miércoles, 22 de febrero de 2017

Aguas abiertas

Una vez de visita hace unos años en la casa de mi amigo Fede encontré en su mesa de luz un libro de Murakami llamado De que hablo cuando hablo de correr, yo esperé a que se fuera y lo agarré para chusmearlo, me daba verguenza, como estoy gordis que dijera que hace este loco agarrando justo ese libro, bah siempre nos matamos de risa de mi dieta porteña ( patynesas y coca cola) pero bueh jjj. Mi amigo salía a correr todos los días un rato, todavía no se había puesto de moda como ahora el running ( pero creo que ahora al running lo esta reemplazando el crosffit o algo asi). Luego de callado me lo compre y estaba muy bueno, hablaba sobre la respiración, sobre los corredores "de fondo", sobre como fué ganando kilometros, etc. es más, un fragmento lo leíamos en el Pariente taller, leiamos ese fragmento, otro de Thoreau, y otro de Whitman. una hermosa combinación.
Luego me lo baje en pdf y se lo terminé vendiendo a mi amiga Carla. 






Paso el tiempo, o en paralelo cada tanto aparecen esas imágenes de hazañas de corredores que sus compañeros los llevan en andas a cruzar la meta, hay una de Jim Peters, todo debilucho, que se cae y se levanta, y se te hace un nudo en el estomago. 




O de la mujer que corría entre hombres en Boston y qe se anotó solo con sus iniciales, aparece un botonazo a querer sacarla, y el novio de la chica que era grandoton lo saca a los hombrazos.



Yo a todo esto sigo sin correr una cuadra, soy de los que salen a caminar y esperan a alguna cuadra donde no hay nadie a trotar un poco. Mi amigo Rodrigo, que estaba con sobre peso también hacia lo mismo. 
La Hernandarias-Paraná es la maratón de aguas abiertas más larga del mundo, pero dejo de hacerse por falta de presupuesto.

Me acuerdo de la vez que en una Hernandarias-Paraná los dos nadadores llegaron juntos, no se si era Diego Degano, Christof Wandrafsch, Atila Molnar, se dieron la mano y cruzaron la meta., fue conmovedor, a mi me daba el agua hasta la cintura, estaba todo el mundo sudado y el barro de abajo un poco me daba asco, pero la imagen prevaleció a esa sensación.

El año pasado mi amigo Lisandro que siempre me regala libros piolas, me regalo uno de Echenoz de cuentos, cuentos breves muy raros, que los leí de un tirón pero me quedó el nombre del autor dando vueltas.



Así a los pocos meses estando de viaje y con los juegos olímpicos en los canales, estaba justo la maratón, yo estaba haciendo tiempo donde me hospedaba y no quería salir a la calle así que me compre unas empanadas una lata y me colgué. Bonadeo hablaba al pedo pero le pone pasión, y conto de un tal Emil Zatopek, ok ok, pero de pronto tiró este libro Correr y me acorde de su autor.





El lunes volví a la biblioteca y no tenía ni idea que sacar. Justo estaba Manuel decíamos que hay tanto que no sabemos por donde arrancar, la mesa de novedades no me convencía así que me fui a los anaqueles a la letra E y me lo traje.


jueves, 16 de febrero de 2017

Dibujar


Pensaba que cuando uno se pone a dibujar lo hace en busca de preguntas y en busca de respuestas, se me podrá decir que en el cocinar, el bañarse, o el inflar una bicicleta estaría también presente la búsqueda de preguntas y de respuestas, pero creo que en el dibujo esa pregunta o esa respuesta se nos puede presentar de manera casi inmediata.
En desplazar un objeto sobre una superficie y que en ese movimiento se genere un trazo una línea, por torpe o breve que sea, hay algo que se vuelve visible primero para quien lo realiza.
En ese encuentro, del objeto sobre la superficie, algo, aunque sea súper pequeñito sucede.
Y luego lo ven los demás, la persona que amas, odias o que no te pasa nada, la que estaba por casualidad o porque le interesa lo que haces o porque estaba matando el tiempo por ahí.
Y a veces a ese que estaba durante o después de que vos dibujaras le dio ganas de hacerse preguntas o ir en busca de respuestas y siente que ese trazo que hiciste puede ser un buen lugar para comenzar su búsqueda.
Su búsqueda lo puede llevar al orden o al caos, pero probablemente se sienta motivado a tomar un objeto y desplazarlo sobre una superficie y hacerse cargo del legado imborrable que le delegaste.

Bueno, entonces se produjo algo maravilloso a escala humana, de uno a uno, y así por suerte seguirá sucediendo confío, por mucho tiempo, con el dibujo.

* Texto para Una línea infinita de Victoria Ruíz Díaz 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El anfitrión



El anfitrión puso dos vueltas de llave a la puerta y dio por concluida su tarea.
La visita no se extendió demasiado, a eso de las doce ya no quedaba nadie en la casa, él solo de espaldas a la sala, con las llaves en la mano.
Se dijo que los platos y cubiertos los lavaría al día siguiente, y fue apagando las luces de las habitaciones, una por una, a medida que se alejaba de la puerta.
Apagó la luz del frente, luego la del salón, la de la cocina, la del patio y del cuarto de lavado, siguió con la de los pasillos y la de los dos dormitorios.
El suyo estaba en un orden particular, una lógica difícil de descifrar para un extraño.
El otro dormitorio, pertenecía a sus objetos y cosas del pasado, nunca entraba, pero cada día entreabría la puerta, estiraba el brazo y prendía las luces por si acaso.
Una a una, toda la casa a oscura, salvo la luz del baño.
Entró, se desvistió y puso toda su ropa sobre el inodoro. Parecía que iba a usar la misma ropa al día siguiente, en realidad, daba la sensación que no hubiese otra ropa en la casa que la que usaría al día siguiente.
El baño fue de lo más normal, jabón, champú, crema de enjuague, agua tibia tirando a caliente.
Cerró la canilla.

El anfitrión escuchaba todas las mañana el mismo programa de radio, en el cual, con preguntas sencillas, intentaban amenizar la mañana de sus oyentes.
Las preguntas eran del tipo: “¿Qué harías por amor?” “¿Porque la gente te crítica?” “¿Qué haces metódicamente y de manera obsesiva?” y cosas así. Entre los llamados se sorteaban después, descuentos en productos para el hogar, entradas para el cine, etc.
El anfitrión nunca había llamado a la radio, tenía vergüenza, pensaba que sus respuestas serían ridículas, y que a nadie le importaría.

Cerró la canilla, y se agachó, puso sus manos sobre sus rodillas y comenzó a sacudir su cabeza escuchando como las gotitas del pelo golpeaban contra la cortina de la ducha, luego agarró la toalla y se secó el cuello, siguió por el pecho, la espalda. Luego sacó un pie de la bañera y en el aire se lo secó, lo apoyó en el piso, e hizo lo mismo con el otro pie.
Terminó secándose la entrepierna.
Ya desnudo y seco, abrió la ventanilla del baño para que pudiera salir el vapor y se colara la claridad de la noche. 
Por último recogió la ropa, apagó la luz y se quedó parado, de espaldas a la puerta, esperando el timbre que sonaría en la mañana siguiente.

*texto escrito para Esto de Ana Won en Un Club. Tucumán. Agosto 2016

domingo, 18 de septiembre de 2016

Un triángulo mitad de luz, mitad de sombra, se forma con una escoba, el piso, y la pared


La primera vez que leí un poema pensando que estaba leyendo un poema fue con un poema de Kiwi, lo había leido en una revista universitaria de la Unl que me habían regalado en el año 2mil por haber participado de la Bienal. Todo era nuevo, y leer los versos de un hombre que vivía en Alto Verde fué revelador. Para mi Alto verde, lugar que no conozco era una cosa tipo mitológica, era un fragmento de una canción de Carneviva, el "magnifico altoverde, al andar de la canoa, manteniamos el equilibrio". Aquella revista no tenía foto del autor, lo que le daba un misterio mayor, y la guarde por mucho tiempo, yo que creo que todo lo que hice lo hice en base a acumulación, la guarde por esos poemas de Kiwi. Con el tiempo, ordenando biblioteca y archivos, la tiré, se humedeció, o desapareció. Bueno ahora salió un libro que recopila su obra, y ya no tengo, 16 años después, la revista universitaria por aquí, y leo y busco un fragmento que había quedado grabado en mi memoria de una escoba apoyada en una pared y de las moscas y veo que no hay ninguna escoba apoyada en una pared ni las moscas, y no me lo lamento, porque es muy probable que me lo haya inventado, y esta bueno también que haya cosas que nos vuelvan inventores sin darnos cuenta y algún día aparecerá esa escoba que proyecta un angulo en la pared y el piso de 90º, una escoba vieja y unas moscas que le dan vuelta.

Otros bichos

Llegó interesado en no sé
qué importa.
Me dejó las pulgas
que fui cazando
a medida que trepaban por
mis piernas.

Una por una.
No lo sabe. Me conforta
el haberte sido útil en algo.
  

miércoles, 30 de marzo de 2016

Arrancar con 50 salames como para probar



Sí lo de la tapa es la foto de un salame, porque el protagonista es un diseñador gráfico desencantado de la profesión, que luego de ser guardia de una empresa de seguridad privada, se quiere salvar vendiendo salames. Haciendo él los salames que parece que le salen ricos y hace un tinglado en el patio de la casa para dedicarse a esa producción, pero empiezan a pasarle cosas en tono comedia triste: termina a las corridas por el Museo Polifacetico Rocsen en Nono escapando de unos traficantes de animales silvestres que vendían en los countries que le disparan con metralletas de Paintball.

Yo también quise salvarme vendiendo salames, como algunos saben vamos con mi señora y mi beba seguido a Chajarí y es condición para que yo vaya que me esperen con un salamito y mis suegros no entran a casa si no es con un salame. Y es en esas tardes de ocio (bah un ocio que tiene que ver con no hacer lo que tendrías que hacer) de mate y salame cuando mi señora estaba embarazada o un poco antes, y cuando el dinero no apretaba tanto como ahora, le dije “che yo podría llevar salames a Paraná y vender si allá salen re caros”.
Entonces la convencí e hicimos cálculos mentales (ella con tal de verme entusiasmado me decía que si). Fuimos entonces a lo de un vecino de mis suegros que vendía salames y nos hizo probar de los que tenía, estaban todavía medio blanditos así que se desasían pero el sabor era fabuloso. El hombre era grandote y estaba sentado en la cocina con su señora preparando un guiso con la puertaventana que daba al patio abierta, y nos dijo que el disponía de camioneta y que se iba a re vender, y nos dijo que podíamos arrancar con 50 salames y probar.
El plan no era malo, pero luego llegaron los inconvenientes, como almacenarlos, cuanto espacio ocupaban, si venderlos por kilo o por unidad, si comprar cortitos o largos, si picado grueso o fino, si convenía comprarle a este hombre o comprar a la fabrica de Don Beto, nosotros estábamos en plena mudanza así que imposible, y así se fue derrumbando el plan. Igual no lo descarto cada vez que me llega el pobrísimo recibo de sueldo añoro los tiempos donde me daba esos márgenes para el sano delirio.
a esto se sumó que cuando masomenos nos decidimos este hombre no estaba bien de salud y los hijos no querían continuar el negocio paterno, y la fabrica de Don Beto había cambiado de dueño, ahora se llama solo Beto y, según mis suegros ya no eran como antes, esto ultimo chequeado por un  amigo de mi suegro que vende salames en la ruta.


Perdón si defrauda esta reseña, hay buenas reseñas por ahí que aquí debajo comparto. Para mí algo maravilloso de un libro que cuenta una serie de  anécdotas te habilite a contar la tuya, que te de pie a verte a vos mismo y a los demás y sentir que lo que le pasa a los demás no es muy diferente de lo que te pasa a ti. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Un revólver bajo el sombrero



Una vez de jóven fui a la despensa/bar de calle La Paz a media cuadra de la peatonal, había un señor sentado en la mesa en diagonal, que bajo el sombrero que estaba apoyado en la mesa tenía un revolver viejo que no se si andaba. Nunca había visto ese objeto con tanta naturalidad pero a la vez, con una obsecindad extrema. El señor no era del tipo violento sino borrachin, lo que le hacia las reglas de juego y su semblante un poco difusos, pero llevar un revolver bajo el sombrero y enseñarlo cada tanto le produciría algún tipo de satisfacción, y para quienes lo veíamos, también había un cierto morbo. Luego ese bar cerró y quedó como despensa, y luego cambió de dueño y abrió la inigualable Librería y Galería Correveidile, tal vez el ultimo de los espacios independientes del arco temporal que fueron los dosmil en la ciudad del que tuve el placer de participar y que me animó a mandarme hoy en día con Providencia.


viernes, 9 de octubre de 2015

Es como un compromiso que asumís cuando venís al planeta de masomenos intentar conocerlo



Hoy pinte una puerta. 
Es cierto que el petróleo es un derivado de los fósiles de los dinosaurios? 
Hay respuestas a preguntas que son re tontas pero que no se si son reales o no, y poner en un buscador esa pregunta o hacérsela a alguien es mas embarazoso que conocer la respuesta, una respuesta que tampoco se si quiero conocer, es como un compromiso que asumís cuando venís al planeta de masomenos intentar conocerlo. 
Nacemos o nos criamos dando por sentado de los demás un montón de cosas, hace unos días vino un amigo artista y dijo bueno lo que quise hacer acá es imitar un alambre trenzado y la mitad de la tertulia no tenía ni idea de lo que era un alambre trenzado, y tampoco teníamos ni idea de donde venia el metal o si venía de los mismos fósiles de dinosaurios con que se hace la nafta y el plástico.
Luego, otro amigo me dijo que había gente que se dedicaba a hacer casas para los demás, no en el plano de las ideas, sino súper concreto, se subía a andamios y mezclaba cemento y ponía ladrillos y que había gente que tenía casas y no tenía ni idea de cómo se comparaba un ladrillo, ni mucho menos hacerlo.
Otros amigos, cuando les dije que me había hecho mi casa, o que había dejado de alquilar y que me había mudado a mi casa, pensaron que yo me había hecho mi casa, es decir que me veían arriba del andamio y con la mezcladora, cosa que tuve que aclarar que no, pero igualmente fue un extraño halago, lo que los demás ven como posibilidad en uno y que a uno ni se le hubiese ocurrido.