera que nos quedara ese calco de nosotros mismos al borde del pupitre.
El procedimiento de calcado, copiado, transferencia, forma parte de un mecanismo de la obra de Mariana. Ya en ocasiones anteriores calcaba en papel de manera lineal obras de artistas contemporáneos, o proyectaba en las paredes de una sala y calcaba su muestra soñada; una suerte de colección de obras que ella querría tener, pero filtradas por su propio trazo.
«Todo aquello que vemos esconde alguna otra cosa más, siempre queremos ver lo que está oculto a través de lo que vemos», es una frase del artista surrealista René Magritte. ¿Quiénes son los que se besan en su famosa obra Los amantes? ¿Los que están debajo de los velos o los velos en sí? ¿Ambos? Hay algo de eso latente en las obras de Mariana De Matteis, algo que está entre la vigilia y el sueño, vestigios de algo que hubo, al límite de lo que es.

Estudios y Figuras, de Mariana de Matteis, se puede visitar hasta el 20 de noviembre en Púrpura, Proyecto artístico y pedagógico, Castellanos 1646, Santa Fe.

lunes, 22 de octubre de 2018

Un Ford Orion modelo 96 resplandece


La teoría de las ventanas rotas surge de un experimento: En el año 1969 se dejaron dos autos abandonados, sin patente y con las puertas abiertas, uno en el Bronx Nueva York y el otro en Palo Alto California. El del Bronx, barrio marginal, y atravesado por la pobreza y la delincuencia, al muy poco tiempo fue desvalijado, desguazado y el de Palo Alto, barrio tranquilo, residencial y de altísimo poder adquisitivo, seguía intacto. Entonces lo que se hizo fue romper una ventana del auto abandonado en Palo Alto para insinuar cierto abandono, lo que produjo que al muy poco tiempo vorazmente comenzaran a desmantelarlo los vecinos.
Autos apilados en un depósito municipal destinado para ese fin con hombre que pasa en bicicleta/ Autos que desbordan tapiales/ Autos en la entrada del depósito perros y vehículos tracción a sangre / Autos apilados desde el llano / Autos apilados desde el llano / Autos invadidos por la vegetación invadiendo la calle / Auto abandonado en la calle / Plano detalle del auto abandonado / Plano detalle de la rueda del auto abandonado /Detalle del interior de auto abandonado /Auto casi abandonado quemado y auto que pasa /Auto abandonado y perro y ramas en movimiento con autos que pasan /Auto abandonado detalle /Auto abandonado y pareja caminando y auto pasando /Noche con auto abandonado y persona saliendo de su casa / Plano de Santa Fe con los lugares donde se prendieron fuego autos y puntero del mouse.
Con la imagen del mapa interactivo, que cada año se acrecienta y como si estuviéramos frente a una entropía que va dispersando su energía y minando el plano de la ciudad, Milton Sccechi - con curaduría de Virginia Sotti - cierra el video que forma parte de su muestra ‘Resolana Nocturna’, que está compuesta por una proyección y una instalación realizada a partir de restos de autos capots y puertas apoyadas entre sí.
El artista va en busca de lo que queda de esos incendios: autos abandonados en las calles, en las veredas, en depósitos, donde son quemados y dejados una y otra vez. Autos modelo 97, modelo 2004, autos que cayeron en desgracia y que quedan ahí abandonados por siempre a su suerte.
Observamos ante la inmovilidad de los vehículos, cómo contrastan en algunas ocasiones el movimiento de las ramas de los árboles o los perros que deambulan, como en una danza callejera. Milton con cámara fija, se acerca y se aleja de ellos, para dar cuenta del paso del tiempo, el óxido, el derrumbe, y la invasión de la naturaleza.
En la novela ‘Rascacielos’ de J. G. Ballard se nos presenta el conflicto de cuán civilizados y correctos podemos ser, cuán cerca estamos de nuestros más bajos instintos: “Un tiempo después, sentado en la terraza mientras se comía al perro, el doctor Robert Laing reflexionó sobre los acontecimientos que habían tenido lugar en el interior de aquel enorme edificio de apartamentos a lo largo de los tres meses anteriores”.
Milton toma distancia de los hechos y se concentra en lo que queda, en las ruinas, y en lo que ya no volverá a ser como antes. Ya no se puede volver el tiempo atrás, entonces con su cámara va en busca de los resquicios para una belleza de lo tremendo en lo cotidiano.
“Desde 2015 no se detienen los incendios de vehículos”, anuncia El diario El Litoral de Santa Fe en un intento de cuantificar detalladamente dónde cuándo y de qué modelo son los autos quemados en esa ciudad. Le pregunto a un amigo analista político, especializado en Big Data y opinión pública, cuáles son sus impresiones sobre el mapa. Lo primero que me explica es que por lo pronto le parece que son un montón, pero no sabe si son un montón en relación a qué, que necesitaría reconfigurarlo al mapa, establecer otros parámetros para establecer posibles causales. Le propongo que nos pongamos paranoicos y hagamos el ejercicio: “¿El auto quemado en tal fecha coincide con el corte de luz en Aristóbulo?” “¿Es efecto de la quema del auto de barrio Candiotti la asunción de Macri como presidente?” “¿Qué papel juegan los servicios privados de vigilancia, los vecinos en alerta, las cámaras de seguridad, el monitoreo de ciertas zonas y la liberación de otras?”. Mi amigo me dice que no nos olvidemos que el pirómano tiene una enfermedad o patología, y que va a encontrar el momento para accionar, pero, le digo, “¿Son pirómanos quienes incendian coches o son las propias concesionarias, empresas aseguradoras, usuarios, que ante cierta obsolescencia, aceleran estos procesos inevitables? … esta última pregunta no tendrá respuesta.
-Resolana nocturna de Milton Se Secchi con curaduría de Virginia Sotti Tacuarita Azul en Proyecto FUGA

domingo, 2 de septiembre de 2018

Invernadero

La obra de Lali Martínez Spaggiari que se presenta bajo el título Idilio de resistencia puede entenderse como un recuerdo que se conforma de imágenes visuales y mentales.
La noche inaugural me daba vueltas en la cabeza una película que había visto hace mucho tiempo llamada After Life (1998), la cual transcurre en una suerte de limbo donde quienes van llegando son recibidos en una residencia en la cual deberán elegir con qué recuerdo quieren pasar la eternidad. Ese sueño será recreado y filmado y esas imágenes del cine, como arte total, quedarán grabadas para siempre.

«Yo no elegiré. Si elijo tendré que olvidar todo sobre este lugar. Así que no elegiré. Voy a guardarte dentro de mí para siempre. No puedo soportar que me olvide más gente».
Lali acciona en su obra mecanismos similares al de la película: ¿Cuáles serán las imágenes que nos acompañarán en la eternidad? Y antes que eso: ¿Existe la eternidad? ¿Será esa eternidad una eternidad de imágenes para la mente y el corazón? Idilio de Resistencia se abre a esos interrogantes, a los que se suman otros como los interrogantes que nos generan los sueños.
«El personal de aquí se esmerará en recrear el recuerdo que usted elija».
Parte de la muestra está compuesta por siete dibujos bordados, uno grande y seis medianos, donde los surcos del hilo generan paisajes de líneas abiertas, formas que se sugieren de laboratorios en el medio de la selva y del monte, quirófanos y sillones de odontólogos, mamparas de baño y churrasqueras en el medio de campos verdes y reposeras a la sombra de bibliotecas y estantes vacíos. Todas construidas como vistas aéreas próximas al momento del despegue, donde todo empieza a difuminarse y confundirse.


«Pero, ¿qué pasa con la fantasía de que la humanidad fue borrada de un plumazo dejando la Naturaleza librada a su suerte?» se pregunta Mariana Rodríguez Iglesia en el texto que acompaña la exhibición; y de mi parte sumo otra fantasía: History Channel entre 2009 y 2010 emitió una serie titulada La Tierra sin humanos, donde «40 años después de los humanos muchas casas con estructura de madera están quemadas, podridas, o han sido en gran parte consumidas por las plantas. Los árboles que crecen cerca de las estructuras de mampostería y ladrillo, las rompen».
Lali Martínez trabaja a largo plazo, dibujando con agujas sobre la tela, con la paciencia de ir creciendo e instalándose en los sueños centímetro a centímetro, ocupando espacios como fantasmas que nos fueran habitando y poblándonos de vacíos.

«En su momento busqué desesperadamente dentro de mi cualquier recuerdo de felicidad. Ahora, cincuenta años después, he aprendido que yo era parte de la felicidad de alguien. Qué descubrimiento tan maravilloso. También tú, algún día descubrirás esto».
La muestra se completa con seis objetos instalados, dispositivos de vidrio capsulares que protegen un mini ecosistema de césped, musgo y hierbas que crecen bajo la humedad de la luz LED que ilumina cenitalmente. Estos ecosistemas están compuestos de barro y objetos cotidianos: libros, anteojos, tazas y teteras de porcelana, películas en DVD y cuadernos cerrados.
Una convivencia entre objetos culturales y una vida que germina pero bajo ciertas condiciones dadas por la cultura donde, en plan de competir, no se sabe quién perdurará.
¿Qué pasará cuando eso que está protegido y mimado siga creciendo? ¿Qué sucederá cuando desborde y absorba y la pulpa de los cuadernos vuelva a su estado original? ¿Y las llaves, dónde dejamos las llaves, en cuál de las masetas quedaron enterradas? Me imagino a la artista entrando con una linterna por la noche al museo, forzando la puerta y con una pistolita pulverizadora, yendo a refrescar su jardín, o con pequeñas tijeras y pinzas a podarlo, a darle forma, una guía de hacia dónde ir, una tutoría.
«Es solo una tarde tranquila en el parque, en el parque de Chūō, cerca de la sala de cine en Ginza, en los cuarenta años de matrimonio nunca habíamos ido juntos al cine y esa resultó ser la última vez».
A estos objetos se añade otra variante: además de poder ver lo que está adentro, nos vemos a nosotros mismos distorsionados en el reflejo.
Me pregunto, ¿De quiénes hablan estos objetos? ¿De nuestros familiares y amigos? ¿De nuestros cercanos? ¿Cómo pensar la cercanía o lejanía en tiempos de redes sociales? Somos nosotros mirando nuestros poros y canas en el espejo del baño. Todo lo cercano, visto con detenimiento, se vuelve siniestro, somos fantasmas en un invernadero, que se evaporan y volatilizan en la laxitud del tiempo.

La exposición Idilio de resistencia se podrá visitar hasta el 14 de octubre de martes a viernes de 9 a 13 y de 16 a 20 y sábados y domingos de 17 a 20, en el Museo de Arte Contemporáneo de la UNL (Boulevard Gálvez 1578, Santa Fe).
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María Laura Martínez Spaggiari es artista visual, docente y gestora cultural. Ganó becas individuales y grupales para formarse con docentes como Claudia del Río, Eva Grinstein, Gabriel Valansi y Rafael Cippolini, entre otros. Trabaja en gestión cultural desde 2008 coordinando proyectos expositivos y de formación. Desde el 2016 dirige Púrpura, proyecto artístico pedagógico.
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martes, 14 de agosto de 2018

Mi colección de cuchillos Guinsu


Mis idas a Santa Fe siempre son de super vueltas combinatorias de gentes y lugares: En moto hasta la terminal, en la terminal el cole hasta Santa Fe, de ahí a Fuga a llevar libros, de Fuga al Foro de la Unl a encontrarme con artistas, del Foro de la Unl a lo del Ale a ponernos al día, de lo del Ale al Museo a llevar libros, del Museo a la terminal, de la terminal a la moto, de la moto a casa.

Cuando vuelvo en la moto las imágenes y palabras de esas cuatro horas se condensan y algunas quedan por días reverberando, a diferentes escalas, a diferentes intensidades, algunas me guardo para mí, otras las comparto bajo la forma en que quieran hacerse visibles.

La primer estación aquella vez fue la visita a Populisima de Nicolas Bassi: una muestra que te traslada a un tiempo pasado, espectral, pero de una fantasmagoría de diferentes capas, como si Casper se hubiese comido a Casper y a su vez a otro Casper y por ser transparente pudiésemos ver su interior, atravesado por veladuras que no pudieran esconder su interior.

En casa, había cosas que se aprendían por vía materna y otras por vía paterna: de papá heredé y el heredó de su padre, mi abuelo, mozo de hotel, el arte de la presentación de platos, doblado de servilleta y pelado de frutas y verduras. Cuando papá quiere sorprendernos, pela de maneras extrañas una naranja, o un tomate, o una zanahoria, dobla las servilletas de papel y los fiambres, a veces ahora 30 años después lo imito, ordeno sobre la tabla las tostadas para mi hija, hacia donde apunta el asa de la taza para que pueda agarrarla con facilidad. Lo mismo las picadas, el ángulo del cuchillo para cortar un salame, los quesos duros en triángulos, los blandos en cubos, las milanesas para que no se desgranen… me pregunto quién heredará de mí este arte.

Las fiestas de quince y las matines fueron las primeras noches fuera de casa, confiábamos en los tíos y personal de servicio que nos dieran alcohol, para mezclar con el jugo y disimular, viejos fantasmas en VHS, caras borrosas, peinados, camisas corbatas de Scobby Doo en los brazos de Shaggy temblando ambos de miedo, pausar la película y en intermitencia una cinta quedará vibrando, el trekkin no logra enfocar las caras, ahí sin saber que hacer con los brazos, pausando y parando, ahí comiendo y fumando para pasar el tiempo, pausando y parando retrocediendo y nunca dar en el momento justo de un detenimiento y el magnetismo de la cinta se va perdiendo, es como si no pudiésemos parar de movernos, como un tic nervioso.

Patear latas y botellas de agua, colillas y paquetes de Marlboro en la sala de exposiciones, hacer rancho, con especialización en precarización fue un poco la escuela donde hice el bachillerato en el planeta arte, una fiesta a la que nunca llegué, pero que seguro ya había terminado: Populisima me presenta una post/pre fiesta en HD, no sé si llegué antes o después, o si estoy en medio de la fiesta y no los veo, porque en la nitidez de sus objetos no hay paso del tiempo, no hay polvo ni barniz añejado, los globos colgando siempre inflados, el brillo de los chorizos cortado mariposas con la líneas paralelas de la parrilla marcando surcos, eso intangible, inoloro, acético, que deja marcas, todo como cortado con un cuchillo ultra filoso que no deja huellas. 

Casper se tapa la panza, se sujeta los tripas blancas transparentes, y de las tripas salen otros Casperes que se sostienen a sus ves las tripas. El corte fue preciso.

martes, 26 de junio de 2018

Alucinaciones hipnagógicas


Texto escrito pensando en la muestra La oscuridad revelada en Museo Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos para 170 Escalones
Lo primero que se me vino a la cabeza cuando me enteré que se realizaría una muestra de Sebastián Cabrol en el Museo Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos fue lo acertado del reconocimiento a un tipo que viene laburando, hace un montón de tiempo de manera silenciosa, en dos géneros de larga tradición en la ciudad como son la historieta y la ilustración, y qué bueno que su presencia esté dada por sí mismo y no por estar «en el marco de».

Suele suceder con la historieta que cuando ocupa lugares en las agendas culturales se la enmarca en festivales, ferias, presentaciones, selecciones, variedades y antologías. Sin embargo, aquí se (lo) presenta como «autor», no por «su parecido a» sino por su singularidad. Tal vez Cabrol y Lisandro Estherren sean los dos autores de historietas de mayor proyección y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Como nota de color se podría mencionar que ambos crecieron con el paisaje de las barrancas movedizas del SenseFolk de Villa Almendral, rumbeando al Balneario Thompson y Puerto Sánchez en la ciudad de Paraná.

En la contemporaneidad el lugar en donde se exhibe suele tener la misma o mayor preponderancia que lo que se exhibe, por eso, en este caso, la complejidad está dada por ser un espacio de disputas y tensiones, de convivencias y reconocimiento como lo es un museo que, entre otras cosas, es también un «templo». Los dibujos de la muestra de Cabrol pueden ser vistos y vividos como la ambientación de un templo pagano donde conviven «enterados» y «recienvenidos», seres sin piel que se arrastran por el piso, niños que levitan, pingüinos con tumores malignos y señores de elegante smoking. Todos son bienvenidos a este hermoso banquete, pero solo con sus mejores partes.

Conversaba con Federico Main, miembro del equipo del Museo que trabajó en el montaje y coordinación de la muestra, sobre cómo se había dado el encuentro entre un artista que viene de un campo muy especifico (la historieta y la ilustración y su modo de circulación) y una institución de artes visuales con su repertorio de objetos y sus formas de visualización. Federico me habló de cómo se ordenó la muestra, del interés en Sebastián de mostrar producción reciente —‌ya que casi el cien por ciento de lo expuesto es de los dos últimos años —, de su rigor de trabajo, de sus bocetos que están expuestos en vitrinas hasta la página final, obras que miden exactamente 30 x 42 cm, el equivalente a una hoja tamaño A3.

A la luz de una lámpara de pie que ilumina en diagonal el tablero de trabajo, me lo imagino a Sebastián tramando sus próximas páginas, intentando hacer visible lo invisible, lo que subyace, y de ese estado de situación, de la imposibilidad de revelar la oscuridad, hacer un camino propio, el de las pequeñas rupturas cotidianas. Porque en ese camino de la historieta que transita nuestro artista siempre hay una página más, siempre hay una siguiente, como un yacimiento del que siempre algo se puede extraer, siempre puede borrar y volver a dibujar y siempre te va a contar que en algo anda, y que ya tiene en mente algo siguiente; y en esa continuidad construyó su inconfundible obra.
..De niño me llamaban la atención las imágenes de los vía crucis que hay en las iglesias: los relieves pintados, los tallados y cubiertos de barniz, eran para mí como viñetas, como ventanas que me trasladaban a otro lado, a otro mundo. Esos fueron mis primeros acercamientos a algo artístico… en fin. Cuando visité la muestra de Sebastián sentí esa misma sensación en la manera en que estaban ordenadas las obras en la sala, de un modo lineal de izquierda a derecha dando la vuelta entera a la sala, a la altura de los ojos, hablándome a los ojos y al corazón.
Al fondo y a la izquierda se puede leer una historieta completa de 12 páginas. Las 12 empanadas en la bandeja, las 12 estaciones, las horas del reloj, la hinchada, los huevos en la caja, la línea 12 cumple el año próximo 12 años. ¡El poder del 12!
Diego Arondojo en el texto del catálogo de la muestra nos dice que “Si la sombra es proyección de otro abrazo por la luz, Cabrol es ambos: Luz y Sombra. Carne y ánima”.
Quienes sobreviven a un accidente de tránsito cuentan que cuando vas manejando y estás a mitad de dormirte suelen aparecer, en el medio de la ruta, personas, animales o plantas que se atraviesan. Siempre seres vivos, nunca una columna, o un puente o un lavarropas. Es con esos seres vivos que se nos presentan entre el sueño y la vigilia, en el momento más oscuro de la noche, antes de que salga el sol, con los cuales construye Cabrol su propia mitología y legado.
.La oscuridad revelada, de Sebastián Cabrol  Sala Auditorio del Museo Pedro E. Martínez (Buenos Aires 355) Paraná Entre Ríos.

lunes, 18 de junio de 2018

Apariciones en la orilla

Una serie de textos aparecen y se superponen:


Uno
“Hubo un tiempo, no de los más remotos seguramente en la historia de la Tierra, porque apenas se trataría de unos ciento o ciento cincuenta mil años, en que las aguas del río Paraná no se arrastraban en el cauce actual. Las ostras se multiplicaban cerca de Corrientes;  tiburones llegaban hasta Santa Fe; y las anchoas que hoy suben poco más allá de Buenos Aires, servían de alimento a muchos de los habitantes ribereños del inmenso brazo de mar poco profundo que se extendía en lo que hoy ocupa la cuenca del Paraná.” Formación del Paraná y sus islas. Eduardo Holmberg.

Dos
“Entonces, desde que tengo memoria hay otra orilla. Un lugar real que desde aquí se ve como una línea –irregular, coloreada sí por la presencia de árboles, pastizales, pedazos desnudos de barranca; pero cambiante también allí, si el sol baja o sube o se ha nublado o no hay niebla o si directamente es de noche y por supuesto, cambiante aun porque si la noche es clara de estrellas o de luna, o porque no es clara en absoluto, o se ven brillar a lo lejos, sobre esa misma línea, fuegos altísimos, a lo que bien les cabe el nombre de «fuegos devoradores»-.
Temo el día en que aquella línea, firme, tensa por debajo, y por encima flexible, fluctuante, sólo viva en mis sueños” La orilla más lejana. Sonia Scarabelli.

Tres
-Aquí ya empiezan a haber caballos-/ me decía./ Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde/ entre los colores del agua de la infancia./ Estábamos ya muy lejos de los bronces, los/ mármoles y los floreros pintados "al gusto de/ la familia" en los cementerios municipales.// Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo/ tren casi fluvial nos envolvía./ Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en/ las manos las ramas de las estrellas y/ el resplandor lentísimo de los ríos rosados,/ donde sangraba el sol de los caballos, las/ vaquerías y las antiguas guerras.// Era el primer viaje solos en el tren marrón que/ no quiere morir.”  Viaje estival con Lucio. Francisco Madariaga.

Apariciones en la orilla es un intento de generar confluencias, fundidos y encuentros. Habitar un espacio, dejándonos impregnar por los demás y confiar que de ese encuentro se abran nuevas posibilidades narrativas para este territorio planetario, pequeño fragmento del litoral, Santa Fe y Paraná. Parados desde la orilla, el río se nos presenta como un espejo que nos refleja y distorsiona. La dualidad en eso que se asoma, que nos mira con extrañeza y vuelve a sumergirse y sumergirnos para dejar, por un momento al menos, de ser los mismos.







Ilustradora de sus propias historias, Águeda Guarneri comparte tres obras en acrílico de su serie “Emisores”, donde seres extraños, sugeridos, apenas distinguibles, se conjugan en un paisaje extraterrenal de colores intensos, vivos y en movimiento.



María Luz Riegelhaupt teje en sus dibujos banderas que flamean con el movimiento del viento, o también, la sacudida de un mantelen el patio luego del almuerzo antes de guardarse, un mantra, una acción que se repite cotidianamente y que va cobrando volumen, generando un cuerpode líneas que surcan el blanco del papel.



En Lucila Solé se hace presente un tiempo congelado. A través del video genera un detenimiento, poniendo foco en gestos mínimos, la inflexión de un cuello al girar la cabeza, eso que somos visto desde otro lugar, o una sutil textura hecha de cabello cayendo, como si pudiéramos vivir dos veces un momento.




Julia Sánchez expone pinturas sobre cartón, mezclando acrílico con brillantina. Hay algo del extrañamiento y de lo inapresable en las pinceladas coloridas y en los trazos que va generando la artista sobre la superficie rígida. Una mezcla de disfrute y obsesión por las formas y la manera de resolverlas.



Valeria Marioni despliega un cosmos hecho de apuntes de dibujos, tramas de papeles, anotaciones en forma de poemas y cerámicas en un todo indivisible. Pone en evidencia un método de trabajo donde las piezas se van encadenando y complementando. Su vínculo con la naturaleza marca el pulso de la obra y la forma de aproximarnos a ella, desde el tacto, la vista y la palabra.



  




Con dibujos de diferentes tamaños, técnicas, y años, Martín Pérez Campos construye un collage sobre la pared, que en cada montaje vuelve sobre sus pasos y encuentra en su archivo nuevos vínculos, proximidades y tensiones. Un trabajo que se construye en el montaje mismo, complementado con textos y fragmentos de dibujos pendientes, realizados directamente en la sala.


Fogones orilleros

Como actividad de cierre se reunió la música, la palabra y la escritura y sus vínculos con la visualidad, invitando a vivenciar la muestra desde diversas perspectivas y a conocer a los artistas visuales que participantes desde las otras disciplinas que transitan: se presentaron los proyectos editoriales Del Campamento, de la artista expositora Valeria Marioni; junto al sello invitado Curiosa Exhibicionista, dirigido por Kaia Edling en Paraná. Martín Pérez Campos compartirá sus canciones y la noche cerrará con una lectura colectiva de Proyecto Mojarra, integrado por las entrerrianas Laura Sánchez, Noelia Gliper, Rocío Lanfranco y Natalia Garay.





Organizada por el Gobierno de la Ciudad con el apoyo de Universo Pinturerías y la Universidad Autónoma de Entre Ríos, y la colaboración de Vinoteca Don Candioti. Desde 11 de mayo a 3 de junio de 2018. Centro Experimental del Color. Bv. Pellegrini 1150, Santa Fe.

martes, 17 de abril de 2018

Influencers de las tierras infinitas





Fui a ver la muestra "Libertad, esa extraña palabra" en el Museo Provincial de Bellas Artes.
La muestra se divide en ejes temporales que coinciden con las tres salas en cruz del museo. Se suma a esto una sala de tránsito, la que da al patio, donde se exhibe un video con el cual quedé pegado. En él se entrevista a diferentes artistas cuya obra fue seleccionada y premiada en el periodo 1973/1983. Creo que de alguna manera, ahí en la soledad de la sala, frente a la pantalla y esos rostros y sus palabras y sus obras, me fui reconciliando y reconociendo en algunxs de ellxs. Varixs fueron docentes míxs en la escuela de arte, y sino fueron docentes, fueron de alguna forma referentes o maestrxs del camino. De aquellos años de comienzos del 2000 al pasado y luego al futuro que es nuestro presente vivimos incontables cruces generacionales, tal vez no tantos ni con toda la horizontalidad y transversalidad que hubiese querido. Pero aquí estamos. Con mi mochila de vendedor de libros y la pantalla y la sala centenaria.
Que pasa y que pasará con quienes quedan en la memoria y porque quedan unos u otros, artistas de los que hablamos incansables horas, tomando birras en las plazas a la salida de la facultad, y otras también tomando un vino o una birra con algunos de ellos, a entenderlos y a entendernos en estos vínculos de otra manera, desde su producción, desde sus falencias, que son las mías, y sus virtudes, que pueden ser las mías también. Me pasa que a veces hablo con alguien sobre tal o cual artista que pienso que es genial y súper conocido y que debería estar en el a b c de todo artista de por acá y me dicen “ah si creo que lo escuche nombrar” y digo chau, que loco que no lo conozca, y de algún modo me pasa con algunx de lxs artistas del video a quienes no conozco. Luego de esta muestra se anuncia una con toda la pomada, los bernis xuls quinquelas, picassos y otrxs grandes ilustres envasados en origen para disfrute dominical de la familia seguido luego los colectivos escolares llenos. Pienso que será de estas obras cuando vuelvan a los depósitos. Yo que sé, pienso en las mochilas, con que uno las carga y como esas mochilas nos sobreviven.
 

martes, 20 de febrero de 2018

A la misma velocidad, nos encontraríamos en el medio

La chinkana es la palabra en quechua para designar un túnel. Se dice que durante el Imperio Inca, en Bolivia y Perú, con la llegada de los españoles, escondieron ahí todo su oro para que los invasores no pudieran encontrarlo. Nadie ha podido entrar en ese túneles y las historias cuentan que quienes lo hacen, salen locos, o como si el tiempo hubiese hecho estragos en ellos. Se dice también que fueron creados como lugares de castigo, como laberintos y como sitios para perderse.
La novela de Bob Chow “Todos contra todos y cada uno contra sí mismo”, transcurre en un futuro cercano en Samaipata, Bolivia. Martin Orlog, programador, desciende a la chinkana, metro a metro. En su misteriosa reaparición, tras nueve días de estar desaparecido, le dice a la responsable de recursos humanos “-¿La chinkana? Estuve dentro solo unas horas… Es… hermosa, absolutamente hermosa”.




 Las historias de túneles son atrapantes: están los túneles o accesos que conectarían con el centro de la tierra, donde vivirían los Erks, seres gigantescos pero buena onda. Uno de los accesos a la tierra hueca estaría en el Uritorco, y conectaría de alguna manera con los túneles Cuzqueños y así se cubrirían grandes extensiones intraterrestres/trasnacionales.
 Paraná también tiene sus túneles que conectan el centro de la ciudad, con la escuela, la catedral, y el río. Los niños dicen haber visto “enanitos” trabajando en una de sus salidas por el puente blanco que rodea la parte de atrás del cementerio.
 Existen también historias de túneles donde se aloja el diablo, un diablo que cumple deseos que mejoran nuestras destrezas artísticas, a precio de desdichas y tardíos lamentos.
 Hay también túneles pequeños, como el túnel que conecta por debajo las tribunas del club, donde los chicos se juntan a fumar, a mirar revistas y sacarse fotos.
 El túnel es un atajo, un espacio a transitar, lugar de dislocación, un desdoblamiento espacial y temporal. Al salir, el aquí y ahora puede ser diferente a lo que teníamos en mente.
 La muestra se nos presenta como esto último, teñido de todo lo anterior, un lugar de historias que nos anteceden y que a la vez construimos desde nuestros propios fantasmas, miedos e incertidumbres.
 El museo es una caverna y la muestra un túnel. ¿O será al revés?
 Luciana Berneri me cuenta de los trenes que atraviesan las ciudades de donde son los artistas que participan de la muestra, y pienso en el desplazamiento, en las fotos en la oscuridad, en lugares a los que tal vez nunca vamos a volver. Me pregunto en este túnel ¿las fotos serán con o sin flash? ¿Coincidirá nuestro recuerdo con lo que vemos, y a la vez no modificará esto que vemos a nuestros recuerdos?
 ¿Un túnel/ muestra con aberturas/salidas/ entradas arbitrarias, flashes en la oscuridad, sino, como unir ciudades tan disimiles como Córdoba, Esperanza, Gualeguaychú, Rafaela, Reconquista Río Tercero, Rosario y Villa Carlos Paz?.



 El túnel, en el marco de la muestra, es el lugar donde se ponen en juego las tensiones acerca de qué entendemos por arte en las provincias, en las ciudades del interior de la región centro del país, se ponen en juego las escenas locales, como se construye un público, las potencialidades y limitaciones, las relaciones de centros y periferias.
Moverse del lugar propio es siempre un desafío. Quién entra o sale de un túnel da cuenta de la existencia del túnel, una evidencia física y oral de ese recorrido. Hay un fragmento de una canción de Salvador Bachiller que dice “destruyamos la mitología del dolor, porque alguien que sufre no siempre crece y se fortalece”. Entrar y salir de un lugar no siempre es gratuito, no siempre se sale ileso y triunfante. El tema es, qué hacer luego con eso, un túnel que nos llama, nos dice, “por aquí, es por aquí”.

Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” . Santa Fe

-Sobre la muestra:   “Entré en el túnel y saqué un par de fotos” curaduría Luciana Berneri.  Expositores - Alberto Bonus (Gualeguaychú), Héctor Borla (Esperanza), Martin Carrizo (Río Tercero), Sofía Desuque (Rafaela), Nadia Drubich (Esperanza),  Toti Ds(Santa Fe), Fede Gloriani (Rosario), Nina Kovensky (Córdoba), Florencia Laorden (Rafaela), Mimi Laquidara (Rosario), Lali Martinez Spaggiari (Santa Fe), Mallku Elorrieta Melogno (Villa Carlos Paz), Silvina Menendez (Santa Fe), David Nahon (Rosario), Julio Pagano (Reconquista), Ana María Pizarro (Santa Fe), Jair Jesús Toledo (Córdoba) y Agustina Triquell (Córdoba).

viernes, 2 de febrero de 2018

Cosas que no había dejado aquí


Imagen uno: Yo volviendo apurado de Santa Fe después de ver una muestra, subiendo a la moto en Paraná, yendo a una farmacia para comprar ibuprofeno pediátrico 2mgr. El farmacéutico nos atiende por una ventanita desde la puerta, delante de mí, un chico compra preservativos y crema de enjuague y se sube al taxi que lo está esperando.


Imagen dos: Encuentro en el río musical es, creo, el último videoclip de Virus. El paisaje es Futurístico/ Lunático/ Tropical/ Azulino. Federico, según cuenta Marcelo Moura, escribió esta canción ya pensando en su final: “El río musical, bañando tu atención, genero un lugar, para encontrarnos”.

Imagen tres: Es el año 2014 y veo una obra de una bailarina postnuclear con unos cocos y ananás en la cabeza haciendo equilibrio en un muelle, impresa en grises sobre una mesa.

La muestra que estaba visitando en Santa Fe era ‘Diferido’ de Fede Salvarredy, que hacia un montón que no lo veía y me acompañó a recorrerla y luego, con unas cervezas.

La palabra diferido me encanta, pienso que el lugar para encontrarnos son las imágenes, le damos con el dedito para arriba y para abajo al celu, tirando corazones, likes, caritas felices y enojadas. Se cansan los ojos volviendo de madrugada revisando, viendo en el mismísimo momento, pero en diferido, vacaciones de otros, salidas nocturnas, encuentros, hallazgos, hacer de nuestra rutina algo más que una rutina.


El  tiempo que transcurre y el tiempo que transcurre por segunda vez, esta vez en un espacio compartido.


Reivindicación del surrealismo en un conjunto: La convivencia de una mano enguantada de terciopelo verde  apuntando al cielo nocturno con una banana, junto al tejido diurno de alambrados con un auto viejo, medio verde, detrás estacionado.


Imagen cuatro: Visité la muestra el 7 de enero, escribo esto un día 23, la muestra cierra el 31. Cuando alguien lea este texto tal vez la muestra ya no esté ahí.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Me llamaba la atención la forma en que las miraba




Volviendo en el cole desde Santa Fe, después de ver “Invisibles y Salvajes” en el Museo Rosa Galisteo, se me vino a la mente el comienzo de la canción de Intoxicados que dice masomenos  “solía verla siempre, mirando las guitarras/ y me llamaba la atención, la forma en que las miraba”. En el momento no encontré ninguna relación pero todo empezó a decantar,  y a enredarse también, cuando una piensa la curaduría como un recorte y cómo compartir, contagiar ese recorte, cómo hacer que otros ojos acompañen nuestra mirada y también esa mirada se amplíe, que pueda generar sus propios recorridos, sus propias lógicas, que la mirada del otro no nos ciegue. 
La muestra se presenta desde su complejidad. El material de folletería que disponemos al entrar a la sala nos ofrece una vista arquitectónica, un plano del museo con la sinopsis de cada sala pero atravesada por líneas como hechas a mano en gris, que generan una trama con posibles recorridos, o nodos, o palabras claves. Esta trama contrasta con el guía del museo, cuando intenta traducir en palabras lo que sucede en cada sala: la imposibilidad de establecer jerarquías y  un recorrido lineal de la muestra en general.
Aunque suene redundante, es una muestra que necesita ser vista y confieso que antes de ir a verla no tenía ni idea de qué se trataba.
 Cada sala es como una cebolla que se va deshaciendo y van surgiendo nuevas capas, pero que, acertadamente, no pone en primer plano el procedimiento, el recorte, sino a la obra propiamente dicha, para que una vez que hayamos entrado en ella, podamos volver al texto y del texto,  volver a las obras para transitarlas de una manera diferente. Este dato es significativo en la medida que entendemos que ambas curadoras, Raquel Minetti y Victoria Ferreyra, además de docentes son artistas, e intuyo que se habrá presentado en ellas mismas esa dualidad, esa tensión al momento de pensar esta muestra.
Sumo a lo anterior: Para cada sala las curadoras invitaron a otrxs curadorxs a repensar la colección y en su mayoría, si no me equivoco son artistas muchos de los cuales tienen obra que forma parte de la colección del museo. Así la muestra puede entenderse como una cinta de Moebius que sintoniza con el lema del museo en la actual gestión que reza “El Rosa pensándose a sí mismo”.

Algunas preguntas sobre el patrimonio puesto en funcionamiento en el marco de una muestra. ¿Es necesario que la obra recupere un status previo al momento de haber ingresado a la colección? ¿Son esas obras legibles por fuera del contexto del que forman parte? ¿Para esa obra nada volverá a ser lo mismo? ¿O se mantendrá inalterable aunque lleve viviendo más tiempo dentro de la institución que afuera? ¿Son las guitarras de la canción las obras del museo, las que miran Raquel y Victoria, y nosotros los que las miran a ellas, y a través de ellas, a las guitarras?

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Los vértices de un triángulo



El triángulo invertido es la forma que se me viene a la mente cuando entre a ver la muestra Oda a la Intemperie de Diana Campos, Victoria Ruíz Díaz y Eugenia Bracony. La distribución en las salas me lleva a eso. El Museo de Bellas Artes de Entre Ríos convertido en un tatetí: en el medio abajo yo, al costado izquierdo la permanente de C B Quirós, al derecho la deliciosa muestra patrimonial, al medio Eugenia Bracony, superior izquierdo Diana Campos, superior derecho Victoria Ruíz Díaz.

Perdón... arranqué medio trabado, pero pienso en la forma del triángulo invertido como fecundidad, como femeneidad, en el equilibrio de las fueras, fuerzas del afuera, de la naturaleza y creo que por ahí va la cosa si tenemos en cuenta el título de la muestra.
Pienso también en cuando uno busca forma de letras para recorrer visualmente una obra, pienso en la V, en la cual uno entra por el punto de unión de más abajo y luego se recorren ambos caminos a la vez, como si la obra de Eugenia fuera el vehículo, motor, canal, a la obra de las otras dos artistas.

Tuve la oportunidad de visitarla acompañado por Diana, y le pregunte por la disposición del espacio y qué onda con eso, y me contó que había sido propuesto por la coordinación del Museo y creo que si bien las obras funcionan en salas separadas y son casi tres individuales podrían haber convivido o continuado espacialmente en las salas.



Entro en la obra de Eugenia y flasheo con que la obra hecha de barro se fue secando durante los días de la muestra y me lamento no haber ido más seguido. La sala principal del Museo es la que da la sensación que tuviera el techo más alto y esta bueno porque la obra de Eugenia en algún punto necesita un techo alto, son como cráteres que impulsaran la vista hacia arriba, hacia el vacío, donde en apariencia no estaría la obra ( que está abajo) pero que de algún modo continuara, Necesita aire, nos necesita a nosotros alrededor para que las piezas se vayan secando, nuestro aliento dando vida a las obras, y la obra a su vez absorbiéndonos, madurando, envejeciendo juntos, con lo maravilloso que eso puede ser. Pienso: Un museo es el lugar donde, también, se envejece.



Paso la sala principal y a la izquierda está la obra de Diana que excede el espacio físico asignado. Es una sala pequeña con unas molduras que hacen bajar la luz del techo, pero con unos ventanales importantes y dos puertas pasos curvos enormes.
 La obra está hecha de ramas como manos de monstruos dedos ( vieron La Aldea de Shyamalan? Bueno, algo así) estirados, que se cruzan en el medio por nudos que abren en abanico las ramas secas y en el suelo una suerte de sedimentos.
También esas ramas tienen algo de arqueológico, como una especie rara prehistórica, un ave y sus huesos.
 La artista invitó al publico a que colgara interviniera la obra con semillas carteles y cosas varias: Al pie de la obra un cartel dice: Donde esta Santiago los Maldonado?
 La construcción de la obra de Diana me recuerda a la obra de Jorge Macchi “un charco de sangre” donde líneas temblorosas de recortes de diarios se encuentran en una serie de renglones en el medio con esa frase y luego vuelven a abrirse siguiendo las frases en otras bifurcaciones. Muchos caminos ramas pero los mismos nudos, las mismas trabas, los mismos problemas en común.
 Pienso un Museo es un punto de contacto.



Giro, vuelvo sobre mis pasos y esta la obra de Vicky con obras grandes de 250 x 150 cm aprox, carbonillas sobre lienzos en la sala mas  cubo blanco del museo, donde mejor se aprovechan las paredes para las obras que se cuelgan. Son paisajes tupidos de los que se asoman animales escondidos, imágenes reversibles donde una vez que descubres la liebre no puedes dejar de verla. Le pregunto a Diana como hicieron para traerlas, si ya estaban terminadas, o si la terminó en el museo y me dice que algunas sí, y que otras se terminaron una vez montadas.

En los tres casos las obras se terminaron de hacer en el mismo museo, desde el secado de las piezas y su construcción, desde las intervenciones que le dan sentido, y desde la influencia de la luz al momento de producir un dibujo.

El paisaje entrerriano, su poética, como mito fundante y relato es lo que aquí se respira, eso que se está haciendo.

Pienso el Museo como lugar de origen.