martes, 17 de abril de 2018

Influencers de las tierras infinitas





Fui a ver la muestra "Libertad, esa extraña palabra" en el Museo Provincial de Bellas Artes.
La muestra se divide en ejes temporales que coinciden con las tres salas en cruz del museo. Se suma a esto una sala de tránsito, la que da al patio, donde se exhibe un video con el cual quedé pegado. En él se entrevista a diferentes artistas cuya obra fue seleccionada y premiada en el periodo 1973/1983. Creo que de alguna manera, ahí en la soledad de la sala, frente a la pantalla y esos rostros y sus palabras y sus obras, me fui reconciliando y reconociendo en algunxs de ellxs. Varixs fueron docentes míxs en la escuela de arte, y sino fueron docentes, fueron de alguna forma referentes o maestrxs del camino. De aquellos años de comienzos del 2000 al pasado y luego al futuro que es nuestro presente vivimos incontables cruces generacionales, tal vez no tantos ni con toda la horizontalidad y transversalidad que hubiese querido. Pero aquí estamos. Con mi mochila de vendedor de libros y la pantalla y la sala centenaria.
Que pasa y que pasará con quienes quedan en la memoria y porque quedan unos u otros, artistas de los que hablamos incansables horas, tomando birras en las plazas a la salida de la facultad, y otras también tomando un vino o una birra con algunos de ellos, a entenderlos y a entendernos en estos vínculos de otra manera, desde su producción, desde sus falencias, que son las mías, y sus virtudes, que pueden ser las mías también. Me pasa que a veces hablo con alguien sobre tal o cual artista que pienso que es genial y súper conocido y que debería estar en el a b c de todo artista de por acá y me dicen “ah si creo que lo escuche nombrar” y digo chau, que loco que no lo conozca, y de algún modo me pasa con algunx de lxs artistas del video a quienes no conozco. Luego de esta muestra se anuncia una con toda la pomada, los bernis xuls quinquelas, picassos y otrxs grandes ilustres envasados en origen para disfrute dominical de la familia seguido luego los colectivos escolares llenos. Pienso que será de estas obras cuando vuelvan a los depósitos. Yo que sé, pienso en las mochilas, con que uno las carga y como esas mochilas nos sobreviven.
 

martes, 20 de febrero de 2018

A la misma velocidad, nos encontraríamos en el medio

La chinkana es la palabra en quechua para designar un túnel. Se dice que durante el Imperio Inca, en Bolivia y Perú, con la llegada de los españoles, escondieron ahí todo su oro para que los invasores no pudieran encontrarlo. Nadie ha podido entrar en ese túneles y las historias cuentan que quienes lo hacen, salen locos, o como si el tiempo hubiese hecho estragos en ellos. Se dice también que fueron creados como lugares de castigo, como laberintos y como sitios para perderse.
La novela de Bob Chow “Todos contra todos y cada uno contra sí mismo”, transcurre en un futuro cercano en Samaipata, Bolivia. Martin Orlog, programador, desciende a la chinkana, metro a metro. En su misteriosa reaparición, tras nueve días de estar desaparecido, le dice a la responsable de recursos humanos “-¿La chinkana? Estuve dentro solo unas horas… Es… hermosa, absolutamente hermosa”.




 Las historias de túneles son atrapantes: están los túneles o accesos que conectarían con el centro de la tierra, donde vivirían los Erks, seres gigantescos pero buena onda. Uno de los accesos a la tierra hueca estaría en el Uritorco, y conectaría de alguna manera con los túneles Cuzqueños y así se cubrirían grandes extensiones intraterrestres/trasnacionales.
 Paraná también tiene sus túneles que conectan el centro de la ciudad, con la escuela, la catedral, y el río. Los niños dicen haber visto “enanitos” trabajando en una de sus salidas por el puente blanco que rodea la parte de atrás del cementerio.
 Existen también historias de túneles donde se aloja el diablo, un diablo que cumple deseos que mejoran nuestras destrezas artísticas, a precio de desdichas y tardíos lamentos.
 Hay también túneles pequeños, como el túnel que conecta por debajo las tribunas del club, donde los chicos se juntan a fumar, a mirar revistas y sacarse fotos.
 El túnel es un atajo, un espacio a transitar, lugar de dislocación, un desdoblamiento espacial y temporal. Al salir, el aquí y ahora puede ser diferente a lo que teníamos en mente.
 La muestra se nos presenta como esto último, teñido de todo lo anterior, un lugar de historias que nos anteceden y que a la vez construimos desde nuestros propios fantasmas, miedos e incertidumbres.
 El museo es una caverna y la muestra un túnel. ¿O será al revés?
 Luciana Berneri me cuenta de los trenes que atraviesan las ciudades de donde son los artistas que participan de la muestra, y pienso en el desplazamiento, en las fotos en la oscuridad, en lugares a los que tal vez nunca vamos a volver. Me pregunto en este túnel ¿las fotos serán con o sin flash? ¿Coincidirá nuestro recuerdo con lo que vemos, y a la vez no modificará esto que vemos a nuestros recuerdos?
 ¿Un túnel/ muestra con aberturas/salidas/ entradas arbitrarias, flashes en la oscuridad, sino, como unir ciudades tan disimiles como Córdoba, Esperanza, Gualeguaychú, Rafaela, Reconquista Río Tercero, Rosario y Villa Carlos Paz?.



 El túnel, en el marco de la muestra, es el lugar donde se ponen en juego las tensiones acerca de qué entendemos por arte en las provincias, en las ciudades del interior de la región centro del país, se ponen en juego las escenas locales, como se construye un público, las potencialidades y limitaciones, las relaciones de centros y periferias.
Moverse del lugar propio es siempre un desafío. Quién entra o sale de un túnel da cuenta de la existencia del túnel, una evidencia física y oral de ese recorrido. Hay un fragmento de una canción de Salvador Bachiller que dice “destruyamos la mitología del dolor, porque alguien que sufre no siempre crece y se fortalece”. Entrar y salir de un lugar no siempre es gratuito, no siempre se sale ileso y triunfante. El tema es, qué hacer luego con eso, un túnel que nos llama, nos dice, “por aquí, es por aquí”.

Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” . Santa Fe

-Sobre la muestra:   “Entré en el túnel y saqué un par de fotos” curaduría Luciana Berneri.  Expositores - Alberto Bonus (Gualeguaychú), Héctor Borla (Esperanza), Martin Carrizo (Río Tercero), Sofía Desuque (Rafaela), Nadia Drubich (Esperanza),  Toti Ds(Santa Fe), Fede Gloriani (Rosario), Nina Kovensky (Córdoba), Florencia Laorden (Rafaela), Mimi Laquidara (Rosario), Lali Martinez Spaggiari (Santa Fe), Mallku Elorrieta Melogno (Villa Carlos Paz), Silvina Menendez (Santa Fe), David Nahon (Rosario), Julio Pagano (Reconquista), Ana María Pizarro (Santa Fe), Jair Jesús Toledo (Córdoba) y Agustina Triquell (Córdoba).

viernes, 2 de febrero de 2018

Cosas que no había dejado aquí


Imagen uno: Yo volviendo apurado de Santa Fe después de ver una muestra, subiendo a la moto en Paraná, yendo a una farmacia para comprar ibuprofeno pediátrico 2mgr. El farmacéutico nos atiende por una ventanita desde la puerta, delante de mí, un chico compra preservativos y crema de enjuague y se sube al taxi que lo está esperando.


Imagen dos: Encuentro en el río musical es, creo, el último videoclip de Virus. El paisaje es Futurístico/ Lunático/ Tropical/ Azulino. Federico, según cuenta Marcelo Moura, escribió esta canción ya pensando en su final: “El río musical, bañando tu atención, genero un lugar, para encontrarnos”.

Imagen tres: Es el año 2014 y veo una obra de una bailarina postnuclear con unos cocos y ananás en la cabeza haciendo equilibrio en un muelle, impresa en grises sobre una mesa.

La muestra que estaba visitando en Santa Fe era ‘Diferido’ de Fede Salvarredy, que hacia un montón que no lo veía y me acompañó a recorrerla y luego, con unas cervezas.

La palabra diferido me encanta, pienso que el lugar para encontrarnos son las imágenes, le damos con el dedito para arriba y para abajo al celu, tirando corazones, likes, caritas felices y enojadas. Se cansan los ojos volviendo de madrugada revisando, viendo en el mismísimo momento, pero en diferido, vacaciones de otros, salidas nocturnas, encuentros, hallazgos, hacer de nuestra rutina algo más que una rutina.


El  tiempo que transcurre y el tiempo que transcurre por segunda vez, esta vez en un espacio compartido.


Reivindicación del surrealismo en un conjunto: La convivencia de una mano enguantada de terciopelo verde  apuntando al cielo nocturno con una banana, junto al tejido diurno de alambrados con un auto viejo, medio verde, detrás estacionado.


Imagen cuatro: Visité la muestra el 7 de enero, escribo esto un día 23, la muestra cierra el 31. Cuando alguien lea este texto tal vez la muestra ya no esté ahí.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Me llamaba la atención la forma en que las miraba




Volviendo en el cole desde Santa Fe, después de ver “Invisibles y Salvajes” en el Museo Rosa Galisteo, se me vino a la mente el comienzo de la canción de Intoxicados que dice masomenos  “solía verla siempre, mirando las guitarras/ y me llamaba la atención, la forma en que las miraba”. En el momento no encontré ninguna relación pero todo empezó a decantar,  y a enredarse también, cuando una piensa la curaduría como un recorte y cómo compartir, contagiar ese recorte, cómo hacer que otros ojos acompañen nuestra mirada y también esa mirada se amplíe, que pueda generar sus propios recorridos, sus propias lógicas, que la mirada del otro no nos ciegue. 
La muestra se presenta desde su complejidad. El material de folletería que disponemos al entrar a la sala nos ofrece una vista arquitectónica, un plano del museo con la sinopsis de cada sala pero atravesada por líneas como hechas a mano en gris, que generan una trama con posibles recorridos, o nodos, o palabras claves. Esta trama contrasta con el guía del museo, cuando intenta traducir en palabras lo que sucede en cada sala: la imposibilidad de establecer jerarquías y  un recorrido lineal de la muestra en general.
Aunque suene redundante, es una muestra que necesita ser vista y confieso que antes de ir a verla no tenía ni idea de qué se trataba.
 Cada sala es como una cebolla que se va deshaciendo y van surgiendo nuevas capas, pero que, acertadamente, no pone en primer plano el procedimiento, el recorte, sino a la obra propiamente dicha, para que una vez que hayamos entrado en ella, podamos volver al texto y del texto,  volver a las obras para transitarlas de una manera diferente. Este dato es significativo en la medida que entendemos que ambas curadoras, Raquel Minetti y Victoria Ferreyra, además de docentes son artistas, e intuyo que se habrá presentado en ellas mismas esa dualidad, esa tensión al momento de pensar esta muestra.
Sumo a lo anterior: Para cada sala las curadoras invitaron a otrxs curadorxs a repensar la colección y en su mayoría, si no me equivoco son artistas muchos de los cuales tienen obra que forma parte de la colección del museo. Así la muestra puede entenderse como una cinta de Moebius que sintoniza con el lema del museo en la actual gestión que reza “El Rosa pensándose a sí mismo”.

Algunas preguntas sobre el patrimonio puesto en funcionamiento en el marco de una muestra. ¿Es necesario que la obra recupere un status previo al momento de haber ingresado a la colección? ¿Son esas obras legibles por fuera del contexto del que forman parte? ¿Para esa obra nada volverá a ser lo mismo? ¿O se mantendrá inalterable aunque lleve viviendo más tiempo dentro de la institución que afuera? ¿Son las guitarras de la canción las obras del museo, las que miran Raquel y Victoria, y nosotros los que las miran a ellas, y a través de ellas, a las guitarras?

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Los vértices de un triángulo



El triángulo invertido es la forma que se me viene a la mente cuando entre a ver la muestra Oda a la Intemperie de Diana Campos, Victoria Ruíz Díaz y Eugenia Bracony. La distribución en las salas me lleva a eso. El Museo de Bellas Artes de Entre Ríos convertido en un tatetí: en el medio abajo yo, al costado izquierdo la permanente de C B Quirós, al derecho la deliciosa muestra patrimonial, al medio Eugenia Bracony, superior izquierdo Diana Campos, superior derecho Victoria Ruíz Díaz.

Perdón... arranqué medio trabado, pero pienso en la forma del triángulo invertido como fecundidad, como femeneidad, en el equilibrio de las fueras, fuerzas del afuera, de la naturaleza y creo que por ahí va la cosa si tenemos en cuenta el título de la muestra.
Pienso también en cuando uno busca forma de letras para recorrer visualmente una obra, pienso en la V, en la cual uno entra por el punto de unión de más abajo y luego se recorren ambos caminos a la vez, como si la obra de Eugenia fuera el vehículo, motor, canal, a la obra de las otras dos artistas.

Tuve la oportunidad de visitarla acompañado por Diana, y le pregunte por la disposición del espacio y qué onda con eso, y me contó que había sido propuesto por la coordinación del Museo y creo que si bien las obras funcionan en salas separadas y son casi tres individuales podrían haber convivido o continuado espacialmente en las salas.



Entro en la obra de Eugenia y flasheo con que la obra hecha de barro se fue secando durante los días de la muestra y me lamento no haber ido más seguido. La sala principal del Museo es la que da la sensación que tuviera el techo más alto y esta bueno porque la obra de Eugenia en algún punto necesita un techo alto, son como cráteres que impulsaran la vista hacia arriba, hacia el vacío, donde en apariencia no estaría la obra ( que está abajo) pero que de algún modo continuara, Necesita aire, nos necesita a nosotros alrededor para que las piezas se vayan secando, nuestro aliento dando vida a las obras, y la obra a su vez absorbiéndonos, madurando, envejeciendo juntos, con lo maravilloso que eso puede ser. Pienso: Un museo es el lugar donde, también, se envejece.



Paso la sala principal y a la izquierda está la obra de Diana que excede el espacio físico asignado. Es una sala pequeña con unas molduras que hacen bajar la luz del techo, pero con unos ventanales importantes y dos puertas pasos curvos enormes.
 La obra está hecha de ramas como manos de monstruos dedos ( vieron La Aldea de Shyamalan? Bueno, algo así) estirados, que se cruzan en el medio por nudos que abren en abanico las ramas secas y en el suelo una suerte de sedimentos.
También esas ramas tienen algo de arqueológico, como una especie rara prehistórica, un ave y sus huesos.
 La artista invitó al publico a que colgara interviniera la obra con semillas carteles y cosas varias: Al pie de la obra un cartel dice: Donde esta Santiago los Maldonado?
 La construcción de la obra de Diana me recuerda a la obra de Jorge Macchi “un charco de sangre” donde líneas temblorosas de recortes de diarios se encuentran en una serie de renglones en el medio con esa frase y luego vuelven a abrirse siguiendo las frases en otras bifurcaciones. Muchos caminos ramas pero los mismos nudos, las mismas trabas, los mismos problemas en común.
 Pienso un Museo es un punto de contacto.



Giro, vuelvo sobre mis pasos y esta la obra de Vicky con obras grandes de 250 x 150 cm aprox, carbonillas sobre lienzos en la sala mas  cubo blanco del museo, donde mejor se aprovechan las paredes para las obras que se cuelgan. Son paisajes tupidos de los que se asoman animales escondidos, imágenes reversibles donde una vez que descubres la liebre no puedes dejar de verla. Le pregunto a Diana como hicieron para traerlas, si ya estaban terminadas, o si la terminó en el museo y me dice que algunas sí, y que otras se terminaron una vez montadas.

En los tres casos las obras se terminaron de hacer en el mismo museo, desde el secado de las piezas y su construcción, desde las intervenciones que le dan sentido, y desde la influencia de la luz al momento de producir un dibujo.

El paisaje entrerriano, su poética, como mito fundante y relato es lo que aquí se respira, eso que se está haciendo.

Pienso el Museo como lugar de origen.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Dime cual es tu nombre

“De repente en primavera…” así comienza el texto del dorso de la postal de la muestra en la Galería GAP. El texto no lleva firma, pero se me vuelve familiar, reconocible, próxima: intuyo, es la letra, el grafismo de Carlos Asiaín, el artista poeta tal vez mas influyente en las siguientes generaciones y vinculo magnético con la ciudad.




Los dos libros que tengo de él en casa, “Diario de gatos y de ángeles” y “La invitada” acertadamente reproducen su escritura a mano alzada, una cursiva de maestro de escuela, amable, una letra para completar renglones, línea que nunca tuerce, a lo sumo se balancea. Las tías, primas y madres docentes, los familiares que solo hicieron hasta los primeros grados, que quedaron en esos trazos inocentes, escriben así. 

Escribir tiene su costado físico, es desplazar una punta sobre una superficie y dejar una huella. Lo mismo sucede con el dibujo, y eso de algún modo atraviesa la muestra: el trazo y la huella.

Digo que Asiaín es influyente porque, si bien podemos encontrar en él la influencia del dibujo de Gloria Montoya y de otros que lo precedieron, es en la obra de Asiaín que se referencian las generaciones intermedias y los más jóvenes, bah esos jóvenes de casi 40 que siguen siendo medio jóvenes, la historia del dibujo del siglo xx y xxi de Paraná. 


Entro en la muestra de Carlos Asiain, Gloria Daneri, y Miguel Vesco y lo primero que noto es que no hay texto en la sala, nada, ni los títulos de las obras, ni sus medidas técnicas o año, no hay nombre de la muestra, solo un afiche en la entrada, que dice en mayúsculas separados con guiones ASIAIN – DANERI – VESCO.

Converso con Gloria sobre esto, que a la vez esta haciendo de anfitriona, y me cuenta sobre esa decisión y le digo que es una decisión fuerte, creo que le dije eso, y si no lo pensé y se lo hice notar y pienso en la potencia de los nombres.

El arte de esta ciudad se ha hecho a partir de nombres propios, nombres de individuos o de grupos, pero nombres al fin. Creo que la construcción de la escena artística local, campo, o como se lo quiera llamar, no está ni estuvo hecho de obras o movimientos artísticos emblemáticos, ni de gestiones, espacios o estéticas, sino de personas sueltas reunidas aquí y allá transitando y conviviendo en un contexto que le es adverso. Contexto muchas veces complaciente, flojo, autoindulgente, pero adverso al fin.
No es ni bueno ni malo, es.


Releo Sobre la autobiografía de Jorge Baron Biza: el nombre es lo que nos va a sobrevivir, y todo lo que carguemos en él, el nombre en nuestra lapida y unas breves líneas que nos conecten con el infinito y con el mundo subterráneo, que también es infinito. 
Todo lo que a nuestro nombre se adhiera nos sobrevivirá. En el caso de Carlos Asiain, la poesía y la soltura de tiempos lejanos y por venir, de Gloria Daneri, los legados, la cotidianeidad y la raigambre, en Miguel Vesco una frescura que dialoga con los canales altos del cable, la música de fm después de las 12 y las cartas de tarot dibujadas en hojas cuadriculadas con papel carbónico.


Debería ir a ver la muestra de día, o debería ser una muestra que esté abierta solo de día, que cuando el sol cae, cierra. Es que debe entrar una hermosa luz durante el día, marmoladas las obras por los lapachos de la vereda y las dos palmeras del patio interno de la galería, la sala tiene unos ventanales enormes, el 40 % de la sala es vidrio que da al exterior y otro 60% de la sala es pared donde están las obras. Desde el centro solo rotando el cuerpo y un poco el cuello se puede ver la obra de los tres artistas, se puede ver, pero en parte, son como habitaciones a las que uno se asoma por la puerta, hay tabiques que nos dificultan la visión 360 total. Así entonces en un espacio de unos 24 mtrs2 es necesario mover los pies para ver la muestra completa. 


Me alegra ver que la obra de Daneri vendida es la que yo hubiese comprado, es una con unas texturas que parecen cascadas pedregosas, aceitosas, resbaladizas, o de diarios viejos o papeles de guías telefónicas que fueron quedando en la casa. Es una obra pequeña de impronta vertical, pero rasgadas de manera horizontal que genera una cosa como reversible, ahora como una trama, ¿¡o una trampa?!, entonces no se si la estoy viendo al derecho o al revés, es cuadradita de unos veinte centímetros de lado sobre un paspartout. Ya me imagino a los montajistas, llamando fuera de hora pidiendo que le pasen por wassap como colgar la obra los días antes de la inauguración, un embrollo, un delicioso embrollo!!
Son como tres muestras individuales separadas espacialmente pero que a la vez dialogan y se entrecruzan, es como un juego de cassin o billar, bolas que rebotan entre las obras: nosotros la bola empujada por un palo misterioso maniobrado por Carlos Gloria y Miguel. De golpe me convertí en pivote y trompo, giro la cabeza como Linda Blair y ya estoy medio poseso, se me arman conexiones en la cabeza.



Sera que esa es Graciela Dufau y alguien le está alcanzando un porro desde un fuera de campo?!, estas son pinturas pintadas frente a un tele (pienso en modo Lucas/Blair) mientras juegan al juego de la copa, son las cosas que se nos pasan de largo en el zapping, yo jamás me quedé a ver una peli o algo de Alejandro Doria, pero ahí lo veo enmarcado, como en bábia, la mirada revirada y ya quiero llegar a casa agarrar youtube y ver que hay, previo anotarlo en un mensaje de audio para no olvidarme. Ya frente a la compu me doy cuenta que vi “esperando la carroza” “Darse cuenta” y “cien veces no debo”, pero quiero MAS. Cuantas cosas están pasando en el fuera de campo en las obras de Miguel, tuve que entrar a su blog para chequear algunas cosas, esa es Nana Caymmi, pero yo la conocía mas grande y grandota, son como si las obras nos dijeran, hey, están viendo una partecita del todo. Por otro lado esta su Olimpo Personal: con la editorial Parientes publicamos un fanzine llamado Himnos donde ejercita el dibujo y la rima en ese universo, pero mucho menos safado que acá.
Acá todos nos muestran el pito, es el mundo de la gente en pelotas, y encima las obras están colgadas medio altas, en el sector que para acceder hay una barra y unos escalones ( y con rima digo) y los pitos picarones en el centro exacto de las obras… nos apuntan a la cara!. Miguel nos repite: esto es un artificio, son sólo colores comprados en una artística mezclados de cierta manera sobre un lienzo, compartiendo una sala con otras cosas, iluminados con dicroicas, en un lugar impersonal, en la calle mas paqueta de la ciudad, MAS TAMBÉM ALGO MAIS.



martes, 12 de septiembre de 2017

Un hilo de agua corriendo entre las piedras

Hace 7 años atrás estaba en La cumbre haciendo trámites familiares, había ido solo, con la promesa de volver para pasar navidad en casa. En aquel momento si bien no estaba en casa, ese paisaje serrano para mí era un segundo hogar, un lugar que en el que en sueños doy vueltas por sus calles, quiero llegar a un lugar al que nunca llego, pero que si me preguntan tampoco puedo describir.
Estando allá, pasé por el cine porque se hacia un ciclo que coordinaba Roger Koza, en la función anterior pasaban una que ya había visto, así que me fui al kiosko me compre dos latas, caminé unas vueltas, me tomé una y me guarde la segunda para la función de Nostalgia de la Luz. La verdad no tenía ni idea quién era Patricio Guzmán, tampoco lo sé ahora, pero en aquel momento definitivamente entre a la sala en blanco, creo que seríamos 8 personas contándolo a Koza.



Salí con una extraña sensación, como que había estado en un momento que iba a recordar, me prometí acordarme de todo lo que había visto, me puse a pensar en todo lo que extrañaba en aquel momento, me propuse hacer tiempo, demorar la llegada a casa.


Ayer vi, El botón de Nácar de Patricio Guzmán, quería verla en un ciclo de cine de acá, que pasaban al principio un corto documental de un documentalista amigo sobre un poeta que admiro Miguel Angel Federik pero era muy miércoles y se me hacía imposible ir. Además de que tenía miedo, pero ese miedo extraño y feliz que dejan las emociones, que alguna vez viví pero esta vez no me anime a revivir.
Escribo esto pensando que tal vez ya lo escribí o ya se lo conté a alguien, escribo pensando que la palabra miedo del parrafo anterior no sea la correcta pero prefiero dejarlo así, creo que recordar es compartir  y ahora, nuevamente aquí, escribo porque son cosas que me quedaron dando vueltas en la cabeza, y que voy hilando de a poco, y que lamento que seguramente esto quedará inconcluso.
Como ese libro del uruguayo Daniel Mella, El hermano mayor,  que empecé a leer en el verano a principio de este año una novela que trata sobre un joven cuyo hermano era guardavidas y que muere en el mar y como sobrellevan los que quedaron esa situación.


 O en el otro libro que leí esperando en el banco sobre la tribu, no sé si se dice así, tribu Selknam, sus cuerpos pintados y su vida en el mar. 

El mar que atraviesa la película. No el mar, el agua. En un momento una anciana comienza a traducir palabras, pero en su idioma no existe la palabra Dios, ni la palabra Policía. Son cosas inconexas pero que conectan de alguna manera. Guzmán en el botón de Nácar cuenta que conoció el mar cuando un compañero de escuela murió ahogado y cuenta también que donde se realizó el mayor exterminio de las tribus del sur de Chile funcionó un centro de detención durante la dictadura de Pinochet. Y yo puse todo mi esfuerzo, agarré el celular y me puse a boludear, y prendí la hornalla y le daba de comer al perro, pero no pude no llorar cuando un grupo de detenidos presos políticos señalan la isla de Dawson, porque aunque intentemos bloquear nuestros sentidos, son cosas que se nos cuelan en el cuerpo y que de alguna manera u otra luchan por entrar y llegarnos a los huesos.



En la cumbre hay un arroyo que cada tanto se seca y hace que los piletones pasen veranos con el agua estancada o con solo un hilito que corre entre las piedras.
La última vez que intenté con unos amigos subir arroyo arriba para llegar hasta el dique donde baja el agua con fuerza se largo una tormenta, en el camino encontramos dos viejos que venían en sentido contrario al nuestro, bajan al trote como cabras y nos alentaron a seguir, la tormenta y la arenilla húmeda nos impidió seguir, así que volvimos a la base ya con el sol arriba en busca nuevamente de unas cervezas.