lunes, 22 de abril de 2019

Huir hacia adelante

“Es la luz en la que están al acecho las figuras; al acecho de animales, de nombres olvidados, de un sendero de vuelta a casa, del nuevo día, del sueño, del siguiente camión, de la primavera. Es una luz en la que no hay permanencia; la luz de lo que no dura más que un vistazo. Esta luz es otra llave que también abre la cancela.”
Que bueno cuando un conjunto de obras, te dispara hacia otras y así, muy muy hacia adentro y muy muy hacia afuera: esa es la sensación luego de visitar Introspección de Camila Rufiner, Jimena Balcaza y Walter Musich. Una puerta que se abre hacía la luz, una luz que inunda el adentro y el afuera.
Las obras de Walter son una serie llamada El visitante, collages digitales acompañados de un texto, donde nos habla de esa visita, pienso ¿Cuándo dejamos de ser visita y nos volvemos residentes? ¿Son nuestros fantasmas, fantasmas de paso, o compañeros permanentes? Cuándo el visitante se va, ¿Quedá algo de él viviendo en nosotros? Las obras de Walter tienen algo de eso. Me acerco a ver las obras de Walter, casi con la nariz pegada a la pared mirándolas de reojo, pensando si tienen relieve, no distingo si están dibujadas encima o si es solo (mi) impresión. Las imágenes representan lugares domésticos y cotidianos, pero que en las piezas de Walter se vuelven lugares extraños, porque si bien aparecen elementos que podrían dar pie a pensar que son de UN lugar en particular, que tienen determinado marco el espejo del baño, determinada forma la bacha del baño, determinadas plantas las macetas, el resto se encuentra “abstraído”, borrado o sintetizado, como si quisiera que tuviéramos algunos indicios pero no todos, como si quedará para nosotros, los visitantes, una tarea por cumplir. Pienso, cuales son los mínimos elementos que constituirían un baño, una cocina, un dormitorio cuales son los mínimos elementos que nos permitirían constituir una presencia, otro. Como cierra el texto plotteado en la pared debajo de las obras: Un ser que exista, pero que sea real.
La muestra se llama “Introspección”, y me pregunto porque no “introspecciones”, si hubo alguna decisión ahí de evitar el plural, pienso en las muestras colectivas, en la dificultad de poner un nombre a la muestra, por más que tengan un eje en común, en cuánto se funden la obra de uno en el otro, en cuánto se impregnan, y como una condiciona a la otra, cuales son los puntos en los que se funden
La obra de Camila Rufiner es una instalación sonora, la narración del audio es de la propia artista. Me siento, me pongo los auriculares, y me llama la atención la disposición de las sillas, la foto flotando en el medio de la sala, las sillas en cruz, la caja en el medio de la que salen los cables. Me senté y no sé si escuche el relato completo, estoy casi seguro que sí, pero no estoy seguro si el relato es un relato "completo" tiene algo de entrada y salida, pero no de completitud, y por otro lado, se mezclaban las voces, no sé si siempre era la misma voz, si eran varias, si era la misma y varias a la vez. ¿Es la voz y la foto, la voz y la foto de la artista? Había indicios de que esa voz era de esa misma niña que estaba en la foto, pero no está del claro del todo. En un momento éramos cuatro personas escuchando a la vez, una en cada silla, y pensaba, ¿Estaremos escuchando lo mismo a la vez? ¿Estarán los audios desfazados? o llendo mas allá, ¿Habrá diferentes audios en cada una de las sillas? Estarán sintiendo los otros oyentes, lo mismo que yo o yo lo mismo que ellos?
Camila me dice: "Buscada" la obra del audio es un relato de un recuerdo recurrente al cual pude llegar una vez de hallar la fotografía con la cual me buscaron. El montaje de las fotografías (que son copias de la original) pasaron por varias formas de montajes y al fin y al cabo consideré que aquella sería la más acertada. En varías obras he trabajado la simplificación de la forma para intentar generar la menor desatención posible de lo que es el punto de interés. La caja es un punto de interés principal tanto por la disposición en el espacio como por las sillas que se encuentran en ese punto a través de esa cruz que vos mencionas. Flotan porque provienen del mundo de las ideas y de la interpretación, a mi me paso que una vez que cree el relato le pedí a mi padre y a mi hermana que me contaran como lo habían vivido y sus ideas e interpretaciones de lo ocurrido, y me dí cuenta que eran otras e incluso algunas totalmente opuestas (…) el relato tiene un principio y un final propuesto por mí, pero al estar en loop lo convierte en un ir y venir constante en donde une comienza a pensar si en verdad esa niña fue buscada, encontrada, y si al fin y al cabo nunca la hallaron, si esa madre fue madre o no lo fue... las decisiones van y vienen en el relato, alguna no llegan a nada, los viajes ocurren pero nunca llegan a destino, o el destino siempre es el viaje. El audio es contradictorio, el ejercicio de la memoria es contradictorio”
Recuerdo entonces El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza, los vínculos borrosos entre padres e hijos, los desfasajes entre la historia y la memoria, en su concepto de autobiografía: “La memoria es selectiva. La memoria es réplica –es embellecedora, también– pero nos tiende enormes traiciones”.
La muestra se completa con la obra de Jimena Balcaza. Abro el mesenger de facebook y veo un mensaje de Jimena, de abril del 2018 invitando a compartir fotos de nuestros platos antes empezar a comer. Un año después la artista nos muestra “Convite virtual” las fotos que fue recopilando y pienso como esos platos se fueron maserando con el tiempo, como se habran ido condensando a medida que le llegaban las fotos, si iban cumpliendo sus expectativas o no, si se iban montando en tu cabeza o en la pared, como se irían ordenando. En la sala tienen algo de "cascada", como una vertiente, arrancan de arriba hacia abajo super alineadas arriba y luego se van dispersando, como diluyéndose, no son un grilla ( la grilla cuadradita de instagram) sino como si intensionalmente quisiera desarmarla. En su mayoría con una vista cenital, las fotos terminan componiendo una gran mesa, una mesa/puzzle, un banquete.
Banquete que nos conecta con ese visitante de la obra de Walter, ese que estuvo, está y estará. ¿Querrá sentarse a la mesa con nosotros? Y ¿Cuánto perdurará de él cuando ya se haya ido?

/Camila Rufiner Walter Musich María Jimena Introspección. Casa de la Cultura de Entre Ríos Abril 2019

viernes, 19 de abril de 2019

La conexión paraguaya

Resultado de imagen para feliciano centurión
Acaso son ilegales / los pisos floreados? / Sí, / tal vez a ella le guste /
un poco mucho el dorado, / pero ¿qué importa? / Después de todo, / ¿Qué es el buen gusto?”
“Asumo la cotidianeidad, lo banal, la ironía, lo lúdico, la alegría y diversión. Imágenes soñadas, cotidianas, obvias, con sabor a kitsch que me confirman que la pintura es simplemente un acto de fe.” Feliciano Centurión
Primero pensar en su nombre, “Feliciano”, que es algo así como “que se considera feliz o afortunado”. Que tu nombre signifique “felicidad” es un poco fuerte pero a la vez maravilloso. Lo traigo a cuento para pensar en cómo nuestros nombres nos marcan, si es que tal cosa sucede, ¿no? Y pensar en si en Feliciano Centurión eso sucede realmente. O bueno, algo se puede definir o intuir una vez que vemos el documental Abrazo íntimo / Al Natural, dirigido por Mon Ross. Por otro lado, pensar en qué significa para nosotros y nosotras, como entrerrianos paranaenses, más específicamente, ese nombre: “Feliciano”; hacia dónde nos proyecta. Y lo primero que pienso es que nos traslada al norte de la provincia, y en mi caso a la eterna confusión entre cuál es cuál, cuál es Feliciano, Federal y Federación. Que esta confusión se suma, por lo general a los que solemos, tal vez equivocadamente mirar “hacia abajo”, hacia Santa Fe/Rosario/Buenos Aires, y al no saber qué pasa “hacia arriba”, en Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones, Paraguay, y así hacia todos lados, porque en el fondo siempre sabemos poco y nada de muchos lugares. No saber “qué pasa” en muchos sentidos, que supongo que le debe pasar a un neuquino sobre nuestra provincia: una vez fui a Neuquén y pedí una guía telefónica de Entre Ríos y me dieron la de Chaco y le dije que no, que quería de Entre Ríos, y la chica del locutorio me dijo “sí, sí, Chaco…Entre Ríos” como si fuese todo lo mismo. Confusión al fin, pero esa es la confusión que nos toca a nosotros. El documental sobre Feliciano Centurión es una doble ganancia en relación a los dos ejes anteriores: el del artista y del/su lugar. Por un lado, nos sumerge en la vida del artista retratado; por otro, nos traslada a una región cuyos vínculos siempre están pendientes a ser explorados. Y agrego una tercer ganancia que es la de permitirnos pensar sobre nuestra propia obra y nuestro contexto teniendo a la película como guía y cómo los mitos fundantes se vuelven sólidos o adquieren fluidez con los años: Primer contacto con Paraguay, en el año 1992. Un niño camina con su papá por la peatonal de Paraná y doblan hacia la cortada Venezuela. Ahí había un tendido de puestos a los que todo el mundo le decía “los paraguayos”: había promoción de cassettes y de posters. El niño recuerda dos en particular: Guerreros del arcoiris, de Rata Blanca, que tenía una espada con un águila, un mago, un castillo de piedra, cumbres nevadas, truenos y letras como talladas. Ese fue su primer acercamiento a algo parecido a una obra de arte. Al cassette lo escuchó solo dos veces, pero a la portada la dibujaba y dibujaba generando variantes incluyendo una L y una M. El orígen de ese cassette se le hace dudoso, cree que fue un regalo para su hermano. Por otro lado, Dangerous, de Michael Jackson también del mismo año, con una ilustración en la tapa que tenía la mirada de Michael y un bucle de pelo cayendo y como la entrada a un Neverland, con monos coronados, mujeres barbudas y arlequines dorados. Año 2004: tres artistas viajan una vez al mes a Chaco y Corrientes por una beca, una de las docentes es gran amiga de Feliciano Centurión, y aparece entrevistada en la película. Los tres llevan unos delirios importantes, uno había hecho una serie de platos de cumpleaños de los Teletubbies pintados con la palabra “Anhelo” encima con tempera negra. Otra había pintado unos jeroglíficos con negro y amarillo unos huesos de costillas que le habían sobrado de los asados familiares y unas obras mullidas de tela y algodón que servían para cobijar/abrazar/jugar. El tercero armaba unos mapas en papeles grandes, colocaba distancias y linkeaba cosas de la ciudad de Paraná súper extrañas. La docente es muy expresiva, con sus gestos y su mirada te puede decir mil cosas. En cierto momento, los mira anonadada y les dice, “¿Cómo llegaron a esto?” (ahora a la distancia uno de ellos piensa que el “esto” fue una mezcla de amor y horror), “si por allá no pasaron ni el Rojas, ni Fabián, ni Gumier, ni Pombo ni nada”. No recuerdan qué le respondieron, pero fue como el emoji del “¿meh?”. Así eran en aquel momento, después se dispersaron y cada tanto se siguen reencontrando. Año 2013: dos artistas están dando un taller en Santa Fe. Al mismo asistía una amiga artista santafesina. Ella es nacida en Formosa y en su obra lo que hacía era combinar unos dibujos geométricos muy delicados con un bordado de aguja e hilo sobre el papel con motivos, por lo general, circulares. Ese tipo de tejido se conoce como “Ñanduti”, una expresión guaraní que significa tela de araña. Es un tipo de bordado decorativo que vino por vía europea pero que en las manos de las tejedoras guaraníes cobró otro sentido. A la vez la artista, trae de la tradición guaraní algo del arte plumífero, en sus pinceladas, en la forma en que se condensan hacia el centro las líneas. Pienso ahora, en el título de la película Abrazo Intimo / Al Natural. Pensar qué es algo “natural” en el arte y pensar lo natural como un “relato de origen” que le permite a Mon Ross adentrarse en la vida y obra de Feliciano Centurión y en cuáles son, en cada uno de nosotros, esos “relatos de origen”, y cuánto de esos relatos nos liberan o en cambio nos aferran a determinados lugares y circunstancias. Texto escrito para la proyección de Abrazo Intimo / Al Natural de Mon Ross proyectada en Paraná por Relámpago Verde y publicada en El Flasherito Diario

miércoles, 13 de febrero de 2019

El fuego y su proceder



La imagen es la siguiente, una mesa escritorio, de patas de madera y placa de melanina blanca, una notebook, una calculadora, una abrochadora, un timbre campanilla, una caja con resmas de hojas a4 y una impresora multifunción. La impresora dispara hojas con fotografías que tomó Federico Salvarredy en los últimos 11 años y es su intención, como reza en el texto curatorial de Analía Solomonoff, “imprimir en tres horas 4.000 imágenes”.

Federico está sentado, cual hombre pulpo, imprimiendo, fumando, recibiendo a los visitantes, conversando, integrado a la maquinaria, como un Chaplin de Tiempos modernos, hay algo coreográfico en su accionar, va, viene, mueve los brazos, abre paquetes, en un estado de control desbordado, en síntesis… un espectáculo de danza!.

Esta danza, nos lleva a una primer analogía, entre “Producir algo inútil” que es el título de la muestra y que la misma este emplazada en la puerta del “Ministerio de la Producción de Santa Fe”. La obra de Fede se vuelve una crítica institucional donde ¿Qué es lo inútil?, ¿Existen grados de inutilidad?. O ¿Es inútil lo que se realiza afuera del Ministerio? ¿Es inútil lo que se realiza afuera del arte?

 La noche es muy calurosa en Santa Fe. Yo estoy con mi CocaCola de litro y medio ya caliente y la visión de Federico en la puerta del Ministerio se me parece a un Nerón moderno, quemando y quemando hojas, grabando e imprimiendo al calor de la Lexmark. La luz de la maquina cegadora barre, limpia, y libera. Hay algo de sencillez, candor y sinceridad en el gesto del artista: libertad para las imágenes, libertad de su circulación, libertad más allá de todo.

Mirar la bandeja de la impresora es como mirar de frente al sol, una experiencia retiniana extrema: Federico en la acción de quemar, se desprende de esas imágenes que guarda en su máquina/cabeza/disco rígido/lente, y las ofrece súper generosa, y laboriosamente a quienes están apostados, esperando cual será la próxima foto que salga de la impresora. 

Producir algo inútil de Federico Salvarredy, curaduría Analía Solomonoff. Pellegrini 3100. 9 de Febrero de 2019. // Organiza Barrio Sin Plaza

domingo, 9 de diciembre de 2018

Remera ballenera, gel, y un mazo de cartas

Las burbujas de la lata de CoCaCoLa comenzaron a hacerme efecto, camino por la peatonal y entro en la Gigared Zone, me desplazo por el sector Muni2 Muni4 pero esta deshabilitado, paso luego a la Fibertel Zone y sus Términos y Condiciones me marean, me ponen en un lugar en el que no quiero estar, hasta que me refugio en FLAMINGO.

Entonces mis células ya cubiertas de glucosa comienzan a dividirse, segregarse y  recombinarse, partículas que cruzan a través de túneles azulinos violáceos cerúleos y esos túneles se conectan como redes de esferas metalizadas donde ya no sé si estoy por un mundo en miniatura o navegando por los confines del universo. Parece los movimientos aleatorios del reproductor de música Winamp.
Y cuando pienso que estoy llegando a una aurora boreal intergaláctica de estrellas que nunca conoceré y raíces que forman siluetas de seres humanoides, todo se acelera, mas todavía pero esta vez en sentido inverso, rápido, ultra rápidoooo....!!!!
Hasta el momento juuuusto cuando baja la CocaCola por mi garganta y estoy en Paraná, un viernes 9 de Noviembre de 2018 asistiendo a la performance, acción artística, de Mana llamada Les Mutantes, una intervención en el marco de la Marcha del orgullo disidente.



En los días y semanas previos Mana fue trabajando una serie de piezas gráficas que utilizando un lenguaje imperativo o llamamiento a la colección rezaban “CIUDADANO SI VE UN MUTANTE REPORTELO. JUNTOS PODEMOS CAMBIAR EL FUTURO” diseminadas por el centro de la ciudad, en paradas de colectivos, garitas y edificios municipales. Dichas intervenciones tuvieron su rebote en las redes sociales generando dudas e hipótesis entre paranoides y disparatas.
La frase del afiche nos traslada, por un lado al “Si se puede” y al “Juntos podemos cambiar la historia” del Mesianismo Aseptico Bigdatista del Macrismo. Y por otro a el universo de Días del futuro pasado de los X-MEN del año 1981 donde, en un futuro 2013, ya pasado para nosotros, la sociedad controlada por “Centinelas” está dividida en tres clases de personas: “H” para humanos simples limpios de genes mutantes a los que se les permite reproducirse. “A” por humanos anómalos, que posee potencial mutante y “M” para mutantes, lo más bajo, parias y desterrados, cazados y asesinados sin piedad.

 Mana pone en juego en el espacio público la incertidumbre y el desconcierto, las reacciones de quienes transitan por las calles de la ciudad, bombardeados de discursos publicitarios cada día más complejos y sofisticados.






El día 9, Mana convocó en la esquina de Urquiza y San Martin a un encuentro como cierre y salida a la luz de su proyecto artístico bajo las consignas de “QUE OTROS SEAN LO NORMAL” “ORGULLO, REBELION MUTANTE, REVOLUCION, UNION”. Con megáfono en mano Mana leyó unas palabras y guardó silencio. El resto de les mutantes están ahí, al borde del borde, y de a poco se van dispersando, redefiniendo y redefiniéndonos: a todos, todas, todes, todxs, tod@s. Los últimos rayos del sol bañan la tarde paranaense y se han producido pequeños movimientos internos, aquí me encuentro en la tal vez esquina más transitada de la ciudad, algunos mutantes son más visibles que otros, o al menos mas o menos visibles a mis ojos, que no alcanzan a entender todo lo que sucede.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Pañuelo en vuelo

En Paraná, Santa Fe, y estimo que en todo el litoral, el período climático más húmedo del año va de octubre a abril. En un mismo día, a finales de octubre, se me dio por cortar el pasto que había crecido durante los últimos meses, y después salir a andar en bicicleta como para aprovechar las últimas horas de la tarde. En ambos trayectos sentí el sudor adherirse a mi piel, no evaporarse. El pasto que despedía la máquina se me adhirió al cuerpo y junto con la tierra de las calles de mi barrio, que se me pegó durante la pedaleada, hicieron un mix que me cubría piernas, brazos, cuello y rostro. Niñas, niños y vecinos me miraban espantados, era yo pero con dos milímetros más en la superficie. Al regresar a casa, cuando me estaba bañando y esa capa se iba desprendiendo, me sentía como el hombre invisible de las películas, que para salir a la calle y para que lo vean se ponía unas vendas, gafas negras y un sombrero.


Ser, ¿es ser visible? ¿Soy yo el que está debajo de la ropa, debajo del sudor, debajo de la piel? ¿O soy solo eso, sudor, ropa, piel?… ¿¡y está todo bien!?
Las obras que disparan estas preguntas pertenecen a la artista Mariana De Matteis, nacida en Villaguay en 1984, quien se formó, vive y produce en Rosario. Forman parte de un conjunto mayor llamado «Nuevas Esculturas» y se presentan bajo el título Estudios y Figuras en el joven espacio de arte contemporáneo santafesino Púrpura.
Según cuenta la autora, estas obras son calcos de esculturas que se encuentran en el acervo del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario, piezas que desconozco si están en exhibición, si alguna vez fueron vistas, si se exponen con cierta frecuencia.
Las obras de Mariana no tienen títulos individuales que referencien la pieza «original», por lo que eso que estaba allí se nos insinúa: un torso, una pierna, un pie, un rostro. Velos de algo que no está. Le pregunto a Mariana cuáles fueron las piezas que oficiaron de modelo  y me cuenta que fueron Muchacho del Paraná, de Lucio Fontana; Judith, La Telesita y El medallón, de Nicolás Antonio de San Luis; y, por último, Fragmento de estudio para la Victoria del Monumento al general Dorrego, de Rogelio Irurtia.
Montadas en la sala a modo de lugar de depósito, no tienen un recorrido lineal, se nos presentan aquí y allá, desplegadas por el viento de un ventilador giratorio invisible, lo que le da frescura y espontaneidad a la puesta. Hasta es imposible no darle la espalda, en algún momento, a alguna de ellas. Las piezas están hechas en goma EVA, de colores terrosos y arena. Querés tocarlas, comprobar su consistencia, contrastar la flexibilidad relativa del material con que fueron hechas a través del tacto, porque hay una aparente fragilidad en ellas, no te es suficiente con verlas. Estudios y figuras es un mini laberinto y me siento como un elefante en una cristalería…


Dos imágenes de la infancia
  1. El coyote al caer de un acantilado: queda su silueta de humo, el cuerpo ya cayó pero aún está flotando su aura con el cartelito de Acme en sus manos, sin darse cuenta del corrimiento. Pero esa aura no es el coyote, sino un coyote traslucido, sin recuerdos propios. Puro momento.
  2. Nosotros jugando a ponernos plasticola en las manos para quedar como laminados, plastificados, engomados y hacernos los zombies, los invasores extraterrestres. Éramos los niños escamosos haciendo gruagghhh gruaggghhh. Cuando nos aburríamos desprendíamos esa segunda piel despacito, tratando de que saliera «entera» de tal manera que nos quedara ese calco de nosotros mismos al borde del pupitre.
El procedimiento de calcado, copiado, transferencia, forma parte de un mecanismo de la obra de Mariana. Ya en ocasiones anteriores calcaba en papel de manera lineal obras de artistas contemporáneos, o proyectaba en las paredes de una sala y calcaba su muestra soñada; una suerte de colección de obras que ella querría tener, pero filtradas por su propio trazo.
«Todo aquello que vemos esconde alguna otra cosa más, siempre queremos ver lo que está oculto a través de lo que vemos», es una frase del artista surrealista René Magritte. ¿Quiénes son los que se besan en su famosa obra Los amantes? ¿Los que están debajo de los velos o los velos en sí? ¿Ambos? Hay algo de eso latente en las obras de Mariana De Matteis, algo que está entre la vigilia y el sueño, vestigios de algo que hubo, al límite de lo que es.

Estudios y Figuras, de Mariana de Matteis, se puede visitar hasta el 20 de noviembre en Púrpura, Proyecto artístico y pedagógico, Castellanos 1646, Santa Fe.

lunes, 22 de octubre de 2018

Un Ford Orion modelo 96 resplandece


La teoría de las ventanas rotas surge de un experimento: En el año 1969 se dejaron dos autos abandonados, sin patente y con las puertas abiertas, uno en el Bronx Nueva York y el otro en Palo Alto California. El del Bronx, barrio marginal, y atravesado por la pobreza y la delincuencia, al muy poco tiempo fue desvalijado, desguazado y el de Palo Alto, barrio tranquilo, residencial y de altísimo poder adquisitivo, seguía intacto. Entonces lo que se hizo fue romper una ventana del auto abandonado en Palo Alto para insinuar cierto abandono, lo que produjo que al muy poco tiempo vorazmente comenzaran a desmantelarlo los vecinos.
Autos apilados en un depósito municipal destinado para ese fin con hombre que pasa en bicicleta/ Autos que desbordan tapiales/ Autos en la entrada del depósito perros y vehículos tracción a sangre / Autos apilados desde el llano / Autos apilados desde el llano / Autos invadidos por la vegetación invadiendo la calle / Auto abandonado en la calle / Plano detalle del auto abandonado / Plano detalle de la rueda del auto abandonado /Detalle del interior de auto abandonado /Auto casi abandonado quemado y auto que pasa /Auto abandonado y perro y ramas en movimiento con autos que pasan /Auto abandonado detalle /Auto abandonado y pareja caminando y auto pasando /Noche con auto abandonado y persona saliendo de su casa / Plano de Santa Fe con los lugares donde se prendieron fuego autos y puntero del mouse.
Con la imagen del mapa interactivo, que cada año se acrecienta y como si estuviéramos frente a una entropía que va dispersando su energía y minando el plano de la ciudad, Milton Sccechi - con curaduría de Virginia Sotti - cierra el video que forma parte de su muestra ‘Resolana Nocturna’, que está compuesta por una proyección y una instalación realizada a partir de restos de autos capots y puertas apoyadas entre sí.
El artista va en busca de lo que queda de esos incendios: autos abandonados en las calles, en las veredas, en depósitos, donde son quemados y dejados una y otra vez. Autos modelo 97, modelo 2004, autos que cayeron en desgracia y que quedan ahí abandonados por siempre a su suerte.
Observamos ante la inmovilidad de los vehículos, cómo contrastan en algunas ocasiones el movimiento de las ramas de los árboles o los perros que deambulan, como en una danza callejera. Milton con cámara fija, se acerca y se aleja de ellos, para dar cuenta del paso del tiempo, el óxido, el derrumbe, y la invasión de la naturaleza.
En la novela ‘Rascacielos’ de J. G. Ballard se nos presenta el conflicto de cuán civilizados y correctos podemos ser, cuán cerca estamos de nuestros más bajos instintos: “Un tiempo después, sentado en la terraza mientras se comía al perro, el doctor Robert Laing reflexionó sobre los acontecimientos que habían tenido lugar en el interior de aquel enorme edificio de apartamentos a lo largo de los tres meses anteriores”.
Milton toma distancia de los hechos y se concentra en lo que queda, en las ruinas, y en lo que ya no volverá a ser como antes. Ya no se puede volver el tiempo atrás, entonces con su cámara va en busca de los resquicios para una belleza de lo tremendo en lo cotidiano.
“Desde 2015 no se detienen los incendios de vehículos”, anuncia El diario El Litoral de Santa Fe en un intento de cuantificar detalladamente dónde cuándo y de qué modelo son los autos quemados en esa ciudad. Le pregunto a un amigo analista político, especializado en Big Data y opinión pública, cuáles son sus impresiones sobre el mapa. Lo primero que me explica es que por lo pronto le parece que son un montón, pero no sabe si son un montón en relación a qué, que necesitaría reconfigurarlo al mapa, establecer otros parámetros para establecer posibles causales. Le propongo que nos pongamos paranoicos y hagamos el ejercicio: “¿El auto quemado en tal fecha coincide con el corte de luz en Aristóbulo?” “¿Es efecto de la quema del auto de barrio Candiotti la asunción de Macri como presidente?” “¿Qué papel juegan los servicios privados de vigilancia, los vecinos en alerta, las cámaras de seguridad, el monitoreo de ciertas zonas y la liberación de otras?”. Mi amigo me dice que no nos olvidemos que el pirómano tiene una enfermedad o patología, y que va a encontrar el momento para accionar, pero, le digo, “¿Son pirómanos quienes incendian coches o son las propias concesionarias, empresas aseguradoras, usuarios, que ante cierta obsolescencia, aceleran estos procesos inevitables? … esta última pregunta no tendrá respuesta.
-Resolana nocturna de Milton Se Secchi con curaduría de Virginia Sotti Tacuarita Azul en Proyecto FUGA

domingo, 2 de septiembre de 2018

Invernadero

La obra de Lali Martínez Spaggiari que se presenta bajo el título Idilio de resistencia puede entenderse como un recuerdo que se conforma de imágenes visuales y mentales.
La noche inaugural me daba vueltas en la cabeza una película que había visto hace mucho tiempo llamada After Life (1998), la cual transcurre en una suerte de limbo donde quienes van llegando son recibidos en una residencia en la cual deberán elegir con qué recuerdo quieren pasar la eternidad. Ese sueño será recreado y filmado y esas imágenes del cine, como arte total, quedarán grabadas para siempre.

«Yo no elegiré. Si elijo tendré que olvidar todo sobre este lugar. Así que no elegiré. Voy a guardarte dentro de mí para siempre. No puedo soportar que me olvide más gente».
Lali acciona en su obra mecanismos similares al de la película: ¿Cuáles serán las imágenes que nos acompañarán en la eternidad? Y antes que eso: ¿Existe la eternidad? ¿Será esa eternidad una eternidad de imágenes para la mente y el corazón? Idilio de Resistencia se abre a esos interrogantes, a los que se suman otros como los interrogantes que nos generan los sueños.
«El personal de aquí se esmerará en recrear el recuerdo que usted elija».
Parte de la muestra está compuesta por siete dibujos bordados, uno grande y seis medianos, donde los surcos del hilo generan paisajes de líneas abiertas, formas que se sugieren de laboratorios en el medio de la selva y del monte, quirófanos y sillones de odontólogos, mamparas de baño y churrasqueras en el medio de campos verdes y reposeras a la sombra de bibliotecas y estantes vacíos. Todas construidas como vistas aéreas próximas al momento del despegue, donde todo empieza a difuminarse y confundirse.


«Pero, ¿qué pasa con la fantasía de que la humanidad fue borrada de un plumazo dejando la Naturaleza librada a su suerte?» se pregunta Mariana Rodríguez Iglesia en el texto que acompaña la exhibición; y de mi parte sumo otra fantasía: History Channel entre 2009 y 2010 emitió una serie titulada La Tierra sin humanos, donde «40 años después de los humanos muchas casas con estructura de madera están quemadas, podridas, o han sido en gran parte consumidas por las plantas. Los árboles que crecen cerca de las estructuras de mampostería y ladrillo, las rompen».
Lali Martínez trabaja a largo plazo, dibujando con agujas sobre la tela, con la paciencia de ir creciendo e instalándose en los sueños centímetro a centímetro, ocupando espacios como fantasmas que nos fueran habitando y poblándonos de vacíos.

«En su momento busqué desesperadamente dentro de mi cualquier recuerdo de felicidad. Ahora, cincuenta años después, he aprendido que yo era parte de la felicidad de alguien. Qué descubrimiento tan maravilloso. También tú, algún día descubrirás esto».
La muestra se completa con seis objetos instalados, dispositivos de vidrio capsulares que protegen un mini ecosistema de césped, musgo y hierbas que crecen bajo la humedad de la luz LED que ilumina cenitalmente. Estos ecosistemas están compuestos de barro y objetos cotidianos: libros, anteojos, tazas y teteras de porcelana, películas en DVD y cuadernos cerrados.
Una convivencia entre objetos culturales y una vida que germina pero bajo ciertas condiciones dadas por la cultura donde, en plan de competir, no se sabe quién perdurará.
¿Qué pasará cuando eso que está protegido y mimado siga creciendo? ¿Qué sucederá cuando desborde y absorba y la pulpa de los cuadernos vuelva a su estado original? ¿Y las llaves, dónde dejamos las llaves, en cuál de las masetas quedaron enterradas? Me imagino a la artista entrando con una linterna por la noche al museo, forzando la puerta y con una pistolita pulverizadora, yendo a refrescar su jardín, o con pequeñas tijeras y pinzas a podarlo, a darle forma, una guía de hacia dónde ir, una tutoría.
«Es solo una tarde tranquila en el parque, en el parque de Chūō, cerca de la sala de cine en Ginza, en los cuarenta años de matrimonio nunca habíamos ido juntos al cine y esa resultó ser la última vez».
A estos objetos se añade otra variante: además de poder ver lo que está adentro, nos vemos a nosotros mismos distorsionados en el reflejo.
Me pregunto, ¿De quiénes hablan estos objetos? ¿De nuestros familiares y amigos? ¿De nuestros cercanos? ¿Cómo pensar la cercanía o lejanía en tiempos de redes sociales? Somos nosotros mirando nuestros poros y canas en el espejo del baño. Todo lo cercano, visto con detenimiento, se vuelve siniestro, somos fantasmas en un invernadero, que se evaporan y volatilizan en la laxitud del tiempo.

La exposición Idilio de resistencia se podrá visitar hasta el 14 de octubre de martes a viernes de 9 a 13 y de 16 a 20 y sábados y domingos de 17 a 20, en el Museo de Arte Contemporáneo de la UNL (Boulevard Gálvez 1578, Santa Fe).
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María Laura Martínez Spaggiari es artista visual, docente y gestora cultural. Ganó becas individuales y grupales para formarse con docentes como Claudia del Río, Eva Grinstein, Gabriel Valansi y Rafael Cippolini, entre otros. Trabaja en gestión cultural desde 2008 coordinando proyectos expositivos y de formación. Desde el 2016 dirige Púrpura, proyecto artístico pedagógico.
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