lunes, 22 de octubre de 2018

Un Ford Orion modelo 96 resplandece


La teoría de las ventanas rotas surge de un experimento: En el año 1969 se dejaron dos autos abandonados, sin patente y con las puertas abiertas, uno en el Bronx Nueva York y el otro en Palo Alto California. El del Bronx, barrio marginal, y atravesado por la pobreza y la delincuencia, al muy poco tiempo fue desvalijado, desguazado y el de Palo Alto, barrio tranquilo, residencial y de altísimo poder adquisitivo, seguía intacto. Entonces lo que se hizo fue romper una ventana del auto abandonado en Palo Alto para insinuar cierto abandono, lo que produjo que al muy poco tiempo vorazmente comenzaran a desmantelarlo los vecinos.
Autos apilados en un depósito municipal destinado para ese fin con hombre que pasa en bicicleta/ Autos que desbordan tapiales/ Autos en la entrada del depósito perros y vehículos tracción a sangre / Autos apilados desde el llano / Autos apilados desde el llano / Autos invadidos por la vegetación invadiendo la calle / Auto abandonado en la calle / Plano detalle del auto abandonado / Plano detalle de la rueda del auto abandonado /Detalle del interior de auto abandonado /Auto casi abandonado quemado y auto que pasa /Auto abandonado y perro y ramas en movimiento con autos que pasan /Auto abandonado detalle /Auto abandonado y pareja caminando y auto pasando /Noche con auto abandonado y persona saliendo de su casa / Plano de Santa Fe con los lugares donde se prendieron fuego autos y puntero del mouse.
Con la imagen del mapa interactivo, que cada año se acrecienta y como si estuviéramos frente a una entropía que va dispersando su energía y minando el plano de la ciudad, Milton Sccechi - con curaduría de Virginia Sotti - cierra el video que forma parte de su muestra ‘Resolana Nocturna’, que está compuesta por una proyección y una instalación realizada a partir de restos de autos capots y puertas apoyadas entre sí.
El artista va en busca de lo que queda de esos incendios: autos abandonados en las calles, en las veredas, en depósitos, donde son quemados y dejados una y otra vez. Autos modelo 97, modelo 2004, autos que cayeron en desgracia y que quedan ahí abandonados por siempre a su suerte.
Observamos ante la inmovilidad de los vehículos, cómo contrastan en algunas ocasiones el movimiento de las ramas de los árboles o los perros que deambulan, como en una danza callejera. Milton con cámara fija, se acerca y se aleja de ellos, para dar cuenta del paso del tiempo, el óxido, el derrumbe, y la invasión de la naturaleza.
En la novela ‘Rascacielos’ de J. G. Ballard se nos presenta el conflicto de cuán civilizados y correctos podemos ser, cuán cerca estamos de nuestros más bajos instintos: “Un tiempo después, sentado en la terraza mientras se comía al perro, el doctor Robert Laing reflexionó sobre los acontecimientos que habían tenido lugar en el interior de aquel enorme edificio de apartamentos a lo largo de los tres meses anteriores”.
Milton toma distancia de los hechos y se concentra en lo que queda, en las ruinas, y en lo que ya no volverá a ser como antes. Ya no se puede volver el tiempo atrás, entonces con su cámara va en busca de los resquicios para una belleza de lo tremendo en lo cotidiano.
“Desde 2015 no se detienen los incendios de vehículos”, anuncia El diario El Litoral de Santa Fe en un intento de cuantificar detalladamente dónde cuándo y de qué modelo son los autos quemados en esa ciudad. Le pregunto a un amigo analista político, especializado en Big Data y opinión pública, cuáles son sus impresiones sobre el mapa. Lo primero que me explica es que por lo pronto le parece que son un montón, pero no sabe si son un montón en relación a qué, que necesitaría reconfigurarlo al mapa, establecer otros parámetros para establecer posibles causales. Le propongo que nos pongamos paranoicos y hagamos el ejercicio: “¿El auto quemado en tal fecha coincide con el corte de luz en Aristóbulo?” “¿Es efecto de la quema del auto de barrio Candiotti la asunción de Macri como presidente?” “¿Qué papel juegan los servicios privados de vigilancia, los vecinos en alerta, las cámaras de seguridad, el monitoreo de ciertas zonas y la liberación de otras?”. Mi amigo me dice que no nos olvidemos que el pirómano tiene una enfermedad o patología, y que va a encontrar el momento para accionar, pero, le digo, “¿Son pirómanos quienes incendian coches o son las propias concesionarias, empresas aseguradoras, usuarios, que ante cierta obsolescencia, aceleran estos procesos inevitables? … esta última pregunta no tendrá respuesta.
-Resolana nocturna de Milton Se Secchi con curaduría de Virginia Sotti Tacuarita Azul en Proyecto FUGA

martes, 14 de agosto de 2018

Mi colección de cuchillos Guinsu


Mis idas a Santa Fe siempre son de super vueltas combinatorias de gentes y lugares: En moto hasta la terminal, en la terminal el cole hasta Santa Fe, de ahí a Fuga a llevar libros, de Fuga al Foro de la Unl a encontrarme con artistas, del Foro de la Unl a lo del Ale a ponernos al día, de lo del Ale al Museo a llevar libros, del Museo a la terminal, de la terminal a la moto, de la moto a casa.

Cuando vuelvo en la moto las imágenes y palabras de esas cuatro horas se condensan y algunas quedan por días reverberando, a diferentes escalas, a diferentes intensidades, algunas me guardo para mí, otras las comparto bajo la forma en que quieran hacerse visibles.

La primer estación aquella vez fue la visita a Populisima de Nicolas Bassi: una muestra que te traslada a un tiempo pasado, espectral, pero de una fantasmagoría de diferentes capas, como si Casper se hubiese comido a Casper y a su vez a otro Casper y por ser transparente pudiésemos ver su interior, atravesado por veladuras que no pudieran esconder su interior.

En casa, había cosas que se aprendían por vía materna y otras por vía paterna: de papá heredé y el heredó de su padre, mi abuelo, mozo de hotel, el arte de la presentación de platos, doblado de servilleta y pelado de frutas y verduras. Cuando papá quiere sorprendernos, pela de maneras extrañas una naranja, o un tomate, o una zanahoria, dobla las servilletas de papel y los fiambres, a veces ahora 30 años después lo imito, ordeno sobre la tabla las tostadas para mi hija, hacia donde apunta el asa de la taza para que pueda agarrarla con facilidad. Lo mismo las picadas, el ángulo del cuchillo para cortar un salame, los quesos duros en triángulos, los blandos en cubos, las milanesas para que no se desgranen… me pregunto quién heredará de mí este arte.

Las fiestas de quince y las matines fueron las primeras noches fuera de casa, confiábamos en los tíos y personal de servicio que nos dieran alcohol, para mezclar con el jugo y disimular, viejos fantasmas en VHS, caras borrosas, peinados, camisas corbatas de Scobby Doo en los brazos de Shaggy temblando ambos de miedo, pausar la película y en intermitencia una cinta quedará vibrando, el trekkin no logra enfocar las caras, ahí sin saber que hacer con los brazos, pausando y parando, ahí comiendo y fumando para pasar el tiempo, pausando y parando retrocediendo y nunca dar en el momento justo de un detenimiento y el magnetismo de la cinta se va perdiendo, es como si no pudiésemos parar de movernos, como un tic nervioso.

Patear latas y botellas de agua, colillas y paquetes de Marlboro en la sala de exposiciones, hacer rancho, con especialización en precarización fue un poco la escuela donde hice el bachillerato en el planeta arte, una fiesta a la que nunca llegué, pero que seguro ya había terminado: Populisima me presenta una post/pre fiesta en HD, no sé si llegué antes o después, o si estoy en medio de la fiesta y no los veo, porque en la nitidez de sus objetos no hay paso del tiempo, no hay polvo ni barniz añejado, los globos colgando siempre inflados, el brillo de los chorizos cortado mariposas con la líneas paralelas de la parrilla marcando surcos, eso intangible, inoloro, acético, que deja marcas, todo como cortado con un cuchillo ultra filoso que no deja huellas. 

Casper se tapa la panza, se sujeta los tripas blancas transparentes, y de las tripas salen otros Casperes que se sostienen a sus ves las tripas. El corte fue preciso.

martes, 26 de junio de 2018

Alucinaciones hipnagógicas


Texto escrito pensando en la muestra La oscuridad revelada en Museo Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos para 170 Escalones
Lo primero que se me vino a la cabeza cuando me enteré que se realizaría una muestra de Sebastián Cabrol en el Museo Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos fue lo acertado del reconocimiento a un tipo que viene laburando, hace un montón de tiempo de manera silenciosa, en dos géneros de larga tradición en la ciudad como son la historieta y la ilustración, y qué bueno que su presencia esté dada por sí mismo y no por estar «en el marco de».

Suele suceder con la historieta que cuando ocupa lugares en las agendas culturales se la enmarca en festivales, ferias, presentaciones, selecciones, variedades y antologías. Sin embargo, aquí se (lo) presenta como «autor», no por «su parecido a» sino por su singularidad. Tal vez Cabrol y Lisandro Estherren sean los dos autores de historietas de mayor proyección y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Como nota de color se podría mencionar que ambos crecieron con el paisaje de las barrancas movedizas del SenseFolk de Villa Almendral, rumbeando al Balneario Thompson y Puerto Sánchez en la ciudad de Paraná.

En la contemporaneidad el lugar en donde se exhibe suele tener la misma o mayor preponderancia que lo que se exhibe, por eso, en este caso, la complejidad está dada por ser un espacio de disputas y tensiones, de convivencias y reconocimiento como lo es un museo que, entre otras cosas, es también un «templo». Los dibujos de la muestra de Cabrol pueden ser vistos y vividos como la ambientación de un templo pagano donde conviven «enterados» y «recienvenidos», seres sin piel que se arrastran por el piso, niños que levitan, pingüinos con tumores malignos y señores de elegante smoking. Todos son bienvenidos a este hermoso banquete, pero solo con sus mejores partes.

Conversaba con Federico Main, miembro del equipo del Museo que trabajó en el montaje y coordinación de la muestra, sobre cómo se había dado el encuentro entre un artista que viene de un campo muy especifico (la historieta y la ilustración y su modo de circulación) y una institución de artes visuales con su repertorio de objetos y sus formas de visualización. Federico me habló de cómo se ordenó la muestra, del interés en Sebastián de mostrar producción reciente —‌ya que casi el cien por ciento de lo expuesto es de los dos últimos años —, de su rigor de trabajo, de sus bocetos que están expuestos en vitrinas hasta la página final, obras que miden exactamente 30 x 42 cm, el equivalente a una hoja tamaño A3.

A la luz de una lámpara de pie que ilumina en diagonal el tablero de trabajo, me lo imagino a Sebastián tramando sus próximas páginas, intentando hacer visible lo invisible, lo que subyace, y de ese estado de situación, de la imposibilidad de revelar la oscuridad, hacer un camino propio, el de las pequeñas rupturas cotidianas. Porque en ese camino de la historieta que transita nuestro artista siempre hay una página más, siempre hay una siguiente, como un yacimiento del que siempre algo se puede extraer, siempre puede borrar y volver a dibujar y siempre te va a contar que en algo anda, y que ya tiene en mente algo siguiente; y en esa continuidad construyó su inconfundible obra.
..De niño me llamaban la atención las imágenes de los vía crucis que hay en las iglesias: los relieves pintados, los tallados y cubiertos de barniz, eran para mí como viñetas, como ventanas que me trasladaban a otro lado, a otro mundo. Esos fueron mis primeros acercamientos a algo artístico… en fin. Cuando visité la muestra de Sebastián sentí esa misma sensación en la manera en que estaban ordenadas las obras en la sala, de un modo lineal de izquierda a derecha dando la vuelta entera a la sala, a la altura de los ojos, hablándome a los ojos y al corazón.
Al fondo y a la izquierda se puede leer una historieta completa de 12 páginas. Las 12 empanadas en la bandeja, las 12 estaciones, las horas del reloj, la hinchada, los huevos en la caja, la línea 12 cumple el año próximo 12 años. ¡El poder del 12!
Diego Arondojo en el texto del catálogo de la muestra nos dice que “Si la sombra es proyección de otro abrazo por la luz, Cabrol es ambos: Luz y Sombra. Carne y ánima”.
Quienes sobreviven a un accidente de tránsito cuentan que cuando vas manejando y estás a mitad de dormirte suelen aparecer, en el medio de la ruta, personas, animales o plantas que se atraviesan. Siempre seres vivos, nunca una columna, o un puente o un lavarropas. Es con esos seres vivos que se nos presentan entre el sueño y la vigilia, en el momento más oscuro de la noche, antes de que salga el sol, con los cuales construye Cabrol su propia mitología y legado.
.La oscuridad revelada, de Sebastián Cabrol  Sala Auditorio del Museo Pedro E. Martínez (Buenos Aires 355) Paraná Entre Ríos.

lunes, 18 de junio de 2018

Apariciones en la orilla

Una serie de textos aparecen y se superponen:


Uno
“Hubo un tiempo, no de los más remotos seguramente en la historia de la Tierra, porque apenas se trataría de unos ciento o ciento cincuenta mil años, en que las aguas del río Paraná no se arrastraban en el cauce actual. Las ostras se multiplicaban cerca de Corrientes;  tiburones llegaban hasta Santa Fe; y las anchoas que hoy suben poco más allá de Buenos Aires, servían de alimento a muchos de los habitantes ribereños del inmenso brazo de mar poco profundo que se extendía en lo que hoy ocupa la cuenca del Paraná.” Formación del Paraná y sus islas. Eduardo Holmberg.

Dos
“Entonces, desde que tengo memoria hay otra orilla. Un lugar real que desde aquí se ve como una línea –irregular, coloreada sí por la presencia de árboles, pastizales, pedazos desnudos de barranca; pero cambiante también allí, si el sol baja o sube o se ha nublado o no hay niebla o si directamente es de noche y por supuesto, cambiante aun porque si la noche es clara de estrellas o de luna, o porque no es clara en absoluto, o se ven brillar a lo lejos, sobre esa misma línea, fuegos altísimos, a lo que bien les cabe el nombre de «fuegos devoradores»-.
Temo el día en que aquella línea, firme, tensa por debajo, y por encima flexible, fluctuante, sólo viva en mis sueños” La orilla más lejana. Sonia Scarabelli.

Tres
-Aquí ya empiezan a haber caballos-/ me decía./ Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde/ entre los colores del agua de la infancia./ Estábamos ya muy lejos de los bronces, los/ mármoles y los floreros pintados "al gusto de/ la familia" en los cementerios municipales.// Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo/ tren casi fluvial nos envolvía./ Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en/ las manos las ramas de las estrellas y/ el resplandor lentísimo de los ríos rosados,/ donde sangraba el sol de los caballos, las/ vaquerías y las antiguas guerras.// Era el primer viaje solos en el tren marrón que/ no quiere morir.”  Viaje estival con Lucio. Francisco Madariaga.

Apariciones en la orilla es un intento de generar confluencias, fundidos y encuentros. Habitar un espacio, dejándonos impregnar por los demás y confiar que de ese encuentro se abran nuevas posibilidades narrativas para este territorio planetario, pequeño fragmento del litoral, Santa Fe y Paraná. Parados desde la orilla, el río se nos presenta como un espejo que nos refleja y distorsiona. La dualidad en eso que se asoma, que nos mira con extrañeza y vuelve a sumergirse y sumergirnos para dejar, por un momento al menos, de ser los mismos.







Ilustradora de sus propias historias, Águeda Guarneri comparte tres obras en acrílico de su serie “Emisores”, donde seres extraños, sugeridos, apenas distinguibles, se conjugan en un paisaje extraterrenal de colores intensos, vivos y en movimiento.



María Luz Riegelhaupt teje en sus dibujos banderas que flamean con el movimiento del viento, o también, la sacudida de un mantelen el patio luego del almuerzo antes de guardarse, un mantra, una acción que se repite cotidianamente y que va cobrando volumen, generando un cuerpode líneas que surcan el blanco del papel.



En Lucila Solé se hace presente un tiempo congelado. A través del video genera un detenimiento, poniendo foco en gestos mínimos, la inflexión de un cuello al girar la cabeza, eso que somos visto desde otro lugar, o una sutil textura hecha de cabello cayendo, como si pudiéramos vivir dos veces un momento.




Julia Sánchez expone pinturas sobre cartón, mezclando acrílico con brillantina. Hay algo del extrañamiento y de lo inapresable en las pinceladas coloridas y en los trazos que va generando la artista sobre la superficie rígida. Una mezcla de disfrute y obsesión por las formas y la manera de resolverlas.



Valeria Marioni despliega un cosmos hecho de apuntes de dibujos, tramas de papeles, anotaciones en forma de poemas y cerámicas en un todo indivisible. Pone en evidencia un método de trabajo donde las piezas se van encadenando y complementando. Su vínculo con la naturaleza marca el pulso de la obra y la forma de aproximarnos a ella, desde el tacto, la vista y la palabra.



  




Con dibujos de diferentes tamaños, técnicas, y años, Martín Pérez Campos construye un collage sobre la pared, que en cada montaje vuelve sobre sus pasos y encuentra en su archivo nuevos vínculos, proximidades y tensiones. Un trabajo que se construye en el montaje mismo, complementado con textos y fragmentos de dibujos pendientes, realizados directamente en la sala.


Fogones orilleros

Como actividad de cierre se reunió la música, la palabra y la escritura y sus vínculos con la visualidad, invitando a vivenciar la muestra desde diversas perspectivas y a conocer a los artistas visuales que participantes desde las otras disciplinas que transitan: se presentaron los proyectos editoriales Del Campamento, de la artista expositora Valeria Marioni; junto al sello invitado Curiosa Exhibicionista, dirigido por Kaia Edling en Paraná. Martín Pérez Campos compartirá sus canciones y la noche cerrará con una lectura colectiva de Proyecto Mojarra, integrado por las entrerrianas Laura Sánchez, Noelia Gliper, Rocío Lanfranco y Natalia Garay.





Organizada por el Gobierno de la Ciudad con el apoyo de Universo Pinturerías y la Universidad Autónoma de Entre Ríos, y la colaboración de Vinoteca Don Candioti. Desde 11 de mayo a 3 de junio de 2018. Centro Experimental del Color. Bv. Pellegrini 1150, Santa Fe.

martes, 17 de abril de 2018

Influencers de las tierras infinitas





Fui a ver la muestra "Libertad, esa extraña palabra" en el Museo Provincial de Bellas Artes.
La muestra se divide en ejes temporales que coinciden con las tres salas en cruz del museo. Se suma a esto una sala de tránsito, la que da al patio, donde se exhibe un video con el cual quedé pegado. En él se entrevista a diferentes artistas cuya obra fue seleccionada y premiada en el periodo 1973/1983. Creo que de alguna manera, ahí en la soledad de la sala, frente a la pantalla y esos rostros y sus palabras y sus obras, me fui reconciliando y reconociendo en algunxs de ellxs. Varixs fueron docentes míxs en la escuela de arte, y sino fueron docentes, fueron de alguna forma referentes o maestrxs del camino. De aquellos años de comienzos del 2000 al pasado y luego al futuro que es nuestro presente vivimos incontables cruces generacionales, tal vez no tantos ni con toda la horizontalidad y transversalidad que hubiese querido. Pero aquí estamos. Con mi mochila de vendedor de libros y la pantalla y la sala centenaria.
Que pasa y que pasará con quienes quedan en la memoria y porque quedan unos u otros, artistas de los que hablamos incansables horas, tomando birras en las plazas a la salida de la facultad, y otras también tomando un vino o una birra con algunos de ellos, a entenderlos y a entendernos en estos vínculos de otra manera, desde su producción, desde sus falencias, que son las mías, y sus virtudes, que pueden ser las mías también. Me pasa que a veces hablo con alguien sobre tal o cual artista que pienso que es genial y súper conocido y que debería estar en el a b c de todo artista de por acá y me dicen “ah si creo que lo escuche nombrar” y digo chau, que loco que no lo conozca, y de algún modo me pasa con algunx de lxs artistas del video a quienes no conozco. Luego de esta muestra se anuncia una con toda la pomada, los bernis xuls quinquelas, picassos y otrxs grandes ilustres envasados en origen para disfrute dominical de la familia seguido luego los colectivos escolares llenos. Pienso que será de estas obras cuando vuelvan a los depósitos. Yo que sé, pienso en las mochilas, con que uno las carga y como esas mochilas nos sobreviven.
 

martes, 20 de febrero de 2018

A la misma velocidad, nos encontraríamos en el medio

La chinkana es la palabra en quechua para designar un túnel. Se dice que durante el Imperio Inca, en Bolivia y Perú, con la llegada de los españoles, escondieron ahí todo su oro para que los invasores no pudieran encontrarlo. Nadie ha podido entrar en ese túneles y las historias cuentan que quienes lo hacen, salen locos, o como si el tiempo hubiese hecho estragos en ellos. Se dice también que fueron creados como lugares de castigo, como laberintos y como sitios para perderse.
La novela de Bob Chow “Todos contra todos y cada uno contra sí mismo”, transcurre en un futuro cercano en Samaipata, Bolivia. Martin Orlog, programador, desciende a la chinkana, metro a metro. En su misteriosa reaparición, tras nueve días de estar desaparecido, le dice a la responsable de recursos humanos “-¿La chinkana? Estuve dentro solo unas horas… Es… hermosa, absolutamente hermosa”.




 Las historias de túneles son atrapantes: están los túneles o accesos que conectarían con el centro de la tierra, donde vivirían los Erks, seres gigantescos pero buena onda. Uno de los accesos a la tierra hueca estaría en el Uritorco, y conectaría de alguna manera con los túneles Cuzqueños y así se cubrirían grandes extensiones intraterrestres/trasnacionales.
 Paraná también tiene sus túneles que conectan el centro de la ciudad, con la escuela, la catedral, y el río. Los niños dicen haber visto “enanitos” trabajando en una de sus salidas por el puente blanco que rodea la parte de atrás del cementerio.
 Existen también historias de túneles donde se aloja el diablo, un diablo que cumple deseos que mejoran nuestras destrezas artísticas, a precio de desdichas y tardíos lamentos.
 Hay también túneles pequeños, como el túnel que conecta por debajo las tribunas del club, donde los chicos se juntan a fumar, a mirar revistas y sacarse fotos.
 El túnel es un atajo, un espacio a transitar, lugar de dislocación, un desdoblamiento espacial y temporal. Al salir, el aquí y ahora puede ser diferente a lo que teníamos en mente.
 La muestra se nos presenta como esto último, teñido de todo lo anterior, un lugar de historias que nos anteceden y que a la vez construimos desde nuestros propios fantasmas, miedos e incertidumbres.
 El museo es una caverna y la muestra un túnel. ¿O será al revés?
 Luciana Berneri me cuenta de los trenes que atraviesan las ciudades de donde son los artistas que participan de la muestra, y pienso en el desplazamiento, en las fotos en la oscuridad, en lugares a los que tal vez nunca vamos a volver. Me pregunto en este túnel ¿las fotos serán con o sin flash? ¿Coincidirá nuestro recuerdo con lo que vemos, y a la vez no modificará esto que vemos a nuestros recuerdos?
 ¿Un túnel/ muestra con aberturas/salidas/ entradas arbitrarias, flashes en la oscuridad, sino, como unir ciudades tan disimiles como Córdoba, Esperanza, Gualeguaychú, Rafaela, Reconquista Río Tercero, Rosario y Villa Carlos Paz?.



 El túnel, en el marco de la muestra, es el lugar donde se ponen en juego las tensiones acerca de qué entendemos por arte en las provincias, en las ciudades del interior de la región centro del país, se ponen en juego las escenas locales, como se construye un público, las potencialidades y limitaciones, las relaciones de centros y periferias.
Moverse del lugar propio es siempre un desafío. Quién entra o sale de un túnel da cuenta de la existencia del túnel, una evidencia física y oral de ese recorrido. Hay un fragmento de una canción de Salvador Bachiller que dice “destruyamos la mitología del dolor, porque alguien que sufre no siempre crece y se fortalece”. Entrar y salir de un lugar no siempre es gratuito, no siempre se sale ileso y triunfante. El tema es, qué hacer luego con eso, un túnel que nos llama, nos dice, “por aquí, es por aquí”.

Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” . Santa Fe

-Sobre la muestra:   “Entré en el túnel y saqué un par de fotos” curaduría Luciana Berneri.  Expositores - Alberto Bonus (Gualeguaychú), Héctor Borla (Esperanza), Martin Carrizo (Río Tercero), Sofía Desuque (Rafaela), Nadia Drubich (Esperanza),  Toti Ds(Santa Fe), Fede Gloriani (Rosario), Nina Kovensky (Córdoba), Florencia Laorden (Rafaela), Mimi Laquidara (Rosario), Lali Martinez Spaggiari (Santa Fe), Mallku Elorrieta Melogno (Villa Carlos Paz), Silvina Menendez (Santa Fe), David Nahon (Rosario), Julio Pagano (Reconquista), Ana María Pizarro (Santa Fe), Jair Jesús Toledo (Córdoba) y Agustina Triquell (Córdoba).

viernes, 2 de febrero de 2018

Cosas que no había dejado aquí


Imagen uno: Yo volviendo apurado de Santa Fe después de ver una muestra, subiendo a la moto en Paraná, yendo a una farmacia para comprar ibuprofeno pediátrico 2mgr. El farmacéutico nos atiende por una ventanita desde la puerta, delante de mí, un chico compra preservativos y crema de enjuague y se sube al taxi que lo está esperando.


Imagen dos: Encuentro en el río musical es, creo, el último videoclip de Virus. El paisaje es Futurístico/ Lunático/ Tropical/ Azulino. Federico, según cuenta Marcelo Moura, escribió esta canción ya pensando en su final: “El río musical, bañando tu atención, genero un lugar, para encontrarnos”.

Imagen tres: Es el año 2014 y veo una obra de una bailarina postnuclear con unos cocos y ananás en la cabeza haciendo equilibrio en un muelle, impresa en grises sobre una mesa.

La muestra que estaba visitando en Santa Fe era ‘Diferido’ de Fede Salvarredy, que hacia un montón que no lo veía y me acompañó a recorrerla y luego, con unas cervezas.

La palabra diferido me encanta, pienso que el lugar para encontrarnos son las imágenes, le damos con el dedito para arriba y para abajo al celu, tirando corazones, likes, caritas felices y enojadas. Se cansan los ojos volviendo de madrugada revisando, viendo en el mismísimo momento, pero en diferido, vacaciones de otros, salidas nocturnas, encuentros, hallazgos, hacer de nuestra rutina algo más que una rutina.


El  tiempo que transcurre y el tiempo que transcurre por segunda vez, esta vez en un espacio compartido.


Reivindicación del surrealismo en un conjunto: La convivencia de una mano enguantada de terciopelo verde  apuntando al cielo nocturno con una banana, junto al tejido diurno de alambrados con un auto viejo, medio verde, detrás estacionado.


Imagen cuatro: Visité la muestra el 7 de enero, escribo esto un día 23, la muestra cierra el 31. Cuando alguien lea este texto tal vez la muestra ya no esté ahí.