sábado, 3 de enero de 2026

¿Seguirán ahí las estrellas cuando hayamos partido hacia ellas?




Una constelación es un punto de vista, es imaginación, es posibilidad, es fugacidad. En todo eso hay verdad, porque en lo visible hay verdad.
Por 48hs la ciudad de Paraná alberga simultáneamente en 3 salas diferentes la obra de Luciana Scutella. Este fenómeno no sucede habitualmente: participa en el Salón Provincial dónde obtuvo el primer premio, en una muestra colectiva en Aura y en el cierre de los encuentros denominados Programa doméstico en casa Boulevard. Una constelación pequeña, pero una constelación al fin.
Su obra transita en el límite entre la tradición y la extinción, el legado y la desaparición. Queda una suerte de ruina, en tiempo presente, de todo rastro humano. ¿Es posible un retro-futuro “a la entrerriana”? ¿Cuál es la agenda de aquí al 2050 de lo que se produce en la ciudad? El municipio de Paraná lanzó hace poco una serie de videos con evidente uso de IA de los personajes icónicos de la ciudad, que hacen a su educación sentimental: El robot, el patito, y un yacaré al estilo Mecha del anime japonés. ¿Así serán nuestros recuerdos? Luminosos, prístinos, soleados caminan los tres iconos locales por calles vacías, sin gente, sin vehículos que huyeron tal vez despavoridos ante su presencia.
No hay equipo en la obra de Luciana. El futuro en el cual se proyecta está hecho de restos de un viajero solitario del tiempo que solo pudo en su mochila y riñonera rescatar algunos fragmentos. En la obra que presenta en Aura un conjunto de juguetes están dispuestos en línea, cubiertos de un polvo blanco, mezcla de paso del tiempo que homogeiniza la singularidad. La vuelve difusa. "Es la muerte el pasado o el futuro?" Es la angustiante pregunta que nos realiza la artista. Un frasco, un peluche, un libro, una flor seca. El mundo en miniatura visto desde la luna. El conjunto de fragmentos que por contigüidad arman un todo. El gesto invertido de la “bienalizacion” de una obra. Así como llegó a Aura, en el baúl de un auto, así se irá.
Cómo en un paisaje de Weird Fiction alucinado, entre obras construidas con elementos de una tradición que tiene no menos de 500 años, la artista erige en el Museo provincial una marioneta, no diría que gigante, Pero sí de escala amplificada. Lo que ocuparía una esquina de un escritorio aquí ocupa la centralidad de la sala. Luciana activa, cuál pokebola y conjuro, un sacapuntas gigante de un monito que se mantiene siempre parado, salvó cuando uno aprieta su fondo. Aquí la acción está congelada, el monito no volverá a pararse ya que nada lo tensa. Ahora descansa. 
La tercer cita de éste "periplo Scutella" es la reciente muestra de cierre de Programa doméstico llamada Mostrar la hilacha. Una muestra que dura solo dos días y que marca el tiempo de avistaje de esta constelación. Allí Luciana muestra una daga, también de mediana escala, hecha de tela y rellena de algodón, colgada de tanzas casi al fondo de la sala, iluminada teatralmente, delante de un fondo hecho de corazones bordados. Una estética 8bits, de cartucho de videojuegos. La realidad es reemplazable por pixcels y reels de Instagram. La proximidad es abducción. El tiempo es un chispazo. La observación de las estrellas y su lectura es un privilegio modesto que podemos darnos los humanos antes de nuestra extinción.


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