martes, 26 de junio de 2018

Alucinaciones hipnagógicas


Texto escrito pensando en la muestra La oscuridad revelada en Museo Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos para 170 Escalones
Lo primero que se me vino a la cabeza cuando me enteré que se realizaría una muestra de Sebastián Cabrol en el Museo Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos fue lo acertado del reconocimiento a un tipo que viene laburando, hace un montón de tiempo de manera silenciosa, en dos géneros de larga tradición en la ciudad como son la historieta y la ilustración, y qué bueno que su presencia esté dada por sí mismo y no por estar «en el marco de».

Suele suceder con la historieta que cuando ocupa lugares en las agendas culturales se la enmarca en festivales, ferias, presentaciones, selecciones, variedades y antologías. Sin embargo, aquí se (lo) presenta como «autor», no por «su parecido a» sino por su singularidad. Tal vez Cabrol y Lisandro Estherren sean los dos autores de historietas de mayor proyección y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Como nota de color se podría mencionar que ambos crecieron con el paisaje de las barrancas movedizas del SenseFolk de Villa Almendral, rumbeando al Balneario Thompson y Puerto Sánchez en la ciudad de Paraná.

En la contemporaneidad el lugar en donde se exhibe suele tener la misma o mayor preponderancia que lo que se exhibe, por eso, en este caso, la complejidad está dada por ser un espacio de disputas y tensiones, de convivencias y reconocimiento como lo es un museo que, entre otras cosas, es también un «templo». Los dibujos de la muestra de Cabrol pueden ser vistos y vividos como la ambientación de un templo pagano donde conviven «enterados» y «recienvenidos», seres sin piel que se arrastran por el piso, niños que levitan, pingüinos con tumores malignos y señores de elegante smoking. Todos son bienvenidos a este hermoso banquete, pero solo con sus mejores partes.

Conversaba con Federico Main, miembro del equipo del Museo que trabajó en el montaje y coordinación de la muestra, sobre cómo se había dado el encuentro entre un artista que viene de un campo muy especifico (la historieta y la ilustración y su modo de circulación) y una institución de artes visuales con su repertorio de objetos y sus formas de visualización. Federico me habló de cómo se ordenó la muestra, del interés en Sebastián de mostrar producción reciente —‌ya que casi el cien por ciento de lo expuesto es de los dos últimos años —, de su rigor de trabajo, de sus bocetos que están expuestos en vitrinas hasta la página final, obras que miden exactamente 30 x 42 cm, el equivalente a una hoja tamaño A3.

A la luz de una lámpara de pie que ilumina en diagonal el tablero de trabajo, me lo imagino a Sebastián tramando sus próximas páginas, intentando hacer visible lo invisible, lo que subyace, y de ese estado de situación, de la imposibilidad de revelar la oscuridad, hacer un camino propio, el de las pequeñas rupturas cotidianas. Porque en ese camino de la historieta que transita nuestro artista siempre hay una página más, siempre hay una siguiente, como un yacimiento del que siempre algo se puede extraer, siempre puede borrar y volver a dibujar y siempre te va a contar que en algo anda, y que ya tiene en mente algo siguiente; y en esa continuidad construyó su inconfundible obra.
..De niño me llamaban la atención las imágenes de los vía crucis que hay en las iglesias: los relieves pintados, los tallados y cubiertos de barniz, eran para mí como viñetas, como ventanas que me trasladaban a otro lado, a otro mundo. Esos fueron mis primeros acercamientos a algo artístico… en fin. Cuando visité la muestra de Sebastián sentí esa misma sensación en la manera en que estaban ordenadas las obras en la sala, de un modo lineal de izquierda a derecha dando la vuelta entera a la sala, a la altura de los ojos, hablándome a los ojos y al corazón.
Al fondo y a la izquierda se puede leer una historieta completa de 12 páginas. Las 12 empanadas en la bandeja, las 12 estaciones, las horas del reloj, la hinchada, los huevos en la caja, la línea 12 cumple el año próximo 12 años. ¡El poder del 12!
Diego Arondojo en el texto del catálogo de la muestra nos dice que “Si la sombra es proyección de otro abrazo por la luz, Cabrol es ambos: Luz y Sombra. Carne y ánima”.
Quienes sobreviven a un accidente de tránsito cuentan que cuando vas manejando y estás a mitad de dormirte suelen aparecer, en el medio de la ruta, personas, animales o plantas que se atraviesan. Siempre seres vivos, nunca una columna, o un puente o un lavarropas. Es con esos seres vivos que se nos presentan entre el sueño y la vigilia, en el momento más oscuro de la noche, antes de que salga el sol, con los cuales construye Cabrol su propia mitología y legado.
.La oscuridad revelada, de Sebastián Cabrol  Sala Auditorio del Museo Pedro E. Martínez (Buenos Aires 355) Paraná Entre Ríos.

lunes, 18 de junio de 2018

Apariciones en la orilla

Una serie de textos aparecen y se superponen:


Uno
“Hubo un tiempo, no de los más remotos seguramente en la historia de la Tierra, porque apenas se trataría de unos ciento o ciento cincuenta mil años, en que las aguas del río Paraná no se arrastraban en el cauce actual. Las ostras se multiplicaban cerca de Corrientes;  tiburones llegaban hasta Santa Fe; y las anchoas que hoy suben poco más allá de Buenos Aires, servían de alimento a muchos de los habitantes ribereños del inmenso brazo de mar poco profundo que se extendía en lo que hoy ocupa la cuenca del Paraná.” Formación del Paraná y sus islas. Eduardo Holmberg.

Dos
“Entonces, desde que tengo memoria hay otra orilla. Un lugar real que desde aquí se ve como una línea –irregular, coloreada sí por la presencia de árboles, pastizales, pedazos desnudos de barranca; pero cambiante también allí, si el sol baja o sube o se ha nublado o no hay niebla o si directamente es de noche y por supuesto, cambiante aun porque si la noche es clara de estrellas o de luna, o porque no es clara en absoluto, o se ven brillar a lo lejos, sobre esa misma línea, fuegos altísimos, a lo que bien les cabe el nombre de «fuegos devoradores»-.
Temo el día en que aquella línea, firme, tensa por debajo, y por encima flexible, fluctuante, sólo viva en mis sueños” La orilla más lejana. Sonia Scarabelli.

Tres
-Aquí ya empiezan a haber caballos-/ me decía./ Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde/ entre los colores del agua de la infancia./ Estábamos ya muy lejos de los bronces, los/ mármoles y los floreros pintados "al gusto de/ la familia" en los cementerios municipales.// Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo/ tren casi fluvial nos envolvía./ Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en/ las manos las ramas de las estrellas y/ el resplandor lentísimo de los ríos rosados,/ donde sangraba el sol de los caballos, las/ vaquerías y las antiguas guerras.// Era el primer viaje solos en el tren marrón que/ no quiere morir.”  Viaje estival con Lucio. Francisco Madariaga.

Apariciones en la orilla es un intento de generar confluencias, fundidos y encuentros. Habitar un espacio, dejándonos impregnar por los demás y confiar que de ese encuentro se abran nuevas posibilidades narrativas para este territorio planetario, pequeño fragmento del litoral, Santa Fe y Paraná. Parados desde la orilla, el río se nos presenta como un espejo que nos refleja y distorsiona. La dualidad en eso que se asoma, que nos mira con extrañeza y vuelve a sumergirse y sumergirnos para dejar, por un momento al menos, de ser los mismos.







Ilustradora de sus propias historias, Águeda Guarneri comparte tres obras en acrílico de su serie “Emisores”, donde seres extraños, sugeridos, apenas distinguibles, se conjugan en un paisaje extraterrenal de colores intensos, vivos y en movimiento.



María Luz Riegelhaupt teje en sus dibujos banderas que flamean con el movimiento del viento, o también, la sacudida de un mantelen el patio luego del almuerzo antes de guardarse, un mantra, una acción que se repite cotidianamente y que va cobrando volumen, generando un cuerpode líneas que surcan el blanco del papel.



En Lucila Solé se hace presente un tiempo congelado. A través del video genera un detenimiento, poniendo foco en gestos mínimos, la inflexión de un cuello al girar la cabeza, eso que somos visto desde otro lugar, o una sutil textura hecha de cabello cayendo, como si pudiéramos vivir dos veces un momento.




Julia Sánchez expone pinturas sobre cartón, mezclando acrílico con brillantina. Hay algo del extrañamiento y de lo inapresable en las pinceladas coloridas y en los trazos que va generando la artista sobre la superficie rígida. Una mezcla de disfrute y obsesión por las formas y la manera de resolverlas.



Valeria Marioni despliega un cosmos hecho de apuntes de dibujos, tramas de papeles, anotaciones en forma de poemas y cerámicas en un todo indivisible. Pone en evidencia un método de trabajo donde las piezas se van encadenando y complementando. Su vínculo con la naturaleza marca el pulso de la obra y la forma de aproximarnos a ella, desde el tacto, la vista y la palabra.



  




Con dibujos de diferentes tamaños, técnicas, y años, Martín Pérez Campos construye un collage sobre la pared, que en cada montaje vuelve sobre sus pasos y encuentra en su archivo nuevos vínculos, proximidades y tensiones. Un trabajo que se construye en el montaje mismo, complementado con textos y fragmentos de dibujos pendientes, realizados directamente en la sala.


Fogones orilleros

Como actividad de cierre se reunió la música, la palabra y la escritura y sus vínculos con la visualidad, invitando a vivenciar la muestra desde diversas perspectivas y a conocer a los artistas visuales que participantes desde las otras disciplinas que transitan: se presentaron los proyectos editoriales Del Campamento, de la artista expositora Valeria Marioni; junto al sello invitado Curiosa Exhibicionista, dirigido por Kaia Edling en Paraná. Martín Pérez Campos compartirá sus canciones y la noche cerrará con una lectura colectiva de Proyecto Mojarra, integrado por las entrerrianas Laura Sánchez, Noelia Gliper, Rocío Lanfranco y Natalia Garay.





Organizada por el Gobierno de la Ciudad con el apoyo de Universo Pinturerías y la Universidad Autónoma de Entre Ríos, y la colaboración de Vinoteca Don Candioti. Desde 11 de mayo a 3 de junio de 2018. Centro Experimental del Color. Bv. Pellegrini 1150, Santa Fe.

martes, 17 de abril de 2018

Influencers de las tierras infinitas





Fui a ver la muestra "Libertad, esa extraña palabra" en el Museo Provincial de Bellas Artes.
La muestra se divide en ejes temporales que coinciden con las tres salas en cruz del museo. Se suma a esto una sala de tránsito, la que da al patio, donde se exhibe un video con el cual quedé pegado. En él se entrevista a diferentes artistas cuya obra fue seleccionada y premiada en el periodo 1973/1983. Creo que de alguna manera, ahí en la soledad de la sala, frente a la pantalla y esos rostros y sus palabras y sus obras, me fui reconciliando y reconociendo en algunxs de ellxs. Varixs fueron docentes míxs en la escuela de arte, y sino fueron docentes, fueron de alguna forma referentes o maestrxs del camino. De aquellos años de comienzos del 2000 al pasado y luego al futuro que es nuestro presente vivimos incontables cruces generacionales, tal vez no tantos ni con toda la horizontalidad y transversalidad que hubiese querido. Pero aquí estamos. Con mi mochila de vendedor de libros y la pantalla y la sala centenaria.
Que pasa y que pasará con quienes quedan en la memoria y porque quedan unos u otros, artistas de los que hablamos incansables horas, tomando birras en las plazas a la salida de la facultad, y otras también tomando un vino o una birra con algunos de ellos, a entenderlos y a entendernos en estos vínculos de otra manera, desde su producción, desde sus falencias, que son las mías, y sus virtudes, que pueden ser las mías también. Me pasa que a veces hablo con alguien sobre tal o cual artista que pienso que es genial y súper conocido y que debería estar en el a b c de todo artista de por acá y me dicen “ah si creo que lo escuche nombrar” y digo chau, que loco que no lo conozca, y de algún modo me pasa con algunx de lxs artistas del video a quienes no conozco. Luego de esta muestra se anuncia una con toda la pomada, los bernis xuls quinquelas, picassos y otrxs grandes ilustres envasados en origen para disfrute dominical de la familia seguido luego los colectivos escolares llenos. Pienso que será de estas obras cuando vuelvan a los depósitos. Yo que sé, pienso en las mochilas, con que uno las carga y como esas mochilas nos sobreviven.
 

martes, 20 de febrero de 2018

A la misma velocidad, nos encontraríamos en el medio

La chinkana es la palabra en quechua para designar un túnel. Se dice que durante el Imperio Inca, en Bolivia y Perú, con la llegada de los españoles, escondieron ahí todo su oro para que los invasores no pudieran encontrarlo. Nadie ha podido entrar en ese túneles y las historias cuentan que quienes lo hacen, salen locos, o como si el tiempo hubiese hecho estragos en ellos. Se dice también que fueron creados como lugares de castigo, como laberintos y como sitios para perderse.
La novela de Bob Chow “Todos contra todos y cada uno contra sí mismo”, transcurre en un futuro cercano en Samaipata, Bolivia. Martin Orlog, programador, desciende a la chinkana, metro a metro. En su misteriosa reaparición, tras nueve días de estar desaparecido, le dice a la responsable de recursos humanos “-¿La chinkana? Estuve dentro solo unas horas… Es… hermosa, absolutamente hermosa”.




 Las historias de túneles son atrapantes: están los túneles o accesos que conectarían con el centro de la tierra, donde vivirían los Erks, seres gigantescos pero buena onda. Uno de los accesos a la tierra hueca estaría en el Uritorco, y conectaría de alguna manera con los túneles Cuzqueños y así se cubrirían grandes extensiones intraterrestres/trasnacionales.
 Paraná también tiene sus túneles que conectan el centro de la ciudad, con la escuela, la catedral, y el río. Los niños dicen haber visto “enanitos” trabajando en una de sus salidas por el puente blanco que rodea la parte de atrás del cementerio.
 Existen también historias de túneles donde se aloja el diablo, un diablo que cumple deseos que mejoran nuestras destrezas artísticas, a precio de desdichas y tardíos lamentos.
 Hay también túneles pequeños, como el túnel que conecta por debajo las tribunas del club, donde los chicos se juntan a fumar, a mirar revistas y sacarse fotos.
 El túnel es un atajo, un espacio a transitar, lugar de dislocación, un desdoblamiento espacial y temporal. Al salir, el aquí y ahora puede ser diferente a lo que teníamos en mente.
 La muestra se nos presenta como esto último, teñido de todo lo anterior, un lugar de historias que nos anteceden y que a la vez construimos desde nuestros propios fantasmas, miedos e incertidumbres.
 El museo es una caverna y la muestra un túnel. ¿O será al revés?
 Luciana Berneri me cuenta de los trenes que atraviesan las ciudades de donde son los artistas que participan de la muestra, y pienso en el desplazamiento, en las fotos en la oscuridad, en lugares a los que tal vez nunca vamos a volver. Me pregunto en este túnel ¿las fotos serán con o sin flash? ¿Coincidirá nuestro recuerdo con lo que vemos, y a la vez no modificará esto que vemos a nuestros recuerdos?
 ¿Un túnel/ muestra con aberturas/salidas/ entradas arbitrarias, flashes en la oscuridad, sino, como unir ciudades tan disimiles como Córdoba, Esperanza, Gualeguaychú, Rafaela, Reconquista Río Tercero, Rosario y Villa Carlos Paz?.



 El túnel, en el marco de la muestra, es el lugar donde se ponen en juego las tensiones acerca de qué entendemos por arte en las provincias, en las ciudades del interior de la región centro del país, se ponen en juego las escenas locales, como se construye un público, las potencialidades y limitaciones, las relaciones de centros y periferias.
Moverse del lugar propio es siempre un desafío. Quién entra o sale de un túnel da cuenta de la existencia del túnel, una evidencia física y oral de ese recorrido. Hay un fragmento de una canción de Salvador Bachiller que dice “destruyamos la mitología del dolor, porque alguien que sufre no siempre crece y se fortalece”. Entrar y salir de un lugar no siempre es gratuito, no siempre se sale ileso y triunfante. El tema es, qué hacer luego con eso, un túnel que nos llama, nos dice, “por aquí, es por aquí”.

Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” . Santa Fe

-Sobre la muestra:   “Entré en el túnel y saqué un par de fotos” curaduría Luciana Berneri.  Expositores - Alberto Bonus (Gualeguaychú), Héctor Borla (Esperanza), Martin Carrizo (Río Tercero), Sofía Desuque (Rafaela), Nadia Drubich (Esperanza),  Toti Ds(Santa Fe), Fede Gloriani (Rosario), Nina Kovensky (Córdoba), Florencia Laorden (Rafaela), Mimi Laquidara (Rosario), Lali Martinez Spaggiari (Santa Fe), Mallku Elorrieta Melogno (Villa Carlos Paz), Silvina Menendez (Santa Fe), David Nahon (Rosario), Julio Pagano (Reconquista), Ana María Pizarro (Santa Fe), Jair Jesús Toledo (Córdoba) y Agustina Triquell (Córdoba).

viernes, 2 de febrero de 2018

Cosas que no había dejado aquí


Imagen uno: Yo volviendo apurado de Santa Fe después de ver una muestra, subiendo a la moto en Paraná, yendo a una farmacia para comprar ibuprofeno pediátrico 2mgr. El farmacéutico nos atiende por una ventanita desde la puerta, delante de mí, un chico compra preservativos y crema de enjuague y se sube al taxi que lo está esperando.


Imagen dos: Encuentro en el río musical es, creo, el último videoclip de Virus. El paisaje es Futurístico/ Lunático/ Tropical/ Azulino. Federico, según cuenta Marcelo Moura, escribió esta canción ya pensando en su final: “El río musical, bañando tu atención, genero un lugar, para encontrarnos”.

Imagen tres: Es el año 2014 y veo una obra de una bailarina postnuclear con unos cocos y ananás en la cabeza haciendo equilibrio en un muelle, impresa en grises sobre una mesa.

La muestra que estaba visitando en Santa Fe era ‘Diferido’ de Fede Salvarredy, que hacia un montón que no lo veía y me acompañó a recorrerla y luego, con unas cervezas.

La palabra diferido me encanta, pienso que el lugar para encontrarnos son las imágenes, le damos con el dedito para arriba y para abajo al celu, tirando corazones, likes, caritas felices y enojadas. Se cansan los ojos volviendo de madrugada revisando, viendo en el mismísimo momento, pero en diferido, vacaciones de otros, salidas nocturnas, encuentros, hallazgos, hacer de nuestra rutina algo más que una rutina.


El  tiempo que transcurre y el tiempo que transcurre por segunda vez, esta vez en un espacio compartido.


Reivindicación del surrealismo en un conjunto: La convivencia de una mano enguantada de terciopelo verde  apuntando al cielo nocturno con una banana, junto al tejido diurno de alambrados con un auto viejo, medio verde, detrás estacionado.


Imagen cuatro: Visité la muestra el 7 de enero, escribo esto un día 23, la muestra cierra el 31. Cuando alguien lea este texto tal vez la muestra ya no esté ahí.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Me llamaba la atención la forma en que las miraba




Volviendo en el cole desde Santa Fe, después de ver “Invisibles y Salvajes” en el Museo Rosa Galisteo, se me vino a la mente el comienzo de la canción de Intoxicados que dice masomenos  “solía verla siempre, mirando las guitarras/ y me llamaba la atención, la forma en que las miraba”. En el momento no encontré ninguna relación pero todo empezó a decantar,  y a enredarse también, cuando una piensa la curaduría como un recorte y cómo compartir, contagiar ese recorte, cómo hacer que otros ojos acompañen nuestra mirada y también esa mirada se amplíe, que pueda generar sus propios recorridos, sus propias lógicas, que la mirada del otro no nos ciegue. 
La muestra se presenta desde su complejidad. El material de folletería que disponemos al entrar a la sala nos ofrece una vista arquitectónica, un plano del museo con la sinopsis de cada sala pero atravesada por líneas como hechas a mano en gris, que generan una trama con posibles recorridos, o nodos, o palabras claves. Esta trama contrasta con el guía del museo, cuando intenta traducir en palabras lo que sucede en cada sala: la imposibilidad de establecer jerarquías y  un recorrido lineal de la muestra en general.
Aunque suene redundante, es una muestra que necesita ser vista y confieso que antes de ir a verla no tenía ni idea de qué se trataba.
 Cada sala es como una cebolla que se va deshaciendo y van surgiendo nuevas capas, pero que, acertadamente, no pone en primer plano el procedimiento, el recorte, sino a la obra propiamente dicha, para que una vez que hayamos entrado en ella, podamos volver al texto y del texto,  volver a las obras para transitarlas de una manera diferente. Este dato es significativo en la medida que entendemos que ambas curadoras, Raquel Minetti y Victoria Ferreyra, además de docentes son artistas, e intuyo que se habrá presentado en ellas mismas esa dualidad, esa tensión al momento de pensar esta muestra.
Sumo a lo anterior: Para cada sala las curadoras invitaron a otrxs curadorxs a repensar la colección y en su mayoría, si no me equivoco son artistas muchos de los cuales tienen obra que forma parte de la colección del museo. Así la muestra puede entenderse como una cinta de Moebius que sintoniza con el lema del museo en la actual gestión que reza “El Rosa pensándose a sí mismo”.

Algunas preguntas sobre el patrimonio puesto en funcionamiento en el marco de una muestra. ¿Es necesario que la obra recupere un status previo al momento de haber ingresado a la colección? ¿Son esas obras legibles por fuera del contexto del que forman parte? ¿Para esa obra nada volverá a ser lo mismo? ¿O se mantendrá inalterable aunque lleve viviendo más tiempo dentro de la institución que afuera? ¿Son las guitarras de la canción las obras del museo, las que miran Raquel y Victoria, y nosotros los que las miran a ellas, y a través de ellas, a las guitarras?

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Los vértices de un triángulo



El triángulo invertido es la forma que se me viene a la mente cuando entre a ver la muestra Oda a la Intemperie de Diana Campos, Victoria Ruíz Díaz y Eugenia Bracony. La distribución en las salas me lleva a eso. El Museo de Bellas Artes de Entre Ríos convertido en un tatetí: en el medio abajo yo, al costado izquierdo la permanente de C B Quirós, al derecho la deliciosa muestra patrimonial, al medio Eugenia Bracony, superior izquierdo Diana Campos, superior derecho Victoria Ruíz Díaz.

Perdón... arranqué medio trabado, pero pienso en la forma del triángulo invertido como fecundidad, como femeneidad, en el equilibrio de las fueras, fuerzas del afuera, de la naturaleza y creo que por ahí va la cosa si tenemos en cuenta el título de la muestra.
Pienso también en cuando uno busca forma de letras para recorrer visualmente una obra, pienso en la V, en la cual uno entra por el punto de unión de más abajo y luego se recorren ambos caminos a la vez, como si la obra de Eugenia fuera el vehículo, motor, canal, a la obra de las otras dos artistas.

Tuve la oportunidad de visitarla acompañado por Diana, y le pregunte por la disposición del espacio y qué onda con eso, y me contó que había sido propuesto por la coordinación del Museo y creo que si bien las obras funcionan en salas separadas y son casi tres individuales podrían haber convivido o continuado espacialmente en las salas.



Entro en la obra de Eugenia y flasheo con que la obra hecha de barro se fue secando durante los días de la muestra y me lamento no haber ido más seguido. La sala principal del Museo es la que da la sensación que tuviera el techo más alto y esta bueno porque la obra de Eugenia en algún punto necesita un techo alto, son como cráteres que impulsaran la vista hacia arriba, hacia el vacío, donde en apariencia no estaría la obra ( que está abajo) pero que de algún modo continuara, Necesita aire, nos necesita a nosotros alrededor para que las piezas se vayan secando, nuestro aliento dando vida a las obras, y la obra a su vez absorbiéndonos, madurando, envejeciendo juntos, con lo maravilloso que eso puede ser. Pienso: Un museo es el lugar donde, también, se envejece.



Paso la sala principal y a la izquierda está la obra de Diana que excede el espacio físico asignado. Es una sala pequeña con unas molduras que hacen bajar la luz del techo, pero con unos ventanales importantes y dos puertas pasos curvos enormes.
 La obra está hecha de ramas como manos de monstruos dedos ( vieron La Aldea de Shyamalan? Bueno, algo así) estirados, que se cruzan en el medio por nudos que abren en abanico las ramas secas y en el suelo una suerte de sedimentos.
También esas ramas tienen algo de arqueológico, como una especie rara prehistórica, un ave y sus huesos.
 La artista invitó al publico a que colgara interviniera la obra con semillas carteles y cosas varias: Al pie de la obra un cartel dice: Donde esta Santiago los Maldonado?
 La construcción de la obra de Diana me recuerda a la obra de Jorge Macchi “un charco de sangre” donde líneas temblorosas de recortes de diarios se encuentran en una serie de renglones en el medio con esa frase y luego vuelven a abrirse siguiendo las frases en otras bifurcaciones. Muchos caminos ramas pero los mismos nudos, las mismas trabas, los mismos problemas en común.
 Pienso un Museo es un punto de contacto.



Giro, vuelvo sobre mis pasos y esta la obra de Vicky con obras grandes de 250 x 150 cm aprox, carbonillas sobre lienzos en la sala mas  cubo blanco del museo, donde mejor se aprovechan las paredes para las obras que se cuelgan. Son paisajes tupidos de los que se asoman animales escondidos, imágenes reversibles donde una vez que descubres la liebre no puedes dejar de verla. Le pregunto a Diana como hicieron para traerlas, si ya estaban terminadas, o si la terminó en el museo y me dice que algunas sí, y que otras se terminaron una vez montadas.

En los tres casos las obras se terminaron de hacer en el mismo museo, desde el secado de las piezas y su construcción, desde las intervenciones que le dan sentido, y desde la influencia de la luz al momento de producir un dibujo.

El paisaje entrerriano, su poética, como mito fundante y relato es lo que aquí se respira, eso que se está haciendo.

Pienso el Museo como lugar de origen.